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lunes, 24 de octubre de 2011

Duelo de agua

Unas espléndidas alas compuestas de agua. Los bordes estaban inyectados en electricidad. Kaysa se quedó tan sorprendida como las sirenas, pero supo actuar con más rapidez. Enseguida les encontró una utilidad. Comenzó a dar vueltas sobre sí misma. A su alrededor se formó un torbellino de agua. Las sirenas se echaron atrás para no verse arrastradas por la corriente. Cuando el torbellino fue lo suficientemente fuerte como para tener vida propia, las alas de Kaysa dejaron de moverse y como consecuencia su cuerpo también. Se quedó quieta mirando a las sirenas. A pesar de que se encontraba en el centro del torbellino, este no ejercía ningún poder sobre ella. Estaba invariable en el centro.
Levantó pausadamente el brazo para no interferir con la corriente. Las sirenas la miraban alarmadas, sobre todo su contrincante de pelo corto. Cuando su brazo estuvo a suficiente altura, lo alargó y expandió los dedos de la mano. Según concluyó este último gesto, un saliente de agua nació del torbellino. Se estiró hasta imitar su mano. Con movimientos muy bruscos el brazo creciente comenzó a emular los gestos que hacía su dueña. Al principio fueron movimientos inocentes, pero cuanta más seguridad fue cogiendo la náyade, más pesados y peligrosos se hacían sus movimientos. 

martes, 12 de julio de 2011

Duelo entre hielos

Todo el hielo que había caído de la parte de arriba dificultaba al felino acercarse. Pero aún así no cesaba en su empeño. Parecía que el pequeño ser le interesaba mucho. El pequeño ser estaba quieto, no se movió de su sitio. Cuando vio que el felino blanco ya estaba cerca de él empezó a levitar más alto. Buscaba una forma para ponerse a su altura. Me miró con sus ojos rojos y se asustó cuando vio la sangre seca que me cubría la cara. Yo seguía un poco mareado. La pérdida del preciado líquido de mis venas había sido devastadora en mi organismo.
Sin más miramientos el pequeño ser decidió ponerse enfrente y luchar por los dos si hacía falta. Su rival se encontraba tan solo a unos pasos de él. Debía actuar rápido. Ahora tan solo les separaba un metro. Faltaban segundos para decidir que hacer. Aquel gran animal se había parado. Parecía disfrutar de aquel momento, ya que conocía perfectamente su superioridad.  El pequeño ser estaba concentrado al máximo, no se perdía ni un detalle de los movimientos de su contrario. 
De repente con un rápido salto el felino se abalanzó sobre el pequeño ser, el cual logró apartarse por unos escasos centímetros. El felino no perdió el tiempo y le dio un zarpazo en uno de sus brazos. El grito del pequeño ser se oyó en toda la cueva. A mi se me partió el alma cuando lo escuché. A duras penas me levanté. Quería ayudarle pero no sabía muy bien como. Haciendo caso omiso a todo, me apoyé contra las paredes y llegué hasta donde se encontraban los contrincantes. El pequeño ser me miró esperanzado y el felino, que se había olvidado de mi, cayó en la cuenta de que primero era más fácil acabar conmigo.