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martes, 16 de junio de 2015

Reseña en el Blog La Puerta de los Libros Infinitos



Podréis encontrar una nueva reseña de "El Bosque Sin Luz" en el blog de La Puerta de los Libros Infinitos! 



Es un blog muy interesante dónde podréis encontrar multitud de recomendaciones y está gestionado por Ester, una lectora valiente que siempre acepta nuevos desafios.

Gracias por esta crítica constructiva mostrando lo que te gusta y lo que no.

Un abrazo! 

martes, 17 de diciembre de 2013

Ya está a la venta EL BOSQUE SIN LUZ- Oscuridad

Lo podréis encontrar en Amazon para Kindle.. quién no tenga kindle es posible en smartphone, tablet u ordenador, bajarse la aplicación gratuita Kindle y allí se podrá leer!!


EEUU:  http://www.amazon.com/dp/B00HD304F8

MÉXICO: https://www.amazon.com.mx/dp/B00HD304F8

ESPAÑA: https://www.amazon.es/dp/B00HD304F8

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ITALIA: https://www.amazon.it/dp/B00HD304F8



lunes, 16 de diciembre de 2013

lunes, 16 de abril de 2012

Últimas noticias......!

La historia del bosque está concluida.. y en búsqueda de editorial interesada.... está llena de nuevas situaciones y nuevos peligros... nuevos personajes... 

La segunda parte del bosque.. pronto estará en camino..!!!


viernes, 27 de enero de 2012

Preguntas..

¿Quién será la muchacha de los ojos verdes?, ¿cómo se acercarán a la ciudad de Astra sin ser descubiertos??
Esta todo demasiado tranquilo... ¿Será acaso una trampa??
La calma que precede a la tempestad... la música tétrica de un violín sigue sonando... algo se acerca!!


jueves, 8 de diciembre de 2011

Hasta pronto

Buenos días para todos los duendecillos del bosque!!

El crecimiento del Bosque continua.. La magia no se apaga.. los misterios no desaparecen.. las cosas no se quedan aquí!! :), la historia ha sido desarrollada a parte.. con más misterios, más escenas y más curiosidades... en un manuscrito que espero terminar relativamente pronto. Espero encontrar alguna editorial interesada en mi proyecto y así poder ofreceros la historia completa. 

Toda la historia está bajo registro en propiedad intelectual, (incluido el blog claro) :), así que puedo seguir trabajando en ello para poder ofreceros El Bosque en estado puro. 

Un abrazo muy fuerte y os comentaré las novedades!!

Que la magia fluya por los árboles de un mes frío y lleno de cuentos, 


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Brillo de flechas

Estábamos escondidos cerca de la orilla. Entre los matorrales y las piedras. Todavía no estaba lo suficientemente fuerte como para poder caminar sin problemas. El pequeño ser intentaba aliviar mis dolores. Allí dónde me había mordido la poderosa serpiente, ahora había una gran cicatriz. En esa zona la piel se había quedado muerta y helada. Parecía que iba a tener  aquella cicatriz de por vida. Me estremecía solo de pensarlo.
La náyade por su parte había creado minúsculas esferas de cristal. Estaban llenas de agua. Podían resistir mucho tiempo sin estropearse, y servirían a Kaysa para mantenerse húmeda. Llevaba días ocupada con aquellos conjuros. En sus descansos venía a verme y me contaba leyendas e historias sobre el agua. Ella sí que conoció la época de la luz y los colores. En sus ojos se denotaba nostalgia por los tiempos pasados. Me mostró tanta confianza que una vez más me sentí cobarde. No podía desvelar el misterio de los ojos verdes. Tampoco sabría como explicarlo.
Cuando ya me encontraba un poco mejor, comenzamos a practicar con el arco. Kaysa me proporcionó flechas normales. Las que rescató de la cueva las tenía bien escondidas. No me reveló el por qué. Lo que sí me percaté, era que a pesar de que estaban escondidas, brillaban. Iba a ser complicado pasar desapercibidos con ellas. Despertaban mi fascinación.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Alas transformadas

A lo lejos vi como el pequeño ser se acercaba a Kaysa. Mi visión estaba tan nublada que parecía que estaba en un sueño. Notaba como el veneno que me había inyectado la serpiente se expandía poco a poco por todo mi cuerpo. Miré atrás. Aquellos pequeños monstruos no habían cesado en su persecución. Por suerte, si mi intuición no fallaba ya habíamos pasado la barrera de la mitad de la distancia. La superficie no quedaba muy lejana. Allí por fin no podríamos despedir de ellas.
Cuando volvía mirar al frente vi como el pequeño ser había formado un embudo con sus manos. Soplaba sin parar hacia la náyade. Al cabo de un rato comenzó a salir un polvo rojizo. Tenía el mismo color que su sangre. En un primer momento me asusté.
Poco a poco, el polvo se fue depositando sobre Kaysa. Donde más se concentró fue en sus dañadas alas. Destellos de luz rojiza empezaron a curar las alas. Cuando ya estuvieron totalmente curadas, comenzaron a empequeñecer. Rápidamente se adentraron en su espalda y desaparecieron. Kaysa había recuperado toda su movilidad. El problema surgió cuando nos dimos cuenta que debido a este cambio, nuestra velocidad había amainado. De esta manera las serpientes nos alcanzarían enseguida. Mi ilusión de llegar sanos y salvos a la orilla se había evaporado en un segundo. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Duelo de agua

Unas espléndidas alas compuestas de agua. Los bordes estaban inyectados en electricidad. Kaysa se quedó tan sorprendida como las sirenas, pero supo actuar con más rapidez. Enseguida les encontró una utilidad. Comenzó a dar vueltas sobre sí misma. A su alrededor se formó un torbellino de agua. Las sirenas se echaron atrás para no verse arrastradas por la corriente. Cuando el torbellino fue lo suficientemente fuerte como para tener vida propia, las alas de Kaysa dejaron de moverse y como consecuencia su cuerpo también. Se quedó quieta mirando a las sirenas. A pesar de que se encontraba en el centro del torbellino, este no ejercía ningún poder sobre ella. Estaba invariable en el centro.
Levantó pausadamente el brazo para no interferir con la corriente. Las sirenas la miraban alarmadas, sobre todo su contrincante de pelo corto. Cuando su brazo estuvo a suficiente altura, lo alargó y expandió los dedos de la mano. Según concluyó este último gesto, un saliente de agua nació del torbellino. Se estiró hasta imitar su mano. Con movimientos muy bruscos el brazo creciente comenzó a emular los gestos que hacía su dueña. Al principio fueron movimientos inocentes, pero cuanta más seguridad fue cogiendo la náyade, más pesados y peligrosos se hacían sus movimientos. 

lunes, 17 de octubre de 2011

Parálisis

De la nada apareció el pequeño ser. Levantó las manos hasta alinearlas con su cabeza. Lo hizo todo con un movimiento muy lento. Se estiró lo máximo que pudo. Repentinamente bajó los brazos hasta abajo y se agachó hasta formar una bola. Una luz se proyectó encima de su cabeza. Adoptó la forma de una perfecta circunferencia. Empezó a girar sobre sí misma y se precipitó contra las algas.
En cuanto tocó la primera, la bola se hizo añicos. Se expandió por toda la superficie y se adentró en el campo de algas. Estas se quedaron inmovilizadas. Parecía como si se hubiesen dormido y tan solo se dedicasen a flotar en el aire. Se movían a poca intensidad. El alga que quería atacarme volvió a su lugar de origen. Miré a los demás. Se encontraban en buen estado. Kaysa bajó la guardia. El arco que tenía en las manos desapareció. El mio en cambio permaneció en mis manos.
-¿Por qué sigue aquí este arco?- pregunté a la náyade.
-Eres el arquero real- me contestó Kaysa sorprendida por la pregunta.
-El arquero ¿qué?- inquirí- no se utilizarlo, ni tan siquiera se como se sujeta- la contesté indignado.
- Eso va a ser un problema entonces- parecía preocupada- tu fuiste predestinado como el arquero salvador, Erwan es lo que significa- frunció el ceño- debemos ir a buscar tus flechas-.
-Pues vamos mal entonces- refunfuñe por lo bajo para que no me escuchase.
Para evadirse de aquel contratiempo comenzó a nadar de manera elegante. Nos hizo un gesto para que la siguiésemos. El agua era su medio natural, así que adquirió tal velocidad que apenas eramos capaces de verla. No la había preguntado hacía dónde nadábamos, me imaginé que íbamos a buscar las flechas que nombró justo antes de empezar a nadar. Procuré concentrarme en todo lo que nos rodeaba. Nadábamos muy pegados al fondo, con lo cual había todo tipo de vegetales marinos. Por desgracia, lo que un día seguramente fue colorido y lleno de vida, ahora era negro o grisáceo. Los pequeños animales que salían de allí eran de color blanco, con grandes ojos rojos. Normalmente no nos hacían caso. Ni siquiera nos miraban cuando pasaba a su lado y movía las plantas marinas, haciendo que saliesen de su hogar. Aquel era un mundo muy extraño, totalmente diferente al mio.

viernes, 14 de octubre de 2011

Algas

Kaysa llegó de repente.  No sabía ni de dónde había salido, ni en que momento, pero me alegró verla.  Estaba demasiado ocupado vigilando las algas eléctricas como para fijarme en sus movimientos. Cuando la segunda descarga eléctrica estaba a punto de producirse una flecha la atravesó. Me quedé atónito. Había disparado una flecha inyectada en fuego. La miré con los ojos bien abiertos. Tenía en sus manos un poderoso arco. Se movía con mucha agilidad.
Las demás algas reaccionaron al impacto de sus hermanas. Empezaron a moverse con rapidez y a atacarnos por todos lados.  Eran demasiadas. La pequeña náyade era veloz, pero no tanto como para poder con todas. Yo no podía tocarlas porque me daban fuertes calambrazos. Mis poderes estaban tocados, no entendía por qué pero no podía usarlos. Me movía hacia la derecha, después hacia la izquierda. Nadaba dando vueltas. En el agua mi agilidad era mayor, incluso mi velocidad era más grande. El problema radicaba en que no sabía si iba a poder seguir ese ritmo durante mucho tiempo.
Me acerqué a la náyade lo máximo que pude. Cuando estaba a tan solo un metro de distancia, las algas se movieron con más furia que nunca. Era demasiado complicado esquivarlas. En un movimiento rápido, Kaysa me tiró su arco. Yo no sabía que hacer con él, nunca había disparado una flecha. La miré preocupado, ahora ella se había quedado desprovista de armas.  Pocos segundos después, su cuerpo comenzó a brillar y a expulsar un tipo extraño de electricidad, su brazo se alargó, y de el nació un nuevo arco. Si no fuese porque estaba siendo atacado, me quedaría totalmente boquiabierto. Un nuevo brote de alga se acercaba hacía mí. Quería atacarme. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Torbellino

Cuando nos sumergimos, pequeñas explosiones de luz se produjeron en el pecho de Kaysa. Sus ojos se abrieron y cerraron rápidamente. Se alejó de mis brazos. Un remolino de agua nació a su alrededor. Todo se movía con tal armonía que parecía un melodioso recital.  Poco a poco despertó.
Desprendía una energía tan desbordante que nos contagió a todos. Nos sonrió agradecida y enseguida se fue al fondo del calabozo. Empezó a buscar algo. La acompañamos, pero nos quedamos mirando. No sabíamos que hacía, ni que debíamos hacer nosotros.  Al fin, llegó al hueco por donde salía el agua. Era muy pequeño, su cara denotaba preocupación. Se quedó pensando unos segundos. Empezó a girar sobre sí misma otra vez. Se acercó al insignificante agujero. Lo tocó con un pie mientras seguía girando. Debido a la presión y al movimiento rápido, el agujero inició su extensión. Era mágico ver aquello. Cuando hizo un agujero medianamente aceptable, paró de girar. El agua comenzó a salir con más violencia. Se inundó toda la estancia en cuestión de segundos. Cuando el agua dejó de tener espacio para expandirse, se formó un gran torbellino. Los anillos que lo formaban eran poderosos. Nos empezaron a arrastrar hacia ellos. No teníamos donde sujetarnos. La presión ejercida era demasiado grande. Nos vimos arrastrados con violencia hacia el fondo. Empezamos a girar. La cabeza me daba mil vueltas. Me sentía como si me cayese al precipicio. El torbellino nos succionó hasta que nos adentramos en el agujero.


sábado, 1 de octubre de 2011

Sombras de musgo

Rebusqué entre las piedras del calabozo. Había algo allí que no me convencía. En la parte más alejada de la puerta, encontré musgo. Era de un color azul metalizado. Desde luego no era mío. De alguna manera tenía que haber llegado hasta allí. Quizás, al fin y al cabo podría encontrar una salida. Toqué aquel musgo con delicadeza. Su color era magnético. Estaba demasiado mullido. Intenté arrancar  un trozo. Según lo desprendí, murió. En cambio, el que estaba en el suelo se empezó a reproducir con facilidad. Justo en el momento en el que se iba a cerrar del todo el hueco vacío, una sombra salió. Era parecida a un fantasma. Me atravesó y sentí mucho dolor. Se proyectó sobre las piedras y se quedó allí quieta. Al ver que no se movía, arranqué otro trozo de musgo. Se repitió el mismo proceso. Esta vez, el fantasma que me atravesó me infligió más dolor. Empezaron a moverse. Salieron de la piedra. Se multiplicaron. Ahora había cuatro. Me habían tendido una trampa.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Árbol subterráneo

Regresé al lado del  pequeño ser. Tenía miedo por él. Todavía estaba inconsciente. Me senté a su lado y esperé. Debía encontrar su fuerza interior. Yo ya no podía hacer más por él.  Asks también estaba muy débil, debía ir a recargar su energía a la morada de la Dama Blanca. Pero estábamos en una especie de ratonera. No sabíamos como salir de ahí. Ignoré la melodía todo el tiempo que estuve allí sentado. Me tapaba los oídos, pero aquello no servía de nada.
Nuevamente, coloqué mi mano verde sobre Balder. Debía intentarlo una vez más. Era mi obligación curarle. Cerré los ojos, me concentré. Mi esencia sanadora se depositó en el. Se quedó en la superficie. Esta vez no penetró dentro de él. Un polvo verdoso le cubrió entero. Me desesperé.
La melodía empezó a sonar con más fuerza. Sentía su llamada. Otra vez estaba poseído por ella. Me llamaba. Empecé a caminar al otro extremo. La melodía procedía de aquella parte del pasillo que no habíamos investigado. Había rastros de comida por el suelo. Comida podrida pero al fin y al cabo alimento.  Me adentré en un oscuro pasillo. La melodía se volvió dulce. Nada iluminaba mi camino. No me importaba. Estaba poseído.
Seguí caminando. Me tropecé varias veces. Había muchas piedras en el camino. Me levanté siempre. Aquella melodía me había entusiasmado. No me importaba nada de lo que tenía a mi alrededor. Cuanto más avanzaba, más sentía el suelo mullido. Era una sensación extraña. Dado que quería saber que pasaba a mi alrededor, llamé la energía a mi mano dorada. Me iluminó el camino. Estaba lleno de musgo por todos lados. La humedad en el ambiente era tan grande que se había reproducido con mucha rapidez. Iluminé más lejos todavía, quería ver el fondo del pasillo. Distinguí una imagen extraña. Mis ojos no querían creer lo que veían. El tronco de un árbol había crecido en el interior de aquel paisaje subterráneo. Estaba recubierto de mugo por todas partes.Tenía una pequeña puerta de madera. Aceleré el paso. Quería saber hacia dónde me llevaría aquello.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Situación peligrosa

Miraba por todos lados. Quería encontrar algo que me sirviese para enfrentarme a ellos. Había pequeños trozos de roca rota distribuida por varias partes de la estancia. Poco más. Debería contentarme con eso. Los guardianes no parecían muy rápidos. Quizás si les esquivaba y cansaba, podría conseguir alguna ventaja sobre ellos. En este caso la diferencia de fuerza era demasiado evidente.  Apareció un guardián más detrás de Asks. Ahora eran cuatro.
Mis manos habían alcanzado la temperatura adecuada para transformarse. Su característico brillo aparecía poco a poco. Esta vez, una de ellas había adquirido una tonalidad verde musgo. La otra seguía con su característico dorado. Las llamas de Asks habían aumentado de tamaño. Por su parte, el pequeño ser estaba en un semi-estado de trance.
Los guardianes se estaban acercando poco a poco. Habían formado un círculo entorno a nosotros. Estaban tan seguros de su superioridad que se podía ver el júbilo en sus ojos. Asks estaba muy intranquilo. No aguantaba aquellos minutos de tensión en los que no sucedía nada. Expulsó fuego por la boca. Hirió a uno de los guardianes. Esto les enfureció. Se acercaron a nosotros a más velocidad. Uno de ellos intentó darme un zarpazo. Logré esquivarlo por pura suerte. Eran de lento caminar, pero  movimientos rápidos. No me dio tiempo a recuperar el equilibrio, cuando otro zarpazo me alcanzó. Esta vez no pude esquivarlo. Mi hombro se llevó la peor parte. Cuatro poderosas marcas se quedaron clavadas en él. Intente canalizar el dolor hacia otro lado. No podía darme por vencido tan fácilmente.  Cuando un nuevo zarpazo iba dirigido hacia mi cara, salté hacia un lado. Giré a la izquierda y coloqué unos segundos mi mano dorada en su pierna. Un rayo de energía salió de ella en forma de electricidad. Cayó al suelo del fuerte calambrazo. Gané un poco de tiempo. Me acerqué corriendo hacia una de las rocas caídas. Un segundo guardián me persiguió. Levanté la roca y se la tiré. La esquivó sin problemas. Mi plan había fallado. La tensión en el ambiente crecía. El pequeño ser esquivaba los golpes levitando. Se apresuró a subirse a la cabeza del guardián. No lo consiguió. El monstruo le tiró al suelo. Balder se levantó otra vez. Necesitaba más precisión para llevar a cabo su plan. Un arañazo en su tripa hizo que el suelo se tiñese de rojo escarlata. El monstruo no tenía ni un rasguño. No se desanimó. Sus movimientos en el aire eran más lentos que antes. La herida le sangraba mucho. Nadie podíamos ayudarle. Asks estaba ocupado lanzando fuego a su oponente. Era el único que había conseguido algún progreso.
El primer guardia se recuperó. Fue a buscarme. Ahora tenía a dos pisándome los talones. Recogí unas cuantas rocas. La mano verde empezó a brillar. Empecé a girar la piedra. Cuanto más brillaba mi mano, más se pulía la roca. El musgo empezó a crecer en ella. No tenía muy claro lo que estaba pasando. No tenía mucho más tiempo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Un manto cubriendo el techo

El pasillo era muy largo y muy estrecho. Algunas antorchas parpadeaban levemente, pero la luz proporcionada era escasa. Apenas nos permitía ver unos centímetros más allá. Caían gotas desagradables del techo, que en algunas zonas era tan bajo, que teníamos que arrastrarnos a gatas. Por un momento, me acordé de las gotas negras. Todo mi cuerpo se estremeció. Esperaba que no nos encontrásemos con aquello. El silencio era sepulcral. Era capaz de escuchar mi propia respiración. Paré un poco para descansar. Esta vez, estábamos en un espacio con unos techos muy altos. Cerré los ojos, intenté imaginarme algo feliz para no deprimirme. El sonido de un aleteo me devolvió a la realidad. Miré alarmado de donde venía. Mis ojos fueron a parar al techo. Un manto de murciélagos cubría todo. Les habíamos despertado.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Laberinto de imágenes

En el fondo de mi inconsciente sabía que lo que estaba viendo no era real. A pesar de ello no podía dejar de soñar. Rosas de fuego invadían mis pensamientos. Era un símbolo, representaba algo. Pero yo, no lograba entenderlo. Después, árboles oscuros aparecieron en mi mente. La mayoría de ellos eran flotantes, otros estaban anclados al suelo. Rayos y truenos completaban el paisaje. Era un laberinto de imágenes lo que pasaba por mi cabeza. Me estaba volviendo loco. Aunque ya me había pasado en varias ocasiones, no conseguía acostumbrarme a aquello. Me adentraba tanto en esas visiones que mi alma volaba de un sitio a otro con rapidez. 
Empecé a correr, no sentía los pies, ni el suelo debajo de ellos. Aún así sabía que estaba corriendo. Todo era confuso. Miré al cielo, allí estaba Axel, me había descubierto y me acechaba. Su cuerpo era más grande y musculoso de lo que recordaba. Todavía tenía cierta ventaja sobre él, pero avanzaba hacia mí. Cuanto más se acercaba, más sudores me entraban. 
Una dulce voz empezó a escucharse a lo lejos. Me dejé llevar por aquella melodía. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir estaba en una habitación pequeña. Había rosas de fuego dibujadas por todas las paredes. Iban apareciendo poco a poco, hasta llenarlo todo. Cuando la pared estuvo totalmente cubierta por ellas, desaparecieron. En su lugar aparecieron rosas de agua. Se produjo un estallido y la voz que había escuchado se intensificó.  En el suelo quedaron resquicios de fuego y de agua. Guiados por la voz, se entremezclaron y apareció una imagen. A pesar de que era la primera vez que la veía, supe que era Kaysa. 
Estaba pidiendo ayuda. Debíamos darnos prisa en encontrarla.



jueves, 18 de agosto de 2011

El respiro final

Todo estaba en la más profunda quietud. Ni siquiera el viento se atrevía a mover alguna pequeña hoja. Todos los presentes nos habíamos quedado vigilantes. No confiábamos en aquella situación. Un sentimiento de culpabilidad revoloteaba en el ambiente. Uno de los caballos blancos se acercó al maestro druida. Este seguía inconsciente, la lucha con la hechicera había mermado todas sus fuerzas. El caballo colocó su prisma encima del pecho del maestro. Empezó a cambiar de color; de transparente pasó a un aguamarina magnético. Desprendía pequeñas luces plateadas que se filtraban por los poros de su piel. Cuando hubo terminado se levantó y se alejó hacia los demás caballos. El pecho del maestro se empezó a mover con regularidad, y su respiración se volvió menos trabajosa. Sus ojos se abrieron y empezó a toser violentamente. Se estaba recuperando poco a poco. Desaparecida mi preocupación por el, observé a todos, pero ninguno resultó gravemente herido. El pequeño ser, me cogió de la mano para que me acercase a ellos.  Instaló mis manos encima de los cuerpos de los heridos. Empezaron a brillar débilmente. Ya que no eran heridas muy profundas, se curaron fácilmente.
Me acerqué a los druidas, pero lamentablemente para algunos era demasiado tarde. Entre la batalla con los cuervos y esto habían caído seis hombres. Aquello no podía volver a ocurrir. Demasiadas bajas en tan solo dos batallas.
Intenté mirar para otro lado para reprimir las lágrimas. Habían dado la vida por mí y yo no podía curarles. Les había defraudado. Me concentré en la imagen que tenía enfrente. El pequeño ser estaba mirando fijamente a la dama del árbol. Los pequeños diablillos estaban a su lado también. Me acerqué a ellos a ver si podía sacar algo en claro.
-¿Quién eres?- pregunté a aquella mujer.
- Soy la ninfa del árbol, y tú me has despertado- contestó.
-¿La magia roja de mis manos fue la que te despertó?- la pregunté orgulloso.
-Si, llevaba dormida tantos años que ya no reconocía a los seres que me rodeaban- sonrió- Estoy en deuda contigo, pero no creo que me pueda quedar mucho más, estoy agotando mis energías. La oscuridad tiene un poder demasiado fuerte- empezó a tornarse a color rojo oscuro para pasar a violáceo.
-¿Los demás árboles son como tú?-  la pregunté.
-Si Erwan, todos son como yo, pero las ninfas duermen profundamente y no podrán despertar a menos que vuelva la luz- parecía muy triste mientras decía estas palabras- Balder y tú debéis tener cuidado, algunos árboles están tan infectados que al final sus ninfas murieron. Ahora están habitados por monstruos oscuros de alma negra- dijo mientras se esforzó en dar su respiro final. Seguidamente se convirtió en el árbol oscuro y quieto que había sido antes.