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lunes, 16 de diciembre de 2013

martes, 4 de octubre de 2011

Pasaje hacia otras sensaciones

El agua estaba subiendo por momentos. Debía salir de allí. Tenía que enfrentarme a mis temores. Me preparé para correr. De forma rápida estudié la estrategia a seguir. Los huecos que se habían quedado libres. Procuré dejar la mente en blanco y me metí de lleno en un mundo de emociones. El primer fantasma que me tocó me heló la piel. Imágenes de almas perdidas y hundidas aparecieron en mi mente. Barcos encantados llenos de algas negras. Viajes por océanos oscuros llenos de tempestades. Los cuerpos extenuados de los marineros caían en cubierta. Luchaban por salvar su vida, a pesar de que ya no les pertenecía. La sombra del fin se cernía sobre ellos. Gritos suplicantes mientras se arrancaban las almas de sus cuerpos. Me sentía como si fuese uno de aquellos marineros. No podía perderme en el océano, debía avanzar, el agua oscura ya me llegaba hasta los gemelos. El siguiente fantasma me llevo hasta el desierto. Arenas movedizas surgían en la lejanía del horizonte. Una caravana de personas y animales aparecía a lo lejos. Las arenas se volvieron mates. Quería gritarles que era una trampa, no podía, los sonidos no salían de mi boca. Las risas alegres de los niños llegaron hasta mí. Grité y grité, pero nadie me oía. Las risas se transformaron en sollozos, luego en los más lastimeros llantos. Habían caído en el engaño. Las voces infantiles pidiendo auxilio se filtraron en la cabeza. La desolación me corrompía. Sentía como mis energías vitales se estaban apagando. Cada vez me costaba más respirar y mis movimientos se estaban ralentizando. Caí de rodillas. Los fantasmas no se habían movido de su sitio. Miré detrás, tan solo había atravesado a dos de ellos. Todavía me quedaba camino por recorrer. Me arrastré a gatas. Las piernas me pesaban. Me resbalé. Un golpe fuerte en la cabeza me hizo reaccionar. Tragué agua. Tenía un sabor extraño. Era demasiado amargo. Seguramente estaría contaminada con alguna sustancia. Empecé a toser con fuerza. Me estaba ahogando. Escupí con fuerza. Miré adelante. No podía mantener los ojos del todo abiertos. Dí un paso más. Iba a atravesar al tercer fantasma.

jueves, 28 de julio de 2011

Visión panorámica

Por todos lados se escuchaban rítmicos pasos. Eran muy pesados y sonoros. El resto estaba en silencio. Era un silencio inquietante. De vez en cuando el estruendo de algún árbol caído resonaba en el vacío. Después de eso, todo se quedaba en calma. 
Aquel brillo era lo único que perturbaba los sentidos. Noté como el pequeño ser me tocó el brazo. Le miré y el cerró los ojos. Volví a mirar hacia delante y noté como me empezaron a llorar los ojos. Una energía invisible empezó a correr entre su mano y mi brazo y me llegaba directamente a los ojos. Cuando dejaron de llorar, vi una extraña visión. Todo lo que me rodeaba se había vuelto de un color más claro. El pequeño ser me estaba dando en aquel momento parte de su visión. 
Miré a lo lejos y me concentré en el brillo. Todo se fue volviendo más claro por momentos. Me concentré y mantuve la vista fija en aquella zona. Instantes después se empezó a materializar de donde procedía aquello. Un pequeño ejército se encontraba ante nosotros. Eran ocho seres extraños. Nunca los había visto. Eran de mediana estatura pero muy corpulentos. Una armadura de color azul metalizado cubría un peludo torso. Su boca estaba compuesta por dos cuernos muy poderosos y tenían un ojo en la frente que se movía constantemente. Sus manos eran grandes y llenos de escamas, lo mismo que sus pies. Tragué saliva. Tenían una constitución muy fuerte como para enfrentarse a ellos. 
En el centro una mujer vestida de negro movía los brazos animadamente. Iba vestida de negro. Tenía una tez muy pálida, casi enfermiza y grandes rizos negros caían sobre sus hombros. No conseguí ver más por que el pequeño ser cortó la visión y recuperó su energía. 
Me escondí como pude en aquel árbol. Si nos descubrían estaríamos perdidos. El corazón me empezó a latir a una velocidad desorbitada. A pesar de intentar tener una actitud positiva, el mal presentimiento se apoderaba de mis sentidos. El miedo me entumeció los músculos.