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lunes, 16 de diciembre de 2013

lunes, 5 de septiembre de 2011

Murciélagos

Intentamos volver sobre nuestros pasos. Quizás habíamos escogido mal el camino. Los murciélagos empezaron a volar en círculos por encima de nuestras cabezas. Eran animales capaces de producir heridas mortales con solo hincarte sus grandes incisivos.  En la superficie a veces había seres de la misma especie. Aunque grandes, eran inofensivos y solo se alimentaban de insectos pequeños. Los que nos sobrevolaban eran de pequeño tamaño, pero exageradamente rápidos. Según iban bajando, sus dientes se iban alargando. Nuestro tiempo de reacción se acortaba.
Asks aumentó el tamaño de sus llamas. Quería asustarles, pero no lo consiguió. Estábamos confundidos. Justo en el momento en el que retrocedimos al pasillo por el que habíamos llegado, un destello me llamó la atención. El pequeño ser también se había dado cuenta de aquello. Proyectó un pequeño haz de luz hacia ese lugar. La forma de una rosa apareció. Mis pies se paralizaron. Efectivamente, estábamos siguiendo el camino correcto. Miré arriba, a pesar de que en esa parte, el techo era muy alto, se podía distinguir perfectamente el titánico nido que había allí formado. A continuación miré al otro lado. Si mis cálculos no fallaban, la entrada a la segunda parte del pasillo estaba aproximadamente a unos ochocientos metros. Los murciélagos tardarían apenas un minuto en estar a nuestra altura. Era imposible.
Miré a los pequeños duendecillos, estaban escondidos detrás de Asks. No podía contar con su ayuda. Necesitaba pensar rápido. Se me ocurrió una idea, me acerqué al felino. Le indiqué que empezase a expulsar llamas de fuego por la boca. No era un plan definitivo, pero debíamos ganar tiempo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La senda de la rosa

-¿Por dónde deberíamos ir?- le pregunté al pequeño ser, el cual levantó los hombros en señal de incertidumbre- pues debemos pensarlo bien-.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Hemorragia de malas energías

Me desperté con un dolor de cabeza intenso. Salía de mi espalda, y escalaba hasta la última terminación nerviosa de mi cerebro. Allí estallaba en mil pedazos y se repartía por mi cuerpo. Me tuve que sentar muy lentamente. Me apoyé contra una pared. No podía abrir del todo los ojos. Tan solo una consumida luz entraba por el borde de mis pupilas. Afiné mis oídos. No se escuchaba ningún ruido en las cercanías. Eso era buena señal.  Con  aquella relativa calma los músculos se me destensaron poco a poco. Levanté las manos, y me las coloqué sobre la cabeza. La concentración no era algo que fuese fácil en aquellos momentos. No podía rendirme, debía intentarlo. Hice fuerza. La bomba nuclear de mi cabeza estalló y se propagó nuevamente hacia el resto de mi cuerpo. Era una hemorragia de tormentosas imágenes y malas energías. Conseguían formar en mi sangre pequeñas burbujas de presión. Las pequeñas detonaciones de aquellas burbujas cumplían bien su deber. Dolor.
Propagué todo hacia mis manos. De alguna milagrosa manera conseguí que empezasen a brillar de forma leve. Por el momento debía ser bastante. A pesar del miedo de aquella bomba intenté concentrarme otra vez y una nueva ola de energía llegó a mis manos. Esta vez cogieron más intensidad y consiguieron calmar el dolor de mi cuerpo. Hasta que no se produjo un tercer estallido, no conseguí calmarlo del todo. Respiré profundamente.
Abrí los ojos con mucha cautela. Enfrente de mi encontré al pequeño ser. Sonrió al ver que más o menos me había recuperado. Se acercó a mi y me dio una raíz. Me instó a que me la comiera. Enseguida me sentí mejor. Por fin me encontraba en plenas facultades para interactuar con mi entorno. No sabía donde estaba. A mi alrededor había enormes piedras. Todas ellas estaban colocadas de forma simétrica. Era una pequeña sala circular de la cuál salían muchos pasillos. Miré al techo, también era de piedra. Me quedé pensativo. No recordaba como había llegado hasta allí. Tan solo venían a mi mente imágenes de lodo. De como me tragaba y me dejaba sin oxígeno. Después de eso, sentí una libertad inesperada. Y ahora que estaba despierto, lo único que me rodeaba eran densos bloques de piedra. De alguna manera habíamos alterado las leyes de la naturaleza. Habíamos encontrado la entrada hacia algún sitio que todavía no sabíamos que era. Observé los pasillos, no sabía que camino escoger.

viernes, 26 de agosto de 2011

Caras talladas

Era muy complicado caminar entre los árboles. El terreno era demasiado espeso como para poder avanzar a paso ligero. Después de pensarlo mucho, descartamos el sendero principal. Era demasiado peligroso. De esta manera, quedábamos menos expuestos a ojos avizores.
Aquello me recordaba a mis primeros días de viaje. Estaba en un laberinto idéntico. Por todos lados había raíces que salían de la tierra. Tardamos un día entero en avanzar tan solo unos pocos kilómetros. Aquello no era fructífero. Debíamos buscar otra solución.
No nos detuvimos hasta que no cayó la profunda noche. Cuando acampamos, me detuve a mirar los árboles. No entendía como cada uno de ellos tenía una ninfa en su interior. Parecían tan oscuros y solitarios que lo veía imposible.  Justo cuando me iba a dar la vuelta para volver a nuestro improvisado campamento, las vi. Aquellas caras me pusieron los pelos de punta otra vez. Eran alargadas y tenían unos ojos grises ovalados. Parecían grandes hoyos de desesperación. Al cabo de unos segundos, unas manos aparecieron a los costados. Fueron a parar directamente hacia su cabeza. Era una representación exacta de un grito de terror.
Quería ir a avisar a los demás, pero mi cuerpo estaba paralizado observando aquellas imágenes. Estuvo allí unos pocos minutos más, pero, luego se fue desvaneciendo. Aparecieron en su lugar unos dientes afilados. Poco a poco estos también se fueron desvaneciendo. La superficie del árbol se quedó nuevamente lisa. Me acerqué y esperé pero nada.
Volví confundido junto a los demás. Les hablé de lo que me había sucedido. Ninguno me supo decir que era lo que significaba aquello. No presagiaba nada bueno. Decidimos que dada la situación, descansaríamos solo un par de horas. Teníamos que continuar el camino lo antes posible.

jueves, 25 de agosto de 2011

Recuerdos

Un estallido se produjo entre nosotros. Salimos despedidos hacia lados opuestos. Me di un fuerte golpe en la cabeza y me desmayé. Las conmociones que había experimentado al ver aquellas imágenes de Axel, produjeron un cataclismo en mi cuerpo. La oscuridad se adueñó de mi mente. Dejé de sentir.
Cuando me desperté, extrañas sensaciones recorrieron todos mis sentidos. Intenté levantarme pero la cabeza me daba demasiadas vueltas. Escuché atentamente, no había nada fuera de lo normal. Cerré los ojos para relajar mi mente y calmar mi cuerpo. Me costó mucho, pero lo conseguí.
Una vez en pie, comprobé que todo siguiese igual. El pequeño ser seguía en el suelo. Estaba profundamente dormido. Su energía se había desgastado por completo. Me acerqué más. Tenía un corte muy feo en la mejilla. Acerqué mi mano para curarle. Intenté pensar, pero demasiadas incógnitas poblaban mi cabeza. Repentinamente vinieron a mi cabeza las imágenes del poblado quemándose. Luego viajé al carruaje de las almas perdidas y olvidadas. Por último, mi cabeza se detuvo en Kaysa, la náyade y en mi pequeña princesa. Miré otra vez al pequeño ser. Tuvieron que pasar muchas horas hasta que despertó.
- Debemos ir a buscar a la náyade- le dije- no podemos demorarnos más. No somos capaces de luchar contra la élite guerrera que hemos visto- nadaba entre la frustración con la marea en contra. Era el estado que me estaba acompañando todo el viaje. Pero me veía demasiado débil para poder afrontar toda la situación. No sabía como debía actuar, ni que camino seguir. No entendía por qué me habían elegido para enfrentarme a Skule y sus secuaces. Seguramente, había algún ser en todo el bosque mucho más preparado. Lo peor de todo es que parecía que Skule no era la primera cabeza pensante. No quería imaginarme que tipo de ser estaba detrás de todo aquello. Debía ser mucho más poderoso que cualquiera de los que habitábamos aquel mundo.
Intenté salir de aquella espiral de pensamientos autodestructivos. Tendría que enfrentarme a todos mis miedos y salir adelante. Era la única opción que tenía. No podía estar compadeciéndome de mi mismo toda la vida. Debía estar a la altura de las circunstancias. Con una fortaleza renovada, me levanté y recogí mis cosas.

sábado, 20 de agosto de 2011

Camino tétrico

Iniciar nuevamente el camino se me hacía muy complicado. Más aún ahora que sabía que lo que nos esperaba podía ser peor que lo que habíamos vivido hasta ahora. Encontramos un camino estrecho por el que avanzar. Los árboles cada vez eran más altos y el paisaje más oscuro. Tapaban incluso la leve luz de la luna que intentaba penetrar entre sus hojas. Por suerte mis ojos eran claros y podía captar mejor aquellos insípidos destellos de luminosidad.  Las ramas de algunos árboles estaban rotas y parecían espectros lóbregos. Era inquietante, me sentía vigilado por alguien que se mantenía oculto. Cuando más avanzábamos, peor la sensación era. Escalofríos recorrían todo mi cuerpo y el sudor frió empañaba mi frente. Unas caras comenzaron a aparecer en los árboles. Me asusté, no sabía si era real o había sido mi imaginación. Intenté agudizar la visión, pero todo se quedó quieto. Me distraje unos segundos y miré al suelo. Luego otra vez a los árboles. La angustia corrió por mis venas. Otra nueva cara, no pude distinguirla, desapareció enseguida. Miré a mis compañeros, nadie había visto nada.

lunes, 15 de agosto de 2011

Cuerdas de magia negra

Nuestra nebulosa de protección cada vez era más pequeña. No entendía como era posible que Skule tuviese más poder que al empezar. Todos estábamos cansados y doloridos, nuestras energías habían menguado. Ella era todo lo contrario, se había crecido con nuestro sufrimiento. Una de sus manos agarraba fuertemente el amuleto que tenía en el cuello, la otra mano apuntaba hacia nosotros. Supuse  que aquel extraño colgante era lo que la daba fuerza. Tenía que averiguar que era y que contenía.
Con brusquedad dejó su otra mano libre y empezó a mirar al cielo. Pronunció palabras en un lenguaje desconocido para mi. Vi  como Asks se estremecía a mi lado,  debía de haber entendido sus gritos. Un segundo después, los truenos empezaron a escucharse por todo el bosque. Rayos de energía, impactaron con fuerza, estaban desafiando nuestra magia. Estábamos siendo atacados por dos frentes, aquello era demasiado para nosotros. Sentí como varios mareos hacían que perdiese la concentración. Intenté aguantar.
Los ojos de la hechicera negra empezaron a moverse a mucha velocidad. Eran negros como el onix más puro. Miró otra vez al cielo y los impactos de la tormenta se intensificaron. Sin mucho esfuerzo rompió nuestras barreras. Nos quedamos al descubierto. Intenté activar mis manos otra vez, pero era demasiado tarde. Ella había sido más rápida, había conjurado unas cuerdas para que nos atasen. Formaron un círculo a nuestro alrededor. Intenté soltarme, era imposible, cada vez que las tocaba una descarga eléctrica recorría mi cuerpo. Era un voltaje tan alto que después del temblor inicial, mi cuerpo se quedó lleno de marcas.
Se acercó hacia nosotros a paso lento. Estaba disfrutando de cada instante. Aquella victoria sobre nosotros la llenaba de satisfacción y orgullo. A pesar de la magia que estaba utilizando para mantenernos presos los ojos la cambiaron a su color normal. El amarillo que desprendía era fulminante. Sus movimientos lentos pero precisos recordaban al reptar de una serpiente. Comenzó a humedecerse los labios y a enseñar los dientes. Nos miraba fijamente, para ella eramos unas presas a punto de ser devoradas.