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martes, 17 de diciembre de 2013

Ya está a la venta EL BOSQUE SIN LUZ- Oscuridad

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lunes, 16 de diciembre de 2013

lunes, 16 de abril de 2012

Últimas noticias......!

La historia del bosque está concluida.. y en búsqueda de editorial interesada.... está llena de nuevas situaciones y nuevos peligros... nuevos personajes... 

La segunda parte del bosque.. pronto estará en camino..!!!


viernes, 27 de enero de 2012

Preguntas..

¿Quién será la muchacha de los ojos verdes?, ¿cómo se acercarán a la ciudad de Astra sin ser descubiertos??
Esta todo demasiado tranquilo... ¿Será acaso una trampa??
La calma que precede a la tempestad... la música tétrica de un violín sigue sonando... algo se acerca!!


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Último tramo

Me quedé quieto. No tendría las suficientes fuerzas para volver trepando. Miré abajo, allí los guardias efectivamente se multiplicaron. Era una situación que no habíamos previsto. Mi cerebro funcionaba a la velocidad de la luz para encontrar una solución. Miré al símbolo de la rosa para que me diese fuerza. El fuego en ella había comenzado ha arder con más fuerza. ¿Cómo era aquello posible?, no importaba. Estaba convencido de que era un buen presagio. Un soldado más apareció. Ya eran cuatro. Este último portaba una pequeña bandeja. Con risas se acercó a los demás y les señaló lo que tenía. Los demás lo toquetearon con sus grandes manos de cuatro dedos y lo devolvieron a su sitio. Me dio asco solo de imaginarme como aquella comida se acercaba a mi boca.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta.  Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Un momento de paz

Algo de luz. Un atisbo de esperanza. Oscuridad otra vez. Mis pensamientos divagaban por el infinito. Sentía mi respiración. Era extraño, estaba consciente en mi inconsciencia. Las manos me ardían de dolor. Una de ellas estaba tan quemada que no sabía si podría recuperarla del todo. Probablemente me quedarían marcas de por vida. El pequeño ser paseaba de un lado hacia otro preocupado, Asks estaba demasiado cansado e intentaba reponerse, y los duendecillos jugaban con la enredadera. Oscuridad otra vez.
Esta vez en vez de adentrarme en mi entorno, viajé muy lejos. Más allá del bosque. Un reducto de paz se apoderó de mí. Me asusté, no estaba acostumbrado a ello. Subí hasta las nubes y me senté en una de ellas. Veía todo desde allí. La desolación y la tristeza eran la definición perfecta del panorama. Todo oscuro y sin vida. 
Estaba muy cansado, incluso allí sentado. Se me cerraban los ojos y tan solo quería dormir. Adentrarme en aquel mundo de los sueños que había oído que existía. No estaba seguro de ello, nunca me había pasado. Cerré los ojos, pero algo llamó mi atención y los volví abrir. Un olor familiar llegó hasta mi nariz. Respiré profundamente y todos mis sentidos reaccionaron inmediatamente. Ante mi apareció la imagen de mis padres. 
-Sigue tu camino hijo- dijo mi madre- este es tu destino, eres nuestra salvación-.
-En la lejanía estamos contigo- continuó su padre que le tendió la mano- apóyate en mí. No estamos a tu lado físicamente, pero si en tu corazón-.
-Abre los ojos- la sonrisa de su madre hizo que una lágrima resbalase por su mejilla- vuelve de donde viniste, no te quedes aquí. Podrías perderte y no encontrarías el camino de vuelta a tu cuerpo- le explicó ella.
-Vuelve, eres fuerte- le animó su padre- iré contigo hasta el final-.
Oscuridad de nuevo. Confusión. Todo volvía a ser oscuro y duro. No sabía si estaba preparado para volver. Le había gustado aquel momento de serenidad y tranquilidad. No quería volver a las tinieblas. 

martes, 30 de agosto de 2011

Filtración

Mi cuerpo estaba pegajoso. Aquella masa viscosa de tierra intentaba infiltrarse en mi piel. Intenté que el oxígeno aguantase el máximo tiempo posible en mis pulmones. Intenté mover los brazos para salir. Nada.  Aquella ciénaga parecía tener vida propia. Cuanto más me movía, a más velocidad caía hacia el fondo. Intenté quedarme quieto, pero entonces mi angustia aumentaba. Mis fuerzas vitales estaban aminorando sus constantes. Intenté mirar a mi alrededor, pero la oscuridad era espesa.
Estaba perdiendo el conocimiento. Estrellas fugaces aparecían ante mis ojos. Aquello no debía de ser buena señal. Las estrellas impactaban contra el bosque y todo empezaba a arder. Esperaba que solo fuese fruto de mi imaginación. Deseaba que no fuese una premonición. Estaba divagando. Viajando por mi subconsciente.
Cuando dejé de poder distinguir la realidad de mi propia ficción, noté algo inesperado. Mis pies empezaron a bailar en un espacio vacío. Poco a poco, aquella sensación fue subiendo al resto del cuerpo. Primero mis rodillas, y luego mi cadera entera. Momentos después el único que quedaba preso de aquella viscosidad era mi cuello y mi cabeza. El resto de mi cuerpo colgaba y se movía. Igual que la hoja de un árbol. Como si se derrumbase un barranco, mi cabeza quedó libre y mi cuerpo cayó a mucha velocidad. Me caí encima de algo duro. El golpe que sufrió mi cabeza fue decisivo para que perdiese el conocimiento. Oscuridad.

lunes, 29 de agosto de 2011

Hundimiento en el lodo

Miré al caballo de fuego. Le indiqué mediante gestos que escapase volando. En aquel momento, sus llamas eran negras, no supondría para él un gran esfuerzo, para pasar desapercibido. Los demás, debíamos buscar una solución rápida. Cuando más se aproximaba aquel ser volador, más grande era. Me recordaba vagamente a los cuervos contra los que luché tiempo atrás.
Miré al lodo, las extrañas siluetas seguían apareciendo. De alguna manera me resultaban familiares. Tenían algunos rasgos que se podían asemejar a la ninfa del árbol. Por desgracia, no podía afirmarlo. La sucesión de imágenes era demasiado rápida. Miré al cielo, aquello se aproximaba. Di un paso hacia atrás. Me asusté.  El lodo se empezó a elevar a mi alrededor. Miré mis pies. Se estaban hundiendo. La tierra que había debajo de ellos, había desaparecido. En un intento desesperado, miré a los demás. Estaban teniendo los mismos problemas que yo. Intenté luchar contra ello, intenté salir de aquel humedal. Era imposible.
El movimiento de las siluetas se empezó a volver frenético. Nos estaban invitando a adentrarnos en la ciénaga. Empezaron a surgir pequeños montículos. De ellos crecieron ramificaciones. Por último se transformaron en delgados brazos. La sucesión fue demasiado rápida. No nos dio tiempo a volver sobre nuestros pasos.
Tiraron de mi ropa. Cogieron los pequeños agujeros que había en mis pantalones y comenzaron a tirar hacia abajo. Luchaba con todas mis fuerzas, pero mis pies se hundían y aquellos brazos precipitaban mi hundimiento. No podía pedir ayuda a nadie, todos estábamos batallando contra lo mismo. Al final, aquel ser volador iba a ser el menor de nuestros problemas. Todavía no nos había descubierto, una tenue sombra nos daba cobijo.
El lodo se tragó rápidamente todo mi pecho. Iba a por mi cuello. Yo no quería, intentaba con todas mis fuerzas mantenerme a flote. Al final mi cabeza sucumbió a las circunstancias. Intenté tomar el último aliento.

viernes, 22 de julio de 2011

Pruebas de fuego

Relinchó fuertemente y bajó su cabeza a la altura de la mía. Con un movimiento rápido, apartó sus ardientes crines de mi, para que no me quemase. En sus ojos aparecieron unas pequeñas chispas de llamas.  Me quedé hipnotizado e incapaz de moverme. A nuestro alrededor, se formó un gran cuadrado de llamas. Así el caballo se aseguraba que no tuviésemos forma alguna de escapar.
El suelo también empezó a cambiar. Se empezó a llenar de círculos de colores rojos y amarillos. Eran muy finos pero iban moviéndose de un lado a otro. Me estaba mareando solo de mirarlos. Para evitarlo, fijé mi vista en el techo, mientras pensaba como salir de aquella situación. Cuando el caballo se dio cuenta, relinchó nuevamente. Como reacción a aquello, el techo se llenó de cuadrados que se empezaron a mover entre ellos. Otra vez la sensación de mareo me invadía. Al final perdí el equilibrio y caí al suelo.
El horror vino a mí cuando sentí que el suelo no había detenido mi caída. Furiosas llamas de fuego naranjas jugaban con nosotros. No nos llegaban a quemar, pero si elevaban mucho la temperatura del ambiente. El suelo había desaparecido y  empezamos a caer. La sensación de incertidumbre, encogió mis sentidos. Miré al techo, allí los círculos se habían unido al baile de los cuadrados. Sentía que la locura invadía todo mi ser. Mi cuerpo caía al vacío mientras que todo a mi alrededor se movía con la más absoluta tranquilidad. Era algo totalmente irreal, pero que por el contrario estaba sucediendo. Intenté cerrar los ojos, para comprobar que estaba soñando. Pero una fuerza invisible me impedía pestañear. Círculos, cuadrados, fuego, llamas, eran todo para mi y yo tan solo un juguete para ellos.
El caballo no estaba por ningún lado. Miré a los lados, el pequeño ser también había desaparecido. Tan solo estaba yo con mi angustia y mi eterna caída.

martes, 21 de junio de 2011

Pensando en hielo

Cuando mi piel tocó la pared un grito desesperado salió de mi garganta. Se me abrasó toda la piel. Intenté mantener la concentración al máximo para no perder el control. Empecé a pensar en el bosque oscuro, en las sombras que había visto, pero no servía. Miré arriba hacia el pequeño ser, me estaba sujetando la mano con toda su fuerza para que no cayese. Tenía razón, no podía dejar que esto acabase así. Intenté concentrarme más aún. Imágenes de hielo vinieron a mi cabeza, glaciares que había visto en los viejos libros. Mi respiración empezó a ser más fuerte y noté como la energía comenzó a circular por todo mi cuerpo. Por unas milésimas de segundo me quedé en trance y la energía llegó hasta mi mano. Se produjo un estallido de luz azul y la parte de tierra que rodeaba mi mano se quedó fría.
No era suficiente, me lamenté. Nuevamente cerré los ojos, y esta vez en mi mente aparecieron las manos surgidas de la tierra. Con mucho esfuerzo un nuevo destello de energía explotó. Ahora las manos empezaron a girar en el mismo sentido, se habían vuelto de color azul, tal y como la energía que las había hechizado. Todas giraban al unisono. Yo ya estaba en las últimas, miré al pequeño ser, el me devolvió la mirada con ojos suplicantes. Esa mirada me llegó hasta el alma, pero ya no aguantaba más, mi energía se había consumido del todo con aquellos intentos de salvarme. 
Mis dedos empezaron a resbalar, uno a uno se iban soltando. El pequeño ser me miró otra vez, aunque ahora no le pude devolver la mirada, mi último dedo se soltó. Empecé a notar el calor de la masa naranja y en un segundo vi todas las imágenes de mi vida en la cabeza. Los juegos con mis hermanos, las lecturas con mi padre y las tartas de mi madre.