Cuando se me pasó del todo el efecto seguimos avanzando. Me seguía sintiendo poderoso. Mis manos brillaban. Era un brillo leve, casi imperceptible, pero no habían vuelto a su estado normal. Eso me hacía recordar una y otra vez que lo que había sucedido era cierto. Kaysa me miraba con cierto temor. El pequeño ser estaba pensativo. El silencio se había adueñado del ambiente.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
Páginas vistas
Mostrando entradas con la etiqueta peligro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta peligro. Mostrar todas las entradas
jueves, 24 de noviembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Último tramo
Me quedé quieto. No tendría las suficientes fuerzas para volver trepando. Miré abajo, allí los guardias efectivamente se multiplicaron. Era una situación que no habíamos previsto. Mi cerebro funcionaba a la velocidad de la luz para encontrar una solución. Miré al símbolo de la rosa para que me diese fuerza. El fuego en ella había comenzado ha arder con más fuerza. ¿Cómo era aquello posible?, no importaba. Estaba convencido de que era un buen presagio. Un soldado más apareció. Ya eran cuatro. Este último portaba una pequeña bandeja. Con risas se acercó a los demás y les señaló lo que tenía. Los demás lo toquetearon con sus grandes manos de cuatro dedos y lo devolvieron a su sitio. Me dio asco solo de imaginarme como aquella comida se acercaba a mi boca.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta. Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta. Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.
martes, 13 de septiembre de 2011
Enredaderas de roca
Si volvíamos sobre nuestros pasos, llegaríamos a la cueva de los murciélagos. Si bajábamos por el acantilado, nos descubrirían. ¿Qué otras opciones nos quedaban?. Volví a mirar por la ventana. Allí estaba la rosa, era la más grande que habíamos visto hasta entonces. Aquello tenía que ser una señal importante. Quizás estuviésemos cerca. Miré al suelo, ahora había cuatro guardianes. Aquello representaba un gran problema. Miré a mis compañeros, estaban demasiado exhaustos para pensar.
Dado que allí estábamos a salvo, acampamos para descansar un par de horas. En cuanto cerré los ojos, las pesadillas volvieron a mí. Poblados quemados, personas hechas prisioneras y ejecutadas, los sollozos de los niños inundaban mis oídos. A pesar de estar profundamente dormido, sabía que era un sueño. Sin embargo, ello no me quitaba la angustia. Me desperté empapado en sudor. Teníamos que avanzar, sino aquellas pesadillas se comerían mis recuerdos más felices. Vino a mi mente mi pequeña princesa, no sabía que había pasado con ella. Miré por la ventana para comprobar cómo estaba la situación. La rosa brillaba más que nunca, solo había un guardián. Era nuestra oportunidad. Íbamos a aprovecharla.
El pequeño ser dio instrucciones a los duendecillos. Debían tejer una enredadera que no fuese demasiado grande, para que pasase desapercibida, pero sí lo bastante fuerte como para que pudiésemos bajar por ella. En seguida, se pusieron manos a la obra. Con sus manos intentaron teñirla del mismo color que las rocas. Más o menos, consiguieron camuflarla. Había que reconocer que eran muy habilidosos. Con cuidado de no hacer ruido, la enredadera se deslizó por la ventana y llegó al suelo.
Cerré los ojos para relajarme. Era hora de intentar bajar. Yo era primero, el pequeño ser me seguiría. Asks no estaba convencido con la enredadera, iba a buscar su propio método. Cuando mis pies se quedaron colgando, me di cuenta de que era más empinado y alto de lo que esperaba. Esperaba tener bastantes fuerzas como para bajar hasta el suelo. Mis músculos estaban en tensión. La enredadera era dura como una piedra. Tan solo llevaba un cuarto de camino, cuando las heridas se empezaron a producir en mis manos. Intentaba respirar profundamente. No podía hacer ruido. Todo mi cuerpo estaba en tensión. Conseguí bajar a la mitad, allí descansé un poco. Ruido.Mis sentidos se pusieron alerta. Por algún lado se acercaban más guardianes. Nuestros planes habían caído en desgracia.
Dado que allí estábamos a salvo, acampamos para descansar un par de horas. En cuanto cerré los ojos, las pesadillas volvieron a mí. Poblados quemados, personas hechas prisioneras y ejecutadas, los sollozos de los niños inundaban mis oídos. A pesar de estar profundamente dormido, sabía que era un sueño. Sin embargo, ello no me quitaba la angustia. Me desperté empapado en sudor. Teníamos que avanzar, sino aquellas pesadillas se comerían mis recuerdos más felices. Vino a mi mente mi pequeña princesa, no sabía que había pasado con ella. Miré por la ventana para comprobar cómo estaba la situación. La rosa brillaba más que nunca, solo había un guardián. Era nuestra oportunidad. Íbamos a aprovecharla.
El pequeño ser dio instrucciones a los duendecillos. Debían tejer una enredadera que no fuese demasiado grande, para que pasase desapercibida, pero sí lo bastante fuerte como para que pudiésemos bajar por ella. En seguida, se pusieron manos a la obra. Con sus manos intentaron teñirla del mismo color que las rocas. Más o menos, consiguieron camuflarla. Había que reconocer que eran muy habilidosos. Con cuidado de no hacer ruido, la enredadera se deslizó por la ventana y llegó al suelo.
Cerré los ojos para relajarme. Era hora de intentar bajar. Yo era primero, el pequeño ser me seguiría. Asks no estaba convencido con la enredadera, iba a buscar su propio método. Cuando mis pies se quedaron colgando, me di cuenta de que era más empinado y alto de lo que esperaba. Esperaba tener bastantes fuerzas como para bajar hasta el suelo. Mis músculos estaban en tensión. La enredadera era dura como una piedra. Tan solo llevaba un cuarto de camino, cuando las heridas se empezaron a producir en mis manos. Intentaba respirar profundamente. No podía hacer ruido. Todo mi cuerpo estaba en tensión. Conseguí bajar a la mitad, allí descansé un poco. Ruido.Mis sentidos se pusieron alerta. Por algún lado se acercaban más guardianes. Nuestros planes habían caído en desgracia.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Manos de fuego
La quemadura que se me estaba produciendo en la mano era muy dolorosa. No sabía si podría curarme de aquello. Debía ser fuerte, no teníamos otra solución. En la cueva cada vez había más y más murciélagos. Asks y yo estábamos en medio de todo. Respiré lo más hondo que pude. Las puntas de las llamas me alcanzaron el hombro. Levanté el otro brazo. Cerré los ojos y pegué un grito que retumbó en cada una de las rocas. Sentí como la energía de Asks se adueñaba de cada una de mis células y las llenaba de fuego. Aquellas pequeñas llamas me subieron hasta el cuello. Bailaron en mi espalda y bajaron poco a poco por mi otro brazo. Cuando llegaron a su destino final, noté como la mano se me empezó a calentar.
En ningún momento abrí los ojos. Me dejé llevar por mis otros sentidos. La palma de mi mano ya estaba lista. Estaba suficientemente caliente. Extendí los dedos lo máximo que pude. Otro grito salió de mi boca. Los pulmones me retumbaron. Dejé salir el fuego que estaba acumulado dentro de mi. Me sentía poseído por él. Asks también aumentó su concentración. Las llamas cada vez corrían más rápido por mi cuerpo. Mi brazo empezó a girar en círculos.
Los murciélagos empezaron a chillar. Su garganta emitía ruidos capaces de romper los tímpanos. Lo ignoré como pude. Me adentré aún más en mi ser. Me concentré en cada centímetro de mi piel. En cada pequeña llama. Un circulo enorme de fuego se formó a nuestro alrededor. La circunferencia perfecta. El dolor se estaba haciendo insoportable. La mano que se apoyaba sobre Asks estaba en carne viva. Levanté aún más el brazo contrario. Las llamas llegaron hasta el techo. La mayoría de los murciélagos habían ardido. Aprovechamos ese momento. Corrimos hacia donde se encontraba el resto. Me tiré de cabeza al pasillo. Algunos de los murciélagos que había sobrevivido empezaron a perseguirnos. No me quedaban fuerzas para luchar contra ellos. Aparecieron los duendecillos. Rápidamente crearon una enredadera con la cual taparon el agujero. Sonreí, por fin habían servido para algo. Estaba agotado y el dolor pudo conmigo. Oscuridad.
En ningún momento abrí los ojos. Me dejé llevar por mis otros sentidos. La palma de mi mano ya estaba lista. Estaba suficientemente caliente. Extendí los dedos lo máximo que pude. Otro grito salió de mi boca. Los pulmones me retumbaron. Dejé salir el fuego que estaba acumulado dentro de mi. Me sentía poseído por él. Asks también aumentó su concentración. Las llamas cada vez corrían más rápido por mi cuerpo. Mi brazo empezó a girar en círculos.
Los murciélagos empezaron a chillar. Su garganta emitía ruidos capaces de romper los tímpanos. Lo ignoré como pude. Me adentré aún más en mi ser. Me concentré en cada centímetro de mi piel. En cada pequeña llama. Un circulo enorme de fuego se formó a nuestro alrededor. La circunferencia perfecta. El dolor se estaba haciendo insoportable. La mano que se apoyaba sobre Asks estaba en carne viva. Levanté aún más el brazo contrario. Las llamas llegaron hasta el techo. La mayoría de los murciélagos habían ardido. Aprovechamos ese momento. Corrimos hacia donde se encontraba el resto. Me tiré de cabeza al pasillo. Algunos de los murciélagos que había sobrevivido empezaron a perseguirnos. No me quedaban fuerzas para luchar contra ellos. Aparecieron los duendecillos. Rápidamente crearon una enredadera con la cual taparon el agujero. Sonreí, por fin habían servido para algo. Estaba agotado y el dolor pudo conmigo. Oscuridad.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Astillas negras
Con el pequeño ser a salvo, me sentí más tranquilo. Contemplé unos segundos la situación. Era bastante complicada, Asks no sabía que hacer con tantos murciélagos. Además, se habían dado cuenta de que nos habíamos escapado y volaban hacia nosotros. De repente, tuve una idea. No sabía sí iba a funcionar, pero estaba decidido a arriesgarme. Dejé de lado el manto de calor que me envolvía, y, salí corriendo hacia el felino. En aquella carrera sentí como la presión sanguínea me empezó a subir. La cabeza me estallaba. Cada vez me salían goterones de sangre más poderosos de ella . Querían nublarme la visión, pero, no iba a permitirlo.
El camino era medianamente corto, pero, los murciélagos me perseguían sin descanso. Intentaban por todos los medios clavarme sus largos incisivos. Los manotazos era lo único que me salvaban. Aquello no les gustó. Reaccionaron. Su cuerpo empezó a temblar y a producir sonidos extraños. Iniciaron una rápida transformación. Su pelaje se empezó a transformar en astillas negras. Ya no podría seguir mi técnica defensiva, si no quería acabar con las manos llenas de ellas.
-¡Aguantaaa!- grité con fuerza al felino.
Aquellos seres oscuros, le estaban rodeando por todas partes. No sabía que hacer, estaba desesperado. Di dos pasos más, y, me situé a su lado. Le miré a los ojos.
-Saldremos de esta- le dije esperanzado.
Poco a poco, todos los murciélagos se transformaron. Aquellas astillas les crecieron por todas partes. Eran demasiados para luchar contra ellos. Se juntaron en un círculo. Cuando formaron la perfecta circunferencia, un chillido muy agudo salió de ellos. Sus cuerpos empezaron a dividirse, y, multiplicarse. .
Respiré fuertemente y puse mi mano sobre Asks. Sentí el fuego recorriendo mis venas. Se entremezcló con dolor. La palma de la mano se me estaba quemando. Intenté ignorarlo. Era complicado. Debía obedecer a mi mente. Cuando las llamas de Asks alcanzaron mi codo, la cueva comenzó a adquirir un tono azulado.
Mientras tanto, los murciélagos no dejaban de multiplicarse.
El camino era medianamente corto, pero, los murciélagos me perseguían sin descanso. Intentaban por todos los medios clavarme sus largos incisivos. Los manotazos era lo único que me salvaban. Aquello no les gustó. Reaccionaron. Su cuerpo empezó a temblar y a producir sonidos extraños. Iniciaron una rápida transformación. Su pelaje se empezó a transformar en astillas negras. Ya no podría seguir mi técnica defensiva, si no quería acabar con las manos llenas de ellas.
-¡Aguantaaa!- grité con fuerza al felino.
Aquellos seres oscuros, le estaban rodeando por todas partes. No sabía que hacer, estaba desesperado. Di dos pasos más, y, me situé a su lado. Le miré a los ojos.
-Saldremos de esta- le dije esperanzado.
Poco a poco, todos los murciélagos se transformaron. Aquellas astillas les crecieron por todas partes. Eran demasiados para luchar contra ellos. Se juntaron en un círculo. Cuando formaron la perfecta circunferencia, un chillido muy agudo salió de ellos. Sus cuerpos empezaron a dividirse, y, multiplicarse. .
Respiré fuertemente y puse mi mano sobre Asks. Sentí el fuego recorriendo mis venas. Se entremezcló con dolor. La palma de la mano se me estaba quemando. Intenté ignorarlo. Era complicado. Debía obedecer a mi mente. Cuando las llamas de Asks alcanzaron mi codo, la cueva comenzó a adquirir un tono azulado.
Mientras tanto, los murciélagos no dejaban de multiplicarse.
miércoles, 24 de agosto de 2011
La creación de un nuevo ser
Decidimos que lo mejor sería quedarse en el mismo sitio un día más. Era vital que el pequeño seraveriguase más sobre aquella reunión. Mientras él se concentraba, los demás intentamos buscar comida. Era complicado, pero Balder necesitaba la máxima energía. Lo que estaba haciendo era magia muy avanzada, y, su desgaste físico demasiado elevado.
Por más que lo intentaba, no lograba transportarse hacia aquella reunión. No sabía como había sido capaz de abrir la puerta hacia allí la primera vez. Por eso, le resultaba ahora tan complicado. Pasó un día entero, pero no obtuvimos respuestas. Cada vez estábamos más frustrados, aunque intentábamos no mostrarlo. Al final del día Asks desapareció, los duendecillos se alejaron para jugar, y, yo me senté a esperar. No apartaba los ojos del pequeño ser. Sus muecas eran de dolor. Estaba totalmente agotado, pero aún así luchaba por encontrar la puerta que le transportase allí.
Aparté la mirada. Me concentré en el sonido de la brisa contra las hojas para relajarme. Un ruido atrajo mi atención. El pequeño ser empezaba a sudar, tenía una expresión muy seria. Sus manos estaban tan tensas que empezaron a temblar. Se estaba adentrando en la reunión. Me situé a su lado. Me cogió la mano bruscamente.
La imagen de Skule apareció ante nosotros con toda claridad. La reunión estaba más avanzada de lo que vimos la última vez. Había multitud de pergaminos en el centro con dibujos geométricos. Un hombre de dimensión sobrenatural se levantó. Con un vistazo rápido vi su nombre en la silla. Era Jotan. Se dio la vuelta y me sobresalté. En su espalda aparecieron cuatro poderosos cuernos. Dio un golpe en la mesa y todos se levantaron y salieron de la sala.
- Os mostraré nuestra creación- dijo orgulloso y miró a una mujer llamada Astra. Era de una belleza insual, pero en sus ojos se podía ver una crueldad infinita. Sus dedos estaban manchados de sangre resaca. Había cometido tantos delitos innombrables que aquella mancha se le había quedado de por vida.
Salieron de la sala y bajaron unas escaleras. Se dirigieron hacia una sala más grande, llena de columnas y salientes. En el centro había un enorme cuadrado, tapado con una tela. Jotan se acercó y la quitó con fuerza.
- Os presento a nuestra nueva creación, nuestra arma de guerra, Axel- dijo orgulloso ante el aplauso de los demás. Una magnífica criatura creada a partir de las tinieblas apareció ante ellos. Tenía forma humana, pero dos grandes alas nacían de su espalda.Su poderoso cuerpo estaba creado especialmente para la lucha. Sus inquietantes ojos hablaban de destrucción.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Retorno para la salvación
Las raíces seguían creciendo y moviéndose intentando golpear a su enemiga. Ella por su parte, no se quedaba quieta y lanzaba rayos contra él. En una de las ocasiones, dio de lleno en una de sus raíces. Esta, en vez de morir, se duplico en dos. Se separó justo en donde había impactado aquel rayo. La ramificación había sido increíblemente simétrica. Esto no gustó a la hechicera, y, decidió dejar de utilizar aquella magia. Se concentró y comenzó a utilizar su propia energía. Lanzaba conjuros que hacía que saliesen manchas negras en el árbol. La dama del árbol se enfureció y produjo un pequeño terremoto. Hizo temblar todo y produjo profundos surcos en la tierra.
Mientras tanto, los colmillos no se movieron del sitio. Justo por encima de ellos se veían unos ojos que estaban estudiando todos y cada uno de los movimientos. Era muy confuso saber como iba a evolucionar aquella situación. Skule había descendido al suelo y se veía contrariada por las reacciones de la mujer del árbol. No se lo esperaba, y no sabía muy bien como actuar. Pero era solo cuestión de tiempo, puesto que era mucho más fuerte. En cuanto encontrase una oportunidad, ganaría aquel duelo.
Miré hacia el bosque. No había ni rastro de aquel ser. Ningún brillo que denotase su presencia. Sentí una nueva cuerda en mis pies. No contaba con aquello,inmediatamente me preparé para defenderme. Pegué un salto y la cuerda atrapó al pequeño ser. La hechicera tiró de ella y el pequeño ser salió volando por los aires. Fue a parar a sus pies. Con ello consiguió que los ataques de las raíces cesasen. Nos encontrábamos en una situación complicada. No podíamos dejar que el pequeño ser fuese su rehén. Sopesé todas las posibles soluciones, pero ninguna me convencía. Un pequeño brillo distrajo mi atención. Los colmillos volvieron a aparecer. En dos saltos, aquel ser se situó por detrás de Skule. Mi sorpresa fue máxima cuando descubrí de quién se trataba. Era la bestia. Con un poderoso zarpazo arañó toda la espalda de Skule. La había pillado desprevenida. Soltó la cuerda del pequeño ser, el cuál se quedó atónito. La hechicera se volteó y sin tiempo a nada más cayó de espaldas. La bestia se abalanzó sobre ella. La clavó sus pezuñas en los hombros y enseñó su furia. Su cabeza se movió con fuerza hacia el cuello de Skule. Quería arrancárselo de cuajo. Justo en aquel momento, la hechicera se convirtió en una estela de polvo negro y desapareció.
La bestia perpleja se quedó mirando el suelo unos instantes. Después nos miró a nosotros, inclinó la cabeza a su hijo y con tres saltos desapareció en la oscuridad del bosque.
Mientras tanto, los colmillos no se movieron del sitio. Justo por encima de ellos se veían unos ojos que estaban estudiando todos y cada uno de los movimientos. Era muy confuso saber como iba a evolucionar aquella situación. Skule había descendido al suelo y se veía contrariada por las reacciones de la mujer del árbol. No se lo esperaba, y no sabía muy bien como actuar. Pero era solo cuestión de tiempo, puesto que era mucho más fuerte. En cuanto encontrase una oportunidad, ganaría aquel duelo.
Miré hacia el bosque. No había ni rastro de aquel ser. Ningún brillo que denotase su presencia. Sentí una nueva cuerda en mis pies. No contaba con aquello,inmediatamente me preparé para defenderme. Pegué un salto y la cuerda atrapó al pequeño ser. La hechicera tiró de ella y el pequeño ser salió volando por los aires. Fue a parar a sus pies. Con ello consiguió que los ataques de las raíces cesasen. Nos encontrábamos en una situación complicada. No podíamos dejar que el pequeño ser fuese su rehén. Sopesé todas las posibles soluciones, pero ninguna me convencía. Un pequeño brillo distrajo mi atención. Los colmillos volvieron a aparecer. En dos saltos, aquel ser se situó por detrás de Skule. Mi sorpresa fue máxima cuando descubrí de quién se trataba. Era la bestia. Con un poderoso zarpazo arañó toda la espalda de Skule. La había pillado desprevenida. Soltó la cuerda del pequeño ser, el cuál se quedó atónito. La hechicera se volteó y sin tiempo a nada más cayó de espaldas. La bestia se abalanzó sobre ella. La clavó sus pezuñas en los hombros y enseñó su furia. Su cabeza se movió con fuerza hacia el cuello de Skule. Quería arrancárselo de cuajo. Justo en aquel momento, la hechicera se convirtió en una estela de polvo negro y desapareció.
La bestia perpleja se quedó mirando el suelo unos instantes. Después nos miró a nosotros, inclinó la cabeza a su hijo y con tres saltos desapareció en la oscuridad del bosque.
martes, 12 de julio de 2011
Duelo entre hielos
Todo el hielo que había caído de la parte de arriba dificultaba al felino acercarse. Pero aún así no cesaba en su empeño. Parecía que el pequeño ser le interesaba mucho. El pequeño ser estaba quieto, no se movió de su sitio. Cuando vio que el felino blanco ya estaba cerca de él empezó a levitar más alto. Buscaba una forma para ponerse a su altura. Me miró con sus ojos rojos y se asustó cuando vio la sangre seca que me cubría la cara. Yo seguía un poco mareado. La pérdida del preciado líquido de mis venas había sido devastadora en mi organismo.
Sin más miramientos el pequeño ser decidió ponerse enfrente y luchar por los dos si hacía falta. Su rival se encontraba tan solo a unos pasos de él. Debía actuar rápido. Ahora tan solo les separaba un metro. Faltaban segundos para decidir que hacer. Aquel gran animal se había parado. Parecía disfrutar de aquel momento, ya que conocía perfectamente su superioridad. El pequeño ser estaba concentrado al máximo, no se perdía ni un detalle de los movimientos de su contrario.
De repente con un rápido salto el felino se abalanzó sobre el pequeño ser, el cual logró apartarse por unos escasos centímetros. El felino no perdió el tiempo y le dio un zarpazo en uno de sus brazos. El grito del pequeño ser se oyó en toda la cueva. A mi se me partió el alma cuando lo escuché. A duras penas me levanté. Quería ayudarle pero no sabía muy bien como. Haciendo caso omiso a todo, me apoyé contra las paredes y llegué hasta donde se encontraban los contrincantes. El pequeño ser me miró esperanzado y el felino, que se había olvidado de mi, cayó en la cuenta de que primero era más fácil acabar conmigo.
martes, 5 de julio de 2011
Los lienzos
El tiempo que tardaron los lienzos en coger forma se me hizo eterno. Primero aparecieron los paisajes, el dibujo avanzaba desde fuera hacia dentro. El centro era lo último en aparecer. En el lienzo de la izquierda empezaron a distinguirse unos rizos. En el lienzo de la derecha apareció una larga cabellera negra.
Mientras tanto, el hombre sonreía con malicia y los prisioneros de la carroza ahogaron el grito ante la expectación. Aparté unos segundos la mirada de las imágenes y miré a nuestro alrededor. Todo se había congelado de tal manera, que se habían formado gruesos bloques de hielo. Cuanto más se completaban los lienzos, más hielo aparecía. A pesar de ello, mi cuerpo estaba tan entumecido por el miedo, que no notaba los cambios de temperatura.
Cada vez aparecían más rizos, y a mi cada vez me faltaba más el aire. Se me habían pasado unas cuantas ideas por la cabeza, pero las había rechazado todas. Esperaba que fuese tan solo un dibujo, sin significado. Cuando la parte de los rizos estaba finalizada, aparecieron lentamente dos orejas puntiagudas. Mis rodillas se tambalearon, perdieron todas sus fuerzas y caí al suelo. Mis peores temores se estaban cumpliendo. Una ola de desesperación empezaba a florecer en mi pecho.
Miré el otro lienzo. Estaba ambientado en cuevas. En el centro había aparecido un pelo largo y negro. Poco a poco empezaba a distinguirse un ojo de color azul. Una nueva angustia invadía mi pecho.
Miré al suelo con lágrimas en los ojos. Aquellas imágenes me estaban torturando. Cuando volví a mirar arriba vi los rostros de mi pequeña princesa y de la náyade.
Me levanté e intenté arrancar los dibujos de las manos del monstruo. Con malicia se apartó y perdiendo el equilibrio, mi cuerpo cayó al suelo sin esperanzas. ¿Qué significaba eso?, miré hacia donde estaban las almas perdidas. Estaban totalmente quietas y con las cabezas agachadas por la pena.
Mientras tanto, el hombre sonreía con malicia y los prisioneros de la carroza ahogaron el grito ante la expectación. Aparté unos segundos la mirada de las imágenes y miré a nuestro alrededor. Todo se había congelado de tal manera, que se habían formado gruesos bloques de hielo. Cuanto más se completaban los lienzos, más hielo aparecía. A pesar de ello, mi cuerpo estaba tan entumecido por el miedo, que no notaba los cambios de temperatura.
Cada vez aparecían más rizos, y a mi cada vez me faltaba más el aire. Se me habían pasado unas cuantas ideas por la cabeza, pero las había rechazado todas. Esperaba que fuese tan solo un dibujo, sin significado. Cuando la parte de los rizos estaba finalizada, aparecieron lentamente dos orejas puntiagudas. Mis rodillas se tambalearon, perdieron todas sus fuerzas y caí al suelo. Mis peores temores se estaban cumpliendo. Una ola de desesperación empezaba a florecer en mi pecho.
Miré el otro lienzo. Estaba ambientado en cuevas. En el centro había aparecido un pelo largo y negro. Poco a poco empezaba a distinguirse un ojo de color azul. Una nueva angustia invadía mi pecho.
Miré al suelo con lágrimas en los ojos. Aquellas imágenes me estaban torturando. Cuando volví a mirar arriba vi los rostros de mi pequeña princesa y de la náyade.
Me levanté e intenté arrancar los dibujos de las manos del monstruo. Con malicia se apartó y perdiendo el equilibrio, mi cuerpo cayó al suelo sin esperanzas. ¿Qué significaba eso?, miré hacia donde estaban las almas perdidas. Estaban totalmente quietas y con las cabezas agachadas por la pena.
viernes, 24 de junio de 2011
Náyade
Iba corriendo por el bosque. Era el mismo camino que había hecho hacía unos días, pero esta vez de retroceso. Tenía miedo, quería volver a mi casa, a la seguridad de mi hogar. A lo lejos veía el pueblo, me imaginaba como mi padre me estaría esperando sentado en las escaleras y con la puerta abierta. Pero me paré en seco. No podía huir de aquella manera de mi destino. Lo que estaba haciendo no estaba bien. Me paré en seco y una pequeña luz apareció ante mí. Era la mensajera de la Dama Blanca. Cuando llegó frente a mis ojos estalló y una masa de luz blanca apareció en su lugar. Al principio la intensidad de la luz me impedía ver pero poco a poco mis ojos se empezaron a acostumbrar. Una serie de imágenes empezaron a mostrarse ante mi.
Una habitación blanca con suelo dorado fue la primera en aparecer completamente nítida. En ella había un gran trono y la Dama Blanca estaba sentada encima de él. A su lado una pequeña náyade, tenía un libro entre manos y se lo leía. Su pelo negro azabache y sus ojos azul oscuro contrastaban con su piel blanca. Al igual que la Dama tenía una belleza enigmática.
La siguiente imagen que vi era a la misma náyade pero en una cueva oscura. Ella estaba desmayada y un extraño ser oscuro estaba observándola. Se acercó a ella y la tiró un vaso de agua encima con mucho desprecio. Esto hizo que se moviese un poco y abriese los ojos, pero estaba muy débil como para conseguir hacer algo más. En las siguientes imágenes solo se veían rocas negras, y sombras oscuras que daban escalofríos.
Un remolino de imágenes iguales empezaban a verse en mi cabeza. Cada vez veía todo mas confuso, alguien me estaba llamando a lo lejos, intentaba llevarme a otro lugar. Con un fuerte golpe desperté y vi que estaba en el agujero y el pequeño ser estaba a mi lado.
Una habitación blanca con suelo dorado fue la primera en aparecer completamente nítida. En ella había un gran trono y la Dama Blanca estaba sentada encima de él. A su lado una pequeña náyade, tenía un libro entre manos y se lo leía. Su pelo negro azabache y sus ojos azul oscuro contrastaban con su piel blanca. Al igual que la Dama tenía una belleza enigmática.
La siguiente imagen que vi era a la misma náyade pero en una cueva oscura. Ella estaba desmayada y un extraño ser oscuro estaba observándola. Se acercó a ella y la tiró un vaso de agua encima con mucho desprecio. Esto hizo que se moviese un poco y abriese los ojos, pero estaba muy débil como para conseguir hacer algo más. En las siguientes imágenes solo se veían rocas negras, y sombras oscuras que daban escalofríos.
Un remolino de imágenes iguales empezaban a verse en mi cabeza. Cada vez veía todo mas confuso, alguien me estaba llamando a lo lejos, intentaba llevarme a otro lugar. Con un fuerte golpe desperté y vi que estaba en el agujero y el pequeño ser estaba a mi lado.
viernes, 17 de junio de 2011
Caída
El círculo hueco formado a nuestro alrededor se empezó a desplazar lentamente hacia abajo. No podíamos saltar hacia el otro lado porque era como hacer un salto al vacío. Repentinamente, la tierra empezó a caer a más y más velocidad. Veíamos como la superficie desaparecía y la oscuridad de la tierra se cernía sobre nuestras cabezas. La frustración de no poder hacer nada mientras nos tragaba la tierra era inmensa.
La escasa luz de la superficie ya se había perdido por completo y nosotros seguíamos cayendo. Paredes de tierra a la derecha y paredes de tierra a la izquierda. Ningún signo de vida a excepción de nosotros.
Los segundos se hicieron minutos, y los minutos horas en aquella espera hacia lo desconocido, y el sentimiento de angustia crecía y crecía. Después de interminables momentos, empezamos a ir más despacio. Cuando la tierra pasó de ser marrón oscura a gris, nos detuvimos en seco produciendo un sonoro golpe. El impacto fue tan grande que nos hizo saltar y casi precipitarnos por el hueco hasta el infinito. Nos quedamos totalmente quietos, miré por el hueco y parecía que nos habíamos quedado incrustados en algo.
Miré con mucha atención a mi alrededor. Había muchos agujeros pequeños en la pared, pero el tamaño no era suficiente como para que pudiese pasar. Miré por todo el lado de la derecha, pero nada, luego empecé a mirar por la izquierda y al fin, vi un agujero lo suficientemente grande como para pasar. Cogí al pequeño ser en brazos y lo empujé hacia el agujero. Me asusté, el corazón me empezó a latir a mil cuando noté como la tierra debajo de mí empezaba a ceder. Si no me daba prisa seguiría mi caída hacia el infinito. Salté hacia el agujero, caí de puntillas y me resbalé. El corazón me salía del pecho de la angustia. Conseguí cogerme con una mano del borde.
El hueco ya había empezado a descender dejándome sin más opciones. La mano me empezó a resbalar, me balanceé un poco para intentar sujetarme con la otra mano. Mi primer intento fue fallido, los dedos cada vez tenían menos fuerza pasa sujertarme. Estaba en una situación límite, el precipicio me llamaba, pero yo no quería escucharle. Lo intenté una segunda vez. Tenía las manos sudorosas
jueves, 16 de junio de 2011
Nuevos temblores
El humo blanco cubrió toda la explanada a excepción de dos círculos, uno alrededor de los druidas, y otro entorno a nosotros . Era muy denso y salía constantemente. Al principio los cuervos estaban muy confusos y no sabían que hacer. Al cabo de unos minutos el humo alcanzó una temperatura muy elevada, algunos sufrieron serias quemaduras. Iniciaron el vuelo derrotados. Poco después el humo cesó. Los druidas nos dedicaron una mirada de agradecimiento y corrieron a socorrer a los heridos.
Respiré profundamente y por un momento me sentí tranquilo. Había acumulado demasiada tensión en muy poco tiempo. El pequeño ser cerró los ojos y se acurrucó a mi lado. Había realizado un gran esfuerzo, y, la energía que le había traspasado era insuficiente. En escasos segundos se quedó profundamente dormido. Yo intenté aguantar, pero tras comprobar que todo estaba bien, me venció el cansancio.
Me despertó un fuerte temblor. Los druidas y el pequeño ser se quedaron alarmados también. Tras el primero, otros cuatro siguieron. Las grietas del suelo se abrieron un poco más y nos quedamos totalmente incomunicados. Nadie comprendía lo que estaba pasando.
Miré dentro de una grieta. Me escondí lo más rápido que pude, ya que vi como el humo blanco avanzaba por el hueco y pronto saldría. Una segunda explosión de humo blanco se produjo. La siguieron un par de temblores más y empecé a notar como la tierra se empezaba a desplazar. Una ola de pánico nos inundó. Se había formado un círculo hueco a nuestro alrededor. No teníamos como escapar de allí. La tierra se empezó a mover y bajamos de nivel. El sonido de un derrumbamiento inundó mis oídos.
Respiré profundamente y por un momento me sentí tranquilo. Había acumulado demasiada tensión en muy poco tiempo. El pequeño ser cerró los ojos y se acurrucó a mi lado. Había realizado un gran esfuerzo, y, la energía que le había traspasado era insuficiente. En escasos segundos se quedó profundamente dormido. Yo intenté aguantar, pero tras comprobar que todo estaba bien, me venció el cansancio.
Me despertó un fuerte temblor. Los druidas y el pequeño ser se quedaron alarmados también. Tras el primero, otros cuatro siguieron. Las grietas del suelo se abrieron un poco más y nos quedamos totalmente incomunicados. Nadie comprendía lo que estaba pasando.
Miré dentro de una grieta. Me escondí lo más rápido que pude, ya que vi como el humo blanco avanzaba por el hueco y pronto saldría. Una segunda explosión de humo blanco se produjo. La siguieron un par de temblores más y empecé a notar como la tierra se empezaba a desplazar. Una ola de pánico nos inundó. Se había formado un círculo hueco a nuestro alrededor. No teníamos como escapar de allí. La tierra se empezó a mover y bajamos de nivel. El sonido de un derrumbamiento inundó mis oídos.
miércoles, 15 de junio de 2011
Humo blanco
Unos segundos después se produjo un nuevo temblor. Las hojas de los árboles cercanos a la explanada se cayeron. El pequeño ser aún estaba inconsciente en el suelo y yo a su lado. El cuervo había parado su ataque por un momento asustado por el temblor. Puse mi mano sobre el vientre del pequeño ser y una potente luz verde empezó a expandirse por toda la explanada. Cuando la luz llegó a todos los lugares posibles, se produjo un estallido, y rápidamente volvió al origen y el pequeño cuerpo lo absorbió.
De repente abrió los ojos de una manera muy violeta y empezó a mirar angustiado el panorama. Todavía estaba débil. Me miró con sus grandes ojos y me cogió las manos. Las puso nuevamente sobre su vientre y noté como la energía de mi cuerpo empezó a decaer. Me miró nuevamente con ojos lastimeros. Intenté relajarme y concentrarme en las energías que fluían entre nosotros. Mis manos empezaron a lanzar cortos destellos de luz, que hacían que la respiración del pequeño ser se volviese más fuerte.
Los cuervos se dieron cuenta de la situación y empezaron a atacar otra vez a los druidas. Estos se defendían con diversas magias, pero los grazilius eran muy ágiles. Conseguían esquivar muchas ofensivas. Mientras tanto, el pequeño ser me agarró con más fuerza y empezó a soplar un humo blanco por la boca. A nuestros pies, se abrió un pequeño agujero y todo el humo se empezó a filtrar dentro de la tierra. Cuando terminó se sentó a mi lado, puso mi mano verde sobre mi pierna. El dolor de las quemaduras desapareció y mis ojos empezaron a ver con más claridad.
El cuervo negro que nos acechaba se volvió hacia nosotros, y una vez más con paso firme, empezó a acercarse. Cuando estaba a escasos centímetros de nosotros, un nuevo temblor sacudió la tierra y de las grietas comenzó a salir un denso humo.
De repente abrió los ojos de una manera muy violeta y empezó a mirar angustiado el panorama. Todavía estaba débil. Me miró con sus grandes ojos y me cogió las manos. Las puso nuevamente sobre su vientre y noté como la energía de mi cuerpo empezó a decaer. Me miró nuevamente con ojos lastimeros. Intenté relajarme y concentrarme en las energías que fluían entre nosotros. Mis manos empezaron a lanzar cortos destellos de luz, que hacían que la respiración del pequeño ser se volviese más fuerte.
Los cuervos se dieron cuenta de la situación y empezaron a atacar otra vez a los druidas. Estos se defendían con diversas magias, pero los grazilius eran muy ágiles. Conseguían esquivar muchas ofensivas. Mientras tanto, el pequeño ser me agarró con más fuerza y empezó a soplar un humo blanco por la boca. A nuestros pies, se abrió un pequeño agujero y todo el humo se empezó a filtrar dentro de la tierra. Cuando terminó se sentó a mi lado, puso mi mano verde sobre mi pierna. El dolor de las quemaduras desapareció y mis ojos empezaron a ver con más claridad.
El cuervo negro que nos acechaba se volvió hacia nosotros, y una vez más con paso firme, empezó a acercarse. Cuando estaba a escasos centímetros de nosotros, un nuevo temblor sacudió la tierra y de las grietas comenzó a salir un denso humo.
martes, 14 de junio de 2011
Temblores
Según me fui acercando, la angustia se apoderaba con más fuerza de mí. Oía todo, pero no veía. Caminé a gatas por la hierba, lo más deprisa que pude. Después de unos momentos, que se me hicieron eternos, pude tocar al pequeño ser. Efectivamente estaba inconsciente. Con los ojos cerrados puse mi mano sobre su cuello e intenté concentrarme al máximo. Abrí los ojos y pude distinguir sombras. Por lo menos mi visión había mejorado. Con mucho esfuerzo, podía más o menos visualizar el panorama.
El cuervo se encontraba a un metro de distancia. Y sus ojos parecían más brillantes que nunca. Se desplazaba rápidamente de un lado a otro para despistarme. Se había dado cuenta que mi vista no funcionaba muy bien. Empezó a lanzarme pequeñas bolas de fuego para comprobar hasta que punto podía aprovecharse de mi deficiencia. Además la pierna me estallaba de dolor.
Ahora el cuervo tan solo estaba a medio metro de distancia. La tensión se iba acumulando en mis músculos y cada vez mi respiración era más y más rápida. Tenía que encontrar una solución rápida. Miré a mi alrededor durante un segundo. Todos estaban ocupados, nadie podía ayudarnos. Miré al pequeño ser, intenté reanimarlo, pero no abrió los ojos. Puse nuevamente una mano sobre él e intenté concentrarme al máximo para que la energía fluyese entre nosotros. Después de varios segundos en esta posición, el pequeño ser tuvo un gran espasmo que hizo que su cuerpo se elevase por encima del suelo. Aún inconsciente, y experimentando un extraño trance se quedó de pie. Dio un paso hacia mí, y según piso el suelo se produjo un fuertísimo temblor de tierra. Todos pararon sus ataques y nos miraron asombrados. El pequeño ser dio un nuevo paso y otro temblor de tierra apareció de la nada. Al terminar, un gran estruendo sonó por todo el bosque. Se empezaron a formar grietas por todas partes. El pequeño ser se cayó al suelo.
El cuervo se encontraba a un metro de distancia. Y sus ojos parecían más brillantes que nunca. Se desplazaba rápidamente de un lado a otro para despistarme. Se había dado cuenta que mi vista no funcionaba muy bien. Empezó a lanzarme pequeñas bolas de fuego para comprobar hasta que punto podía aprovecharse de mi deficiencia. Además la pierna me estallaba de dolor.
Ahora el cuervo tan solo estaba a medio metro de distancia. La tensión se iba acumulando en mis músculos y cada vez mi respiración era más y más rápida. Tenía que encontrar una solución rápida. Miré a mi alrededor durante un segundo. Todos estaban ocupados, nadie podía ayudarnos. Miré al pequeño ser, intenté reanimarlo, pero no abrió los ojos. Puse nuevamente una mano sobre él e intenté concentrarme al máximo para que la energía fluyese entre nosotros. Después de varios segundos en esta posición, el pequeño ser tuvo un gran espasmo que hizo que su cuerpo se elevase por encima del suelo. Aún inconsciente, y experimentando un extraño trance se quedó de pie. Dio un paso hacia mí, y según piso el suelo se produjo un fuertísimo temblor de tierra. Todos pararon sus ataques y nos miraron asombrados. El pequeño ser dio un nuevo paso y otro temblor de tierra apareció de la nada. Al terminar, un gran estruendo sonó por todo el bosque. Se empezaron a formar grietas por todas partes. El pequeño ser se cayó al suelo.
lunes, 13 de junio de 2011
Vista borrosa
De una manera muy rápida, los druidas se organizaron mediante gestos. Se colocaron en un círculo y empezaron a atacar a los cuervos. Hicieron diversos remolinos para despistar a los granzilius. Con esto conseguían que las imágenes pareciesen borrosas. También hacían diversos cambios de posición. Los cuervos empezaron a lanzar fuego, pero dado el movimiento de los druidas, tenían menos posibilidades de acertar. Pero había algo que faltaba. Algo que no me convencía del todo. Empecé a mirar a mi alrededor.
No veía al pequeño ser, eso me inquietaba mucho. Me adentré en el círculo de los druidas para ver si se encontraba allí, pero no. Los remolinos de viento dificultaban mi visión. Mediante pequeños destellos de luz, que salían de mi mano, conseguí alejarme lo suficiente para ver casi todo el campo de batalla sin resultar herido. Por fin le vi.
Estaba tumbado inconsciente en el otro lado de la explanada. Un cuervo se estaba acercando lentamente hacia él con un brillo de regocijo en la mirada. Me entró pánico al pensar que le podían hacer daño o que le podía perder. Empecé a correr hacia él sin importarme el peligro. Cuando ya estaba cerca, una pequeña bola de fuego me alcanzó y me derrumbó al suelo. Me había alcanzado la pierna. Tenía una gran quemadura que me hizo chillar de dolor y me nubló la vista. Intenté mirar al pequeño ser, no podía distinguir bien la imagen. Me sentía frustrado.
Intenté aclararme los ojos, pero era en vano. Respiré profundamente, abrí los ojos al máximo y según el recuerdo que tenía de la posición en la que estaba avancé. Sentí como el estómago se me revolvía al pensar que el cuervo estaba más y más cerca a cada segundo de él. Estaba en el suelo y no se movía.
No veía al pequeño ser, eso me inquietaba mucho. Me adentré en el círculo de los druidas para ver si se encontraba allí, pero no. Los remolinos de viento dificultaban mi visión. Mediante pequeños destellos de luz, que salían de mi mano, conseguí alejarme lo suficiente para ver casi todo el campo de batalla sin resultar herido. Por fin le vi.
Estaba tumbado inconsciente en el otro lado de la explanada. Un cuervo se estaba acercando lentamente hacia él con un brillo de regocijo en la mirada. Me entró pánico al pensar que le podían hacer daño o que le podía perder. Empecé a correr hacia él sin importarme el peligro. Cuando ya estaba cerca, una pequeña bola de fuego me alcanzó y me derrumbó al suelo. Me había alcanzado la pierna. Tenía una gran quemadura que me hizo chillar de dolor y me nubló la vista. Intenté mirar al pequeño ser, no podía distinguir bien la imagen. Me sentía frustrado.
Intenté aclararme los ojos, pero era en vano. Respiré profundamente, abrí los ojos al máximo y según el recuerdo que tenía de la posición en la que estaba avancé. Sentí como el estómago se me revolvía al pensar que el cuervo estaba más y más cerca a cada segundo de él. Estaba en el suelo y no se movía.
sábado, 11 de junio de 2011
Cuervos negros
Una bandada de cuervos negros de hipnotizantes ojos naranjas estaban sobrevolando por encima de nosotros. Eran enormes y tenían unas montaduras de cuero encima de su cuerpo. Con mucha calma nos observaban minuciosamente. Algunos se aproximaron a nosotros y pude ver sus poderosos picos. Cuando dieron un par de vueltas y estudiaron todo el panorama se empezaron a posar sobre el suelo. Ahí lo pude ver con claridad, unos extraños y pequeños seres marrones, peludos, de orejas puntiagudas y brillantes ojos naranjas, estaban sentados encima y les daban órdenes. Empezaron a crear polvareda grisácea que nos hizo toser a todos y despistarnos por un segundo.
-¡No os despistéis!- gritó uno de los druidas- ¡los grazilius son peligrosos!- y empezó a toser.
Según dijo esas palabras los grazilius tiraron de la correa y los cuervos empezaron a lanzar bolas de fuego hacia donde estábamos nosotros. Su primer ataque no fue muy potente ya que la visibilidad era nula. Uno de los druidas cogió su bastón. Lo lanzó hacía el aire y cuando iba cayendo empezó a gritar unas palabras extrañas. El bastón empezó a girar y se formó un pequeño remolino de aire que limpió toda la explanada de la neblina. Ahora nos encontrábamos frente a frente. Todos los cuervos estaban excitados ante la cantidad de carne que tenían enfrente.
-¡ Replegaros!- gritó el maestro druida, el ataque les había pillado de improvisto y no estaban organizados-.
Algunos de los cuervos con un sonoro graznido levantaron el vuelo y empezaron a tirar bolas de fuego desde el aire. Iban en todas las direcciones. El druida que invocó al remolino resultó herido de muerte. Uno de los cuervos se estaba posando sobre él. Ya no tenía salvación alguna. Yo empecé a sentir pánico. Las bolas de fuego cada vez eran más grandes y las tiraban con más velocidad. Los druidas empezaron a formar pequeños núcleos de masa gris a modo de escudo de protección. Era muy complicado contraatacar. La velocidad de las bolas aumentaba y no había tiempo para nada. Solo se podían defender. Como mi miedo aumentaba la mano izquierda empezó a soltar destellos dorados. Me concentré lo máximo que pude y proyecté toda mi energía hacia el grupo de cuervos más numerosos. Abrí la palma lo máximo que pude y cerré los ojos. Perlas de sudor acariciaban mi mente. Me adelanté y un haz dorado se extendió por la explanada.
Los cuervos empezaron a graznar desesperadamente. Era algo inesperado para ellos. Había ganado unos minutos para que los druidas se reorganizasen. Pero no era suficiente.
-¡No os despistéis!- gritó uno de los druidas- ¡los grazilius son peligrosos!- y empezó a toser.
Según dijo esas palabras los grazilius tiraron de la correa y los cuervos empezaron a lanzar bolas de fuego hacia donde estábamos nosotros. Su primer ataque no fue muy potente ya que la visibilidad era nula. Uno de los druidas cogió su bastón. Lo lanzó hacía el aire y cuando iba cayendo empezó a gritar unas palabras extrañas. El bastón empezó a girar y se formó un pequeño remolino de aire que limpió toda la explanada de la neblina. Ahora nos encontrábamos frente a frente. Todos los cuervos estaban excitados ante la cantidad de carne que tenían enfrente.
-¡ Replegaros!- gritó el maestro druida, el ataque les había pillado de improvisto y no estaban organizados-.
Algunos de los cuervos con un sonoro graznido levantaron el vuelo y empezaron a tirar bolas de fuego desde el aire. Iban en todas las direcciones. El druida que invocó al remolino resultó herido de muerte. Uno de los cuervos se estaba posando sobre él. Ya no tenía salvación alguna. Yo empecé a sentir pánico. Las bolas de fuego cada vez eran más grandes y las tiraban con más velocidad. Los druidas empezaron a formar pequeños núcleos de masa gris a modo de escudo de protección. Era muy complicado contraatacar. La velocidad de las bolas aumentaba y no había tiempo para nada. Solo se podían defender. Como mi miedo aumentaba la mano izquierda empezó a soltar destellos dorados. Me concentré lo máximo que pude y proyecté toda mi energía hacia el grupo de cuervos más numerosos. Abrí la palma lo máximo que pude y cerré los ojos. Perlas de sudor acariciaban mi mente. Me adelanté y un haz dorado se extendió por la explanada.
Los cuervos empezaron a graznar desesperadamente. Era algo inesperado para ellos. Había ganado unos minutos para que los druidas se reorganizasen. Pero no era suficiente.
miércoles, 8 de junio de 2011
Respeto
Con los ojos más brillantes que nunca el pequeño ser se separó de mi lentamente. No quería absorber toda mi energía. Sin alejarse de mi lado se dio la vuelta y se puso a mirar al hombre de los ojos rojos. Parecía el líder del grupo.
Muy pegado a mi empezó a levantar las manos y abrió la boca. Empezó a emitir un sonido muy extraño. Sonaba igual que el sonido de un arpa. Con eso consiguió que la masa celeste se mantuviese en su sitio, pese a haber roto la conexión conmigo. Se sentó en el suelo cansado sin dejar de mirar al líder de los hombres. Este esbozó una sonrisa e hizo un gesto con la mano a los demás. Le miraron atentos sin decir ni una palabra. Luego todos al mismo tiempo nos miraron, se alejaron unos pasos e inclinaron la cabeza.
Yo estaba alerta, no sabía si lo que acababa de presenciar era una muestra de respeto o la preparación para un segundo asalto. Todos nos quedamos muy quietos mirando al líder que se empezó a acercar a paso lento hacia nosotros.
-Os estaba esperando desde hace mucho tiempo- dijo en un tono de voz muy calmado y después de una pausa añadió- Siglos llevo esperando.
El pequeño ser se levantó lentamente y cogiéndome de la mano empezó a caminar hacia el líder.
Muy pegado a mi empezó a levantar las manos y abrió la boca. Empezó a emitir un sonido muy extraño. Sonaba igual que el sonido de un arpa. Con eso consiguió que la masa celeste se mantuviese en su sitio, pese a haber roto la conexión conmigo. Se sentó en el suelo cansado sin dejar de mirar al líder de los hombres. Este esbozó una sonrisa e hizo un gesto con la mano a los demás. Le miraron atentos sin decir ni una palabra. Luego todos al mismo tiempo nos miraron, se alejaron unos pasos e inclinaron la cabeza.
Yo estaba alerta, no sabía si lo que acababa de presenciar era una muestra de respeto o la preparación para un segundo asalto. Todos nos quedamos muy quietos mirando al líder que se empezó a acercar a paso lento hacia nosotros.
-Os estaba esperando desde hace mucho tiempo- dijo en un tono de voz muy calmado y después de una pausa añadió- Siglos llevo esperando.
El pequeño ser se levantó lentamente y cogiéndome de la mano empezó a caminar hacia el líder.
martes, 7 de junio de 2011
La protección
Al caer, nos quedamos todos un poco aturdidos. Cuando nos levantamos por nuestro propio pie, los hombres empezaron a entonar un cántico con tonos muy graves. Jamás había experimentado tanta angustia al escuchar un sonido. Las notas se clavaban en mi piel como espinas y sus voces retumbaban una y otra vez en mi cabeza.
Entre todo ese malestar distinguí un nuevo sonido. Miré al cielo, se estaba formando una tormenta muy fuerte y grandes truenos y relámpagos aparecieron. Primero se dispersaron por todo el cielo, pero poco a poco se fueron concentrando, hasta que se quedaron únicamente entorno a nuestra explanada.
Los hombres empezaron a cantar más grave todavía y los rayos empezaron a impactar en el suelo, a nuestro alrededor. Escasos centímetros nos separaban de morir por su impacto. Mientras tanto, el hombre de los ojos rojos empezó a mirar de forma desafiante al pequeño ser, el cual estaba nuevamente aferrado a mi pierna.
Después de unos minutos de intercambio de miradas, el pequeño ser soltó mi pierna.Cerró los ojos, lanzó un suspiro muy profundo y se situó enfrente de mi´. Poniéndose de puntillas me alcanzó las manos y puso sus palmas sobre las mías. Nuevamente cerró los ojos y mis manos empezaron a brillar. Lanzó un suspiro mucho más largo que el anterior y la tierra comenzó a temblar. Los hombres cesaron el canto sorprendidos, pero los rayos no desaparecieron.
Una masa celeste empezó a crecer de la tierra. Crecía a una velocidad de vértigo y pronto formó una capa protectora entorno a la explanada. Los hombres empezaron a cantar otra vez, y los rayos se volvieron más grandes y más agresivos. Empezaron a impactar contra la capa protectora.
El pequeño ser empezó a sudar, abrió los ojos que estaban inyectados en rojo sangre, y mis manos empezaron a brillar más aún. Empecé a notar cansancio y las piernas me empezaron a temblar.
Entre todo ese malestar distinguí un nuevo sonido. Miré al cielo, se estaba formando una tormenta muy fuerte y grandes truenos y relámpagos aparecieron. Primero se dispersaron por todo el cielo, pero poco a poco se fueron concentrando, hasta que se quedaron únicamente entorno a nuestra explanada.
Los hombres empezaron a cantar más grave todavía y los rayos empezaron a impactar en el suelo, a nuestro alrededor. Escasos centímetros nos separaban de morir por su impacto. Mientras tanto, el hombre de los ojos rojos empezó a mirar de forma desafiante al pequeño ser, el cual estaba nuevamente aferrado a mi pierna.
Después de unos minutos de intercambio de miradas, el pequeño ser soltó mi pierna.Cerró los ojos, lanzó un suspiro muy profundo y se situó enfrente de mi´. Poniéndose de puntillas me alcanzó las manos y puso sus palmas sobre las mías. Nuevamente cerró los ojos y mis manos empezaron a brillar. Lanzó un suspiro mucho más largo que el anterior y la tierra comenzó a temblar. Los hombres cesaron el canto sorprendidos, pero los rayos no desaparecieron.
Una masa celeste empezó a crecer de la tierra. Crecía a una velocidad de vértigo y pronto formó una capa protectora entorno a la explanada. Los hombres empezaron a cantar otra vez, y los rayos se volvieron más grandes y más agresivos. Empezaron a impactar contra la capa protectora.
El pequeño ser empezó a sudar, abrió los ojos que estaban inyectados en rojo sangre, y mis manos empezaron a brillar más aún. Empecé a notar cansancio y las piernas me empezaron a temblar.
lunes, 6 de junio de 2011
Conexión de ojos
Cuando los ojos rojos nos descubrieron, el fuego se empezó a volver de un color celeste. Un pequeño estallido se produjo y dos luces salieron de el. La primera fue a parar al hombre de los ojos rojos y se infiltró en sus ojos. La otra luz atravesó toda la explanada y se infiltró en los ojos del pequeño ser. Un escalofrío de inquietud recorrió todo mi cuerpo.
Se produjo una conexión entre ellos que fue creciendo a cada segundo. Cuando llegó a su culminación, los dos cuerpos se elevaron por encima del suelo y se empezaron a aproximar hacia el fuego. Todos los demás hombres se apartaron del camino y formaron dos filas perfectas. Yo no sabía que hacer, no podía abandonar al pequeño ser, pero tampoco entendía lo que estaba pasando.
Con un paso decidido me situé detrás del pequeño ser. Intenté cogerle para devolverle al suelo, pero en el mismo momento que le toqué una sensación de quemazón recorrió todo mi cuerpo. Mis manos empezaron a brillar. Nuevamente una era de color dorado y otra verde. Cuando el calor terminó de recorrer todo mi cuerpo, me empecé a elevar hasta situarme a la misma altura que el pequeño ser.
Se produjo una conexión entre ellos que fue creciendo a cada segundo. Cuando llegó a su culminación, los dos cuerpos se elevaron por encima del suelo y se empezaron a aproximar hacia el fuego. Todos los demás hombres se apartaron del camino y formaron dos filas perfectas. Yo no sabía que hacer, no podía abandonar al pequeño ser, pero tampoco entendía lo que estaba pasando.
Con un paso decidido me situé detrás del pequeño ser. Intenté cogerle para devolverle al suelo, pero en el mismo momento que le toqué una sensación de quemazón recorrió todo mi cuerpo. Mis manos empezaron a brillar. Nuevamente una era de color dorado y otra verde. Cuando el calor terminó de recorrer todo mi cuerpo, me empecé a elevar hasta situarme a la misma altura que el pequeño ser.
sábado, 4 de junio de 2011
Transformación
Intentando no hacer demasiado ruido, me acerqué para ver el ritual más de cerca. Ver las transformaciones era algo impresionante. Aunque el proceso había sido similar en todos, el último paso, antes de llegar a ser humanos era diferente. Unos sufrían explosiones de luz por todo el cuerpo, otros se retorcían de dolor y emitían unos gritos muy agudos, un tercer tipo tenía fuertes temblores en las extremidades que les hacían caerse una y otra vez, y los últimos se descompusieron en ceniza para volver a renacer en su forma definitiva.
El pequeño ser no se despegaba de mí, y justo cuando todos los que formaban el círculo alcanzaron la culminación de su transformación, me empezó a clavar sus pequeñas garras en el tobillo. Le miré y vi como sus ojos empezaron a volverse de un rojo brillante.
Repentinamente la luz que absorbía las sombras cesó, y se produjo un nuevo estallido, que llegó hasta el cielo. Todo pasó muy rápido, el estallido volvió nuevamente al centro del círculo. En su lugar unas llamas de fuego comenzaron a arder extendiéndose alrededor de todos los participantes. Cuando llegó al último, los ojos de los hombres también empezaron a brillar. Unos ojos eran de color azul celeste, otros de color verde fosforescente, otros violeta intenso, y tan solo unos de color rojo rubí. Estos últimos, empezaron a brillar por encima del resto y pusieron su mirada en nosotros.
El pequeño ser no se despegaba de mí, y justo cuando todos los que formaban el círculo alcanzaron la culminación de su transformación, me empezó a clavar sus pequeñas garras en el tobillo. Le miré y vi como sus ojos empezaron a volverse de un rojo brillante.
Repentinamente la luz que absorbía las sombras cesó, y se produjo un nuevo estallido, que llegó hasta el cielo. Todo pasó muy rápido, el estallido volvió nuevamente al centro del círculo. En su lugar unas llamas de fuego comenzaron a arder extendiéndose alrededor de todos los participantes. Cuando llegó al último, los ojos de los hombres también empezaron a brillar. Unos ojos eran de color azul celeste, otros de color verde fosforescente, otros violeta intenso, y tan solo unos de color rojo rubí. Estos últimos, empezaron a brillar por encima del resto y pusieron su mirada en nosotros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




