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jueves, 13 de octubre de 2011

Fondo del agua

Cerré los ojos. Parecíamos marionetas en un circo salvaje. Estaba mareado. El torbellino nos había tragado por completo. Girábamos con tal violencia que sentía como mi estómago bailaba la danza del fuego. Además, la succión era muy fuerte. Cada vez estábamos más cerca del agujero principal.
El pequeño ser fue el primero en pasar por el agujero, la náyade entró poco después. A mi me costó un poco más. Era más grande que los demás y me quedé encajado. Al final la presión ejercida por el agua hizo estallar unas cuantas rocas. Fragmentos de piedras salieron por todos lados. Uno me golpeó la cabeza. El dolor me estremeció, pero no lo suficiente como para dejarme inconsciente. Aún así mi cuerpo pasó con mucha dificultad por el agujero. Cuando por fin estuve al otro lado, sentí la libertad plena. Libertad de movimientos e incluso libertad de pensamiento. Mis ojos todavía no se habían acostumbrado a la oscuridad, pero sentir el cuerpo tan liviano me llenaba de gozo. Tenía que buscar a los demás. Moví mi cabeza de un lado hacia otro. Esperaba recuperar la visión pronto. Después de tres movimientos de cabeza más, mi visión se volvió más nítida.
Me quedé petrificado ante la imagen que tenía enfrente. Multitud de algas negras se mecían de un lado a otro. Estaban llenas de pequeñas espinas. Se entrelazaban unas con otras formando un complejo laberinto. La tierra de la que nacían, era totalmente negra. Estaba formada por una arena muy fina. Me acerqué para contemplarla. Me parecía fascinante. En cuanto toqué el suelo una alga se entrelazó en mi pierna. Me dio una fuerte descarga eléctrica. Tenía que quitármela de encima. Pasaron unos segundos, una nueva descarga se produjo. Esta vez era más fuerte.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Necesidad de agua

Desde luego, me sentía impotente. El pequeño ser apenas se estaba recuperando. La náyade se encontraba en un estado más que lamentable. Asks estaba estable, pero sus fuerzas también estaban mermadas. Los pequeños duendecillos permanecian impasibles. Frustrado, incompetente e inútil. Había entrado en una espiral de autocompasión Aquello no era normal en mí. Debía alejar aquellos pensamientos y pensar en soluciones. Tenía que optimizar el tiempo, tal y como me había enseñado mi padre.
Empecé a mirar a mi alrededor. El techo era demasiado alto. Quizás podía pedir a los duendecillos que conjurasen una enredadera. ¿Pero de que serviría?, una vez arriba, no tendríamos como hacer un agujero hasta la superficie.
Miré al pequeño ser, quería saber su opinión y sus ideas. Todavía estaba recuperándose. No estaba en plenas facultades. Miré a la náyade, su piel se estaba agrietando. Me empezó a pedir agua. No tenía agua para darla. Ella la necesitaba con mucha urgencia. Me puse nervioso, no había llegado hasta allí para que ahora ella se muriese. Fui corriendo al calabozo. Tenía la esperanza de que hubiese algo húmedo por allí. Al final, lo encontré, un pequeño cuenco de agua. No era suficiente, pero por el momento debería valer. Cuando volví, bebió como si le fuese la vida en ello. Me di cuenta de que el tiempo para salir de allí con vida se nos estaba acortando. Necesitaba un milagro. Volví al calabozo. Quizás allí encontrase una salida. Era una esperanza mínima, pero la verdad es que no se me ocurrían más ideas. Lo estudié a fondo. Era una zona más húmeda que las otras. De algún lado tenía que venir aquella humedad. Tan solo debía descubrirlo. Me agarré a aquella mínima creencia. No podía fallarles a los que ya consideraba como mi familia.

lunes, 22 de agosto de 2011

Las visiones del pequeño ser

A pesar de que en las siguientes horas no volví a ver aquellas caras. No podía dejar de pensar en ellas. Venían una y otra vez a mi mente con las formas más terroríficas posibles. Unas veces tenían rasgos humanos, otras veces animales. Incluso en alguna ocasión era complicado definir las figuras. Me estaba obsesionando, pero era tan real que escalofríos me recorrían todas las partes del cuerpo cada vez que pensaba en ello.
Por otra parte nuestro camino seguía un sendero muy oscuro pero tranquilo. Apenas veíamos a un metro de distancia. Las rocas salientes dificultaban nuestro avanzar. Las horas pasaban rápidas, pero nuestros pasos eran lentos. Intentamos buscar algún sitio para trasnochar, pero ninguno nos parecía lo suficientemente seguro. Los duendecillos se adentraron en el bosque. Miré al pequeño ser y les seguimos. Era mejor alejarse del camino durante la noche. Había muchos espíritus que vigilaban los caminos por las noches. Eran espectros de lo que un día fueron humanos pero sucumbieron a los poderes de la magia negra. Al morir sus cuerpos se momificaron y se convirtieron en  almas prisioneras de Skule y sus secuaces. 
Cuando estuvimos en una zona tranquila, el pequeño ser se sentó. Cruzó las piernas y cerró los ojos. Su respiración se ralentizó y empezó a flotar en el aire. No se elevó mucho, pero lo suficiente como para  que nos quedásemos mirándolo sin pestañear. Dado que aquello iba para largo, me distraje mirando como los diablillos se hacían bromas entre sí. 
Cuando al fin el pequeño ser dejó su meditación me acerqué a él. Estaba totalmente pálido y con los ojos aterrorizados. Me alarmé, ¿qué había visto?. 

viernes, 29 de julio de 2011

Skule

La sangre burbujeaba en mi garganta. Estaba tan entumecido que ni siquiera sentí el leve viento que se levantó. En mi mente se había quedado paralizada la imagen desgarbada de la mujer. Cada paso que daban la tierra se estremecía más. El resto, silencio otra vez. Los árboles habían enmudecido.
La brisa del viento empezó a ser más fuerte, según avanzaban. Formaba un extraño remolino. Hojas grisáceas giraban entorno a ellos. La carcajada de la mujer se escuchaba por todas partes. Cada vez que esto sucedía un humo negro les acompañaba durante unos minutos. El olor a quemado era nauseabundo.
Avanzaban sin prisa pero con paso firme. Cuando ya estuvieron en mi campo de visión pude ver a la mujer. Sus ojos amarillos eran espeluznantes. Estaban llenos de rabia y odio. Su gran boca azulada en cambio denotaba satisfacción. El ritual del humo parecía que relajaba su tensión. Estaba quemando las hojas secas, simplemente por diversión. Cada vez que lo conseguía, los ojos se volvían de un color negro profundo. A pesar de todo había algo en su aspecto que me resultaba familiar. La observé detenidamente. Intenté atravesar las paredes de mi mente y llegar a los archivos más profundos de mi cerebro. Muy debajo de aquella fachada de hechicería negra, encontré un parecido lejano. La imagen de la Dama Blanca apareció en mi mente, aquella debía ser su hermana. Skule, la hechicera negra más poderosa por aquellas tierras. Estaba bajo el mando de aquellos que yo no conocía, pero que habían causado la destrucción de la vida del bosque y sus habitantes.
Tenía una profunda cicatriz en la mejilla. Inesperadamente cuando quemó la última hoja, de la cicatriz le empezó a salir sangre. Ella se paró bruscamente y se llevó la mano a la herida. Recogió la sangre y la miró con atención. Sus ojos empezaron a girar de forma muy rápida. Seguidamente olisqueó la sangre y una mueca apareció en su rostro. Levantó la vista y empezó a mirar con atención a su alrededor.


miércoles, 22 de junio de 2011

Brazo saliente

Me golpee la espalda con uno de los brazos, sentí un dolor fuerte entremezclado con las dulces imágenes de  mi familia. Por el otro lado, mi pierna fue a dar contra la pared. Mi espalda se arqueó de dolor. El calor cada vez era más insoportable y mi mente estaba cada vez más perdida en el horizonte.
Mi brazo magullado se llevó otro golpe. Esta vez sentí como el hueso se me rompía. El dolor hizo que casi perdiese el conocimiento. Mis ojos se cerraban y al instante se abrían. Sentía como todo se ralentizaba, mis movimientos, el tiempo, y mi caída. La luz que había debajo de mí se acercaba.
A escasos tres metros del centro del abismo mi mano tocó uno de los brazos de la tierra. Por un momento sentí que me paraba. Intenté mirar a mi alrededor, no sabía si era mi imaginación o era la realidad. Todo estaba quieto, congelado en el tiempo. Giré la cabeza lentamente. Vi como el brazo saliente se había quedado quieto también y uno de sus dedos estaba en contacto con mi mano. Miré a mi alrededor, el resto de los brazos seguían en movimiento, pero la masa naranja había dejado de avanzar. Giré otra vez mi cabeza hacia el brazo. Un estallido de luz se produjo repentinamente. Inundó todo el agujero con su intensidad y a mi me dejó ciego. La fuerza que tenía aquella luz era tan fuerte que se produjo un nuevo temblor de tierra.

martes, 14 de junio de 2011

Temblores

Según me fui acercando, la angustia se apoderaba con más fuerza de mí. Oía todo, pero no veía. Caminé a gatas por la hierba, lo más deprisa que pude. Después de unos momentos, que se me hicieron eternos, pude tocar al pequeño ser. Efectivamente estaba inconsciente. Con los ojos cerrados puse mi mano sobre su cuello e intenté concentrarme al máximo. Abrí los ojos y pude distinguir sombras. Por lo menos mi visión había mejorado. Con mucho esfuerzo, podía más o menos visualizar el panorama.
El cuervo se encontraba a un metro de distancia. Y sus ojos parecían más brillantes que nunca. Se desplazaba rápidamente de un lado a otro para despistarme. Se había dado cuenta que mi vista no funcionaba muy bien. Empezó a lanzarme pequeñas bolas de fuego para comprobar hasta que punto podía aprovecharse de mi deficiencia. Además la pierna me estallaba de dolor.
Ahora el cuervo tan solo estaba a medio metro de distancia. La tensión se iba acumulando en mis músculos y cada vez mi respiración era más y más rápida. Tenía que encontrar una solución rápida. Miré a mi alrededor durante un segundo. Todos estaban ocupados, nadie podía ayudarnos. Miré al pequeño ser, intenté reanimarlo, pero no abrió los ojos. Puse nuevamente una mano sobre él e intenté concentrarme al máximo para que la energía fluyese entre nosotros.  Después de varios segundos en esta posición, el pequeño ser tuvo un gran espasmo que hizo que su cuerpo se elevase por encima del suelo. Aún inconsciente, y experimentando un extraño trance se quedó de pie. Dio un paso hacia mí, y según piso el suelo se produjo un fuertísimo temblor de tierra. Todos pararon sus ataques y nos miraron asombrados. El pequeño ser dio un nuevo paso y otro temblor de tierra apareció de la nada.  Al terminar, un gran estruendo sonó por todo el bosque. Se empezaron a formar grietas por todas partes. El pequeño ser se cayó al suelo.