Páginas vistas

Mostrando entradas con la etiqueta sangre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sangre. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de octubre de 2011

Mancha negra

Luces negras empezaron a surgir de la nada. El agujero de la cueva se transformó en un concierto de sonidos. Estaba angustiado por lo que pudiese pasar a continuación. Quería ir a buscar a la náyade. Todo se estaba tornando oscuro. Los sonidos eran pesados, penetrantes. Decidí esperar un poco más. En cualquier momento Kaysa aparecería. Justo cuando decidí entrar. La náyade salió disparada. Tenía las alas desgarradas por todos lados. En los brazos multitud de arañazos y sangre seca.
-¡Nadad deprisa!- gritó desesperada, mientras pasaba a nuestro lado veloz. Alargó el brazo y sin más explicaciones empezó a nadar entre las ruinas. Seguí sus pasos. No sabía que había pasado, pero prefería no arriesgarme.
Cuando apenas estábamos en la mitad de aquel conjunto de piedras, una marea negra salió de la cueva. Se movía con agilidad y directa hacia nosotros. El miedo se apoderó de mí. No podía distinguir muy bien que era aquello. No me importaba. Teníamos que salir de allí cuanto antes.  La mancha negra se aproximaba a una velocidad muy superior de lo que yo imaginaba. Tenía que nadar más rápido si quería escapar de ello. Avancé. Nadé con desesperación. La siguiente vez que me di la vuelta. La sangre se me heló. Habían ganado terreno. No estaban muy lejos. Pequeñas serpientes negras nos perseguían. Parecían hambrientas. Un gran escalofrío recorrió mi cuerpo. 

jueves, 22 de septiembre de 2011

Canto al renacimiento

Estaba jadeando. No lograba volver a la calma. Todas aquellas reflexiones eran inquietantes. Cuando conseguí abrir los ojos me di cuenta de que me había dado un duro golpe en la cabeza. Me tanteé y mi mano se llenó de sangre. Me tenía que curar cuanto antes. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Invoqué la fuerza a mis manos. Tenía que conseguir que el proceso de curación fuese rápido. Un débil brillo verde apareció. Lo coloqué sobre mi cabeza. Enseguida comencé a sentirme mejor.  Mis huracanes mentales habían desaparecido.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta.  Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones.  Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.

viernes, 29 de julio de 2011

Skule

La sangre burbujeaba en mi garganta. Estaba tan entumecido que ni siquiera sentí el leve viento que se levantó. En mi mente se había quedado paralizada la imagen desgarbada de la mujer. Cada paso que daban la tierra se estremecía más. El resto, silencio otra vez. Los árboles habían enmudecido.
La brisa del viento empezó a ser más fuerte, según avanzaban. Formaba un extraño remolino. Hojas grisáceas giraban entorno a ellos. La carcajada de la mujer se escuchaba por todas partes. Cada vez que esto sucedía un humo negro les acompañaba durante unos minutos. El olor a quemado era nauseabundo.
Avanzaban sin prisa pero con paso firme. Cuando ya estuvieron en mi campo de visión pude ver a la mujer. Sus ojos amarillos eran espeluznantes. Estaban llenos de rabia y odio. Su gran boca azulada en cambio denotaba satisfacción. El ritual del humo parecía que relajaba su tensión. Estaba quemando las hojas secas, simplemente por diversión. Cada vez que lo conseguía, los ojos se volvían de un color negro profundo. A pesar de todo había algo en su aspecto que me resultaba familiar. La observé detenidamente. Intenté atravesar las paredes de mi mente y llegar a los archivos más profundos de mi cerebro. Muy debajo de aquella fachada de hechicería negra, encontré un parecido lejano. La imagen de la Dama Blanca apareció en mi mente, aquella debía ser su hermana. Skule, la hechicera negra más poderosa por aquellas tierras. Estaba bajo el mando de aquellos que yo no conocía, pero que habían causado la destrucción de la vida del bosque y sus habitantes.
Tenía una profunda cicatriz en la mejilla. Inesperadamente cuando quemó la última hoja, de la cicatriz le empezó a salir sangre. Ella se paró bruscamente y se llevó la mano a la herida. Recogió la sangre y la miró con atención. Sus ojos empezaron a girar de forma muy rápida. Seguidamente olisqueó la sangre y una mueca apareció en su rostro. Levantó la vista y empezó a mirar con atención a su alrededor.


lunes, 18 de julio de 2011

Consecuencias de la sed de sangre

Después de la primera impresión de ver los cuerpos mutilados, miré fijamente la gran muralla de hielo. Se presentaba tan poderosa que era difícil no admirarla. No había ni el más mínimo hueco para atravesarla. Iba a ser muy complicado moverse de aquel punto. Miré al pequeño ser, él también estaba pensativo.
Me alejé un poco, y me apoyé contra la pared. Aquel lugar estaba repleto de malas vibraciones. Tenía una sensación extraña en el cuerpo. En pocos días me había vuelto muy sensible a todo tipo de energías. Las sentía en la piel y se me erizaba el vello. Desafortunadamente solo había sentido malas vibraciones, jamás una buena. Esta vez no iba a ser diferente.
El pequeño ser me miró con los ojos brillantes de alegría. Me acerqué a él tan rápido como pude. Había tenido una idea. Me señalo la muralla con una mano y con la otra me dijo que me aproximase aún más. Colocó una mano sobre mi rodilla, y un dedo de la otra sobre el hielo. Noté un cosquilleo por todo mi cuerpo y esperé a ver que sucedía.
De su pequeño dedo empezó a salir una luz rojiza. Poco a poco fue apareciendo una prolongación en forma de uña. Muy fina pero muy fuerte. Cuando terminó de crecer, el pequeño ser acercó su dedo a la muralla y empezó a moverlo enérgicamente. Ante mi asombro se empezó a formar un pequeño agujero cilíndrico. Con un poco de esfuerzo traspasó todo el ancho de la muralla. Cuando terminó lo sacó y caminó hacía el otro extremo de la muralla. Me hizo un gesto para que me acercase nuevamente y repitió la operación. Así lo hizo hasta cuatro veces, formando un pequeño cuadrado.
Miró satisfecho su trabajo, y después su dedo, el cual ya había vuelto a su tamaño normal. Cogió mis manos y las colocó en el centro de aquel cuadrado. A pesar de la falta de instrucciones, comprendí sus intenciones. Me concentré al máximo. De mis manos empezaron a salir pequeños destellos dorados y verdes y el cuadrado de hielo reventó en mil pedazos. Un poco mareado del esfuerzo me di la vuelta y miré al pequeño ser. Fue la primera vez que solté una carcajada desde que había salido de mi casa. El pequeño ser estaba totalmente cubierto de polvo blanco.
Después de un breve momento de alegría, miré el agujero de la muralla. Era bastante pequeño pero de alguna manera tenía que caber por él. Levanté al pequeño ser y se deslizó sin ningún problema al otro lado. Yo lo tuve más complicado. Me quedé atascado unas cuantas veces, así que tuve que emplear la magia. Con mucho esfuerzo calenté un poco mi cuerpo. Esto me ayudó a convertir todo lo que me rodeaba en agua. No agrandé el agujero mucho más, pero si lo necesario para que al final pudiese pasar. Al llegar al otro lado, sentí como las energías me fallaban y caía de rodillas. Debía aprender a no desgastarme tanto.
Cuando contemplé lo que había a mi alrededor, una nueva ola de nauseas apareció. Todo el hielo estaba teñido de rojo sangre.