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martes, 15 de noviembre de 2011

Furia


Kaysa me cogió la cara con las manos. Me miró con serenidad. Mi mente se lleno de océanos en calma. El sonido de las olas amansó un poco mi dolor. Me puse en pie. Tenía que seguir mi camino. Debíamos salvarla. No sabíamos dónde se encontraba. No sabíamos que había tras ese puente. Me daba igual. La rescataría costase lo que costase. Su vida era más importante que la mía. Tan frágil, tan inocente.
Mis pies eran de plomo en aquel momento. Les obligué a avanzar. El dolor fue menguando. En su lugar estaba naciendo otro sentimiento. Una extraña sensibilidad. Mi temperatura corporal estaba subiendo. Mis sentidos se estaban agudizando. Kaysa se alejó asustada. Sentí como la furia se apoderaba de mi interior. Mis pulsaciones aumentaban. Mi respiración se hacía más fuerte. Me sentía mejor. 

viernes, 21 de octubre de 2011

Cambios inesperados

El cuerpo de Kaysa se comenzó a convulsionar. Eran movimientos de enfado, de furia. Normalmente era muy tranquila, pero aquella sirena había tocado su fibra sensible. Además estaban en el agua, el medio natural de ambas. Aquello prometía ser un duelo en toda regla. Los nubarrones que habían apresado a la náyade no hacían más que soltarla descargas eléctricas, a pesar de ello, consiguió de alguna manera canalizar algunos de los chispazos para conseguir su propia potencia.  Sin ella saberlo, se estaba produciendo una revolución en su propio cuerpo.
La electricidad la estaba torturando, pero a la vez se sentía poderosa. Era una sensación extraña. La sirena estaba tranquila. Pensaba que estaba todo echo. Se dio la vuelta para volver con sus compañeras. Grandísimo error. Kaysa cerró los ojos, la potencia de las descargas se había intensificado. Su largo cabello negro se estaba poniendo de punta. De sus ojos salían chispas. Era una imagen terrorífica e inquietante. Se produjo una fuerte detonación. Se removió todo el agua a nuestro alrededor. Fuertes corrientes arrastraron todo lo que había en el fondo. Los animales salieron despedidos por todos lados y muchas algas pequeñas fueron arrancadas. Kaysa se retorció una vez más. De repente, se estiró lo máximo que pudo, un dolor intenso en la espalda la dejó casi inconsciente. Algo estaba creciendo en su espalda .  El dolor la subió a la cabeza. En aquel momento las descargas eléctricas eran el menor de sus problemas. El dolor aumentó hasta que asomó una lágrima en su mejilla. Cuando aquella lágrima tocó el suelo, unas magnificas alas aparecieron en su espalda.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Canto al renacimiento

Estaba jadeando. No lograba volver a la calma. Todas aquellas reflexiones eran inquietantes. Cuando conseguí abrir los ojos me di cuenta de que me había dado un duro golpe en la cabeza. Me tanteé y mi mano se llenó de sangre. Me tenía que curar cuanto antes. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Invoqué la fuerza a mis manos. Tenía que conseguir que el proceso de curación fuese rápido. Un débil brillo verde apareció. Lo coloqué sobre mi cabeza. Enseguida comencé a sentirme mejor.  Mis huracanes mentales habían desaparecido.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta.  Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones.  Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.

jueves, 14 de julio de 2011

Remolino

El remolino fue cogiendo fuerza por segundos. Empezó a formarse a nuestro alrededor pero se expandió por toda la cueva. Todos los hielos que se habían desprendido empezaron a volar por los aires. Era un pequeño tornado en potencia.  El felino se seguía agarrando a mi brazo. Me había hecho profundos desgarros en su lucha por no salir disparado. Mis gritos de dolor retumbaban por todo el espacio vacío.
El dolor hacía que mi corazón palpitase a toda prisa, como si fuese a vida o muerte.
Intenté pensar con la cabeza fría y cogiendo fuerza de donde no la tenía empecé a mover la otra mano. La desplacé lentamente. Quería llegar hasta mi brazo dolorido, aunque era difícil dada la magnitud del viento. Mientras tanto, el pequeño ser seguía agarrado a mi pierna. Sus ojos brillaban y comenzó a entonar un leve cántico muy melodioso. El remolino de viento empezó a moverse en la dirección contraria desestabilizando  al felino. Este cambio inesperado minó sus fuerzas y se soltó de mi brazo. Salió despedido y empezó a dar vueltas al ritmo que marcaba el tornado.
Mi mano por fin alcanzó mi brazo y sentí como cambiaba de color.  Mis heridas se empezaron a curar dolorosamente. El proceso era demasiado lento y solo conseguiría cerrar los desgarros más profundos. Tuve que cerrar los ojos, notaba como cada músculo se reconstruía como si me pinchasen un millón de agujas. Cada una de esas agujas me cosía una parte. En la superficie no se veía nada, pero sentía absolutamente cada pequeña fibra.

miércoles, 13 de julio de 2011

Ventísca

Dejó al pequeño ser de lado. El fuerte zarpazo que le había dado le había dejado satisfecho. Del pequeño ser no salía sangre, sino un extraño líquido muy espeso de color granate. Mientras pensaba que hacer, le miraba y sentía al felino a escasa distancia. Sus ojos ahora eran de un color azul cían a juego con sus llamas. Las rallas negras del cuerpo le habían desaparecido y su cuerpo era enteramente blanco. Yo no sabía a que se debía esa transformación pero no presagiaba nada bueno.
Con un rápido salto me tiró al suelo. No me lo esperaba, esta vez el felino no había esperado a estar cerca de su presa para atacar. El golpe que me di en la espalda fue tan grande que hizo que todo mi cuerpo se estremeciese. Por suerte había caído en la superficie plana, no en los cortantes hielos apilados. No me dio ni tiempo a levantarme. La velocidad del felino era vertiginosa. Con un golpe seco puso su zarpa sobre mi tronco. Sentí un dolor que me traspasó el cuerpo mientras oía como me crujía una costilla. La fuerza de aquel animal era indescriptible. En sus ojos había una satisfacción que daba temor. Quería acabar conmigo.
El pequeño ser dejó de lamerse la herida en cuanto vio como yo volaba por los aires. Para no llamar la atención se fue acercando sigilosamente hacia nosotros. No tenía muy claro que iba a hacer, pero quería que fuese un ataque sorpresa. Cuando el felino se percató que estaba a nuestro lado, no tuvo el suficiente tiempo para reaccionar. El pequeño ser se agarró fuertemente a mi pierna y cerró los ojos.
Noté como una energía extraña traspasaba mi cuerpo. Mis manos empezaron a cambiar de color. Una luz dorada empezó a brillar a nuestro alrededor. Poco a poco empecé a notar una leve brisa que no sabía desde dónde venía. 

miércoles, 6 de julio de 2011

Un alma nueva

El medio- hombre sonreía con malicia al ver mi sufrimiento. Intenté levantarme, aunque mis rodillas y mi alma estuviesen rotas por el dolor que me producían aquellas imágenes. No podía dejar que eso pasase, debía evitarlo a toda costa.
Con decisión me puse enfrente de él. Levanté la mano despacio, para después moverla a una velocidad vertiginosa. Conseguí coger los dos lienzos ante la sorpresa del hombre. Pero lejos de enfadarse, sonrió otra vez. Le miré desafiante. Tenía los lienzos en mi poder. Me puse a mirarlos con atención, sí, eran ellas, no cabía ninguna duda. Sin darme tiempo a guardarlos o destruirlos, se desvanecieron ante mi.
El medio-hombre soltó una carcajada que se propagó por  todo el espacio vacío. Después me miró fijamente, y empezó a murmurar unas palabras en voz baja. Como respuesta a eso, me quedé totalmente inmóvil, no tenía ningún poder sobre mis músculos. Cuando comprobó que efectivamente no podía hacer nada, se dio la vuelta. Levantó los brazos lentamente  y empezó una invocación. Las almas perdidas del carruaje empezaron a gritar desesperadamente. Tal era la intensidad del sonido que un leve hilo de sangre recorrió mi oído.
Cuando terminó su invocación se giró hasta que nos quedamos cara a cara.  En los brazos llevaba el cuerpo de una chica de unos catorce años aproximadamente. Estaba muy mal herida y luchaba por su vida.  El monstruo la depositó en el suelo y empezó a hacer otra invocación. Luces brillantes empezaron a salir de la chica. Él, puso la mano a la altura de su cabeza y la luz se intensificó. Duró tan solo unos instantes, la chica no tenía las suficientes fuerzas para luchar contra él. Cuando dejó de salir luz de ella, la cúpula de la carroza se encendió. Empezó a absorber toda la luz y el cuerpo de la chica se quedó sin vida. Cayó al suelo y se convirtió en cenizas. Cuando la cúpula dejó de brillar, una nueva alma apareció entre los barrotes.
De mis ojos salían lágrimas por la impotencia. Aquel monstruo la había matado delante de mí. Yo no había hecho nada. Estaba hechizado para no moverme. Le miré con odio, y vi como un insecto salió de su boca. Lo atrapó con la lengua y se lo llevó a la boca otra vez. Después de eso, me miró con satisfacción y me señaló el suelo. Los dos lienzos habían vuelto a aparecer. Soltó una nueva carcajada y se fue hacia el carruaje, dejándome inmóvil.

lunes, 27 de junio de 2011

Pueblo en cenizas

Me estaba retorciendo por el suelo, las imágenes no querían salir de mi cabeza. Oía gritos de mujeres, llantos de niños y suspiros mortales de hombres. Era todo tan real que daba miedo. Se entremezclaban imágenes de humanos con diferentes seres mágicos. Todos tenían el mismo semblante, se podía leer terror y sufrimiento en ellos.
Mi mente se adentró en un poblado.Todas las casas eran de madera; parecían bastante frágiles. Los habitantes se encontraban durmiendo. Algunos tenían pesadillas, otros nada, pero ninguno soñaba. Cuando me acerqué a una de las casas, empecé a sudar y noté mucho calor en el ambiente. Una sombra voló detrás de mi. Iba con una antorcha en la mano. La tiró hacia la casa. Corrí hacia allí, intenté apagar el fuego, grité , pero nadie me oía, yo era un fantasma. Pronto se prendieron las demás casas. Los habitantes empezaron a salir despavoridos, sus gritos de desesperación me taladraban los oídos.
Cuando ya estaban todos fuera de sus casas intentando solucionar el problema de alguna manera, aparecieron flechas de fuego por el aire. Nadie sabía de donde venían. Estaban matando a muchos. Cuando se clavaban en el pecho, el habitante se convertía en ceniza al instante. Se estaba produciendo una auténtica masacre a mi alrededor y yo no podía hacer nada. Mi desesperación e impotencia eran máximas. Mi cuerpo temblaba de rabia.
Miré a la derecha, me había parecido ver algo entre los arbustos. Un duende saltó de allí. Detrás de él otro duende, y así hasta veinte. Iban corriendo entre las flechas de fuego, cogían a los niños en sus brazos. Sobre todo a los más pequeños. Estos estaban en shock y muchos tenían tanto horror escrito en sus caras que estaban paralizados. Salvaron a veinte niños, y se escondieron otra vez en el bosque.
Mi cuerpo poco a poco se iba alejando de ese lugar. Veía como los pocos humanos que quedaban se iban consumiendo por las llamas. Era el paisaje más desolador que había visto en mi vida. El pueblo quedaría sumido en las cenizas.
Una nueva imagen aparecía ante mí. Me estaba adentrando en un árbol. Solo había silencio a mi alrededor. Un silencio inquietante.