Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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lunes, 16 de diciembre de 2013
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jueves, 6 de octubre de 2011
La luz guía
Aquella mano seguía en mi campo de visión. Intenté alcanzarla, pero cada vez que me movía escuchaba el aterrador aullido de los seres atrapados en el hielo. Debía llegar hasta el cuarto fantasma. Era mi deber. Alargué la mano. Un tacto frió me congeló. Comencé a viajar en el tiempo. Pero yo no quería. Cerré mi mente. La bloquee con un muro de hielo. No era suficiente, me imaginé fuego. Coloqué una serie de trampas mentales para que no llegase a mi esencia. Era complicado, agotador. Me estaba consumiendo mas rápidamente. La mano se estaba dispersando, debía cogerla antes de que fuese demasiado tarde. No podía dejar que se fuese.
Toqué algo. Quizás tan solo en mi imaginación. Quizás en mi desesperación, pero sujetaba algo. Me aferré a ese pensamiento. Mi cuerpo cayó al agua. Tragué mucho líquido. Mis pulmones se llenaron, me estaba ahogando. El fantasma todavía quería llevarme a aquel viaje. Yo no quería permitírselo. Oscuridad. Algo de luz, una figura distante. Oscuridad. Abrí los ojos a duras penas. Cogí aquella mano. Oscuridad. Abrí nuevamente los ojos, veía luz al fondo. Era como un túnel cilíndrico, con una luz al final. Quería llegar a aquella luz. Corrí veloz. Noté como mi cuerpo era arrastrado contra las rocas. Algunas se me clavaron en los músculos pero no me importó. Tan solo quería la luz. Me obsesioné con ella. Oscuridad otra vez. Dolor, estaba magullado, mi mente estaba al límite. Mis sensaciones eran inexistentes.
Toqué algo. Quizás tan solo en mi imaginación. Quizás en mi desesperación, pero sujetaba algo. Me aferré a ese pensamiento. Mi cuerpo cayó al agua. Tragué mucho líquido. Mis pulmones se llenaron, me estaba ahogando. El fantasma todavía quería llevarme a aquel viaje. Yo no quería permitírselo. Oscuridad. Algo de luz, una figura distante. Oscuridad. Abrí los ojos a duras penas. Cogí aquella mano. Oscuridad. Abrí nuevamente los ojos, veía luz al fondo. Era como un túnel cilíndrico, con una luz al final. Quería llegar a aquella luz. Corrí veloz. Noté como mi cuerpo era arrastrado contra las rocas. Algunas se me clavaron en los músculos pero no me importó. Tan solo quería la luz. Me obsesioné con ella. Oscuridad otra vez. Dolor, estaba magullado, mi mente estaba al límite. Mis sensaciones eran inexistentes.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Viajando por los confines de los enigmas
Hielo. Bloques poderosos flotaban en el mar. Ahora viajaba a lugares lejanos. Estaba volando por encima del hielo. Había llegado hasta la madre de todos los hielos. Era tan grande y consistente que era imposible romperla. De ella se iban desprendiendo pequeños trozos que caían al mar violentamente. Era algo impresionante estar allí. De momento no había sentido dolor, ni angustia de nadie. Quizás tuviese un pequeño espejismo de tranquilidad. Aquella sensación duró poco. Muy cerca había paredes muy altas hechas del mismo material. Allí se encontraban seres congelados. Eran animales, algunos de los que se encontraban allí eran simples crías. Tan solo podían mover los ojos y la boca. Comenzaron a lanzar aullidos sollozantes. Las crías no podían llorar, las lágrimas se habían convertido en hielo. Les miré a los ojos, el suplicio que nadaba en ellos era sobrecogedor. Sentí una empatía con ellos muy grande. Una vez más mis manos estaban atadas. No podía ayudarles. Mi alma se había roto en mil pedazos. La esencia de su dolor había penetrado en mi piel y sentía como me estaba consumiendo.
Pude abrir los ojos un momento. El agua oscura me estaba llegando hasta la barbilla. No sería capaz de salir de allí y atravesar a todos los fantasmas. O bien me ahogaba en la pena o en el agua. El tercer fantasma me quería llevar nuevamente hacia el hielo, pero intenté resistirme. Mi mente vagaba entre las tinieblas. Era semiinconsciente de lo que sucedía a mi alrededor. Una puerta se abrió ante mí. Una luz apareció. Alguien me tendió la mano. No se si la llegué a coger. El agua se estaba adentrando en mi nariz. Había subido del nivel de mi boca. Tampoco sabía si era una mano real o ficticia. Continué divagando, viajando por los confines de los enigmas.
martes, 27 de septiembre de 2011
Puerta metálica
Cuando llegué a la altura de la puerta la melodía cesó. Me quedé quieto para ver si volvía. Quería que volviese, era demasiado dulce para querer abandonarla. Quizás si abría la puerta, volvería a mí. Me había obsesionado con ella. Me resultaba sorprendente tener un sentimiento de dependencia tan grande.
Admiré la puerta. Parecía sacada de un cuento de hadas. Parecía hecha de una madera muy delicada. Me acerqué aún más para abrirla. En cuanto la toqué todo lo que había a mi alrededor desapareció. Piedras duras y frías aparecieron en su lugar. La armonía se rompió. Ante mí ya no estaba aquella puerta fabricada de fantasía. En su lugar, una gran puerta de metal azul ocupaba todo el espacio. Parecía muy pesada y resistente. Intenté abrirla con todas mis fuerzas, pero me era imposible.
Súbitamente escuché un débil quejido lastimero. Aquello aceleró mi pulso y sentí la necesidad de llegar al otro lado. Miré la puerta detenidamente, tenía que haber alguna forma para atravesarla. Me alejé para verlo todo desde mayor perspectiva. Pasaron por mi mente varias ideas. Quizás podría calentar la puerta hasta fundirla, aunque parecía demasiado resistente para ello. La siguiente idea que se me ocurrió fue encontrar algún resquicio donde la puerta fuese más débil. Otro error. Estaba perfectamente incrustada en las rocas. Un par de ideas más rondaron mi mente, pero las deseché todas. Tenía que haber una solución. Estaba convencido de ello. Como no se me ocurría ningún otro plan probé a calentar mis manos. Tal y como había predicho, no sirvió de nada. Apenas se calentó la primera capa y se produjo un pequeño arañazo. Necesitaba algo más eficiente. Me senté a pensar otra vez.
Admiré la puerta. Parecía sacada de un cuento de hadas. Parecía hecha de una madera muy delicada. Me acerqué aún más para abrirla. En cuanto la toqué todo lo que había a mi alrededor desapareció. Piedras duras y frías aparecieron en su lugar. La armonía se rompió. Ante mí ya no estaba aquella puerta fabricada de fantasía. En su lugar, una gran puerta de metal azul ocupaba todo el espacio. Parecía muy pesada y resistente. Intenté abrirla con todas mis fuerzas, pero me era imposible.
Súbitamente escuché un débil quejido lastimero. Aquello aceleró mi pulso y sentí la necesidad de llegar al otro lado. Miré la puerta detenidamente, tenía que haber alguna forma para atravesarla. Me alejé para verlo todo desde mayor perspectiva. Pasaron por mi mente varias ideas. Quizás podría calentar la puerta hasta fundirla, aunque parecía demasiado resistente para ello. La siguiente idea que se me ocurrió fue encontrar algún resquicio donde la puerta fuese más débil. Otro error. Estaba perfectamente incrustada en las rocas. Un par de ideas más rondaron mi mente, pero las deseché todas. Tenía que haber una solución. Estaba convencido de ello. Como no se me ocurría ningún otro plan probé a calentar mis manos. Tal y como había predicho, no sirvió de nada. Apenas se calentó la primera capa y se produjo un pequeño arañazo. Necesitaba algo más eficiente. Me senté a pensar otra vez.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Canto al renacimiento
Estaba jadeando. No lograba volver a la calma. Todas aquellas reflexiones eran inquietantes. Cuando conseguí abrir los ojos me di cuenta de que me había dado un duro golpe en la cabeza. Me tanteé y mi mano se llenó de sangre. Me tenía que curar cuanto antes. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Invoqué la fuerza a mis manos. Tenía que conseguir que el proceso de curación fuese rápido. Un débil brillo verde apareció. Lo coloqué sobre mi cabeza. Enseguida comencé a sentirme mejor. Mis huracanes mentales habían desaparecido.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta. Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones. Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta. Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones. Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Musgo y fuego verde
El monstruo estaba a poca distancia de mí. La roca estaba casi pulida. En uno de los lados tenía una punta afilada. La lancé con rabia. Durante su trayectoria empezó a girar con furia. El guardián no tuvo tiempo pare reaccionar. Le dio de lleno en el hombro. Se paró irritado. Cuando se quitó la piedra, el musgo se le quedó pegado. Quitándole importancia siguió avanzando hacia mi. Justo cuando me iba a atacar con un nuevo zarpazo, el musgo se movió de sitio. Se deslizó hacia el cuello y comenzó a extenderse por todo el cuerpo. Su velocidad era tan rápida que el guardián no tuvo opción a arrancárselo. Pronto le cubrió todo el cuerpo. Sus movimientos se entorpecieron. Intentó golpearme pero apenas pudo levantar el brazo. Su compañero acudió a socorrerle. Dado que no podía hacer nada, se giró en mi dirección. Tenía los ojos llenos de cólera. Me asusté. Busqué más rocas a mi alrededor. Ni una encontré. Había utilizado todas las que se encontraban en aquella zona. Un vistazo rápido me bastó para localizar las demás. Estaban todas detrás del monstruo. Tenía que llegar hasta allí de alguna manera.
Miré a Asks. Comprendió mis intenciones. Empezó a moverse rápidamente de un lado a otro para confundir a su adversario. El pequeño ser seguía con sus ataques en el aire. Eran ataques pequeños pero efectivos. Con tres saltos más Asks se situó al lado de mi adversario. Tenía que ser una maniobra muy rápida. No tenía mucho tiempo antes de que el segundo guardián se abalanzase sobre el felino. No podía luchar con dos a la vez. Aproveché el momento de despiste. Rápidamente me deslicé al otro lado. Iba pegado a la pared. No podía permitir que se diesen cuenta de la estratagema. Conseguí llegar al lugar en el momento justo. Asks no podía aguantar más. La energía de su fuego estaba disminuyendo. Aquellos ataques estaban durando demasiado tiempo. Cogí dos rocas y me concentré. Empezaron a girar a mucha velocidad sobre la palma de mi mano. El monstruo se dio la vuelta. Intenté concentrarme aun más. Debía actuar con la mayor prontitud posible. Mi mano verde empezó a brillar con mucha intensidad. Era tanta la energía que tenía acumulada que noté como la temperatura de mi cuerpo subía. Cuando la piedra estuvo casi completamente pulida una llama verde se encendió. El fuego se había encendido directamente en mi mano. Lancé las dos piedras hacia el guardián. Una de ellas estaba cubierta de musgo y la otra de fuego. Una combinación mortal. Las puntas afiladas se clavaron en cada uno de sus hombros. Un grito desgarrador salió de su garganta. Las llamas se extendieron. Alcanzaron al oponente del pequeño ser. Los dos cayeron fulminados en el acto. El musgo se extendió por todo su cuerpo. Les dejó inmovilizados. El fuego hizo el resto. Ya solo quedaba uno. Asks estaba en sus últimas fuerzas. EL pequeño ser yacía en el suelo con la profunda herida torturándole
.
Miré a Asks. Comprendió mis intenciones. Empezó a moverse rápidamente de un lado a otro para confundir a su adversario. El pequeño ser seguía con sus ataques en el aire. Eran ataques pequeños pero efectivos. Con tres saltos más Asks se situó al lado de mi adversario. Tenía que ser una maniobra muy rápida. No tenía mucho tiempo antes de que el segundo guardián se abalanzase sobre el felino. No podía luchar con dos a la vez. Aproveché el momento de despiste. Rápidamente me deslicé al otro lado. Iba pegado a la pared. No podía permitir que se diesen cuenta de la estratagema. Conseguí llegar al lugar en el momento justo. Asks no podía aguantar más. La energía de su fuego estaba disminuyendo. Aquellos ataques estaban durando demasiado tiempo. Cogí dos rocas y me concentré. Empezaron a girar a mucha velocidad sobre la palma de mi mano. El monstruo se dio la vuelta. Intenté concentrarme aun más. Debía actuar con la mayor prontitud posible. Mi mano verde empezó a brillar con mucha intensidad. Era tanta la energía que tenía acumulada que noté como la temperatura de mi cuerpo subía. Cuando la piedra estuvo casi completamente pulida una llama verde se encendió. El fuego se había encendido directamente en mi mano. Lancé las dos piedras hacia el guardián. Una de ellas estaba cubierta de musgo y la otra de fuego. Una combinación mortal. Las puntas afiladas se clavaron en cada uno de sus hombros. Un grito desgarrador salió de su garganta. Las llamas se extendieron. Alcanzaron al oponente del pequeño ser. Los dos cayeron fulminados en el acto. El musgo se extendió por todo su cuerpo. Les dejó inmovilizados. El fuego hizo el resto. Ya solo quedaba uno. Asks estaba en sus últimas fuerzas. EL pequeño ser yacía en el suelo con la profunda herida torturándole
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viernes, 16 de septiembre de 2011
Situación peligrosa
Miraba por todos lados. Quería encontrar algo que me sirviese para enfrentarme a ellos. Había pequeños trozos de roca rota distribuida por varias partes de la estancia. Poco más. Debería contentarme con eso. Los guardianes no parecían muy rápidos. Quizás si les esquivaba y cansaba, podría conseguir alguna ventaja sobre ellos. En este caso la diferencia de fuerza era demasiado evidente. Apareció un guardián más detrás de Asks. Ahora eran cuatro.
Mis manos habían alcanzado la temperatura adecuada para transformarse. Su característico brillo aparecía poco a poco. Esta vez, una de ellas había adquirido una tonalidad verde musgo. La otra seguía con su característico dorado. Las llamas de Asks habían aumentado de tamaño. Por su parte, el pequeño ser estaba en un semi-estado de trance.
Los guardianes se estaban acercando poco a poco. Habían formado un círculo entorno a nosotros. Estaban tan seguros de su superioridad que se podía ver el júbilo en sus ojos. Asks estaba muy intranquilo. No aguantaba aquellos minutos de tensión en los que no sucedía nada. Expulsó fuego por la boca. Hirió a uno de los guardianes. Esto les enfureció. Se acercaron a nosotros a más velocidad. Uno de ellos intentó darme un zarpazo. Logré esquivarlo por pura suerte. Eran de lento caminar, pero movimientos rápidos. No me dio tiempo a recuperar el equilibrio, cuando otro zarpazo me alcanzó. Esta vez no pude esquivarlo. Mi hombro se llevó la peor parte. Cuatro poderosas marcas se quedaron clavadas en él. Intente canalizar el dolor hacia otro lado. No podía darme por vencido tan fácilmente. Cuando un nuevo zarpazo iba dirigido hacia mi cara, salté hacia un lado. Giré a la izquierda y coloqué unos segundos mi mano dorada en su pierna. Un rayo de energía salió de ella en forma de electricidad. Cayó al suelo del fuerte calambrazo. Gané un poco de tiempo. Me acerqué corriendo hacia una de las rocas caídas. Un segundo guardián me persiguió. Levanté la roca y se la tiré. La esquivó sin problemas. Mi plan había fallado. La tensión en el ambiente crecía. El pequeño ser esquivaba los golpes levitando. Se apresuró a subirse a la cabeza del guardián. No lo consiguió. El monstruo le tiró al suelo. Balder se levantó otra vez. Necesitaba más precisión para llevar a cabo su plan. Un arañazo en su tripa hizo que el suelo se tiñese de rojo escarlata. El monstruo no tenía ni un rasguño. No se desanimó. Sus movimientos en el aire eran más lentos que antes. La herida le sangraba mucho. Nadie podíamos ayudarle. Asks estaba ocupado lanzando fuego a su oponente. Era el único que había conseguido algún progreso.
El primer guardia se recuperó. Fue a buscarme. Ahora tenía a dos pisándome los talones. Recogí unas cuantas rocas. La mano verde empezó a brillar. Empecé a girar la piedra. Cuanto más brillaba mi mano, más se pulía la roca. El musgo empezó a crecer en ella. No tenía muy claro lo que estaba pasando. No tenía mucho más tiempo.
Mis manos habían alcanzado la temperatura adecuada para transformarse. Su característico brillo aparecía poco a poco. Esta vez, una de ellas había adquirido una tonalidad verde musgo. La otra seguía con su característico dorado. Las llamas de Asks habían aumentado de tamaño. Por su parte, el pequeño ser estaba en un semi-estado de trance.
Los guardianes se estaban acercando poco a poco. Habían formado un círculo entorno a nosotros. Estaban tan seguros de su superioridad que se podía ver el júbilo en sus ojos. Asks estaba muy intranquilo. No aguantaba aquellos minutos de tensión en los que no sucedía nada. Expulsó fuego por la boca. Hirió a uno de los guardianes. Esto les enfureció. Se acercaron a nosotros a más velocidad. Uno de ellos intentó darme un zarpazo. Logré esquivarlo por pura suerte. Eran de lento caminar, pero movimientos rápidos. No me dio tiempo a recuperar el equilibrio, cuando otro zarpazo me alcanzó. Esta vez no pude esquivarlo. Mi hombro se llevó la peor parte. Cuatro poderosas marcas se quedaron clavadas en él. Intente canalizar el dolor hacia otro lado. No podía darme por vencido tan fácilmente. Cuando un nuevo zarpazo iba dirigido hacia mi cara, salté hacia un lado. Giré a la izquierda y coloqué unos segundos mi mano dorada en su pierna. Un rayo de energía salió de ella en forma de electricidad. Cayó al suelo del fuerte calambrazo. Gané un poco de tiempo. Me acerqué corriendo hacia una de las rocas caídas. Un segundo guardián me persiguió. Levanté la roca y se la tiré. La esquivó sin problemas. Mi plan había fallado. La tensión en el ambiente crecía. El pequeño ser esquivaba los golpes levitando. Se apresuró a subirse a la cabeza del guardián. No lo consiguió. El monstruo le tiró al suelo. Balder se levantó otra vez. Necesitaba más precisión para llevar a cabo su plan. Un arañazo en su tripa hizo que el suelo se tiñese de rojo escarlata. El monstruo no tenía ni un rasguño. No se desanimó. Sus movimientos en el aire eran más lentos que antes. La herida le sangraba mucho. Nadie podíamos ayudarle. Asks estaba ocupado lanzando fuego a su oponente. Era el único que había conseguido algún progreso.
El primer guardia se recuperó. Fue a buscarme. Ahora tenía a dos pisándome los talones. Recogí unas cuantas rocas. La mano verde empezó a brillar. Empecé a girar la piedra. Cuanto más brillaba mi mano, más se pulía la roca. El musgo empezó a crecer en ella. No tenía muy claro lo que estaba pasando. No tenía mucho más tiempo.
jueves, 18 de agosto de 2011
El respiro final
Todo estaba en la más profunda quietud. Ni siquiera el viento se atrevía a mover alguna pequeña hoja. Todos los presentes nos habíamos quedado vigilantes. No confiábamos en aquella situación. Un sentimiento de culpabilidad revoloteaba en el ambiente. Uno de los caballos blancos se acercó al maestro druida. Este seguía inconsciente, la lucha con la hechicera había mermado todas sus fuerzas. El caballo colocó su prisma encima del pecho del maestro. Empezó a cambiar de color; de transparente pasó a un aguamarina magnético. Desprendía pequeñas luces plateadas que se filtraban por los poros de su piel. Cuando hubo terminado se levantó y se alejó hacia los demás caballos. El pecho del maestro se empezó a mover con regularidad, y su respiración se volvió menos trabajosa. Sus ojos se abrieron y empezó a toser violentamente. Se estaba recuperando poco a poco. Desaparecida mi preocupación por el, observé a todos, pero ninguno resultó gravemente herido. El pequeño ser, me cogió de la mano para que me acercase a ellos. Instaló mis manos encima de los cuerpos de los heridos. Empezaron a brillar débilmente. Ya que no eran heridas muy profundas, se curaron fácilmente.
Me acerqué a los druidas, pero lamentablemente para algunos era demasiado tarde. Entre la batalla con los cuervos y esto habían caído seis hombres. Aquello no podía volver a ocurrir. Demasiadas bajas en tan solo dos batallas.
Intenté mirar para otro lado para reprimir las lágrimas. Habían dado la vida por mí y yo no podía curarles. Les había defraudado. Me concentré en la imagen que tenía enfrente. El pequeño ser estaba mirando fijamente a la dama del árbol. Los pequeños diablillos estaban a su lado también. Me acerqué a ellos a ver si podía sacar algo en claro.
-¿Quién eres?- pregunté a aquella mujer.
- Soy la ninfa del árbol, y tú me has despertado- contestó.
-¿La magia roja de mis manos fue la que te despertó?- la pregunté orgulloso.
-Si, llevaba dormida tantos años que ya no reconocía a los seres que me rodeaban- sonrió- Estoy en deuda contigo, pero no creo que me pueda quedar mucho más, estoy agotando mis energías. La oscuridad tiene un poder demasiado fuerte- empezó a tornarse a color rojo oscuro para pasar a violáceo.
-¿Los demás árboles son como tú?- la pregunté.
-Si Erwan, todos son como yo, pero las ninfas duermen profundamente y no podrán despertar a menos que vuelva la luz- parecía muy triste mientras decía estas palabras- Balder y tú debéis tener cuidado, algunos árboles están tan infectados que al final sus ninfas murieron. Ahora están habitados por monstruos oscuros de alma negra- dijo mientras se esforzó en dar su respiro final. Seguidamente se convirtió en el árbol oscuro y quieto que había sido antes.
Me acerqué a los druidas, pero lamentablemente para algunos era demasiado tarde. Entre la batalla con los cuervos y esto habían caído seis hombres. Aquello no podía volver a ocurrir. Demasiadas bajas en tan solo dos batallas.
Intenté mirar para otro lado para reprimir las lágrimas. Habían dado la vida por mí y yo no podía curarles. Les había defraudado. Me concentré en la imagen que tenía enfrente. El pequeño ser estaba mirando fijamente a la dama del árbol. Los pequeños diablillos estaban a su lado también. Me acerqué a ellos a ver si podía sacar algo en claro.
-¿Quién eres?- pregunté a aquella mujer.
- Soy la ninfa del árbol, y tú me has despertado- contestó.
-¿La magia roja de mis manos fue la que te despertó?- la pregunté orgulloso.
-Si, llevaba dormida tantos años que ya no reconocía a los seres que me rodeaban- sonrió- Estoy en deuda contigo, pero no creo que me pueda quedar mucho más, estoy agotando mis energías. La oscuridad tiene un poder demasiado fuerte- empezó a tornarse a color rojo oscuro para pasar a violáceo.
-¿Los demás árboles son como tú?- la pregunté.
-Si Erwan, todos son como yo, pero las ninfas duermen profundamente y no podrán despertar a menos que vuelva la luz- parecía muy triste mientras decía estas palabras- Balder y tú debéis tener cuidado, algunos árboles están tan infectados que al final sus ninfas murieron. Ahora están habitados por monstruos oscuros de alma negra- dijo mientras se esforzó en dar su respiro final. Seguidamente se convirtió en el árbol oscuro y quieto que había sido antes.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Hechizo de cuerda
Otro rayo alcanzó una nueva raíz del árbol. Esta vez se estremeció entero. A pesar de ser un árbol oscuro, parecía que no estaba de acuerdo con aquel tipo de abuso. Se volvió a estremecer. Skule miró con el entrecejo fruncido. Aquel árbol, aunque mínimamente, se estaba revelando. Si ella decidía fulminar algo, la enfurecía que alguien intentase lo contrario. Movió los brazos en círculos para acentuar la tormenta. El estruendo que producía era más monstruoso que antes. El caballo relinchaba sin parar, quería librarse de sus ataduras. Debido a las espinas cuanto más se movía más daño se hacía. Estaba desesperado. Al mirarle sentí una punzada de dolor en el pecho, sus alas tenían serios desgarros.
Rayos empezaron a impactar por todos lados. Primero iban por decenas, pero ahora no dejaban un lugar sin devastar. Toda la superficie olía a quemado. Estaba masacrando los pocos árboles que había quedado a nuestro alrededor.
Nuevamente satisfecha, centró toda su atención en nosotros. Se acercó aún más y contempló atentamente al pequeño ser.
-¿Qué especie de animal eres tú?- preguntó y al ver que no contestaba se enfureció otra vez, lo consideraba una ofensa.
-No sabe hablar- intervine rápidamente.
- Encima de ser unos niñatos, ¿ estáis mudos?- y se empezó a reir con malicia- esto va a ser más aburrido de lo que pensaba si no me podéis suplicar clemencia- .
Invocó una cuerda y la ató en la cintura del pequeño ser. Lo elevó por los aires en dirección a la tormenta. Me quedé paralizado de miedo. El pequeño ser intentaba librarse de aquello pero no podía. Sus ojos era donde residía su fuerza, pero no conseguía que cambiasen de color para hacer magia. La influencia de Skule era demasiado fuerte y su magia demasiado negra. Había perturbado su equilibrio.
Verle tan indefenso me lleno de ira. Mis manos empezaron a brillar. Esta vez no eran ni verdes ni amarillas, era un color rojo oscuro. Según más veía en peligro a mi compañero, más me brillaban. Intenté salir de aquella trampa en la que estaba metido. Era imposible, todavía no tenía tanta fuerza. No podía enfrentarme a Skule de manera directa.
Uno de sus súbditos se dio cuenta de mis movimientos. Empezó a gruñir hasta que llamó la atención de su ama. Ella miró divertida, y reforzó la magia que me tenía cautivo. Mientras, con la otra mano soltó un trozo de cuerda y el pequeño ser quedó expuesto a los rayos.
Un nuevo impacto en una rama cercana hizo al árbol temblar. De repente una idea brilló en mi mente. Chasqueé los dedos y coloqué mis manos encima del tronco. No sería suficiente, pero por lo menos ganaría tiempo.
Rayos empezaron a impactar por todos lados. Primero iban por decenas, pero ahora no dejaban un lugar sin devastar. Toda la superficie olía a quemado. Estaba masacrando los pocos árboles que había quedado a nuestro alrededor.
Nuevamente satisfecha, centró toda su atención en nosotros. Se acercó aún más y contempló atentamente al pequeño ser.
-¿Qué especie de animal eres tú?- preguntó y al ver que no contestaba se enfureció otra vez, lo consideraba una ofensa.
-No sabe hablar- intervine rápidamente.
- Encima de ser unos niñatos, ¿ estáis mudos?- y se empezó a reir con malicia- esto va a ser más aburrido de lo que pensaba si no me podéis suplicar clemencia- .
Invocó una cuerda y la ató en la cintura del pequeño ser. Lo elevó por los aires en dirección a la tormenta. Me quedé paralizado de miedo. El pequeño ser intentaba librarse de aquello pero no podía. Sus ojos era donde residía su fuerza, pero no conseguía que cambiasen de color para hacer magia. La influencia de Skule era demasiado fuerte y su magia demasiado negra. Había perturbado su equilibrio.
Verle tan indefenso me lleno de ira. Mis manos empezaron a brillar. Esta vez no eran ni verdes ni amarillas, era un color rojo oscuro. Según más veía en peligro a mi compañero, más me brillaban. Intenté salir de aquella trampa en la que estaba metido. Era imposible, todavía no tenía tanta fuerza. No podía enfrentarme a Skule de manera directa.
Uno de sus súbditos se dio cuenta de mis movimientos. Empezó a gruñir hasta que llamó la atención de su ama. Ella miró divertida, y reforzó la magia que me tenía cautivo. Mientras, con la otra mano soltó un trozo de cuerda y el pequeño ser quedó expuesto a los rayos.
Un nuevo impacto en una rama cercana hizo al árbol temblar. De repente una idea brilló en mi mente. Chasqueé los dedos y coloqué mis manos encima del tronco. No sería suficiente, pero por lo menos ganaría tiempo.
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