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viernes, 16 de septiembre de 2011

Situación peligrosa

Miraba por todos lados. Quería encontrar algo que me sirviese para enfrentarme a ellos. Había pequeños trozos de roca rota distribuida por varias partes de la estancia. Poco más. Debería contentarme con eso. Los guardianes no parecían muy rápidos. Quizás si les esquivaba y cansaba, podría conseguir alguna ventaja sobre ellos. En este caso la diferencia de fuerza era demasiado evidente.  Apareció un guardián más detrás de Asks. Ahora eran cuatro.
Mis manos habían alcanzado la temperatura adecuada para transformarse. Su característico brillo aparecía poco a poco. Esta vez, una de ellas había adquirido una tonalidad verde musgo. La otra seguía con su característico dorado. Las llamas de Asks habían aumentado de tamaño. Por su parte, el pequeño ser estaba en un semi-estado de trance.
Los guardianes se estaban acercando poco a poco. Habían formado un círculo entorno a nosotros. Estaban tan seguros de su superioridad que se podía ver el júbilo en sus ojos. Asks estaba muy intranquilo. No aguantaba aquellos minutos de tensión en los que no sucedía nada. Expulsó fuego por la boca. Hirió a uno de los guardianes. Esto les enfureció. Se acercaron a nosotros a más velocidad. Uno de ellos intentó darme un zarpazo. Logré esquivarlo por pura suerte. Eran de lento caminar, pero  movimientos rápidos. No me dio tiempo a recuperar el equilibrio, cuando otro zarpazo me alcanzó. Esta vez no pude esquivarlo. Mi hombro se llevó la peor parte. Cuatro poderosas marcas se quedaron clavadas en él. Intente canalizar el dolor hacia otro lado. No podía darme por vencido tan fácilmente.  Cuando un nuevo zarpazo iba dirigido hacia mi cara, salté hacia un lado. Giré a la izquierda y coloqué unos segundos mi mano dorada en su pierna. Un rayo de energía salió de ella en forma de electricidad. Cayó al suelo del fuerte calambrazo. Gané un poco de tiempo. Me acerqué corriendo hacia una de las rocas caídas. Un segundo guardián me persiguió. Levanté la roca y se la tiré. La esquivó sin problemas. Mi plan había fallado. La tensión en el ambiente crecía. El pequeño ser esquivaba los golpes levitando. Se apresuró a subirse a la cabeza del guardián. No lo consiguió. El monstruo le tiró al suelo. Balder se levantó otra vez. Necesitaba más precisión para llevar a cabo su plan. Un arañazo en su tripa hizo que el suelo se tiñese de rojo escarlata. El monstruo no tenía ni un rasguño. No se desanimó. Sus movimientos en el aire eran más lentos que antes. La herida le sangraba mucho. Nadie podíamos ayudarle. Asks estaba ocupado lanzando fuego a su oponente. Era el único que había conseguido algún progreso.
El primer guardia se recuperó. Fue a buscarme. Ahora tenía a dos pisándome los talones. Recogí unas cuantas rocas. La mano verde empezó a brillar. Empecé a girar la piedra. Cuanto más brillaba mi mano, más se pulía la roca. El musgo empezó a crecer en ella. No tenía muy claro lo que estaba pasando. No tenía mucho más tiempo.

jueves, 18 de agosto de 2011

El respiro final

Todo estaba en la más profunda quietud. Ni siquiera el viento se atrevía a mover alguna pequeña hoja. Todos los presentes nos habíamos quedado vigilantes. No confiábamos en aquella situación. Un sentimiento de culpabilidad revoloteaba en el ambiente. Uno de los caballos blancos se acercó al maestro druida. Este seguía inconsciente, la lucha con la hechicera había mermado todas sus fuerzas. El caballo colocó su prisma encima del pecho del maestro. Empezó a cambiar de color; de transparente pasó a un aguamarina magnético. Desprendía pequeñas luces plateadas que se filtraban por los poros de su piel. Cuando hubo terminado se levantó y se alejó hacia los demás caballos. El pecho del maestro se empezó a mover con regularidad, y su respiración se volvió menos trabajosa. Sus ojos se abrieron y empezó a toser violentamente. Se estaba recuperando poco a poco. Desaparecida mi preocupación por el, observé a todos, pero ninguno resultó gravemente herido. El pequeño ser, me cogió de la mano para que me acercase a ellos.  Instaló mis manos encima de los cuerpos de los heridos. Empezaron a brillar débilmente. Ya que no eran heridas muy profundas, se curaron fácilmente.
Me acerqué a los druidas, pero lamentablemente para algunos era demasiado tarde. Entre la batalla con los cuervos y esto habían caído seis hombres. Aquello no podía volver a ocurrir. Demasiadas bajas en tan solo dos batallas.
Intenté mirar para otro lado para reprimir las lágrimas. Habían dado la vida por mí y yo no podía curarles. Les había defraudado. Me concentré en la imagen que tenía enfrente. El pequeño ser estaba mirando fijamente a la dama del árbol. Los pequeños diablillos estaban a su lado también. Me acerqué a ellos a ver si podía sacar algo en claro.
-¿Quién eres?- pregunté a aquella mujer.
- Soy la ninfa del árbol, y tú me has despertado- contestó.
-¿La magia roja de mis manos fue la que te despertó?- la pregunté orgulloso.
-Si, llevaba dormida tantos años que ya no reconocía a los seres que me rodeaban- sonrió- Estoy en deuda contigo, pero no creo que me pueda quedar mucho más, estoy agotando mis energías. La oscuridad tiene un poder demasiado fuerte- empezó a tornarse a color rojo oscuro para pasar a violáceo.
-¿Los demás árboles son como tú?-  la pregunté.
-Si Erwan, todos son como yo, pero las ninfas duermen profundamente y no podrán despertar a menos que vuelva la luz- parecía muy triste mientras decía estas palabras- Balder y tú debéis tener cuidado, algunos árboles están tan infectados que al final sus ninfas murieron. Ahora están habitados por monstruos oscuros de alma negra- dijo mientras se esforzó en dar su respiro final. Seguidamente se convirtió en el árbol oscuro y quieto que había sido antes.

martes, 9 de agosto de 2011

Personificación tallada en madera

Aquella nube de polvo negro nos dejó en la más absoluta oscuridad. Era imposible mirar a algún lado, y, el valiente que lo intentaba conseguía, por respuesta un abismal escozor en los ojos. Sonidos huecos y golpes al aire se escuchaban perdidos por el horizonte. Aquella pérdida de visión había enfurecido a los monstruos. Destellos muy leves salían de sus armaduras, casi imperceptibles. Debía intentar concentrarme en mis otros sentidos.
Sentí la mano del pequeño ser apoyada en mi gemelo. Me daba la seguridad que yo había perdido con cada golpe recibido. Cerré los ojos y abrí mis oídos. Demasiados sonidos lejanos y ninguno cercano. Debía separarlos y meterlos en cajones diferentes de mi mente. Intenté escuchar los detalles.
Tenía un soldado enfrente. No podía calcular exactamente a que distancia estaba. Di un paso hacia él, pero no sentía su presencia. Intenté ser cuidadoso y dar unos pasos más. Cuando sentí el calor que desprendía su cuerpo, mi bastón habló por si solo. En círculos golpeó sus rodillas haciéndole caer. Gritó de dolor y alertó a los demás. Vinieron corriendo tropezándose con todo lo que había a su paso.
En el otro lado del claro, una llama azul empezaba a renacer. Era débil y parpadeante. El hechizo que había ejecutado Skule era demasiado fuerte para poder contrarrestarlo. Mientras intentaba concentrarme, recibí un certero golpe en la cabeza. Un dolor agudo estalló en todo mi ser. Con dos grandes zancadas me alejé de allí. Eran demasiados para poder salir victorioso. Debía idear algún otro plan.  Aislé mi dolor como pude y volví a concentrarme en el oído y en el olor. El repicar de las hachas empezó a ser rítmico. Estaban destrozando algo, aunque no sabía el que.
Miré a lo lejos, las llamas azules de Asks seguían sin producir luz suficiente. Algo estaba sucediendo y  huía de mi conciencia. Me estaba poniendo nervioso. Unas cuantas astillas llegaron a mis manos. Ahora lo comprendía, aquellos abominables seres estaban intentando talar el árbol.
De repente una luz potente roja se encendió. El árbol entero se iluminó y comenzó a brillar. Sus raíces empezaron a moverse en todas las direcciones posibles. Iluminó toda la superficie con su color.  El tronco parecía como si estuviese hirviendo. Salía vapor de agua por cada una de sus hendiduras. Las astillas que se habían desprendido por los cortes, empezaron a flotar por el aire. Las raíces renacían de sus magulladuras, para ser más fuertes que antes. El tronco empezó a cambiar. Una figura se dibujaba y desdibujaba en cuestión de segundos. Tomaba la forma de una mujer.  Sus ramas se convirtieron en millones de largos dedos acabados en afiladas uñas. Cuando todas y cada una de las ramas adoptaron su forma apareció en el tronco la imagen de una mujer.  Unos grandes ojos se movieron observando todo. Sus uñas empezaron a moverse y las formas de unos pequeños diablillos empezaron  a nacer de las astillas rotas. Se colocaron junto a ella y  también comenzaron a observar todo lo que les rodeaba.
La batalla se había quedado paralizada. Incluso Skule y los druidas miraban boquiabiertos lo que estaba sucediendo enfrente de sus ojos.  Las facciones perfectamente angulosas de la mujer y la dureza de sus ojos, hacían de ella un ser asombroso.
Con una de las ramas, ahora convertida en brazo se tapó la cara y empezó a soplar a través de sus dedos.




jueves, 4 de agosto de 2011

El árbol rojo

La magia empezó a fluir de mis manos. Tenía una ligera idea de lo que quería hacer, pero no sabía cuales serían las consecuencias. Intenté proyectar toda mi fuerza hacia el árbol. Era complicado, nunca había intentando algo tan grande con un ser estático. Skule no me prestaba atención, estaba entretenida haciendo sufrir al pequeño ser.
El árbol empezó a moverse lentamente de un lado hacia el otro. Parecía como si despertase de un largo letargo.  Empezó a cambiar de color progresivamente. Adquirió la misma tonalidad que mis manos. Cuando casi había completado su transformación, Skule se dio cuenta y sus súbditos empezaron a atacar al árbol. Con sus hachas causaban fuertes dolores al árbol en las raíces. La savia comenzó a salir de su interior en forma de lágrimas.
La negra hechicera sacó un amuleto y lo proyectó hacia mí. Era una piedra de color azul oscuro que desató un brillo infernal a su alrededor.  Un rayo de luz salió de ella, atravesó la barrera mágica de la hechicera, e impactó en mi cuerpo. Hielo es lo que sentí. Una capa de hielo invisible envolvía todo mi cuerpo y me impedía respirar. Intenté no perder la concentración. El color del árbol seguía aumentando, la vida estaba volviendo a él. Si conseguía aguantar un poco más con mi magia, la voluntad propia del árbol también aparecería. El hielo me estaba entumeciendo los músculos. Poco a poco, los dedos de la mano me dejaban de funcionar. La palma de la mano también se congeló y mi magia se interrumpió.  Miré a Skule con despreció, estaba disfrutando mucho con aquel momento. A los dos nos tenía a su merced. No podía moverme, luchar contra ella era imposible. De aquel amuleto surgió una cuerda de fuego. Me apresó sin ninguna dificultad. El contraste entre hielo y fuego fue brutal. El dolor que sentía era tan profundo que no podía parar de gritar. Sentía como iba a estallar en mil pedazos. Dos titanes habían chocado en mi cuerpo y estaban luchando por ganar. Cada choque entre fuego y hielo, hizo que mi cuerpo sufriese un calambre. Siempre terminaba con un fuerte espasmo.
Skule me elevó hacia el cielo. A la misma altura que al pequeño ser. Ahora los dos eramos marionetas de la tormenta. De reojo me pareció que el árbol empezaba a brillar y movía sus ramas con más rapidez. Skule debió de darse cuenta también porque miró de inmediato. Sin darla tiempo a reaccionar, una de las ramas alcanzó mi cuerda. La rompió en dos y me precipité al vació. Fui perdiendo el conocimiento por momentos. A veces luz, otras sombras. Me golpee la cabeza cuando toqué el suelo. Perdí el conocimiento. Justo cuando estaba cayendo en un sueño provocado, me pareció ver una sombra grande entre los árboles. Después oscuridad.