Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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sábado, 3 de septiembre de 2011
Un manto cubriendo el techo
El pasillo era muy largo y muy estrecho. Algunas antorchas parpadeaban levemente, pero la luz proporcionada era escasa. Apenas nos permitía ver unos centímetros más allá. Caían gotas desagradables del techo, que en algunas zonas era tan bajo, que teníamos que arrastrarnos a gatas. Por un momento, me acordé de las gotas negras. Todo mi cuerpo se estremeció. Esperaba que no nos encontrásemos con aquello. El silencio era sepulcral. Era capaz de escuchar mi propia respiración. Paré un poco para descansar. Esta vez, estábamos en un espacio con unos techos muy altos. Cerré los ojos, intenté imaginarme algo feliz para no deprimirme. El sonido de un aleteo me devolvió a la realidad. Miré alarmado de donde venía. Mis ojos fueron a parar al techo. Un manto de murciélagos cubría todo. Les habíamos despertado.
viernes, 2 de septiembre de 2011
La senda de la rosa
-¿Por dónde deberíamos ir?- le pregunté al pequeño ser, el cual levantó los hombros en señal de incertidumbre- pues debemos pensarlo bien-.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.
jueves, 18 de agosto de 2011
El respiro final
Todo estaba en la más profunda quietud. Ni siquiera el viento se atrevía a mover alguna pequeña hoja. Todos los presentes nos habíamos quedado vigilantes. No confiábamos en aquella situación. Un sentimiento de culpabilidad revoloteaba en el ambiente. Uno de los caballos blancos se acercó al maestro druida. Este seguía inconsciente, la lucha con la hechicera había mermado todas sus fuerzas. El caballo colocó su prisma encima del pecho del maestro. Empezó a cambiar de color; de transparente pasó a un aguamarina magnético. Desprendía pequeñas luces plateadas que se filtraban por los poros de su piel. Cuando hubo terminado se levantó y se alejó hacia los demás caballos. El pecho del maestro se empezó a mover con regularidad, y su respiración se volvió menos trabajosa. Sus ojos se abrieron y empezó a toser violentamente. Se estaba recuperando poco a poco. Desaparecida mi preocupación por el, observé a todos, pero ninguno resultó gravemente herido. El pequeño ser, me cogió de la mano para que me acercase a ellos. Instaló mis manos encima de los cuerpos de los heridos. Empezaron a brillar débilmente. Ya que no eran heridas muy profundas, se curaron fácilmente.
Me acerqué a los druidas, pero lamentablemente para algunos era demasiado tarde. Entre la batalla con los cuervos y esto habían caído seis hombres. Aquello no podía volver a ocurrir. Demasiadas bajas en tan solo dos batallas.
Intenté mirar para otro lado para reprimir las lágrimas. Habían dado la vida por mí y yo no podía curarles. Les había defraudado. Me concentré en la imagen que tenía enfrente. El pequeño ser estaba mirando fijamente a la dama del árbol. Los pequeños diablillos estaban a su lado también. Me acerqué a ellos a ver si podía sacar algo en claro.
-¿Quién eres?- pregunté a aquella mujer.
- Soy la ninfa del árbol, y tú me has despertado- contestó.
-¿La magia roja de mis manos fue la que te despertó?- la pregunté orgulloso.
-Si, llevaba dormida tantos años que ya no reconocía a los seres que me rodeaban- sonrió- Estoy en deuda contigo, pero no creo que me pueda quedar mucho más, estoy agotando mis energías. La oscuridad tiene un poder demasiado fuerte- empezó a tornarse a color rojo oscuro para pasar a violáceo.
-¿Los demás árboles son como tú?- la pregunté.
-Si Erwan, todos son como yo, pero las ninfas duermen profundamente y no podrán despertar a menos que vuelva la luz- parecía muy triste mientras decía estas palabras- Balder y tú debéis tener cuidado, algunos árboles están tan infectados que al final sus ninfas murieron. Ahora están habitados por monstruos oscuros de alma negra- dijo mientras se esforzó en dar su respiro final. Seguidamente se convirtió en el árbol oscuro y quieto que había sido antes.
Me acerqué a los druidas, pero lamentablemente para algunos era demasiado tarde. Entre la batalla con los cuervos y esto habían caído seis hombres. Aquello no podía volver a ocurrir. Demasiadas bajas en tan solo dos batallas.
Intenté mirar para otro lado para reprimir las lágrimas. Habían dado la vida por mí y yo no podía curarles. Les había defraudado. Me concentré en la imagen que tenía enfrente. El pequeño ser estaba mirando fijamente a la dama del árbol. Los pequeños diablillos estaban a su lado también. Me acerqué a ellos a ver si podía sacar algo en claro.
-¿Quién eres?- pregunté a aquella mujer.
- Soy la ninfa del árbol, y tú me has despertado- contestó.
-¿La magia roja de mis manos fue la que te despertó?- la pregunté orgulloso.
-Si, llevaba dormida tantos años que ya no reconocía a los seres que me rodeaban- sonrió- Estoy en deuda contigo, pero no creo que me pueda quedar mucho más, estoy agotando mis energías. La oscuridad tiene un poder demasiado fuerte- empezó a tornarse a color rojo oscuro para pasar a violáceo.
-¿Los demás árboles son como tú?- la pregunté.
-Si Erwan, todos son como yo, pero las ninfas duermen profundamente y no podrán despertar a menos que vuelva la luz- parecía muy triste mientras decía estas palabras- Balder y tú debéis tener cuidado, algunos árboles están tan infectados que al final sus ninfas murieron. Ahora están habitados por monstruos oscuros de alma negra- dijo mientras se esforzó en dar su respiro final. Seguidamente se convirtió en el árbol oscuro y quieto que había sido antes.
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