Estaba levantado palpando la puerta cuando escuché la melodía lejana. Me estaba envolviendo de nuevo. Esta vez no era tan relajada como antes. Más bien representaba la melancolía y el dolor. Aquello no me gustó. Daba la sensación como de que el ser que estaba expulsando aquellos sonidos estaba agonizando. Clavé las manos y empujé la puerta. Mis resultados fueron nulos. Decidí trepar por las piedras. Cuando llegué arriba del todo concentré toda mi energía en mis manos. Eran movimientos arriesgados. No tenía el equilibrio necesario.
La mano dorada se encendió con mucha fuerza. Conseguí formar un pequeño agujero en una de las piedras. Era más reducido de lo que pensaba. No podía tenerme más tiempo allí. Me deslicé hasta el suelo. Tenía que idearlo de otra manera. Encendí mi mano verde e intenté crear musgo en ella. La giré hacia arriba y apareció una cantidad elevada de musgo. Aquello me serviría de apoyo. Subí otra vez. Gracias a mi mano dorada hice más agujeros en la roca. Después de muchos intentos al fin conseguí que se desprendiese un buen fragmento de roca. Aquello debía ser suficiente para poder pasar. No tenía más fuerzas para seguir embistiendo la pared. Me empecé a deslizar hacia dentro. Era una ardua tarea, pero tenía que solventarla. Me sentí oprimido, pero debía avanzar. Cuando por fin logré cruzar al otro lado, me caí en el suelo duro.
Miré a mi alrededor, me encontraba en un especie de calabozo. Tenía el mismo aspecto que el árbol verde que había visto anteriormente. Era muy acogedor y por el centro transcurría un río. Para cruzar el río, había un puente. Estaba algo desconcertado con la imagen que tenía enfrente de mí. Me adentré decidido. Cuando di mi segundo paso, toda aquella imagen desapareció al instante. Se transformó todo en un calabozo frío y húmedo. Una antorcha vieja apenas lo iluminaba. Enfrente de mí había alguien tumbado en el suelo. Me acerqué corriendo. La náyade descansaba en el suelo casi sin señales de vida. Estaba totalmente desnutrida. Estaba totalmente magullada.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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miércoles, 28 de septiembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Último tramo
Me quedé quieto. No tendría las suficientes fuerzas para volver trepando. Miré abajo, allí los guardias efectivamente se multiplicaron. Era una situación que no habíamos previsto. Mi cerebro funcionaba a la velocidad de la luz para encontrar una solución. Miré al símbolo de la rosa para que me diese fuerza. El fuego en ella había comenzado ha arder con más fuerza. ¿Cómo era aquello posible?, no importaba. Estaba convencido de que era un buen presagio. Un soldado más apareció. Ya eran cuatro. Este último portaba una pequeña bandeja. Con risas se acercó a los demás y les señaló lo que tenía. Los demás lo toquetearon con sus grandes manos de cuatro dedos y lo devolvieron a su sitio. Me dio asco solo de imaginarme como aquella comida se acercaba a mi boca.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta. Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta. Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Un acantilado
La luz. Aquel era mi destino. Encontrarla y llevarla de vuelta al cielo. No sabía cómo podía hacerlo. Me agobiaba, los días pasaban y no veía progresos de ningún tipo. Cuando nos recompusimos de nuestra batalla con los murciélagos, nos pusimos en marcha otra vez. El pasillo era más oscuro que el anterior. Lleno de humedades y gotas por todos lados. Sentía la pesadez de la capa mojada en mis hombros. Esto añadido al cansancio, hizo que mi paso se ralentizase.
En las rocas que nos rodeaban empezó a aparecer musgo. Poco a poco se expandía por todo el espacio. Parecía como si nos estuviésemos acercando a algún lago. La carencia de símbolos nos desanimó un poco. Habíamos emprendido aquel camino sin fin. Tan repetitivo, tan sombrío. Descansamos un poco. Todo estaba en silencio, no nos apetecía ni hablar. Aquel paisaje estaba mermando nuestro positivismo. Los diablillos ya no saltaban, y el pequeño ser refunfuñaba.
Cuando proseguimos el panorama no cambió. Al menos, el musgo del suelo era mullido e insonorizaba nuestras pisadas. Después de horas, algo cambió. El camino se volvió empinado. Estábamos subiendo arriba. Tenía que agarrarme al suelo para no perder el equilibrio. Por suerte no era muy largo. Llegamos a una pequeña sala. Había una ventana en uno de los lados. Al otro lado se veía algo de iluminación. Con mucha cautela me asomé. El vértigo invadió todos mis sentidos. Tuve que apartarme de allí. No pude volver a asomarme hasta que me tranquilicé. Cuando asumí la altura, mi cabeza volvió a asomarse. Estábamos en un escarpado acantilado. Abajo en el suelo había luces. Al agudizar el oído, escuché un murmullo. Intenté ver más allá, pero no distinguí las figuras.
Justo cuando iba a retirarme de la ventana, algo llamó mi atención. La marca de una rosa de fuego a mitad de camino entre el suelo y donde estábamos nosotros. Aquello era buena señal, el camino era el correcto. El problema sería cómo bajar de allí, y, quienes eran ellos.
En las rocas que nos rodeaban empezó a aparecer musgo. Poco a poco se expandía por todo el espacio. Parecía como si nos estuviésemos acercando a algún lago. La carencia de símbolos nos desanimó un poco. Habíamos emprendido aquel camino sin fin. Tan repetitivo, tan sombrío. Descansamos un poco. Todo estaba en silencio, no nos apetecía ni hablar. Aquel paisaje estaba mermando nuestro positivismo. Los diablillos ya no saltaban, y el pequeño ser refunfuñaba.
Cuando proseguimos el panorama no cambió. Al menos, el musgo del suelo era mullido e insonorizaba nuestras pisadas. Después de horas, algo cambió. El camino se volvió empinado. Estábamos subiendo arriba. Tenía que agarrarme al suelo para no perder el equilibrio. Por suerte no era muy largo. Llegamos a una pequeña sala. Había una ventana en uno de los lados. Al otro lado se veía algo de iluminación. Con mucha cautela me asomé. El vértigo invadió todos mis sentidos. Tuve que apartarme de allí. No pude volver a asomarme hasta que me tranquilicé. Cuando asumí la altura, mi cabeza volvió a asomarse. Estábamos en un escarpado acantilado. Abajo en el suelo había luces. Al agudizar el oído, escuché un murmullo. Intenté ver más allá, pero no distinguí las figuras.
Justo cuando iba a retirarme de la ventana, algo llamó mi atención. La marca de una rosa de fuego a mitad de camino entre el suelo y donde estábamos nosotros. Aquello era buena señal, el camino era el correcto. El problema sería cómo bajar de allí, y, quienes eran ellos.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Astillas negras
Con el pequeño ser a salvo, me sentí más tranquilo. Contemplé unos segundos la situación. Era bastante complicada, Asks no sabía que hacer con tantos murciélagos. Además, se habían dado cuenta de que nos habíamos escapado y volaban hacia nosotros. De repente, tuve una idea. No sabía sí iba a funcionar, pero estaba decidido a arriesgarme. Dejé de lado el manto de calor que me envolvía, y, salí corriendo hacia el felino. En aquella carrera sentí como la presión sanguínea me empezó a subir. La cabeza me estallaba. Cada vez me salían goterones de sangre más poderosos de ella . Querían nublarme la visión, pero, no iba a permitirlo.
El camino era medianamente corto, pero, los murciélagos me perseguían sin descanso. Intentaban por todos los medios clavarme sus largos incisivos. Los manotazos era lo único que me salvaban. Aquello no les gustó. Reaccionaron. Su cuerpo empezó a temblar y a producir sonidos extraños. Iniciaron una rápida transformación. Su pelaje se empezó a transformar en astillas negras. Ya no podría seguir mi técnica defensiva, si no quería acabar con las manos llenas de ellas.
-¡Aguantaaa!- grité con fuerza al felino.
Aquellos seres oscuros, le estaban rodeando por todas partes. No sabía que hacer, estaba desesperado. Di dos pasos más, y, me situé a su lado. Le miré a los ojos.
-Saldremos de esta- le dije esperanzado.
Poco a poco, todos los murciélagos se transformaron. Aquellas astillas les crecieron por todas partes. Eran demasiados para luchar contra ellos. Se juntaron en un círculo. Cuando formaron la perfecta circunferencia, un chillido muy agudo salió de ellos. Sus cuerpos empezaron a dividirse, y, multiplicarse. .
Respiré fuertemente y puse mi mano sobre Asks. Sentí el fuego recorriendo mis venas. Se entremezcló con dolor. La palma de la mano se me estaba quemando. Intenté ignorarlo. Era complicado. Debía obedecer a mi mente. Cuando las llamas de Asks alcanzaron mi codo, la cueva comenzó a adquirir un tono azulado.
Mientras tanto, los murciélagos no dejaban de multiplicarse.
El camino era medianamente corto, pero, los murciélagos me perseguían sin descanso. Intentaban por todos los medios clavarme sus largos incisivos. Los manotazos era lo único que me salvaban. Aquello no les gustó. Reaccionaron. Su cuerpo empezó a temblar y a producir sonidos extraños. Iniciaron una rápida transformación. Su pelaje se empezó a transformar en astillas negras. Ya no podría seguir mi técnica defensiva, si no quería acabar con las manos llenas de ellas.
-¡Aguantaaa!- grité con fuerza al felino.
Aquellos seres oscuros, le estaban rodeando por todas partes. No sabía que hacer, estaba desesperado. Di dos pasos más, y, me situé a su lado. Le miré a los ojos.
-Saldremos de esta- le dije esperanzado.
Poco a poco, todos los murciélagos se transformaron. Aquellas astillas les crecieron por todas partes. Eran demasiados para luchar contra ellos. Se juntaron en un círculo. Cuando formaron la perfecta circunferencia, un chillido muy agudo salió de ellos. Sus cuerpos empezaron a dividirse, y, multiplicarse. .
Respiré fuertemente y puse mi mano sobre Asks. Sentí el fuego recorriendo mis venas. Se entremezcló con dolor. La palma de la mano se me estaba quemando. Intenté ignorarlo. Era complicado. Debía obedecer a mi mente. Cuando las llamas de Asks alcanzaron mi codo, la cueva comenzó a adquirir un tono azulado.
Mientras tanto, los murciélagos no dejaban de multiplicarse.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Un manto cubriendo el techo
El pasillo era muy largo y muy estrecho. Algunas antorchas parpadeaban levemente, pero la luz proporcionada era escasa. Apenas nos permitía ver unos centímetros más allá. Caían gotas desagradables del techo, que en algunas zonas era tan bajo, que teníamos que arrastrarnos a gatas. Por un momento, me acordé de las gotas negras. Todo mi cuerpo se estremeció. Esperaba que no nos encontrásemos con aquello. El silencio era sepulcral. Era capaz de escuchar mi propia respiración. Paré un poco para descansar. Esta vez, estábamos en un espacio con unos techos muy altos. Cerré los ojos, intenté imaginarme algo feliz para no deprimirme. El sonido de un aleteo me devolvió a la realidad. Miré alarmado de donde venía. Mis ojos fueron a parar al techo. Un manto de murciélagos cubría todo. Les habíamos despertado.
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