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jueves, 22 de enero de 2015

Página web El Bosque Sin Luz

Con mucha mucha alegría os presento un gran proyecto:







En esta página web podréis encontrar curiosidades, personajes, fotos con ubicaciones del bosque y también ¡como conseguir un ejemplar!


Muchas gracias a Grupo Mengio por tan maravillosa web

viernes, 27 de enero de 2012

Preguntas..

¿Quién será la muchacha de los ojos verdes?, ¿cómo se acercarán a la ciudad de Astra sin ser descubiertos??
Esta todo demasiado tranquilo... ¿Será acaso una trampa??
La calma que precede a la tempestad... la música tétrica de un violín sigue sonando... algo se acerca!!


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Astillas negras

Con el pequeño ser a salvo, me sentí más tranquilo. Contemplé unos segundos la situación. Era bastante complicada, Asks no sabía que hacer con tantos murciélagos. Además, se habían dado cuenta de que nos habíamos escapado y volaban hacia nosotros. De repente, tuve una idea. No sabía sí iba a funcionar, pero estaba decidido a arriesgarme. Dejé de lado el manto de calor que me envolvía, y, salí corriendo hacia el felino. En aquella carrera sentí como la presión sanguínea me empezó a subir. La cabeza me estallaba. Cada vez me salían goterones de sangre más poderosos de ella . Querían nublarme la visión, pero, no iba a permitirlo.
El camino era medianamente corto, pero, los murciélagos me perseguían sin descanso. Intentaban por todos los medios clavarme sus largos incisivos. Los manotazos era lo único que me salvaban. Aquello no les gustó. Reaccionaron. Su cuerpo empezó a temblar y a producir sonidos extraños. Iniciaron una rápida transformación. Su pelaje se empezó a transformar en astillas negras. Ya no podría seguir mi técnica defensiva, si no quería acabar con las manos llenas de ellas.
-¡Aguantaaa!- grité con fuerza al felino.
Aquellos seres oscuros, le estaban rodeando por todas partes. No sabía que hacer, estaba desesperado. Di dos pasos más, y, me situé a su lado. Le miré a los ojos.
-Saldremos de esta- le dije esperanzado.
Poco a poco, todos los murciélagos se transformaron. Aquellas astillas les crecieron por todas partes. Eran demasiados para luchar contra ellos. Se juntaron en un círculo. Cuando formaron la perfecta circunferencia, un chillido muy agudo salió de ellos. Sus cuerpos empezaron a dividirse, y, multiplicarse. .
Respiré fuertemente y puse mi mano sobre Asks. Sentí el fuego recorriendo mis venas. Se entremezcló con dolor. La palma de la mano se me estaba quemando. Intenté ignorarlo. Era complicado. Debía obedecer a mi mente. Cuando las llamas de Asks alcanzaron mi codo, la cueva comenzó a adquirir un tono azulado.
Mientras tanto, los murciélagos no dejaban de multiplicarse.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Murciélagos

Intentamos volver sobre nuestros pasos. Quizás habíamos escogido mal el camino. Los murciélagos empezaron a volar en círculos por encima de nuestras cabezas. Eran animales capaces de producir heridas mortales con solo hincarte sus grandes incisivos.  En la superficie a veces había seres de la misma especie. Aunque grandes, eran inofensivos y solo se alimentaban de insectos pequeños. Los que nos sobrevolaban eran de pequeño tamaño, pero exageradamente rápidos. Según iban bajando, sus dientes se iban alargando. Nuestro tiempo de reacción se acortaba.
Asks aumentó el tamaño de sus llamas. Quería asustarles, pero no lo consiguió. Estábamos confundidos. Justo en el momento en el que retrocedimos al pasillo por el que habíamos llegado, un destello me llamó la atención. El pequeño ser también se había dado cuenta de aquello. Proyectó un pequeño haz de luz hacia ese lugar. La forma de una rosa apareció. Mis pies se paralizaron. Efectivamente, estábamos siguiendo el camino correcto. Miré arriba, a pesar de que en esa parte, el techo era muy alto, se podía distinguir perfectamente el titánico nido que había allí formado. A continuación miré al otro lado. Si mis cálculos no fallaban, la entrada a la segunda parte del pasillo estaba aproximadamente a unos ochocientos metros. Los murciélagos tardarían apenas un minuto en estar a nuestra altura. Era imposible.
Miré a los pequeños duendecillos, estaban escondidos detrás de Asks. No podía contar con su ayuda. Necesitaba pensar rápido. Se me ocurrió una idea, me acerqué al felino. Le indiqué que empezase a expulsar llamas de fuego por la boca. No era un plan definitivo, pero debíamos ganar tiempo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Armaduras azules y hachas rápidas

Me di la vuelta para comprobar donde se encontraba el pequeño ser. Fue un microsegundo, pero una de las bestias se acercó y me dio un zarpazo en la cara. Noté como la sangre caliente empezó a resbalar por mi mejilla. Aquello me enfureció más. No iba a dejar que aquellos tiranos acabasen con nuestras vidas. Intenté correr esquivando a mis oponentes. Mis manos desnudas no iban a ayudarme en la lucha, necesitaba alguna ayuda.  A pesar de que mis movimientos eran rápidos, varios zarpazos hicieron trizas algunos de mis músculos.
Al final, conseguí llegar a uno de los druidas. Me tiró un largo bastón de madera. En comparación con las poderosas hachas, parecía un juguete. Lo miré preocupado por mi vida. No tenía otra opción, dos monstruos se acercaban corriendo hacia mi. Intenté mantener la calma y concentrarme. Mis músculos ensangrentados y doloridos me pedían a gritos un alivio. Debía realizar un esfuerzo mayor para controlar mis impulsos. Flexioné las rodillas y extendí los brazos. Me quedé quieto a esperar aquellos segundos antes del combate que se hicieron eternos.
El primero vino dando saltos muy grandes, tenía una agilidad asombrosa. Intenté impactar mi arma en su estómago pero fallé y me golpeó la cabeza. Me quedé aturdido. Intenté reaccionar lo más rápido posible, el segundo soldado ya estaba allí. Blandió su hacha y golpeó el suelo. Aparté mi pie en un acto reflejo y salvé mis dedos de la masacre. El primer soldado volvió al ataque. Me giré hacia la derecha, después a la izquierda. A pesar de su fuerza, yo le ganaba en velocidad. A lo lejos me pareció distinguir al pequeño ser corriendo hacia mí.
Un nuevo salto al aire, antes de que le diese tiempo a preparar su ataque, un golpe certero en las rodillas. Soltó un grito que resonó en todo el bosque. Su armadura brilló y empezó a caer con torpeza. Le golpee en el estómago. No conseguí mucho, la armadura azul estaba muy bien reforzada. El segundo guerrero se acercó, hice movimientos de confusión. Intentaba cambiar mi trayectoria. Me agaché lo máximo que pude. Su hacha se clavó en un árbol, aproveché el momento. Le di un certero golpe en los tobillos. El primero vino cojeando, pero muy enfadado. Corrí hacia él. Imprimí fuerza a mis piernas y salté. Mi bastón se clavó en su cabeza. Cerré los ojos, demasiada crudeza. Escuché un reventón.  Caí de espaldas. Sabía que detrás de mi dejaba a alguien sin vida.
Miré hacia Skule, seguía habiendo destellos azules, blancos y negros. La fuerza magnética que se estaba creando a su alrededor era espeluznante. Se estaba transformando en una burbuja que en poco tiempo los aislaría del resto. Las luces cesaron un momento. Asks, el gran felino de guerra estaba al lado del maestro druida. Los dos miraban desafiantes a Skule. La miré a ella, tenía la piel intacta, tan solo unos pequeños arañazos en su ropa. Con una mano cogió el amuleto que tenía en el cuello y con la otra empezó a lanzar un potente humo negro. Pronto toda la superficie se sumió en la oscuridad.

viernes, 15 de julio de 2011

La mente del felino

Mientras se me terminaban de curar las heridas profundas, el felino luchaba contra el tornado. Al final salió despedido hacia una pared. El pequeño ser paró repentinamente el cántico y todo se calmó. Las cosas que habían volado se cayeron al suelo produciendo un  estruendo, que hizo retumbar hasta las columnas que estaban a lo lejos.  El pequeño ser aprovechó ese momento de confusión para soltarse de mi pierna, cogerme la mano y ponerla sobre su herida. Esta empezó a cicatrizar sin problema alguno.
Me hizo un gesto y nos acercamos al felino. Sin soltar mi mano le colocó la suya en frente. Se estableció un tipo de vínculo extraño. Unas pequeñas luces chispeantes aparecieron entre la palma de la mano del pequeño ser y el felino. Después cerró los ojos y se concentró. Cerré los ojos yo también. Primero solo vi oscuridad, pero poco a poco esa visión se fue aclarando.
Empezamos a ver imágenes del felino. Su niñez, como creció. Llegamos a la conclusión de que era nada más y nada menos que el guardián de la Dama Blanca. Donde nos encontrábamos ahora era su guarida secreta. Después las imágenes empezaron a ser confusas. Alguien extraño se aproximaba y disparó algo al felino. Ahora no se podía mover, estaba paralizado y sufría mucho. Mientras vio como más seres malvados aparecían y el no podía defender a su Dama. Asaltaron la casa, mataron a todos los guardianes. El ataque les pilló de imprevisto. Ahí con claridad vio a la náyade. Era una doncella de alto rango de la Dama. Se la habían llevado metida en una mazmorra. Luego las imágenes pasaron a la Dama Blanca. Volvió la oscuridad mientras la asediaban. En aquel momento el felino se desmayó por lo que le habían inyectado. 
El pequeño ser soltó la frente del felino. Éste seguía inconsciente. Por eso nos había recibido de una manera tan hostil. Ahora lo comprendíamos. Nos miramos, no sabíamos que debíamos hacer. El pequeño ser acarició al felino, que dormía profundamente y empezó a caminar.

martes, 12 de julio de 2011

Duelo entre hielos

Todo el hielo que había caído de la parte de arriba dificultaba al felino acercarse. Pero aún así no cesaba en su empeño. Parecía que el pequeño ser le interesaba mucho. El pequeño ser estaba quieto, no se movió de su sitio. Cuando vio que el felino blanco ya estaba cerca de él empezó a levitar más alto. Buscaba una forma para ponerse a su altura. Me miró con sus ojos rojos y se asustó cuando vio la sangre seca que me cubría la cara. Yo seguía un poco mareado. La pérdida del preciado líquido de mis venas había sido devastadora en mi organismo.
Sin más miramientos el pequeño ser decidió ponerse enfrente y luchar por los dos si hacía falta. Su rival se encontraba tan solo a unos pasos de él. Debía actuar rápido. Ahora tan solo les separaba un metro. Faltaban segundos para decidir que hacer. Aquel gran animal se había parado. Parecía disfrutar de aquel momento, ya que conocía perfectamente su superioridad.  El pequeño ser estaba concentrado al máximo, no se perdía ni un detalle de los movimientos de su contrario. 
De repente con un rápido salto el felino se abalanzó sobre el pequeño ser, el cual logró apartarse por unos escasos centímetros. El felino no perdió el tiempo y le dio un zarpazo en uno de sus brazos. El grito del pequeño ser se oyó en toda la cueva. A mi se me partió el alma cuando lo escuché. A duras penas me levanté. Quería ayudarle pero no sabía muy bien como. Haciendo caso omiso a todo, me apoyé contra las paredes y llegué hasta donde se encontraban los contrincantes. El pequeño ser me miró esperanzado y el felino, que se había olvidado de mi, cayó en la cuenta de que primero era más fácil acabar conmigo. 

lunes, 11 de julio de 2011

Entre hielos

Sus ojos estaban centrados en mí.  Brillaban de un color azul celeste que incluso llegaban a hipnotizar. Intentaba mantenerme sereno, pero era complicado. A pesar de su fiero aspecto todo su cuerpo me invitaba a ir hacia el. Era una situación contradictoria. Mi cuerpo iba hacia él, mientras que mi mente se negaba. El pequeño ser intentaba frenarme.
El felino seguía avanzando sin dejar de mirarme. El hielo llegó hasta mis pies y me hizo retroceder un poco. Cuando aquel hielo llegó al final del pasillo, unas ondas empezaron a desprenderse. Se metieron en mi mente y empecé a marearme.
Al pequeño ser le empezaron a brillar los ojos de una manera como nunca antes. Se sentía en verdadero peligro. Tan solo estábamos nosotros dos. Esta vez nadie nos podía ayudar para salir de esa situación. El gran felino se giró hacia el. Sentía que una amenaza que no esperaba estaba creciendo ante él.
El pequeño ser empezó a levitar y sus ojos se tornaron de color azul oscuro. Empezó a desprender un vaho  blanquecino de la boca que se iba congelando cuando más se acercaba hacia donde se encontraba el felino.
Entre ellos dos se formó una extraña conexión, los dos se miraban fijamente. El hielo que se había formado entre ellos estaba lleno de energía. En  la parte más próxima al pequeño ser el hielo empezó a cambiar a color rojo. En el otro extremo el hielo cambió a color celeste. Poco a poco se iba tiñendo todo. Cuando colisionaron los dos colores se produjo una pequeña explosión. La siguió un temblor que hizo que todo el hielo situado en la parte alta de la cueva cayese violentamente.
No me dio tiempo a apartarme, un pequeño hielo me golpeó la cabeza. Me caí al  suelo y borbotones de sangre empezaron a bajar por mi frente.  Todo lo que pasó después me pareció difuso. El felino perdió interés en mí y se acercó al pequeño ser.

sábado, 9 de julio de 2011

Asks, el felino de guerra

Al final del pasillo el fuego celeste se hizo más intenso. Era un fuego extraño porque desprendía frío en vez de calor. No sabíamos que estaba pasando. El pequeño ser se acercó a mi pierna asustado. Bajé la mirada y me percaté de que sus ojos rojos brillaban. Allí era donde sobre todo se encontraba su poder.
Miré hacia el pasillo con atención, allí estaban las llamas, creciendo a cada segundo. Cuando tocaron el techo oímos un fuerte gruñido. Mi cuerpo se estremeció. Pero no podía volver atrás, nada me esperaba allí.
Vimos aparecer una pata blanca con una llama centelleante. El cuerpo del pequeño ser empezó a temblar. Estábamos paralizados por el miedo. Poco a poco fue apareciendo el resto del cuerpo. Ante nosotros se encontraba un gran felino blanco cubierto de llamas celestes. Su expresión fiera estaba acorde con sus colmillos afilados. Sus ojos brillaban de la rabia más pura. El fuego azul los inundaba. Se empezó a acercar hacia nosotros con pasos lentos pero firmes. Según avanzaba todo a su alrededor se iba congelando.