Intentamos volver sobre nuestros pasos. Quizás habíamos escogido mal el camino. Los murciélagos empezaron a volar en círculos por encima de nuestras cabezas. Eran animales capaces de producir heridas mortales con solo hincarte sus grandes incisivos. En la superficie a veces había seres de la misma especie. Aunque grandes, eran inofensivos y solo se alimentaban de insectos pequeños. Los que nos sobrevolaban eran de pequeño tamaño, pero exageradamente rápidos. Según iban bajando, sus dientes se iban alargando. Nuestro tiempo de reacción se acortaba.
Asks aumentó el tamaño de sus llamas. Quería asustarles, pero no lo consiguió. Estábamos confundidos. Justo en el momento en el que retrocedimos al pasillo por el que habíamos llegado, un destello me llamó la atención. El pequeño ser también se había dado cuenta de aquello. Proyectó un pequeño haz de luz hacia ese lugar. La forma de una rosa apareció. Mis pies se paralizaron. Efectivamente, estábamos siguiendo el camino correcto. Miré arriba, a pesar de que en esa parte, el techo era muy alto, se podía distinguir perfectamente el titánico nido que había allí formado. A continuación miré al otro lado. Si mis cálculos no fallaban, la entrada a la segunda parte del pasillo estaba aproximadamente a unos ochocientos metros. Los murciélagos tardarían apenas un minuto en estar a nuestra altura. Era imposible.
Miré a los pequeños duendecillos, estaban escondidos detrás de Asks. No podía contar con su ayuda. Necesitaba pensar rápido. Se me ocurrió una idea, me acerqué al felino. Le indiqué que empezase a expulsar llamas de fuego por la boca. No era un plan definitivo, pero debíamos ganar tiempo.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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lunes, 5 de septiembre de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
Ciénagas
Las tierras cenagosas con las que nos encontramos al salir de la explanada eran indescriptibles. Según avanzábamos el lodo nos empezó a subir hasta las rodillas. El olor nauseabundo nublaba mis sentidos. Todo parecía podrido a nuestro alrededor.
Cuando avanzamos un buen tramo, multitud de siluetas aparecieron en la superficie. Eran dibujos que aparecían y desaparecían con mucha rapidez. Un ruido se escuchó a lo lejos. Instintivamente miré hacia la derecha. Algo se estaba aproximando por los aires. Era demasiado tarde para que nos pudiésemos esconder. Nos quedaban apenas unos minutos para que aquello estuviese a nuestra altura.
Cuando avanzamos un buen tramo, multitud de siluetas aparecieron en la superficie. Eran dibujos que aparecían y desaparecían con mucha rapidez. Un ruido se escuchó a lo lejos. Instintivamente miré hacia la derecha. Algo se estaba aproximando por los aires. Era demasiado tarde para que nos pudiésemos esconder. Nos quedaban apenas unos minutos para que aquello estuviese a nuestra altura.
lunes, 1 de agosto de 2011
Remolino de ramas
Sin dejar de mirarme levantó los brazos y empezó a hacer gestos de un lado a otro. Con ello consiguió que se apartasen todas las hojas de los árboles cercanos. El pequeño ser y yo quedamos a la vista de todos. Los seres monstruosos se quedaron boquiabiertos. Enseguida levantaron sus lanzas en señal de feroz alegría. Pensaban que íbamos a ser un excelente manjar.
Skule nos miraba fijamente, ni parpadeaba. Se empezó a acercar poco a poco. Cuando estaba a escasos metros, se paró y dio una patada a la corteza de un árbol. Cuando miró sus ramas, los ojos negros la empezaron a brillar y comenzó a soltar aire gris por la boca. Las ramas del árbol fueron arrancadas bruscamente con aquel aire. Se formó un gran remolino que fue a parar directo a nosotros. Fue un movimiento tan rápido que no tuvimos tiempo a reaccionar. Sin darnos cuenta eramos el epicentro de aquella bestia de aire. Sus paredes invisibles nos impedían movernos del lugar y escapar. Skule había sido muy hábil al conjurar aquello. Se quedó parada observando nuestra reacción. Al ver que estábamos atrapados, su carcajada resonó entre los árboles. El pequeño ser se estremeció con aquella risa. No revelaba nada bueno.
Intentando disimular lo máximo posible miré al suelo. El caballo de fuego seguía escondido detrás del matorral. Por suerte no le había descubierto. Miré otra vez a la mujer. Seguía teniendo la sonrisa dibujada en su cara. Chasqueó los dientes y se elevó por los aires. No alcanzó mucha altura, pero si la suficiente como para mirarme a los ojos directamente. Se acercó caminando sobre el aire.
-Así que tu eres el temeroso Erwan- me dijo con una profunda voz- con tu fiel escudero Balder- y se rió nuevamente- no sois más que apestosos niños-.
Sus monstruos la siguieron y se colocaron en un círculo debajo de ella. Comenzaron a golpear el suelo con el pie de forma muy violenta. Sus lanzas y sus hachas miraban al cielo y se movían a un ritmo frenético. Estaban excitados ante la visión.
martes, 26 de julio de 2011
Salida a la superficie
Una vez más, me había quedado sin saber mi procedencia. El hechizo al que había sido sometida la Dama Blanca parecía demasiado fuerte. La absorbía mucha energía y no la dejaba comunicarse durante mucho tiempo. Parecía que su hermana Skule era muy poderosa. Miré a mi alrededor, todo se había quedado sumido en una negra polvareda. Aquel sitio debía de haber sido bonito, aunque ahora había marcas de magia negra por todos lados.
El caballo relinchó nuevamente, debíamos irnos. Miré al pequeño ser y nos dirigimos hacía una gran puerta de hielo. El caballo inhaló aire hasta llenar sus pulmones. Cerró los ojos y con un fuerte suspiro, exhaló todo el aire haciendo que sus crines creciesen . El fuego en ellas se avivó y el caballo acercó su cabeza a la puerta. Dada la intensidad del calor que se desprendió, la puerta se deshizo completamente. Teníamos el camino libre para avanzar.
Nos adentramos en un largo y estrecho pasillo. Tardamos una hora en abarcarlo entero. El camino era abrupto, y mis extremidades empezaron a pesarme de una manera irracional. Cuando al fin llegamos al final del camino, nos encontramos con un gran agujero que llevaba hacia la superficie. Era similar al anterior, por el cual habíamos bajado. Solo que más oscuro, no había ninguna luz que lo iluminase. Tampoco se veía una mínima luz que indicase donde se encontraba la salida.
El caballo esperó pacientemente a que llegásemos. Cuando estuvimos a su altura, levantó las dos patas en el aire y volvió a caer con todo su peso. Seguidamente, cinco pequeños escalones aparecieron en el agujero. Cada uno distaba del otro aproximadamente dos metros. El caballo repitió la operación hasta diez veces. Las escaleras fueron apareciendo de forma sistemática, hasta que se perdieron en el horizonte. Cuando terminó, me miró y con un gesto de la cabeza me indicó que me subiese a su espalda. Para ello, bajó la intensidad de sus llamas. Primero subió Balder, para después subir yo. Cuando estuvimos bien sujetos, el caballo empezó a saltar de un escalón a otro. Era una maniobra peligrosa. Los escalones eran de pequeño tamaño, y la superficie que teníamos para agarrarnos era escasa. Tuve que concentrarme mucho en los movimientos del caballo, e, intentar hacer un ejercicio de equilibrio para no caerme. La posibilidad de precipitarme hacia el vacío era una idea que quería desechar de mi cabeza.
Cuando estuvimos en el último escalón, el caballo saltó hacia el exterior. Sus alas se desplegaron majestuosamente. Volamos muy alto, para luego descender en picado. El aterrizaje fue un poco duro, pero por fin podíamos respirar el aire de la libertad. Me apoyé contra un árbol y cerré los ojos unos instantes. Cuando los volví a abrir un brillo lejano llamó mi atención.
El caballo relinchó nuevamente, debíamos irnos. Miré al pequeño ser y nos dirigimos hacía una gran puerta de hielo. El caballo inhaló aire hasta llenar sus pulmones. Cerró los ojos y con un fuerte suspiro, exhaló todo el aire haciendo que sus crines creciesen . El fuego en ellas se avivó y el caballo acercó su cabeza a la puerta. Dada la intensidad del calor que se desprendió, la puerta se deshizo completamente. Teníamos el camino libre para avanzar.
Nos adentramos en un largo y estrecho pasillo. Tardamos una hora en abarcarlo entero. El camino era abrupto, y mis extremidades empezaron a pesarme de una manera irracional. Cuando al fin llegamos al final del camino, nos encontramos con un gran agujero que llevaba hacia la superficie. Era similar al anterior, por el cual habíamos bajado. Solo que más oscuro, no había ninguna luz que lo iluminase. Tampoco se veía una mínima luz que indicase donde se encontraba la salida.
El caballo esperó pacientemente a que llegásemos. Cuando estuvimos a su altura, levantó las dos patas en el aire y volvió a caer con todo su peso. Seguidamente, cinco pequeños escalones aparecieron en el agujero. Cada uno distaba del otro aproximadamente dos metros. El caballo repitió la operación hasta diez veces. Las escaleras fueron apareciendo de forma sistemática, hasta que se perdieron en el horizonte. Cuando terminó, me miró y con un gesto de la cabeza me indicó que me subiese a su espalda. Para ello, bajó la intensidad de sus llamas. Primero subió Balder, para después subir yo. Cuando estuvimos bien sujetos, el caballo empezó a saltar de un escalón a otro. Era una maniobra peligrosa. Los escalones eran de pequeño tamaño, y la superficie que teníamos para agarrarnos era escasa. Tuve que concentrarme mucho en los movimientos del caballo, e, intentar hacer un ejercicio de equilibrio para no caerme. La posibilidad de precipitarme hacia el vacío era una idea que quería desechar de mi cabeza.
Cuando estuvimos en el último escalón, el caballo saltó hacia el exterior. Sus alas se desplegaron majestuosamente. Volamos muy alto, para luego descender en picado. El aterrizaje fue un poco duro, pero por fin podíamos respirar el aire de la libertad. Me apoyé contra un árbol y cerré los ojos unos instantes. Cuando los volví a abrir un brillo lejano llamó mi atención.
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