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lunes, 2 de marzo de 2015

La Kriticona- Reseña Literaria

La Kriticona es periodista y crítica literaria. Su blog es increible y ampliamente seguido en muchos países. Siempre sincera y mordaz, no se corta de decir sus opiniones más sinceras sobre cada libro que lee. 
Muchas gracias Patricia- Kriticona por haber leído El Bosque Sin Luz y haber realizado esta crítica.



viernes, 19 de agosto de 2011

Camino hacia el centro del bosque

Igual que llegaron los caballos blancos, se fueron.  No sabía de donde eran, pero, era una lástima que aliados tan valiosos desapareciesen en el horizonte. Intentaron volar junto con las nubes bajas para no ser descubiertos hasta que al fin, pudieron perderse en las alturas del cielo.
Los druidas se convirtieron en sombras, y, también se fueron. Llevaban consigo a sus muertos, debían darles un enterramiento digno de su condición. Aquella ceremonia duraría unos días, así que nos íbamos a quedar en la más absoluta soledad. Nadie a quién recurrir, cuando el peligro de muerte volviese a llamar a nuestras puertas.
Después de comer algo y relajarnos, decidimos continuar nuestro camino. Cuando nos levantamos, los diablillos hicieron su aparición.  Me extrañó que no hubiesen desaparecido junto con la mujer del árbol. Intenté hablar con ellos, pero no me hacían caso. Tan solo se dedicaban a jugar y a saltar de un lado hacia otro. Al final me cansé y dejé de prestarles mi atención. Nos pusimos en marcha, el caballo de fuego había adoptado otra vez las tonalidades oscuras para pasar desapercibido.
-No tienes la sensación de que los árboles son más oscuros aquí?- le pregunté al pequeño ser.
- Es cierto, están más infectados- me contestó mentalmente. Aquel restablecimiento de conexión me llenaba de tranquilidad- si mis cálculos no fallan nos estamos acercando hacia la parte central del bosque. Es una de las zonas más peligrosas, no se sabe exactamente que hay allí, pero las leyendas cuentan que torturas inimaginables esperan a quién se atreve a adentrarse- dijo mirándome a los ojos fijamente.
-Entonces, ¿hasta ahora estábamos en la periferia?- pregunté atónito.
-Sí,  tan solo era el extrarradio- y dicho esto cortó la conexión.
Me quedé inquieto por aquella afirmación. Un nudo se formó en mi estómago, si aquellas leyendas eran ciertas, tan solo habíamos atravesado la parte fácil del camino.  Lo que nos esperaba no sería nada bueno y aquello no presagiaba nada bueno. 

miércoles, 27 de julio de 2011

Llamas negras y grises

Debíamos alejarnos de allí, para no cruzarnos con aquel destello. Después de observar la situación, era muy probable que exactamente eso sucediese. Debíamos actuar rápidamente si no queríamos cruzarnos en su camino. Miré a mis acompañantes. Ellos tampoco sabían que hacer. No podíamos salir volando, ya que, captaríamos su atención. Debíamos actuar rápido. El brillo azul metalizado, se estaba acercando hacia nuestra posición. Sí salíamos corriendo, posiblemente nos oirían. Estábamos atrapados.
La única opción que nos quedaba era trepar al árbol más cercano e intentar pasar desapercibidos. Con silenciosos gestos, indiqué a mis compañeros el plan. El pequeño ser y yo empezamos a trepar. Cuando ya estuvimos en lo alto, caí en la cuenta de que el caballo no podía trepar y no tendría donde esconderse. Le miré preocupado. El me miró a mí, y de repente vi como una llama se encendía en sus ojos. Empezó a emitir un suave sonido. Parecía el ruido que hacen las hojas de los árboles cuando el viento juega con ellas.
Las llamas de sus crines empezaron a arder de forma más violenta. El color rojo se acentuó, y probablemente se podría ver a kilómetros de distancia. Cuando las llamas alcanzaron su plenitud, empezaron a volverse más oscuras. Pasaron a rojo oscuro, para finalmente volverse grises y negras. Una ola de alegría invadió todo mi ser, de esta manera podríamos pasar desapercibidos. Cuando hubo terminado su transformación, el caballo se agazapó detrás de unos matorrales. Así en un silencio sepulcral esperamos nuestro destino. Mientras tanto, aquel brillo cada vez se acercaba más. Cuando estaba a escasos metros de nosotros, más brillos del mismo color aparecieron. Aquello no era buena señal. Llegué a contar hasta diez, pero mi visión se perdía entre los árboles. Podía ser que hubiese más.
Tenía un nudo en el estómago,el estruendo que se empezó a escuchar por todo el bosque era ensordecedor. Ponía los pelos de punta. Cada vez estaba más cerca, en pocos minutos llegaría a nuestra posición.

martes, 26 de julio de 2011

Salida a la superficie

Una vez más, me había quedado sin saber mi procedencia. El hechizo al que había sido sometida la Dama Blanca parecía demasiado fuerte. La absorbía mucha energía y no la dejaba comunicarse durante mucho tiempo. Parecía que su hermana Skule era muy poderosa. Miré a mi alrededor, todo se había quedado sumido en una negra polvareda. Aquel sitio debía de haber sido bonito, aunque ahora había marcas de magia negra por todos lados.
El caballo relinchó nuevamente, debíamos irnos. Miré al pequeño ser y nos dirigimos hacía una gran puerta de hielo. El caballo inhaló aire hasta llenar sus pulmones. Cerró los ojos y con un fuerte suspiro, exhaló todo el aire haciendo que sus crines creciesen . El fuego en ellas se avivó y el caballo acercó su cabeza a la puerta. Dada la intensidad del calor que se desprendió, la puerta se deshizo completamente. Teníamos el camino libre para avanzar.
Nos adentramos en un largo y estrecho pasillo. Tardamos una hora en abarcarlo entero. El camino era abrupto, y mis extremidades empezaron a pesarme de una manera irracional. Cuando al fin llegamos al final del camino, nos encontramos con un gran agujero que llevaba hacia la superficie. Era similar al anterior, por el cual habíamos bajado. Solo que más oscuro, no había ninguna luz que lo iluminase. Tampoco se veía una mínima luz que indicase donde se encontraba la salida.
El caballo esperó pacientemente a que llegásemos. Cuando estuvimos a su altura, levantó las dos patas en el aire y volvió a caer con todo su peso. Seguidamente, cinco pequeños escalones aparecieron en el agujero. Cada uno distaba del otro aproximadamente dos metros. El caballo repitió la operación hasta diez veces. Las escaleras fueron apareciendo de forma sistemática, hasta que se perdieron en el horizonte.  Cuando terminó, me miró y con un gesto de la cabeza me indicó que me subiese a su espalda. Para ello, bajó la intensidad de sus llamas. Primero subió Balder, para después subir yo. Cuando estuvimos bien sujetos, el caballo empezó a saltar de un escalón a otro. Era una maniobra peligrosa. Los escalones eran de pequeño tamaño, y la superficie que teníamos para agarrarnos era escasa. Tuve que concentrarme mucho en los movimientos del caballo, e, intentar hacer un ejercicio de equilibrio para no caerme. La posibilidad de precipitarme hacia el vacío era una idea que quería desechar de mi cabeza.
Cuando estuvimos en el último escalón, el caballo saltó hacia el exterior. Sus alas se desplegaron majestuosamente. Volamos muy alto, para luego descender en picado. El aterrizaje fue un poco duro, pero por fin podíamos respirar el aire de la libertad. Me apoyé contra un árbol y cerré los ojos unos instantes. Cuando los volví a abrir un brillo lejano llamó mi atención.

lunes, 25 de julio de 2011

Un nombre

Cuando la sombra ya estaba casi del todo materializada, y yo totalmente preparado para enfrentarme a ella. Desapareció enfrente de mí y se convirtió en una neblina grisácea. Me asusté y me quedé confundido, pero aún así no bajé la guardia. Cosas raras estaban sucediendo.  Fue entonces cuando me di cuenta de que ya no estaba cayendo hacia el vacío. Estaba suspendido en el aire. Miré a los lados, y las llamas seguían demostrando el poder de su esencia.
Mi posición de piernas abiertas y puños elevados no cambiaba. Estaba esperando que iba a ser era lo próximo que me iba a atacar. Repentinamente todas las llamas cesaron y volví a la estancia de la Dama Blanca. Estaba delante del trono y a mi lado se encontraba nuevamente el pequeño ser. Me miró con cara de satisfacción.
-Has superado la prueba- me dijo mentalmente el pequeño ser.
-¿Qué prueba?- pregunté exaltado.
-No rendirte ante circunstancias adversas- continuó hablándome el pequeño ser-  el caballo de fuego accedió a llevarnos.
Dicho esto apareció nuevamente el caballo como por arte de magia. Y con un gesto de la cabeza nos indicó que le siguiésemos. Con cautela me dirigí hacia donde él nos llevaba. En el momento justo que íbamos a salir por la puerta se produjo un estallido de luz blanca. Me cegó por unos instantes. Intenté recuperar la vista parpadeando hasta que más o menos alcancé a ver algo. La Dama Blanca se había materializado. Era una imagen muy borrosa y  muy débil, probablemente no tenía la energía suficiente para realizar el conjuro.
-Ahora que ya saben que existes, no tengo por qué ocultar tu nombre, Erwan- sonrió la Dama- era indispensable mantenerlo en secreto, pero ya todos saben de tu existencia. Son capaces de notar tu presencia. Ya puedes saber tus orígenes-
-¿Mi nombre es Erwan?- pregunté feliz, por fin tenía otro nombre que no fuese niño o muchacho.
-Y él es Balder- señaló al pequeño ser- representa la personificación de la luz, de la elocuencia y de la sabiduría- dijo orgullosa. El caballo relinchó fuertemente, algo estaba pasando.
- Juntos recorreréis un gran camino, pero tú eres...- y un gran estallido se produjo. Mi oído derecho empezó a sangrar del ruido que hubo. Sonidos de cristales rotos retumbaban entre las paredes. La imagen de la Dama se hizo añicos hasta desaparecer.

sábado, 23 de julio de 2011

Locura geométrica

Intenté buscar algún saliente donde agarrarme. Quería frenar aquella caída. No veía nada, tan solo altas llamas a mi alrededor. Cerré los ojos unos segundos, quería despertarme de aquella pesadilla. Cuando los volví a abrir, formas geométricas empezaron a aparecer por todos lados. Se movían a una velocidad tan rápida que apenas me daba tiempo a seguirlas. Sentía como mis ojos se estaban quedando secos y mi mente se estaba descolocando por momentos. Era una locura lo que estaba viviendo. 
Como surgida de la nada una sombra negra empezó a materializarse. Apareció como un pequeño punto, pero fue creciendo hasta sobrepasar mi tamaño. La incertidumbre me hizo encogerme, pero la sombra seguía creciendo. Intenté tranquilizarme, y  sacar la valentía que tan bien se había escondido. Me enfrenté a la sombra. 

viernes, 22 de julio de 2011

Pruebas de fuego

Relinchó fuertemente y bajó su cabeza a la altura de la mía. Con un movimiento rápido, apartó sus ardientes crines de mi, para que no me quemase. En sus ojos aparecieron unas pequeñas chispas de llamas.  Me quedé hipnotizado e incapaz de moverme. A nuestro alrededor, se formó un gran cuadrado de llamas. Así el caballo se aseguraba que no tuviésemos forma alguna de escapar.
El suelo también empezó a cambiar. Se empezó a llenar de círculos de colores rojos y amarillos. Eran muy finos pero iban moviéndose de un lado a otro. Me estaba mareando solo de mirarlos. Para evitarlo, fijé mi vista en el techo, mientras pensaba como salir de aquella situación. Cuando el caballo se dio cuenta, relinchó nuevamente. Como reacción a aquello, el techo se llenó de cuadrados que se empezaron a mover entre ellos. Otra vez la sensación de mareo me invadía. Al final perdí el equilibrio y caí al suelo.
El horror vino a mí cuando sentí que el suelo no había detenido mi caída. Furiosas llamas de fuego naranjas jugaban con nosotros. No nos llegaban a quemar, pero si elevaban mucho la temperatura del ambiente. El suelo había desaparecido y  empezamos a caer. La sensación de incertidumbre, encogió mis sentidos. Miré al techo, allí los círculos se habían unido al baile de los cuadrados. Sentía que la locura invadía todo mi ser. Mi cuerpo caía al vacío mientras que todo a mi alrededor se movía con la más absoluta tranquilidad. Era algo totalmente irreal, pero que por el contrario estaba sucediendo. Intenté cerrar los ojos, para comprobar que estaba soñando. Pero una fuerza invisible me impedía pestañear. Círculos, cuadrados, fuego, llamas, eran todo para mi y yo tan solo un juguete para ellos.
El caballo no estaba por ningún lado. Miré a los lados, el pequeño ser también había desaparecido. Tan solo estaba yo con mi angustia y mi eterna caída.

viernes, 1 de julio de 2011

Vaho frío

No podía evitarlo. Mi cuerpo se acercaba a gran velocidad hacia el árbol. Cuando mi cuerpo rozó la corteza se quedó inmóvil. Esta vez no me iba a adentrar en él. La fuerza que me empujaba hacia allí simplemente desapareció. Una sensación de intranquilidad y miedo me invadió. Notaba que algo iba a suceder, pero todo estaba en la más absoluta calma.
Era como la vez anterior, el silencio precedía al horror. El vello de mis brazos se erizaba. La sensación de inquietud crecía en mi interior. Dí una vuelta alrededor del árbol. Pero no había nada. Miré al horizonte, pero solo había oscuridad. Ningún otro árbol. Ningún ser vivo.  Me senté junto a una gruesa raíz que sobresalía del suelo, para esperar mi sino.
Mientras estaba pensando en todo lo que me había sucedido, la tierra se empezó a congelar poco a poco. Cuando ya estuvo totalmente congelada, un vaho muy frío empezó a desprenderse de ella. Las raíces del árbol también comenzaron a transformarse. Todo lo que me rodeaba parecía un gran bloque de hielo.
Miré a mi alrededor pero no veía nada, tan solo existía un sonido muy raro a lo lejos. Agudicé el oído, presté la máxima atención. Entre la confusión de mi mente, escuché como unos caballos relinchaban, así, como el sonido de un látigo. Intenté concentrarme más aún para identificar de dónde venía el sonido. Se aproximaba hacia mí a mucha velocidad. Pasados unos segundos, distinguí el sonido del galope. Miré detrás del árbol. Apareció de la nada, una gran neblina .
Como por arte de magia aquel vaho se hizo menos denso y aparecieron los esqueletos de unos caballos. Se movían con facilidad y detrás de ellos, de la nada, apareció una gran carroza. Iba conducida por alguien, pero mis ojos no lo podían distinguir. A duras penas vi que se levantó y tiró un sombrero rojo al suelo. Me había visto y mis piernas no me obedecían para escapar. Empezó a bajar sin prisa las escaleras del carruaje.