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lunes, 2 de marzo de 2015

La Kriticona- Reseña Literaria

La Kriticona es periodista y crítica literaria. Su blog es increible y ampliamente seguido en muchos países. Siempre sincera y mordaz, no se corta de decir sus opiniones más sinceras sobre cada libro que lee. 
Muchas gracias Patricia- Kriticona por haber leído El Bosque Sin Luz y haber realizado esta crítica.



martes, 20 de septiembre de 2011

Campo electromagnético

Cogí fuerza y valentía de donde no tenía. No quedaban más piedras por los alrededores. Esta vez tenía que utilizar mi ingenio. El guardián al ver la situación de sus compañeros se enfureció. Avanzó directamente hacia mi. Suspiré profundamente. No tenía ningún plan.  Miré otra vez a mis compañeros. Su estado era lamentable.  Necesitaba concentrarme. Me agaché para recuperar fuerzas. Cuando toqué el suelo para mi satisfacción mis manos se encendieron otra vez. La mano verde empezó a absorber una energía que no sabía de donde procedía. Me sentí más fuerte. De repente un canto dulce se escuchó en el interior del pequeño pasillo. Mi mano lo absorbió y resplandeció más que nunca. Mi respiración se volvió agitada. Sentía como la vida crecía dentro de mi. Toqué el suelo. Mi mente se quedó en blanco. Mis ojos empezaron a dar vueltas. Se quedaron en blanco. Una onda de energía se expandió por toda la superficie. Creó una especie de campo electromagnético. Sentí como partículas invisibles se movían de un lado hacia otro.  Procuré solidificar mis pensamientos. Un denso musgo empezó a crecer a vertiginosa velocidad. Unió todas las partículas entre sí, y se expandió. A pesar de la sorpresa, el guardián no se dejó impresionar y avanzó hacia mí  con pesados pasos. Levanté mi mano izquierda y la luz dorada me cegó. Tuve una idea. La coloqué sobre la mano derecha, y me imaginé una tormenta. Aislé la mente de todo y tan solo me concentré en aquella imagen. Poco a poco del musgo comenzaron a salir pequeñas descargas eléctricas. Las piernas del guardián empezaron a temblar. Aumenté la intensidad. Gritos de dolor llegaron a mis oídos. Los obvié. Necesitaba centrar todos mis pensamientos en una sola cosa. Los calambres se le expandieron por todo el cuerpo. Cuando no pudo soportarlo más cayó fulminado.
Una vez más se escuchó la melodiosa voz. Todo a mi alrededor estaba en calma. Caí fulminado en un profundo sueño. Viajé lejos de allí.

lunes, 8 de agosto de 2011

Armaduras azules y hachas rápidas

Me di la vuelta para comprobar donde se encontraba el pequeño ser. Fue un microsegundo, pero una de las bestias se acercó y me dio un zarpazo en la cara. Noté como la sangre caliente empezó a resbalar por mi mejilla. Aquello me enfureció más. No iba a dejar que aquellos tiranos acabasen con nuestras vidas. Intenté correr esquivando a mis oponentes. Mis manos desnudas no iban a ayudarme en la lucha, necesitaba alguna ayuda.  A pesar de que mis movimientos eran rápidos, varios zarpazos hicieron trizas algunos de mis músculos.
Al final, conseguí llegar a uno de los druidas. Me tiró un largo bastón de madera. En comparación con las poderosas hachas, parecía un juguete. Lo miré preocupado por mi vida. No tenía otra opción, dos monstruos se acercaban corriendo hacia mi. Intenté mantener la calma y concentrarme. Mis músculos ensangrentados y doloridos me pedían a gritos un alivio. Debía realizar un esfuerzo mayor para controlar mis impulsos. Flexioné las rodillas y extendí los brazos. Me quedé quieto a esperar aquellos segundos antes del combate que se hicieron eternos.
El primero vino dando saltos muy grandes, tenía una agilidad asombrosa. Intenté impactar mi arma en su estómago pero fallé y me golpeó la cabeza. Me quedé aturdido. Intenté reaccionar lo más rápido posible, el segundo soldado ya estaba allí. Blandió su hacha y golpeó el suelo. Aparté mi pie en un acto reflejo y salvé mis dedos de la masacre. El primer soldado volvió al ataque. Me giré hacia la derecha, después a la izquierda. A pesar de su fuerza, yo le ganaba en velocidad. A lo lejos me pareció distinguir al pequeño ser corriendo hacia mí.
Un nuevo salto al aire, antes de que le diese tiempo a preparar su ataque, un golpe certero en las rodillas. Soltó un grito que resonó en todo el bosque. Su armadura brilló y empezó a caer con torpeza. Le golpee en el estómago. No conseguí mucho, la armadura azul estaba muy bien reforzada. El segundo guerrero se acercó, hice movimientos de confusión. Intentaba cambiar mi trayectoria. Me agaché lo máximo que pude. Su hacha se clavó en un árbol, aproveché el momento. Le di un certero golpe en los tobillos. El primero vino cojeando, pero muy enfadado. Corrí hacia él. Imprimí fuerza a mis piernas y salté. Mi bastón se clavó en su cabeza. Cerré los ojos, demasiada crudeza. Escuché un reventón.  Caí de espaldas. Sabía que detrás de mi dejaba a alguien sin vida.
Miré hacia Skule, seguía habiendo destellos azules, blancos y negros. La fuerza magnética que se estaba creando a su alrededor era espeluznante. Se estaba transformando en una burbuja que en poco tiempo los aislaría del resto. Las luces cesaron un momento. Asks, el gran felino de guerra estaba al lado del maestro druida. Los dos miraban desafiantes a Skule. La miré a ella, tenía la piel intacta, tan solo unos pequeños arañazos en su ropa. Con una mano cogió el amuleto que tenía en el cuello y con la otra empezó a lanzar un potente humo negro. Pronto toda la superficie se sumió en la oscuridad.

sábado, 6 de agosto de 2011

Sombras guerreras

Mientras me recuperaba del golpe, escuché como el viento empezaba a silbar. Eran sonidos cortantes, como los de un arma.  Me levanté rápidamente. Las sombras se movieron con rapidez. No tenía muy claro quienes eran, pero me dieron esperanza. Me acerqué al que quería ser mi verdugo. Esta vez le pillé desprevenido yo a él.  Le impacté un puñetazo por detrás de las rodillas. Cayó e intentó clavarme una de sus pezuñas. Logré esquivarla en el último momento. Giré hacia la derecha. Le dí un certero golpe en el cuello. Se quedó inmóvil. Intentó atacarme nuevamente utilizando sus escamas. Le engañe y golpeó el aire. Le agarré el brazo, y se lo clavé en el estómago. Se retorció de dolor, cayó. Era el primer caído en batalla. El primer ser al que quitaba la vida. Aquella imagen no se borraría de mi mente. Le dejé atrás. Me acerqué a los árboles para ver de cerca las sombras. El pequeño ser no se apartaba de mi lado. El olor a sangre inundó aquel claro de bosque. Las sombras se movían con rapidez. Unas luces desconocidas impactaron en algunas armaduras. Lo vi claramente, los druidas habían acudido en nuestra ayuda. Un monstruo se acercó a mí por la derecha. Otro apareció a mi izquierda. No tenía mucho margen de movimiento. Debía actuar con convicción.