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martes, 20 de septiembre de 2011

Campo electromagnético

Cogí fuerza y valentía de donde no tenía. No quedaban más piedras por los alrededores. Esta vez tenía que utilizar mi ingenio. El guardián al ver la situación de sus compañeros se enfureció. Avanzó directamente hacia mi. Suspiré profundamente. No tenía ningún plan.  Miré otra vez a mis compañeros. Su estado era lamentable.  Necesitaba concentrarme. Me agaché para recuperar fuerzas. Cuando toqué el suelo para mi satisfacción mis manos se encendieron otra vez. La mano verde empezó a absorber una energía que no sabía de donde procedía. Me sentí más fuerte. De repente un canto dulce se escuchó en el interior del pequeño pasillo. Mi mano lo absorbió y resplandeció más que nunca. Mi respiración se volvió agitada. Sentía como la vida crecía dentro de mi. Toqué el suelo. Mi mente se quedó en blanco. Mis ojos empezaron a dar vueltas. Se quedaron en blanco. Una onda de energía se expandió por toda la superficie. Creó una especie de campo electromagnético. Sentí como partículas invisibles se movían de un lado hacia otro.  Procuré solidificar mis pensamientos. Un denso musgo empezó a crecer a vertiginosa velocidad. Unió todas las partículas entre sí, y se expandió. A pesar de la sorpresa, el guardián no se dejó impresionar y avanzó hacia mí  con pesados pasos. Levanté mi mano izquierda y la luz dorada me cegó. Tuve una idea. La coloqué sobre la mano derecha, y me imaginé una tormenta. Aislé la mente de todo y tan solo me concentré en aquella imagen. Poco a poco del musgo comenzaron a salir pequeñas descargas eléctricas. Las piernas del guardián empezaron a temblar. Aumenté la intensidad. Gritos de dolor llegaron a mis oídos. Los obvié. Necesitaba centrar todos mis pensamientos en una sola cosa. Los calambres se le expandieron por todo el cuerpo. Cuando no pudo soportarlo más cayó fulminado.
Una vez más se escuchó la melodiosa voz. Todo a mi alrededor estaba en calma. Caí fulminado en un profundo sueño. Viajé lejos de allí.

jueves, 9 de junio de 2011

Pequeñas revelaciones

Cuando nos quedamos tan solo a un paso de distancia empecé a notar como todo mi cuerpo se ponía tenso. El hombre empezó a hacer diversos gestos con la mano. La levantó rápidamente, la hizo descender de forma rítmica, luego la movió hacia la derecha y por último chasqueó los dedos bruscamente. Con esto consiguió que el fuego se extendiese por todo nuestro alrededor, pero lo cambió a un color dorado.
Cuando terminó, comenzó a hablar:
-No sabes lo que estas haciendo aquí, ni quién es tu compañero ¿verdad?- preguntó mirándome, a lo que yo no contesté- de acuerdo, habéis pasado la prueba aunque todavía os queda mucho por aprender si os queréis enfrentar a todo lo que hay en el bosque y más allá- y ante mi cara de incredulidad, prosiguió- nosotros somos los druidas de la noche, nos desplazamos como sombras, y así escapamos de los controles nocturnos. Estamos alarmados porque ya queda poco tiempo para que la oscuridad total se apodere de todo lo conocido. Incluso las almas de los seres vivos se volverán oscuras si no lo paramos.-
-¿Eso qué tiene que ver con nosotros?- pregunté.
-Él es una especie única y mágica- dijo señalando al pequeño ser- hace siglos que no nace uno como él, y te ha elegido a ti- dijo mirando a los demás hombres y haciéndoles un gesto para que se acercasen - su supervivencia es todo un misterio- concluyó.
-¿Quién es él?- pregunté extrañado.
- Las grandes bestias tiene prohibido bajo pena de muerte morder a un humano. Porque cuando se ponen en contacto con su sangre, su cuerpo sufre una extraña magia negra que hace que de forma inexplicable tengan una cría como él- dijo señalando al pequeño ser- Además de la pena de muerte que las persigue, hay muchas leyendas sobre la mala suerte que traen. Por eso ninguna se atreve a morder a los humanos-.

miércoles, 8 de junio de 2011

Respeto

Con los ojos más brillantes que nunca el pequeño ser se separó de mi lentamente. No quería absorber toda mi energía. Sin alejarse de mi lado se dio la vuelta y se puso a mirar al hombre de los ojos rojos. Parecía el líder del grupo.
Muy pegado a mi empezó a levantar las manos y abrió la boca. Empezó a emitir un sonido muy extraño. Sonaba igual que el sonido de un arpa. Con eso consiguió que la masa celeste se mantuviese en su sitio, pese a haber roto la conexión conmigo. Se sentó en el suelo cansado sin dejar de mirar al líder de los hombres. Este esbozó una sonrisa e hizo un gesto con la mano a los demás. Le miraron atentos sin decir ni una palabra. Luego todos al mismo tiempo nos miraron, se alejaron unos pasos e inclinaron la cabeza.
Yo estaba alerta, no sabía si lo que acababa de presenciar era una muestra de respeto o la preparación para un segundo asalto. Todos nos quedamos muy quietos mirando al líder que se empezó a acercar a paso lento hacia nosotros.
-Os estaba esperando desde hace mucho tiempo- dijo en un tono de voz muy calmado y después de una pausa añadió- Siglos llevo esperando.
El pequeño ser se levantó lentamente y cogiéndome de la mano empezó a caminar hacia el líder.