Cogí fuerza y valentía de donde no tenía. No quedaban más piedras por los alrededores. Esta vez tenía que utilizar mi ingenio. El guardián al ver la situación de sus compañeros se enfureció. Avanzó directamente hacia mi. Suspiré profundamente. No tenía ningún plan. Miré otra vez a mis compañeros. Su estado era lamentable. Necesitaba concentrarme. Me agaché para recuperar fuerzas. Cuando toqué el suelo para mi satisfacción mis manos se encendieron otra vez. La mano verde empezó a absorber una energía que no sabía de donde procedía. Me sentí más fuerte. De repente un canto dulce se escuchó en el interior del pequeño pasillo. Mi mano lo absorbió y resplandeció más que nunca. Mi respiración se volvió agitada. Sentía como la vida crecía dentro de mi. Toqué el suelo. Mi mente se quedó en blanco. Mis ojos empezaron a dar vueltas. Se quedaron en blanco. Una onda de energía se expandió por toda la superficie. Creó una especie de campo electromagnético. Sentí como partículas invisibles se movían de un lado hacia otro. Procuré solidificar mis pensamientos. Un denso musgo empezó a crecer a vertiginosa velocidad. Unió todas las partículas entre sí, y se expandió. A pesar de la sorpresa, el guardián no se dejó impresionar y avanzó hacia mí con pesados pasos. Levanté mi mano izquierda y la luz dorada me cegó. Tuve una idea. La coloqué sobre la mano derecha, y me imaginé una tormenta. Aislé la mente de todo y tan solo me concentré en aquella imagen. Poco a poco del musgo comenzaron a salir pequeñas descargas eléctricas. Las piernas del guardián empezaron a temblar. Aumenté la intensidad. Gritos de dolor llegaron a mis oídos. Los obvié. Necesitaba centrar todos mis pensamientos en una sola cosa. Los calambres se le expandieron por todo el cuerpo. Cuando no pudo soportarlo más cayó fulminado.
Una vez más se escuchó la melodiosa voz. Todo a mi alrededor estaba en calma. Caí fulminado en un profundo sueño. Viajé lejos de allí.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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martes, 20 de septiembre de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Remolino
El remolino fue cogiendo fuerza por segundos. Empezó a formarse a nuestro alrededor pero se expandió por toda la cueva. Todos los hielos que se habían desprendido empezaron a volar por los aires. Era un pequeño tornado en potencia. El felino se seguía agarrando a mi brazo. Me había hecho profundos desgarros en su lucha por no salir disparado. Mis gritos de dolor retumbaban por todo el espacio vacío.
El dolor hacía que mi corazón palpitase a toda prisa, como si fuese a vida o muerte.
Intenté pensar con la cabeza fría y cogiendo fuerza de donde no la tenía empecé a mover la otra mano. La desplacé lentamente. Quería llegar hasta mi brazo dolorido, aunque era difícil dada la magnitud del viento. Mientras tanto, el pequeño ser seguía agarrado a mi pierna. Sus ojos brillaban y comenzó a entonar un leve cántico muy melodioso. El remolino de viento empezó a moverse en la dirección contraria desestabilizando al felino. Este cambio inesperado minó sus fuerzas y se soltó de mi brazo. Salió despedido y empezó a dar vueltas al ritmo que marcaba el tornado.
Mi mano por fin alcanzó mi brazo y sentí como cambiaba de color. Mis heridas se empezaron a curar dolorosamente. El proceso era demasiado lento y solo conseguiría cerrar los desgarros más profundos. Tuve que cerrar los ojos, notaba como cada músculo se reconstruía como si me pinchasen un millón de agujas. Cada una de esas agujas me cosía una parte. En la superficie no se veía nada, pero sentía absolutamente cada pequeña fibra.
El dolor hacía que mi corazón palpitase a toda prisa, como si fuese a vida o muerte.
Intenté pensar con la cabeza fría y cogiendo fuerza de donde no la tenía empecé a mover la otra mano. La desplacé lentamente. Quería llegar hasta mi brazo dolorido, aunque era difícil dada la magnitud del viento. Mientras tanto, el pequeño ser seguía agarrado a mi pierna. Sus ojos brillaban y comenzó a entonar un leve cántico muy melodioso. El remolino de viento empezó a moverse en la dirección contraria desestabilizando al felino. Este cambio inesperado minó sus fuerzas y se soltó de mi brazo. Salió despedido y empezó a dar vueltas al ritmo que marcaba el tornado.
Mi mano por fin alcanzó mi brazo y sentí como cambiaba de color. Mis heridas se empezaron a curar dolorosamente. El proceso era demasiado lento y solo conseguiría cerrar los desgarros más profundos. Tuve que cerrar los ojos, notaba como cada músculo se reconstruía como si me pinchasen un millón de agujas. Cada una de esas agujas me cosía una parte. En la superficie no se veía nada, pero sentía absolutamente cada pequeña fibra.
lunes, 20 de junio de 2011
Abismo ardiente
Intenté nuevamente cogerme con la otra mano al borde. Era imposible, ya no disponía de tanta fuerza. Cerré los ojos para concentrarme y pensar que iba a hacer. Los abrí bruscamente, empecé a notar un extraño calor en los pies que me iba subiendo por todo el cuerpo. Miré abajo. Una extraña masa roja y amarilla se estaba formando en las entrañas de la tierra. No sabía que era eso, pero probablemente nada bueno.
De mi frente empezaron a caer perlas de sudor, el calor cada vez era más vivo. Le precedía un humo naranja, que avanzaba a más velocidad que la masa en sí. Cuando tocó mi piel sentí como me la abrasaba. Tan solo fue un segundo pero fue la peor tortura que jamás había pasado. Noté como cada célula de mi cuerpo estaba a punto de estallar.
A su paso la tierra se reblandeció y empezó a moverse. Unos bultos empezaron a florecer en ella. Mis dedos ya estaban al límite, pero tampoco quería morir abrasado. Seguí observando los bultos. Cada vez eran más y más grandes. Cuando formaron una bola perfecta se empezaron a alargar. Cuando ya eran lo suficientemente largos unos dedos empezaron a nacer y se formaron unos brazos perfectos. Se volvieron del mismo color que la masa que se acercaba. A medida que se iba completando el proceso, empezaron a moverse de izquierda a derecha rítmicamente.
Poco a poco se formaron también a mi alrededor y también por toda la pared que mi vista alcanzaba a ver. Se empezó a desprender calor de ellas. La temperatura se estaba volviendo infernal. El pequeño ser me miraba sin saber que hacer. Todo había sucedido tan rápido que resultaba mareante. Una idea vino a mi cabeza, era mi única salvación, mi última oportunidad. Aspiré profundamente, miré mi mano y la apoyé en la pared caliente.
De mi frente empezaron a caer perlas de sudor, el calor cada vez era más vivo. Le precedía un humo naranja, que avanzaba a más velocidad que la masa en sí. Cuando tocó mi piel sentí como me la abrasaba. Tan solo fue un segundo pero fue la peor tortura que jamás había pasado. Noté como cada célula de mi cuerpo estaba a punto de estallar.
A su paso la tierra se reblandeció y empezó a moverse. Unos bultos empezaron a florecer en ella. Mis dedos ya estaban al límite, pero tampoco quería morir abrasado. Seguí observando los bultos. Cada vez eran más y más grandes. Cuando formaron una bola perfecta se empezaron a alargar. Cuando ya eran lo suficientemente largos unos dedos empezaron a nacer y se formaron unos brazos perfectos. Se volvieron del mismo color que la masa que se acercaba. A medida que se iba completando el proceso, empezaron a moverse de izquierda a derecha rítmicamente.Poco a poco se formaron también a mi alrededor y también por toda la pared que mi vista alcanzaba a ver. Se empezó a desprender calor de ellas. La temperatura se estaba volviendo infernal. El pequeño ser me miraba sin saber que hacer. Todo había sucedido tan rápido que resultaba mareante. Una idea vino a mi cabeza, era mi única salvación, mi última oportunidad. Aspiré profundamente, miré mi mano y la apoyé en la pared caliente.
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