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lunes, 19 de septiembre de 2011

Musgo y fuego verde

El monstruo estaba a poca distancia de mí. La roca estaba casi pulida. En uno de los lados tenía una punta afilada. La lancé con rabia. Durante su trayectoria empezó a girar con furia. El guardián no tuvo tiempo pare reaccionar. Le dio de lleno en el hombro. Se paró irritado. Cuando se quitó la piedra, el musgo se le quedó pegado. Quitándole importancia siguió avanzando hacia mi.  Justo cuando me iba a atacar con un nuevo zarpazo, el musgo se movió de sitio. Se deslizó hacia el cuello y comenzó a extenderse por todo el cuerpo. Su velocidad era tan rápida que el guardián no tuvo opción a arrancárselo. Pronto le cubrió todo el cuerpo. Sus movimientos se entorpecieron. Intentó golpearme pero apenas pudo levantar el brazo. Su compañero acudió a socorrerle. Dado que no podía hacer nada, se giró en mi dirección. Tenía los ojos llenos de cólera. Me asusté. Busqué más rocas a mi alrededor. Ni una encontré. Había utilizado todas las que se encontraban en aquella zona. Un vistazo rápido me bastó para localizar las demás. Estaban todas detrás del monstruo. Tenía que llegar hasta allí de alguna manera.
Miré a Asks. Comprendió mis intenciones. Empezó a moverse rápidamente de un lado a otro para confundir a su adversario. El pequeño ser seguía con sus ataques en el aire. Eran ataques pequeños pero efectivos. Con tres saltos más Asks se situó al lado de mi adversario. Tenía que ser una maniobra muy rápida. No tenía mucho tiempo antes de que el segundo guardián se abalanzase sobre el felino. No podía luchar con dos a la vez. Aproveché el momento de despiste. Rápidamente me deslicé al otro lado. Iba pegado a la pared. No podía permitir que se diesen cuenta de la estratagema. Conseguí llegar al lugar en el momento justo. Asks no podía aguantar más. La energía de su fuego estaba disminuyendo. Aquellos ataques estaban durando demasiado tiempo. Cogí dos rocas y me concentré. Empezaron a girar a mucha velocidad sobre la palma de mi mano. El monstruo se dio la vuelta. Intenté concentrarme aun más. Debía actuar con la mayor prontitud posible. Mi mano verde empezó a brillar con mucha intensidad.  Era tanta la energía que tenía acumulada que noté como la temperatura de mi cuerpo subía. Cuando la piedra estuvo casi completamente pulida una llama verde se encendió. El fuego se había encendido directamente en mi mano.  Lancé las dos piedras hacia el guardián. Una de ellas estaba cubierta de musgo y la otra de fuego. Una combinación mortal. Las puntas afiladas se clavaron en cada uno de sus hombros. Un grito desgarrador salió de su garganta.  Las llamas se extendieron. Alcanzaron al oponente del pequeño ser. Los dos cayeron fulminados en el acto. El musgo se extendió por todo su cuerpo. Les dejó inmovilizados. El fuego hizo el resto. Ya solo quedaba uno. Asks estaba en sus últimas fuerzas. EL pequeño ser yacía en el suelo con la profunda herida torturándole

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viernes, 16 de septiembre de 2011

Situación peligrosa

Miraba por todos lados. Quería encontrar algo que me sirviese para enfrentarme a ellos. Había pequeños trozos de roca rota distribuida por varias partes de la estancia. Poco más. Debería contentarme con eso. Los guardianes no parecían muy rápidos. Quizás si les esquivaba y cansaba, podría conseguir alguna ventaja sobre ellos. En este caso la diferencia de fuerza era demasiado evidente.  Apareció un guardián más detrás de Asks. Ahora eran cuatro.
Mis manos habían alcanzado la temperatura adecuada para transformarse. Su característico brillo aparecía poco a poco. Esta vez, una de ellas había adquirido una tonalidad verde musgo. La otra seguía con su característico dorado. Las llamas de Asks habían aumentado de tamaño. Por su parte, el pequeño ser estaba en un semi-estado de trance.
Los guardianes se estaban acercando poco a poco. Habían formado un círculo entorno a nosotros. Estaban tan seguros de su superioridad que se podía ver el júbilo en sus ojos. Asks estaba muy intranquilo. No aguantaba aquellos minutos de tensión en los que no sucedía nada. Expulsó fuego por la boca. Hirió a uno de los guardianes. Esto les enfureció. Se acercaron a nosotros a más velocidad. Uno de ellos intentó darme un zarpazo. Logré esquivarlo por pura suerte. Eran de lento caminar, pero  movimientos rápidos. No me dio tiempo a recuperar el equilibrio, cuando otro zarpazo me alcanzó. Esta vez no pude esquivarlo. Mi hombro se llevó la peor parte. Cuatro poderosas marcas se quedaron clavadas en él. Intente canalizar el dolor hacia otro lado. No podía darme por vencido tan fácilmente.  Cuando un nuevo zarpazo iba dirigido hacia mi cara, salté hacia un lado. Giré a la izquierda y coloqué unos segundos mi mano dorada en su pierna. Un rayo de energía salió de ella en forma de electricidad. Cayó al suelo del fuerte calambrazo. Gané un poco de tiempo. Me acerqué corriendo hacia una de las rocas caídas. Un segundo guardián me persiguió. Levanté la roca y se la tiré. La esquivó sin problemas. Mi plan había fallado. La tensión en el ambiente crecía. El pequeño ser esquivaba los golpes levitando. Se apresuró a subirse a la cabeza del guardián. No lo consiguió. El monstruo le tiró al suelo. Balder se levantó otra vez. Necesitaba más precisión para llevar a cabo su plan. Un arañazo en su tripa hizo que el suelo se tiñese de rojo escarlata. El monstruo no tenía ni un rasguño. No se desanimó. Sus movimientos en el aire eran más lentos que antes. La herida le sangraba mucho. Nadie podíamos ayudarle. Asks estaba ocupado lanzando fuego a su oponente. Era el único que había conseguido algún progreso.
El primer guardia se recuperó. Fue a buscarme. Ahora tenía a dos pisándome los talones. Recogí unas cuantas rocas. La mano verde empezó a brillar. Empecé a girar la piedra. Cuanto más brillaba mi mano, más se pulía la roca. El musgo empezó a crecer en ella. No tenía muy claro lo que estaba pasando. No tenía mucho más tiempo.

martes, 13 de septiembre de 2011

Enredaderas de roca

Si volvíamos sobre nuestros pasos, llegaríamos a la cueva de los murciélagos. Si bajábamos por el acantilado, nos descubrirían. ¿Qué otras opciones nos quedaban?. Volví a mirar por la ventana. Allí estaba la rosa, era la más grande que habíamos visto hasta entonces. Aquello tenía que ser una señal importante. Quizás estuviésemos cerca. Miré al suelo, ahora había cuatro guardianes. Aquello representaba un gran problema. Miré a mis compañeros, estaban demasiado exhaustos para pensar.
Dado que allí estábamos a salvo, acampamos para descansar un par de horas. En cuanto cerré los ojos, las pesadillas volvieron a mí. Poblados quemados, personas hechas prisioneras y ejecutadas, los sollozos de los niños inundaban mis oídos. A pesar de estar profundamente dormido, sabía que era un sueño. Sin embargo, ello no me quitaba la angustia. Me desperté empapado en sudor. Teníamos que avanzar, sino aquellas pesadillas se comerían mis recuerdos más felices. Vino a mi mente mi pequeña princesa, no sabía que había pasado con ella. Miré por la ventana para comprobar cómo estaba la situación. La rosa brillaba más que nunca, solo había un guardián. Era nuestra oportunidad. Íbamos a  aprovecharla.
El pequeño ser dio instrucciones a los duendecillos. Debían tejer una enredadera que no fuese demasiado grande, para que pasase desapercibida, pero sí lo bastante fuerte como para que pudiésemos bajar por ella. En seguida, se pusieron manos a la obra. Con sus manos intentaron teñirla del mismo color que las rocas. Más o menos, consiguieron camuflarla. Había que reconocer que eran muy habilidosos. Con cuidado de no hacer ruido, la enredadera se deslizó por la ventana y llegó al suelo.
Cerré los ojos para relajarme. Era hora de intentar bajar. Yo era primero, el pequeño ser me seguiría. Asks no estaba convencido con la enredadera, iba a buscar su propio método. Cuando mis pies se quedaron colgando, me di cuenta de que era más empinado y alto de lo que esperaba. Esperaba tener bastantes fuerzas como para bajar hasta el suelo. Mis músculos estaban en tensión. La enredadera era dura como una piedra. Tan solo llevaba un cuarto de camino, cuando las heridas se empezaron a producir en mis manos. Intentaba respirar profundamente. No podía hacer ruido. Todo mi cuerpo estaba en tensión. Conseguí bajar a la mitad, allí descansé un poco. Ruido.Mis sentidos se pusieron alerta. Por algún lado se acercaban más guardianes. Nuestros planes habían caído en desgracia.

martes, 23 de agosto de 2011

La reunión de la élite

El pequeño ser se encontraba tan aterrorizado que durante unos segundos no pudo ni moverse. Intenté consolarle, pero ni aquello ayudaba a calmar sus temblores. En aquel momento apareció Asks, me asusté. No me lo esperaba, se había evaporado como si fuese aire después de la batalla. Sus llamas azules volvían a relucir en todo su esplendor. Se acercó a mi a paso lento. Suspiró profundamente y empezó a lanzar fuego azul de su boca. Era un fuego delicado, no pretendía quemar a nadie, tan solo dibujar un lienzo. Con diversas imágenes me explicó que no podía permanecer estancias prolongadas en la tierra. Debía volver bajo ella para recargar su energía. Allí es donde se encontraba su fuerza. Cuando terminó, miró al pequeño ser con preocupación. Inclinó la cabeza, se puso a su altura y le animó a ser valiente.
El pequeño ser soltó mi pierna y me tocó la mano. Una vez más estaba estableciendo una conexión mental conmigo. A la vez me indicó mediante gestos que tocase a Asks. Supuse que así podría traspasar la información a él también. Me concentré. De repente me encontré en un torbellino. El aire era muy fuerte y me arrastraba de un lado hacia otro. Cuando finalmente paró, me encontré en una sala oscura. En el centro había una mesa alargada y muchas sillas a sus alrededores. Cada una de ellas tenía su nombre grabado en plata. Miré los nombres: Astra, Alfihari, Jotan, Bjorn, Sutherland... no me dio tiempo a mirar más. Una gran puerta de madera se abrió ante mis ojos y empezaron a entrar ellos. Su vestimenta se formaba por largas capas de colores negros y grises oscuros. Una gran capucha cubría sus rostros. Cada uno de ellos se sentaron en aquellas sillas con nombre. Cuando estuvieron todos en sus sitios, dejaron sus caras al descubierto.
Mi cuerpo se estremeció entero cuando enfrente de mi vi a Skule. Tenía algunos arañazos en la cara, pero nada más. Parecía muy enfadada. A su lado se encontraban hombres y mujeres muy pálidos. Eran blancos como la porcelana.  Uno de los hombres tenía una cicatriz que le traspasaba la cara de un lado hacia otro, otra mujer tenía los dedos de la mano derecha rojizos color sangre... y cada uno tenía una característica particular. Una neblina blanca empezó a aparecer y volví al bosque.
Estaba totalmente aterrorizado por lo que había visto. Ahora ya comprendía el shock que había sufrido el pequeño ser. Me senté en el suelo para tranquilizarme un poco. Aquella visión había echo despertar unos temores que sobrepasarían a cualquier ser humano.
-Skule esta reuniendo a la élite de sus guerreros, lo que has visto es un consejo de guerra- me explicó el pequeño ser- no la gustó lo que pasó en la batalla. Que el árbol despertase, no ha sido buena señal para ellos. El ser supremo la ha aconsejado que organice este consejo-.

sábado, 6 de agosto de 2011

Sombras guerreras

Mientras me recuperaba del golpe, escuché como el viento empezaba a silbar. Eran sonidos cortantes, como los de un arma.  Me levanté rápidamente. Las sombras se movieron con rapidez. No tenía muy claro quienes eran, pero me dieron esperanza. Me acerqué al que quería ser mi verdugo. Esta vez le pillé desprevenido yo a él.  Le impacté un puñetazo por detrás de las rodillas. Cayó e intentó clavarme una de sus pezuñas. Logré esquivarla en el último momento. Giré hacia la derecha. Le dí un certero golpe en el cuello. Se quedó inmóvil. Intentó atacarme nuevamente utilizando sus escamas. Le engañe y golpeó el aire. Le agarré el brazo, y se lo clavé en el estómago. Se retorció de dolor, cayó. Era el primer caído en batalla. El primer ser al que quitaba la vida. Aquella imagen no se borraría de mi mente. Le dejé atrás. Me acerqué a los árboles para ver de cerca las sombras. El pequeño ser no se apartaba de mi lado. El olor a sangre inundó aquel claro de bosque. Las sombras se movían con rapidez. Unas luces desconocidas impactaron en algunas armaduras. Lo vi claramente, los druidas habían acudido en nuestra ayuda. Un monstruo se acercó a mí por la derecha. Otro apareció a mi izquierda. No tenía mucho margen de movimiento. Debía actuar con convicción.