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martes, 15 de noviembre de 2011

Furia


Kaysa me cogió la cara con las manos. Me miró con serenidad. Mi mente se lleno de océanos en calma. El sonido de las olas amansó un poco mi dolor. Me puse en pie. Tenía que seguir mi camino. Debíamos salvarla. No sabíamos dónde se encontraba. No sabíamos que había tras ese puente. Me daba igual. La rescataría costase lo que costase. Su vida era más importante que la mía. Tan frágil, tan inocente.
Mis pies eran de plomo en aquel momento. Les obligué a avanzar. El dolor fue menguando. En su lugar estaba naciendo otro sentimiento. Una extraña sensibilidad. Mi temperatura corporal estaba subiendo. Mis sentidos se estaban agudizando. Kaysa se alejó asustada. Sentí como la furia se apoderaba de mi interior. Mis pulsaciones aumentaban. Mi respiración se hacía más fuerte. Me sentía mejor. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Astra

Axel pasó de largo. No nos había visto. Suspiré profundamente. Kaysa y Balder se habían quedado totalmente congelados. No entendían cómo no nos había visto. Tampoco yo sabía cómo reaccionar.
-No te voy a estar salvando siempre- le volvió a repetir aquella voz- de hecho, puede que esta sea la última vez- y una melodiosa risa se apagó en mi cabeza.
-Prosigamos, no volverá.- respondí de manera agresiva. La náyade me miró extraña, sabía que estaba escondiendo algo. El pequeño ser ni siquiera me miró, parecía molesto también. Yo volvía a ser un cobarde, pero no sabía que decirles. Las pequeñas serpientes saltaban de un lado hacia otro del puente. Era bastante incómodo esquivarlas. Teníamos que prestar mucha atención, pero después del susto de Axel, nos parecía un juego de niños.
No avanzamos mucho más, cuando de repente Kaysa se detuvo.
-Escondeos- gritó con todas sus fuerzas- acercaos a la madera lo máximo que podáis- su voz sonaba con una angustia infinita- se agarró fuertemente a una tabla de madera de la barandilla- mimetizaros con el puente- exhaló en un último intento de llamar nuestra atención.
El pequeño ser y yo nos miramos y rápidamente la hicimos caso. Pocos segundos después el líquido de la ciénaga comenzó a moverse. Una imagen se proyectó por todas las superficies líquidas cercanas. Era Astra. El miedo me paralizó.




viernes, 11 de noviembre de 2011

Una sombra en el cielo... una voz en la cabeza...

Lo único sólido del puente eran las barandillas. El resto de las tablas parecían podridas. Algunas estaban  rotas, otras no, pero ninguna me inspiraba confianza.
-No nos queda otra- dijo la náyade- es el único camino que hemos encontrado y no podemos perder más tiempo- continúo, y después de un instante de reflexión añadió- además siento que nos vigilan, algo malo se acerca-
-La idea no me entusiasma, pero estoy de acuerdo contigo- la contesté- vamos adelante- y di el primer paso.
El pequeño ser siguió tras de mi y Kaysa cerró la marcha. Tenía que expandir las piernas y andar apoyando cada pierna en una de las barandillas. Era bastante complicado. La náyade tenía los mismos problemas que yo. Teníamos la esperanza de que no fuese un camino muy largo. Por su parte, Balder se encontraba cómodo, sus pequeños pies cabían sin problemas en una de las barandillas laterales. Una sonrisa nació en mis labios. No recordaba la última vez que eso había pasado. 
De repente, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Había algo que mis ojos no llegaban a ver, pero mis sentidos si que notaban. Una sombra lejana apareció en el cielo. A mi cabeza tan solo vino un nombre. Axel. Estábamos a bastante distancia de tierra firme. No teníamos dónde escondernos. 
-¿Otra vez metiéndote en problemas?- escuché una voz aterciopelada en mi mente. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Viejo puente

La vuelta a la realidad del  camino no fue fácil. Me había acostumbrado al agua y a los pasadizos, que a pesar de ser oscuros, era menos tétricos. El bosque estaba lleno de maldad, magia negra y hechizos mal intencionados a medio hacer. No había atisbo de esperanza. Además, allí nuestros enemigos nos podían descubrirnos con más facilidad. De repente, me acorde de Axel. Tan solo había visto su sombra pero bastó para que se me helase la sangre. Pensar en sus poderosas alas, hacía que todo mi cuerpo se estremeciese de terror.
 Un viejo puente a punto de derrumbarse nos esperaba.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Brillo de flechas

Estábamos escondidos cerca de la orilla. Entre los matorrales y las piedras. Todavía no estaba lo suficientemente fuerte como para poder caminar sin problemas. El pequeño ser intentaba aliviar mis dolores. Allí dónde me había mordido la poderosa serpiente, ahora había una gran cicatriz. En esa zona la piel se había quedado muerta y helada. Parecía que iba a tener  aquella cicatriz de por vida. Me estremecía solo de pensarlo.
La náyade por su parte había creado minúsculas esferas de cristal. Estaban llenas de agua. Podían resistir mucho tiempo sin estropearse, y servirían a Kaysa para mantenerse húmeda. Llevaba días ocupada con aquellos conjuros. En sus descansos venía a verme y me contaba leyendas e historias sobre el agua. Ella sí que conoció la época de la luz y los colores. En sus ojos se denotaba nostalgia por los tiempos pasados. Me mostró tanta confianza que una vez más me sentí cobarde. No podía desvelar el misterio de los ojos verdes. Tampoco sabría como explicarlo.
Cuando ya me encontraba un poco mejor, comenzamos a practicar con el arco. Kaysa me proporcionó flechas normales. Las que rescató de la cueva las tenía bien escondidas. No me reveló el por qué. Lo que sí me percaté, era que a pesar de que estaban escondidas, brillaban. Iba a ser complicado pasar desapercibidos con ellas. Despertaban mi fascinación.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ojos verdes

Tenía un nudo inmenso en la garganta. Quería gritar y no podía. Quería huir y no podía. Tres individuos de la élite estaban ante mí. Tan temerosos, tan oscuros. La maldad y la magia negra respiraban por cada poro de su piel.  Uno de ellos me miraba constantemente, los otros tres miraban lo que me rodeaba. Probablemente estaban tanteando dónde me encontraba. Tenía que huir de allí. De repente me acordé de la náyade y del pequeño ser. No recordaba nada, hacía muchas horas que no les veía. Pensé unos segundos. Rebusqué en mi mente. Tan solo recordaba colores llamativos y voces angelicales. Ahora era todo oscuro, como antes. Era extraño. No sabía si había sido un sueño. O quizás la realidad. Tendría que hablar con mis compañeros.
Una sonrisa se dibujó en los labios del ser más alto. Satisfecho por lo descubierto, empezó a desaparecer. Justo en el momento que iban a desvanecerse por completo, una figura adolescente apareció en el plano. Se asomó por detrás de ellos, una chica. El abundante flequillo negro de su frente no tapaba unos grandes ojos esmeralda. Tampoco los tapaban sus horquillas con forma de hojas.  Me estaba observando. Las facciones perfectas de su cara revelaban pensamientos malignos.  La mujer de la élite se dio la vuelta y gritó algo. La muchacha desapareció al instante, no sin antes dejar una huella helada en mi mente y en mi cuerpo. Después de eso, las imágenes desaparecieron.Todo volvió a ser oscuro. La densa agua que me rodeaba, el suelo, los seres microscópicos, todo negro.
La náyade se encontraba enfrente, a mi lado unas sirenas impactadas por lo visto. El pequeño ser apareció de la nada. Todo era confuso, no sabía que había sucedido.  

jueves, 13 de octubre de 2011

Fondo del agua

Cerré los ojos. Parecíamos marionetas en un circo salvaje. Estaba mareado. El torbellino nos había tragado por completo. Girábamos con tal violencia que sentía como mi estómago bailaba la danza del fuego. Además, la succión era muy fuerte. Cada vez estábamos más cerca del agujero principal.
El pequeño ser fue el primero en pasar por el agujero, la náyade entró poco después. A mi me costó un poco más. Era más grande que los demás y me quedé encajado. Al final la presión ejercida por el agua hizo estallar unas cuantas rocas. Fragmentos de piedras salieron por todos lados. Uno me golpeó la cabeza. El dolor me estremeció, pero no lo suficiente como para dejarme inconsciente. Aún así mi cuerpo pasó con mucha dificultad por el agujero. Cuando por fin estuve al otro lado, sentí la libertad plena. Libertad de movimientos e incluso libertad de pensamiento. Mis ojos todavía no se habían acostumbrado a la oscuridad, pero sentir el cuerpo tan liviano me llenaba de gozo. Tenía que buscar a los demás. Moví mi cabeza de un lado hacia otro. Esperaba recuperar la visión pronto. Después de tres movimientos de cabeza más, mi visión se volvió más nítida.
Me quedé petrificado ante la imagen que tenía enfrente. Multitud de algas negras se mecían de un lado a otro. Estaban llenas de pequeñas espinas. Se entrelazaban unas con otras formando un complejo laberinto. La tierra de la que nacían, era totalmente negra. Estaba formada por una arena muy fina. Me acerqué para contemplarla. Me parecía fascinante. En cuanto toqué el suelo una alga se entrelazó en mi pierna. Me dio una fuerte descarga eléctrica. Tenía que quitármela de encima. Pasaron unos segundos, una nueva descarga se produjo. Esta vez era más fuerte.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Torbellino

Cuando nos sumergimos, pequeñas explosiones de luz se produjeron en el pecho de Kaysa. Sus ojos se abrieron y cerraron rápidamente. Se alejó de mis brazos. Un remolino de agua nació a su alrededor. Todo se movía con tal armonía que parecía un melodioso recital.  Poco a poco despertó.
Desprendía una energía tan desbordante que nos contagió a todos. Nos sonrió agradecida y enseguida se fue al fondo del calabozo. Empezó a buscar algo. La acompañamos, pero nos quedamos mirando. No sabíamos que hacía, ni que debíamos hacer nosotros.  Al fin, llegó al hueco por donde salía el agua. Era muy pequeño, su cara denotaba preocupación. Se quedó pensando unos segundos. Empezó a girar sobre sí misma otra vez. Se acercó al insignificante agujero. Lo tocó con un pie mientras seguía girando. Debido a la presión y al movimiento rápido, el agujero inició su extensión. Era mágico ver aquello. Cuando hizo un agujero medianamente aceptable, paró de girar. El agua comenzó a salir con más violencia. Se inundó toda la estancia en cuestión de segundos. Cuando el agua dejó de tener espacio para expandirse, se formó un gran torbellino. Los anillos que lo formaban eran poderosos. Nos empezaron a arrastrar hacia ellos. No teníamos donde sujetarnos. La presión ejercida era demasiado grande. Nos vimos arrastrados con violencia hacia el fondo. Empezamos a girar. La cabeza me daba mil vueltas. Me sentía como si me cayese al precipicio. El torbellino nos succionó hasta que nos adentramos en el agujero.


viernes, 16 de septiembre de 2011

Situación peligrosa

Miraba por todos lados. Quería encontrar algo que me sirviese para enfrentarme a ellos. Había pequeños trozos de roca rota distribuida por varias partes de la estancia. Poco más. Debería contentarme con eso. Los guardianes no parecían muy rápidos. Quizás si les esquivaba y cansaba, podría conseguir alguna ventaja sobre ellos. En este caso la diferencia de fuerza era demasiado evidente.  Apareció un guardián más detrás de Asks. Ahora eran cuatro.
Mis manos habían alcanzado la temperatura adecuada para transformarse. Su característico brillo aparecía poco a poco. Esta vez, una de ellas había adquirido una tonalidad verde musgo. La otra seguía con su característico dorado. Las llamas de Asks habían aumentado de tamaño. Por su parte, el pequeño ser estaba en un semi-estado de trance.
Los guardianes se estaban acercando poco a poco. Habían formado un círculo entorno a nosotros. Estaban tan seguros de su superioridad que se podía ver el júbilo en sus ojos. Asks estaba muy intranquilo. No aguantaba aquellos minutos de tensión en los que no sucedía nada. Expulsó fuego por la boca. Hirió a uno de los guardianes. Esto les enfureció. Se acercaron a nosotros a más velocidad. Uno de ellos intentó darme un zarpazo. Logré esquivarlo por pura suerte. Eran de lento caminar, pero  movimientos rápidos. No me dio tiempo a recuperar el equilibrio, cuando otro zarpazo me alcanzó. Esta vez no pude esquivarlo. Mi hombro se llevó la peor parte. Cuatro poderosas marcas se quedaron clavadas en él. Intente canalizar el dolor hacia otro lado. No podía darme por vencido tan fácilmente.  Cuando un nuevo zarpazo iba dirigido hacia mi cara, salté hacia un lado. Giré a la izquierda y coloqué unos segundos mi mano dorada en su pierna. Un rayo de energía salió de ella en forma de electricidad. Cayó al suelo del fuerte calambrazo. Gané un poco de tiempo. Me acerqué corriendo hacia una de las rocas caídas. Un segundo guardián me persiguió. Levanté la roca y se la tiré. La esquivó sin problemas. Mi plan había fallado. La tensión en el ambiente crecía. El pequeño ser esquivaba los golpes levitando. Se apresuró a subirse a la cabeza del guardián. No lo consiguió. El monstruo le tiró al suelo. Balder se levantó otra vez. Necesitaba más precisión para llevar a cabo su plan. Un arañazo en su tripa hizo que el suelo se tiñese de rojo escarlata. El monstruo no tenía ni un rasguño. No se desanimó. Sus movimientos en el aire eran más lentos que antes. La herida le sangraba mucho. Nadie podíamos ayudarle. Asks estaba ocupado lanzando fuego a su oponente. Era el único que había conseguido algún progreso.
El primer guardia se recuperó. Fue a buscarme. Ahora tenía a dos pisándome los talones. Recogí unas cuantas rocas. La mano verde empezó a brillar. Empecé a girar la piedra. Cuanto más brillaba mi mano, más se pulía la roca. El musgo empezó a crecer en ella. No tenía muy claro lo que estaba pasando. No tenía mucho más tiempo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Esperando

Asks siguió avanzando mediante sus escalones de fuego. Me obligué a mirar al suelo. Mi cabeza trabajaba a una velocidad de vértigo para trazar un plan. Llegué a controlar mis impulsos y pude concentrarme para analizar de forma rápida a aquellos guardianes.  Tenían un tamaño más robusto de lo que esperaba. Sus caras negras eran complicadas de describir. Pero el sentimiento que producían era claro. Temor. Sus cuatro poderosos dedos me recordaban a las garras de la bestia. Eran poderosos, debíamos evitarlos a toda costa.
-Erwan el bastardo de los duendes ha llegado- gritó repentinamente uno de los guardianes con una tronadora voz. Aquello no me lo esperaba. Mi sangre se heló. Aquello solo podía significar una cosa. Nos habían visto antes, pero esperaron pacientemente a que descendiésemos. Ya no teníamos vuelta atrás. Los guardianes estaban muy relajados mirando arriba. Sabían que su superioridad era infinita.
Cuando Asks estuvo a mi altura, nos miramos. Sin pensarlo más saltamos al terreno de batalla. Me sentía como un gusano que se enfrentaba a una montaña. Asks se colocó a mi lado derecho y el pequeño ser al izquierdo.
Las llamas del felino aumentaron. El pequeño ser comenzó a concentrarse. Pronto sus ojos cambiaron a color rojo sangre. A pesar de que mi cuerpo se estremecía, mis manos empezaron a calentarse. Estaba acumulando energía.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Un acantilado

La luz. Aquel era mi destino. Encontrarla y llevarla de vuelta al cielo. No sabía cómo podía hacerlo. Me agobiaba, los días pasaban y no veía progresos de ningún tipo. Cuando nos recompusimos de nuestra batalla con los murciélagos, nos pusimos en marcha otra vez.  El pasillo era más oscuro que el anterior. Lleno de humedades y gotas  por todos lados. Sentía la pesadez de la capa mojada en mis hombros. Esto añadido al cansancio, hizo que mi paso se ralentizase.
En las rocas que nos rodeaban empezó a aparecer musgo. Poco a poco se expandía por todo el espacio. Parecía como si nos estuviésemos acercando a algún lago. La carencia de símbolos nos desanimó un poco. Habíamos emprendido aquel camino sin fin. Tan repetitivo, tan sombrío. Descansamos un poco. Todo estaba en silencio, no nos apetecía ni hablar. Aquel paisaje estaba mermando nuestro positivismo. Los diablillos ya no saltaban, y el pequeño ser refunfuñaba.
Cuando proseguimos el panorama no cambió. Al menos, el musgo del suelo era mullido e insonorizaba nuestras pisadas. Después de horas, algo cambió. El camino se volvió empinado. Estábamos subiendo arriba. Tenía que agarrarme al suelo para no perder el equilibrio. Por suerte no era muy largo. Llegamos a una pequeña sala. Había una ventana en uno de los lados. Al otro lado se veía algo de iluminación. Con mucha cautela me asomé. El vértigo invadió todos mis sentidos. Tuve que apartarme de allí. No pude volver a asomarme hasta que me tranquilicé. Cuando asumí la altura, mi cabeza volvió a asomarse. Estábamos en un escarpado acantilado. Abajo en el suelo había luces. Al agudizar el oído, escuché un murmullo. Intenté ver más allá, pero no distinguí las figuras.
Justo cuando iba a retirarme de la ventana, algo llamó mi atención. La marca de una rosa de fuego a mitad de camino entre el suelo y donde estábamos nosotros. Aquello era buena señal, el camino era el correcto. El problema sería cómo bajar de allí, y, quienes eran ellos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Manto de calor

Aquel fuego repentino les confundió. Subieron hasta el techo. Aprovechamos aquel momento para avanzar. Nos encontrábamos a mitad de camino cuando descendieron en picado. Las llamas de Asks ya no eran capaces de retenerlos. El primero aterrizó en mi cabeza. En seguida, empezó a revolotear entre mi pelo. Me clavó sus dientes en la parte derecha. Pegué un grito. Puse todo mi empeño en quitármelo de encima. Se había enredado totalmente. Era muy complicado hacer algo al respecto. Me hizo otra pequeña incisión. Los demás murciélagos comenzaron a revolotear a nuestro alrededor.
Miré al pequeño ser. Vino corriendo y me tocó brevemente la pierna. Me inyectó una dosis fuerte de energía. Mis manos empezaron a calentarse. Justo antes de que el murciélago me clavase los dientes por tercera vez, le agarré por el pescuezo. Me concentré aún más, y le hice una quemadura. Un chillido muy agudo salió de su garganta. Conseguí apartarle de mí. Sabía que aquella quemadura le había hecho enfurecer. Fue complicado aumentar mi concentración cuando veía que mis compañeros estaban siendo atacados. Además, el dolor que estaba bajando por todo mi cuerpo mermaba mis energías.
Levanté los brazos y el ambiente empezó a calentarse. Formé una pequeña capa protectora de calor entorno a mí. Intenté expandirla a los demás, pero fue imposible. Fui hacia donde estaba el pequeño ser, y fuimos corriendo hacia el otro extremo. Mi energía cada vez era más débil. No iba a conseguir transportar a todos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La senda de la rosa

-¿Por dónde deberíamos ir?- le pregunté al pequeño ser, el cual levantó los hombros en señal de incertidumbre- pues debemos pensarlo bien-.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.

lunes, 29 de agosto de 2011

Hundimiento en el lodo

Miré al caballo de fuego. Le indiqué mediante gestos que escapase volando. En aquel momento, sus llamas eran negras, no supondría para él un gran esfuerzo, para pasar desapercibido. Los demás, debíamos buscar una solución rápida. Cuando más se aproximaba aquel ser volador, más grande era. Me recordaba vagamente a los cuervos contra los que luché tiempo atrás.
Miré al lodo, las extrañas siluetas seguían apareciendo. De alguna manera me resultaban familiares. Tenían algunos rasgos que se podían asemejar a la ninfa del árbol. Por desgracia, no podía afirmarlo. La sucesión de imágenes era demasiado rápida. Miré al cielo, aquello se aproximaba. Di un paso hacia atrás. Me asusté.  El lodo se empezó a elevar a mi alrededor. Miré mis pies. Se estaban hundiendo. La tierra que había debajo de ellos, había desaparecido. En un intento desesperado, miré a los demás. Estaban teniendo los mismos problemas que yo. Intenté luchar contra ello, intenté salir de aquel humedal. Era imposible.
El movimiento de las siluetas se empezó a volver frenético. Nos estaban invitando a adentrarnos en la ciénaga. Empezaron a surgir pequeños montículos. De ellos crecieron ramificaciones. Por último se transformaron en delgados brazos. La sucesión fue demasiado rápida. No nos dio tiempo a volver sobre nuestros pasos.
Tiraron de mi ropa. Cogieron los pequeños agujeros que había en mis pantalones y comenzaron a tirar hacia abajo. Luchaba con todas mis fuerzas, pero mis pies se hundían y aquellos brazos precipitaban mi hundimiento. No podía pedir ayuda a nadie, todos estábamos batallando contra lo mismo. Al final, aquel ser volador iba a ser el menor de nuestros problemas. Todavía no nos había descubierto, una tenue sombra nos daba cobijo.
El lodo se tragó rápidamente todo mi pecho. Iba a por mi cuello. Yo no quería, intentaba con todas mis fuerzas mantenerme a flote. Al final mi cabeza sucumbió a las circunstancias. Intenté tomar el último aliento.

viernes, 19 de agosto de 2011

Camino hacia el centro del bosque

Igual que llegaron los caballos blancos, se fueron.  No sabía de donde eran, pero, era una lástima que aliados tan valiosos desapareciesen en el horizonte. Intentaron volar junto con las nubes bajas para no ser descubiertos hasta que al fin, pudieron perderse en las alturas del cielo.
Los druidas se convirtieron en sombras, y, también se fueron. Llevaban consigo a sus muertos, debían darles un enterramiento digno de su condición. Aquella ceremonia duraría unos días, así que nos íbamos a quedar en la más absoluta soledad. Nadie a quién recurrir, cuando el peligro de muerte volviese a llamar a nuestras puertas.
Después de comer algo y relajarnos, decidimos continuar nuestro camino. Cuando nos levantamos, los diablillos hicieron su aparición.  Me extrañó que no hubiesen desaparecido junto con la mujer del árbol. Intenté hablar con ellos, pero no me hacían caso. Tan solo se dedicaban a jugar y a saltar de un lado hacia otro. Al final me cansé y dejé de prestarles mi atención. Nos pusimos en marcha, el caballo de fuego había adoptado otra vez las tonalidades oscuras para pasar desapercibido.
-No tienes la sensación de que los árboles son más oscuros aquí?- le pregunté al pequeño ser.
- Es cierto, están más infectados- me contestó mentalmente. Aquel restablecimiento de conexión me llenaba de tranquilidad- si mis cálculos no fallan nos estamos acercando hacia la parte central del bosque. Es una de las zonas más peligrosas, no se sabe exactamente que hay allí, pero las leyendas cuentan que torturas inimaginables esperan a quién se atreve a adentrarse- dijo mirándome a los ojos fijamente.
-Entonces, ¿hasta ahora estábamos en la periferia?- pregunté atónito.
-Sí,  tan solo era el extrarradio- y dicho esto cortó la conexión.
Me quedé inquieto por aquella afirmación. Un nudo se formó en mi estómago, si aquellas leyendas eran ciertas, tan solo habíamos atravesado la parte fácil del camino.  Lo que nos esperaba no sería nada bueno y aquello no presagiaba nada bueno. 

martes, 9 de agosto de 2011

Personificación tallada en madera

Aquella nube de polvo negro nos dejó en la más absoluta oscuridad. Era imposible mirar a algún lado, y, el valiente que lo intentaba conseguía, por respuesta un abismal escozor en los ojos. Sonidos huecos y golpes al aire se escuchaban perdidos por el horizonte. Aquella pérdida de visión había enfurecido a los monstruos. Destellos muy leves salían de sus armaduras, casi imperceptibles. Debía intentar concentrarme en mis otros sentidos.
Sentí la mano del pequeño ser apoyada en mi gemelo. Me daba la seguridad que yo había perdido con cada golpe recibido. Cerré los ojos y abrí mis oídos. Demasiados sonidos lejanos y ninguno cercano. Debía separarlos y meterlos en cajones diferentes de mi mente. Intenté escuchar los detalles.
Tenía un soldado enfrente. No podía calcular exactamente a que distancia estaba. Di un paso hacia él, pero no sentía su presencia. Intenté ser cuidadoso y dar unos pasos más. Cuando sentí el calor que desprendía su cuerpo, mi bastón habló por si solo. En círculos golpeó sus rodillas haciéndole caer. Gritó de dolor y alertó a los demás. Vinieron corriendo tropezándose con todo lo que había a su paso.
En el otro lado del claro, una llama azul empezaba a renacer. Era débil y parpadeante. El hechizo que había ejecutado Skule era demasiado fuerte para poder contrarrestarlo. Mientras intentaba concentrarme, recibí un certero golpe en la cabeza. Un dolor agudo estalló en todo mi ser. Con dos grandes zancadas me alejé de allí. Eran demasiados para poder salir victorioso. Debía idear algún otro plan.  Aislé mi dolor como pude y volví a concentrarme en el oído y en el olor. El repicar de las hachas empezó a ser rítmico. Estaban destrozando algo, aunque no sabía el que.
Miré a lo lejos, las llamas azules de Asks seguían sin producir luz suficiente. Algo estaba sucediendo y  huía de mi conciencia. Me estaba poniendo nervioso. Unas cuantas astillas llegaron a mis manos. Ahora lo comprendía, aquellos abominables seres estaban intentando talar el árbol.
De repente una luz potente roja se encendió. El árbol entero se iluminó y comenzó a brillar. Sus raíces empezaron a moverse en todas las direcciones posibles. Iluminó toda la superficie con su color.  El tronco parecía como si estuviese hirviendo. Salía vapor de agua por cada una de sus hendiduras. Las astillas que se habían desprendido por los cortes, empezaron a flotar por el aire. Las raíces renacían de sus magulladuras, para ser más fuertes que antes. El tronco empezó a cambiar. Una figura se dibujaba y desdibujaba en cuestión de segundos. Tomaba la forma de una mujer.  Sus ramas se convirtieron en millones de largos dedos acabados en afiladas uñas. Cuando todas y cada una de las ramas adoptaron su forma apareció en el tronco la imagen de una mujer.  Unos grandes ojos se movieron observando todo. Sus uñas empezaron a moverse y las formas de unos pequeños diablillos empezaron  a nacer de las astillas rotas. Se colocaron junto a ella y  también comenzaron a observar todo lo que les rodeaba.
La batalla se había quedado paralizada. Incluso Skule y los druidas miraban boquiabiertos lo que estaba sucediendo enfrente de sus ojos.  Las facciones perfectamente angulosas de la mujer y la dureza de sus ojos, hacían de ella un ser asombroso.
Con una de las ramas, ahora convertida en brazo se tapó la cara y empezó a soplar a través de sus dedos.




viernes, 5 de agosto de 2011

Juego de luces

En la oscuridad empecé a ver espectros. No quería estar allí. Estaba volviendo al árbol donde me había encontrado con aquel ser despreciable y su carruaje lleno de almas perdidas. Intenté luchar contra eso con todas mis fuerzas. Me partiría el alma ver a mi pequeña princesa otra vez entre los barrotes.
Cree una fortaleza mental para escapar de allí. Sentía mi cuerpo húmedo, y quería volver hacia él. Escalofríos recorrían mi cuerpo constantemente. Aquella bilocación hacia mermar mis fuerzas de manera más rápida. Intenté concentrarme aún más, pero cuanto más me acercaba a aquel lugar, más recuerdos venían a mi mente y me resultaba muy complicado.
Un calor repentino recorrió mi cuerpo. Me empezaron a arder los pies y se extendió por todo mi cuerpo. Oscuridad. Abrí los ojos y noté como mis pulmones se quedaron sin aire. Oscuridad.
Me costó abrir los ojos y acostumbrarme a aquella luz repentina. Era azul celeste y la fuente  no se encontraba lejos de mí. Me puse la mano en la frente para protegerme los ojos. El pequeño ser estaba a mi lado. También había caído desde las alturas y todavía se encontraba inconsciente.
El grito de Skule me devolvió a la realidad. Era un grito desgarrador, lleno de odio y rabia.  La luz era demasiado cegadora para poder analizar la situación. Me dí la vuelta y allí vi como los monstruosos súbditos de la hechicera negra se acercaban a pasos apresurados. Me levanté de un salto. Grité al pequeño ser. Debía despertarse, teníamos que enfrentarnos a ellos. Yo solo no podría con todos ellos.
En el lado de la luz, los ruidos y gritos eran muy extraños. Skule estaba luchando contra alguien. Volví a mirar al pequeño ser, se estaba despertando poco a poco. Un sudor frío empezó a resbalar por mi espalda. Los primeros ataques los tendría que afrontar yo solo. Eran demasiados. Necesitaba un plan. Otra vez percibí varias sombras detrás de los árboles lejanos. No sabía si era mi imaginación, estaba confundido. No había tiempo para pensar más, volví a mirar las armaduras azules. El primer soldado dio un salto inesperado e impactó contra mí. Me tiró al suelo. Mi columna vertebral crujió por el impacto. Me había pillado desprevenido. Me costaba respirar.

sábado, 23 de julio de 2011

Locura geométrica

Intenté buscar algún saliente donde agarrarme. Quería frenar aquella caída. No veía nada, tan solo altas llamas a mi alrededor. Cerré los ojos unos segundos, quería despertarme de aquella pesadilla. Cuando los volví a abrir, formas geométricas empezaron a aparecer por todos lados. Se movían a una velocidad tan rápida que apenas me daba tiempo a seguirlas. Sentía como mis ojos se estaban quedando secos y mi mente se estaba descolocando por momentos. Era una locura lo que estaba viviendo. 
Como surgida de la nada una sombra negra empezó a materializarse. Apareció como un pequeño punto, pero fue creciendo hasta sobrepasar mi tamaño. La incertidumbre me hizo encogerme, pero la sombra seguía creciendo. Intenté tranquilizarme, y  sacar la valentía que tan bien se había escondido. Me enfrenté a la sombra.