-¿Por dónde deberíamos ir?- le pregunté al pequeño ser, el cual levantó los hombros en señal de incertidumbre- pues debemos pensarlo bien-.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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viernes, 2 de septiembre de 2011
sábado, 20 de agosto de 2011
Camino tétrico
Iniciar nuevamente el camino se me hacía muy complicado. Más aún ahora que sabía que lo que nos esperaba podía ser peor que lo que habíamos vivido hasta ahora. Encontramos un camino estrecho por el que avanzar. Los árboles cada vez eran más altos y el paisaje más oscuro. Tapaban incluso la leve luz de la luna que intentaba penetrar entre sus hojas. Por suerte mis ojos eran claros y podía captar mejor aquellos insípidos destellos de luminosidad. Las ramas de algunos árboles estaban rotas y parecían espectros lóbregos. Era inquietante, me sentía vigilado por alguien que se mantenía oculto. Cuando más avanzábamos, peor la sensación era. Escalofríos recorrían todo mi cuerpo y el sudor frió empañaba mi frente. Unas caras comenzaron a aparecer en los árboles. Me asusté, no sabía si era real o había sido mi imaginación. Intenté agudizar la visión, pero todo se quedó quieto. Me distraje unos segundos y miré al suelo. Luego otra vez a los árboles. La angustia corrió por mis venas. Otra nueva cara, no pude distinguirla, desapareció enseguida. Miré a mis compañeros, nadie había visto nada.miércoles, 13 de julio de 2011
Ventísca
Dejó al pequeño ser de lado. El fuerte zarpazo que le había dado le había dejado satisfecho. Del pequeño ser no salía sangre, sino un extraño líquido muy espeso de color granate. Mientras pensaba que hacer, le miraba y sentía al felino a escasa distancia. Sus ojos ahora eran de un color azul cían a juego con sus llamas. Las rallas negras del cuerpo le habían desaparecido y su cuerpo era enteramente blanco. Yo no sabía a que se debía esa transformación pero no presagiaba nada bueno.
Con un rápido salto me tiró al suelo. No me lo esperaba, esta vez el felino no había esperado a estar cerca de su presa para atacar. El golpe que me di en la espalda fue tan grande que hizo que todo mi cuerpo se estremeciese. Por suerte había caído en la superficie plana, no en los cortantes hielos apilados. No me dio ni tiempo a levantarme. La velocidad del felino era vertiginosa. Con un golpe seco puso su zarpa sobre mi tronco. Sentí un dolor que me traspasó el cuerpo mientras oía como me crujía una costilla. La fuerza de aquel animal era indescriptible. En sus ojos había una satisfacción que daba temor. Quería acabar conmigo.
El pequeño ser dejó de lamerse la herida en cuanto vio como yo volaba por los aires. Para no llamar la atención se fue acercando sigilosamente hacia nosotros. No tenía muy claro que iba a hacer, pero quería que fuese un ataque sorpresa. Cuando el felino se percató que estaba a nuestro lado, no tuvo el suficiente tiempo para reaccionar. El pequeño ser se agarró fuertemente a mi pierna y cerró los ojos.
Noté como una energía extraña traspasaba mi cuerpo. Mis manos empezaron a cambiar de color. Una luz dorada empezó a brillar a nuestro alrededor. Poco a poco empecé a notar una leve brisa que no sabía desde dónde venía.
Con un rápido salto me tiró al suelo. No me lo esperaba, esta vez el felino no había esperado a estar cerca de su presa para atacar. El golpe que me di en la espalda fue tan grande que hizo que todo mi cuerpo se estremeciese. Por suerte había caído en la superficie plana, no en los cortantes hielos apilados. No me dio ni tiempo a levantarme. La velocidad del felino era vertiginosa. Con un golpe seco puso su zarpa sobre mi tronco. Sentí un dolor que me traspasó el cuerpo mientras oía como me crujía una costilla. La fuerza de aquel animal era indescriptible. En sus ojos había una satisfacción que daba temor. Quería acabar conmigo.
El pequeño ser dejó de lamerse la herida en cuanto vio como yo volaba por los aires. Para no llamar la atención se fue acercando sigilosamente hacia nosotros. No tenía muy claro que iba a hacer, pero quería que fuese un ataque sorpresa. Cuando el felino se percató que estaba a nuestro lado, no tuvo el suficiente tiempo para reaccionar. El pequeño ser se agarró fuertemente a mi pierna y cerró los ojos.
Noté como una energía extraña traspasaba mi cuerpo. Mis manos empezaron a cambiar de color. Una luz dorada empezó a brillar a nuestro alrededor. Poco a poco empecé a notar una leve brisa que no sabía desde dónde venía. martes, 31 de mayo de 2011
La mano verde
Con miedo y dolor la bestia se alejó de mí. Se tumbó en el suelo a una distancia prudencial y comenzó a aullar de forma lastimera. Viendo que no iba a atacar, me apoyé en el árbol para finalmente sentarme. Tenía heridas profundas por todo el cuerpo y estaba mareado por la cantidad de sangre perdida.
El pequeño ser se quedó a medio camino, observándonos. Era tan diferente de su madre, pero al igual tan idéntico, que no podía explicármelo.
Dolorido, magullado y lleno de heridas mi cuerpo cayó a los pies del árbol. Mi mano ya no desprendía polvo dorado. No entendía muy bien lo que había sucedido. Levanté la otra mano y me quedé pensativo. Sentía como la sangre fluía a una velocidad de vértigo. Instintivamente me la acerqué a la boca y soplé. Unas pequeñas llamas verdes empezaron a salir de ella. Me quedé absorto mirándola y la apoyé en mi pierna. A los pocos segundos empecé a notar un calor agradable en la pierna, y al mirar detenidamente me di cuenta de que pequeñas llamas verdes recorrían todo mi muslo y bajaban lentamente hacía mi tobillo. A su paso se iban cicatrizando todas las heridas que me había hecho la bestia.
Puse mi mano sobre mi otra pierna, y el efecto fue el mismo. De esta manera, conseguí cerrarme todas las heridas del cuerpo, y parar así las hemorragias. Cuando las llamas verdes cesaron el pequeño ser se acercó a mi y me señaló a la bestia. Seguía tumbada con cara de dolor y tenía los ojos cerrados aunque respiraba. Miré nuevamente al pequeño ser y me acerqué a la bestia.
Puse mi mano sobre ella y con la otra la saqué la estaca. Un aullido muy grave de dolor retumbó por todo el bosque. Tiré al estaca lejos y me concentré. De mi mano empezaron a salir grandes llamas verdes que se depositaron en ella y consiguieron pararla el sangrado. Como la herida era muy grande no conseguí cerrarla del todo.
El pequeño ser se quedó a medio camino, observándonos. Era tan diferente de su madre, pero al igual tan idéntico, que no podía explicármelo.
Dolorido, magullado y lleno de heridas mi cuerpo cayó a los pies del árbol. Mi mano ya no desprendía polvo dorado. No entendía muy bien lo que había sucedido. Levanté la otra mano y me quedé pensativo. Sentía como la sangre fluía a una velocidad de vértigo. Instintivamente me la acerqué a la boca y soplé. Unas pequeñas llamas verdes empezaron a salir de ella. Me quedé absorto mirándola y la apoyé en mi pierna. A los pocos segundos empecé a notar un calor agradable en la pierna, y al mirar detenidamente me di cuenta de que pequeñas llamas verdes recorrían todo mi muslo y bajaban lentamente hacía mi tobillo. A su paso se iban cicatrizando todas las heridas que me había hecho la bestia.
Puse mi mano sobre mi otra pierna, y el efecto fue el mismo. De esta manera, conseguí cerrarme todas las heridas del cuerpo, y parar así las hemorragias. Cuando las llamas verdes cesaron el pequeño ser se acercó a mi y me señaló a la bestia. Seguía tumbada con cara de dolor y tenía los ojos cerrados aunque respiraba. Miré nuevamente al pequeño ser y me acerqué a la bestia.Puse mi mano sobre ella y con la otra la saqué la estaca. Un aullido muy grave de dolor retumbó por todo el bosque. Tiré al estaca lejos y me concentré. De mi mano empezaron a salir grandes llamas verdes que se depositaron en ella y consiguieron pararla el sangrado. Como la herida era muy grande no conseguí cerrarla del todo.
martes, 24 de mayo de 2011
El equipaje
Y allí me encontraba, preparando el equipaje para abandonar mi hogar. Mi madre se encontraba en un rincón sollozando, y mi padre al lado de la ventana tenía la mirada perdida. Mis hermanos en cambio, ajenos a todo dormían profundamente y emanaban tranquilidad.
Estuve estudiando el mapa de la región junto con mi padre. Era complicado decidir donde ir,hacía más de trescientos años que los habitantes del bosque no habían cruzado sus fronteras, desde que la oscuridad se adueñó de todo. Los rincones que se encontraban más allá eran leyenda. Hablaban de grandes desiertos de arena, de glaciares de hielo y de mares revueltos, pero yo solo me podía imaginar la apariencia de todo aquello gracias a las imágenes de los libros.
Mi madre me señaló la zona peligrosa, la más profunda y negra, donde nadie se atrevía a ir. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me di cuenta de que esa zona rodeaba todo el centro del bosque. Se decía que allí vivían seres aterradores. Nadie los conocía, pero quien los había intentado ver, jamás regresó para contarlo. Alguna vez algún pájaro gris traía algún hueso perteneciente al curioso. Pero nunca el cuerpo entero.
Estuve estudiando el mapa de la región junto con mi padre. Era complicado decidir donde ir,hacía más de trescientos años que los habitantes del bosque no habían cruzado sus fronteras, desde que la oscuridad se adueñó de todo. Los rincones que se encontraban más allá eran leyenda. Hablaban de grandes desiertos de arena, de glaciares de hielo y de mares revueltos, pero yo solo me podía imaginar la apariencia de todo aquello gracias a las imágenes de los libros.
Mi madre me señaló la zona peligrosa, la más profunda y negra, donde nadie se atrevía a ir. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me di cuenta de que esa zona rodeaba todo el centro del bosque. Se decía que allí vivían seres aterradores. Nadie los conocía, pero quien los había intentado ver, jamás regresó para contarlo. Alguna vez algún pájaro gris traía algún hueso perteneciente al curioso. Pero nunca el cuerpo entero.
martes, 17 de mayo de 2011
Un atisbo de esperanza
Las horas del día siguiente se me hicieron eternas. El descubrimiento de aquel niño era volver a encontrar la esperanza de no sentirme un extraño en aquel mundo. La que se supone que era mi familia era tan diferente de mi.... con gustos tan diferentes.. aspecto.. todo.
Mi estado de ánimo cambió totalmente cuando las luces de día empezaron a esconderse. Esperé pacientemente hasta que todo el mundo se fue a dormir y salí a hurtadillas.
Volví a la misma casa que la noche anterior, y el niño estaba allí, no había sido un sueño. Me acerqué a otras casas e imágenes parecidas se mostraban ante mí. Lo que no llegaba a entender es porque solo había niños. Ninguno tenía más de diez años, ¿era yo el único que había llegado a los dieciséis años?.
Me quedé tan absorto en esos pensamientos que perdí la noción del tiempo. Y poco a poco un nuevo amanecer aparecía.
Mi estado de ánimo cambió totalmente cuando las luces de día empezaron a esconderse. Esperé pacientemente hasta que todo el mundo se fue a dormir y salí a hurtadillas.
Volví a la misma casa que la noche anterior, y el niño estaba allí, no había sido un sueño. Me acerqué a otras casas e imágenes parecidas se mostraban ante mí. Lo que no llegaba a entender es porque solo había niños. Ninguno tenía más de diez años, ¿era yo el único que había llegado a los dieciséis años?.
Me quedé tan absorto en esos pensamientos que perdí la noción del tiempo. Y poco a poco un nuevo amanecer aparecía.
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