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jueves, 22 de enero de 2015

Página web El Bosque Sin Luz

Con mucha mucha alegría os presento un gran proyecto:







En esta página web podréis encontrar curiosidades, personajes, fotos con ubicaciones del bosque y también ¡como conseguir un ejemplar!


Muchas gracias a Grupo Mengio por tan maravillosa web

lunes, 16 de diciembre de 2013

lunes, 18 de julio de 2011

Consecuencias de la sed de sangre

Después de la primera impresión de ver los cuerpos mutilados, miré fijamente la gran muralla de hielo. Se presentaba tan poderosa que era difícil no admirarla. No había ni el más mínimo hueco para atravesarla. Iba a ser muy complicado moverse de aquel punto. Miré al pequeño ser, él también estaba pensativo.
Me alejé un poco, y me apoyé contra la pared. Aquel lugar estaba repleto de malas vibraciones. Tenía una sensación extraña en el cuerpo. En pocos días me había vuelto muy sensible a todo tipo de energías. Las sentía en la piel y se me erizaba el vello. Desafortunadamente solo había sentido malas vibraciones, jamás una buena. Esta vez no iba a ser diferente.
El pequeño ser me miró con los ojos brillantes de alegría. Me acerqué a él tan rápido como pude. Había tenido una idea. Me señalo la muralla con una mano y con la otra me dijo que me aproximase aún más. Colocó una mano sobre mi rodilla, y un dedo de la otra sobre el hielo. Noté un cosquilleo por todo mi cuerpo y esperé a ver que sucedía.
De su pequeño dedo empezó a salir una luz rojiza. Poco a poco fue apareciendo una prolongación en forma de uña. Muy fina pero muy fuerte. Cuando terminó de crecer, el pequeño ser acercó su dedo a la muralla y empezó a moverlo enérgicamente. Ante mi asombro se empezó a formar un pequeño agujero cilíndrico. Con un poco de esfuerzo traspasó todo el ancho de la muralla. Cuando terminó lo sacó y caminó hacía el otro extremo de la muralla. Me hizo un gesto para que me acercase nuevamente y repitió la operación. Así lo hizo hasta cuatro veces, formando un pequeño cuadrado.
Miró satisfecho su trabajo, y después su dedo, el cual ya había vuelto a su tamaño normal. Cogió mis manos y las colocó en el centro de aquel cuadrado. A pesar de la falta de instrucciones, comprendí sus intenciones. Me concentré al máximo. De mis manos empezaron a salir pequeños destellos dorados y verdes y el cuadrado de hielo reventó en mil pedazos. Un poco mareado del esfuerzo me di la vuelta y miré al pequeño ser. Fue la primera vez que solté una carcajada desde que había salido de mi casa. El pequeño ser estaba totalmente cubierto de polvo blanco.
Después de un breve momento de alegría, miré el agujero de la muralla. Era bastante pequeño pero de alguna manera tenía que caber por él. Levanté al pequeño ser y se deslizó sin ningún problema al otro lado. Yo lo tuve más complicado. Me quedé atascado unas cuantas veces, así que tuve que emplear la magia. Con mucho esfuerzo calenté un poco mi cuerpo. Esto me ayudó a convertir todo lo que me rodeaba en agua. No agrandé el agujero mucho más, pero si lo necesario para que al final pudiese pasar. Al llegar al otro lado, sentí como las energías me fallaban y caía de rodillas. Debía aprender a no desgastarme tanto.
Cuando contemplé lo que había a mi alrededor, una nueva ola de nauseas apareció. Todo el hielo estaba teñido de rojo sangre.

sábado, 16 de julio de 2011

Duendes guardianes

Nos adentramos en un largo pasillo. El hielo que había formado el felino, había tenido un largo alcance. Debíamos andar con mucho cuidado para no tropezarnos. Cuando llegamos al final del pasillo, la imagen nos sobrecogió y revolvió el estómago. Había una gran muralla de hielo que impedía el paso. Estaba custodiada por dos duendes de descomunales proporciones. Ambos yacían decapitados a cada lado de la muralla. Unas profundas náuseas se apoderaron de todo mi ser.

miércoles, 29 de junio de 2011

Pequeña princesa

Todo mi cuerpo se quedaba bloqueado por el frío. Sentí como gotas de agua empezaban a caer sobre mí. Mi mente se quedó en blanco. No veía nada, me empecé a desesperar. Todo blanco a mi alrededor. No me gustaba ese estado. Quería luz o incluso oscuridad, pero no estar en el limbo. Más gotas de agua empezaron a caer sobre mi piel.
Sentí un pequeño temblor en mis piernas, después en mis brazos. Desperté violentamente de mi trance. Miré a mi alrededor. Tenía la vista borrosa, pero más o menos, conseguí orientarme. Vi al pequeño ser encima de mi. Me había arrastrado lejos de las gotas negras. Me encontraba al lado de un diminuto arroyo de agua. Saqué fuerzas de donde no tenía, y, con un inmenso dolor en todo mi cuerpo me acerqué hasta aquel preciado líquido. Estaba sediento, no me acordaba de la última vez que mi cuerpo se había alimentado o había bebido. En esos pocos días que llevaba fuera de casa, me había convertido en un fantasma de lo que fui. Cuando aquel divino tesoro tocó mis labios, mis pupilas brillaron como dos estrellas. Cuando ya estaba saciado, mis párpados empezaron a pesar y caí fulminado en un profundo sueño. 
Muchas imágenes vinieron a mi cabeza. Mis padres en la puerta despidiéndome, mis hermanos durmiendo, la más pequeña con sus rizitos dorados sonreía en sueños. Me quedé con la imagen estática de ella. Tan dulce y tan inocente. Tan diferente a los demás duendes, era la única en el pueblo que tenía rizos dorados, quizás el destino había preparado algo diferente para ella. Mi subconsciente se quedó clavado en mi querida princesa. Tan parecida a los demás y tan diferente a la vez. Única en su especie, ese era el rasgo que compartíamos.

martes, 24 de mayo de 2011

El equipaje

Y allí me encontraba, preparando el equipaje para abandonar mi hogar. Mi madre se encontraba en un rincón sollozando, y mi padre al lado de la ventana tenía la mirada perdida. Mis hermanos en cambio, ajenos a todo dormían profundamente y emanaban tranquilidad.
Estuve estudiando el mapa de la región junto con mi padre. Era complicado decidir donde ir,hacía más de trescientos años que los habitantes del bosque no habían cruzado sus fronteras, desde que la oscuridad se adueñó de todo. Los rincones que se encontraban más allá eran leyenda. Hablaban de grandes desiertos de arena, de glaciares de hielo y de mares revueltos, pero yo solo me podía imaginar la apariencia de todo aquello gracias a las imágenes de los libros.
Mi madre me señaló la zona peligrosa, la más profunda y negra, donde nadie se atrevía a ir. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me di cuenta de que esa zona rodeaba todo el centro del bosque. Se decía que allí vivían seres aterradores. Nadie los conocía, pero quien los había intentado ver, jamás regresó para contarlo. Alguna vez algún pájaro gris traía algún hueso perteneciente al curioso. Pero nunca el cuerpo entero.

lunes, 23 de mayo de 2011

La decisión

La silla se giró lentamente y ante mis ojos apareció la mujer más bella jamás vista. Parecía como un hada salida de alguno de los cuentos que había leído en la biblioteca. Tenía el cabello dorado y muy largo, una tez blanca y delicada, como la porcelana más fina, y, sus ojos parecían un profundo océano.
Se acercó a mí y empezó a desprender una intensa luz. Puso su mano sobre mi hombro y dio una vuelta a mi alrededor. Después se paró en seco y miró a mi padre.
-Después de estar ocultándolo tantos años- hizo una breve pausa para mirarme otra vez- no nos podemos arriesgar a que lo encuentren aquí-. dijo con su dulce voz.
-¿Qué estás proponiendo?- masculló mi padre con terror en los ojos.
-Debe irse de aquí- respondió la dama con calma.
-¿Irme?- pregunté confuso.
-Imposible, si se tiene que ir, me iré con él- dijo mi padre con firmeza.
-Se debe marchar solo y esconderse, si vas tu, se levantarán sospechas de que algo extraño pasa y todo nuestro esfuerzo habrá sido en vano- le replicó la dama a mi padre.
-Es un niño- contestó mi padre mientras una lágrima le resbalaba por la mejilla.
-Es el único que no es un niño, por eso debe huir, para salvarlos a todos....- concluyó la dama y con un giró sobre si misma desapareció, dejándonos a los dos sin palabras.

jueves, 19 de mayo de 2011

El resplandor

Estuve encerrado en casa y en penumbra los dos días siguientes. Me sentía como en una jaula de oro donde no me faltaba de nada excepto libertad. Mi padre salía más que de costumbre, intentaba estar sereno pero, pequeños detalles delataban su nerviosismo. Por lo menos, mientras él no estaba, yo me sentaba en su despacho y devoraba los ejemplares de la biblioteca. Intentaba encontrar la razón de la oscuridad y la neblina de nuestro bosque. Algunos hablaban de la era anterior, donde todo eran colores y melodías, y otros hablaban de la era actual, de la oscuridad, de los sacrificios, de los maleficios y de los espíritus de la noche, pero ninguno de la transición.
Sin darme cuenta la noche llegó y mi padre todavía no aparecía. Fui a preguntar por él pero no obtuve respuesta. Tan solo deseaba que no le hubiese pasado nada, me sentía culpable por toda la inquietud que nos rodeaba.Cuando ya estaba preparándome para cenar oí la voz de mi padre en el despacho. No sabía como había llegado hasta allí pero me alegraba oír su voz. Pero no estaba solo, un leve susurro le contestaba.
Me acerqué para averiguar más, pero fui descubierto y me invitaron a entrar.
Mi padre estaba apoyado en el alfeizar de la ventana y la silla del despacho estaba dada la vuelta. Cuando me adentré un resplandor empezó a salir de la silla y un dulce canto envolvió la habitación.

lunes, 16 de mayo de 2011

A la luz de las llamas

En el camino de vuelta, vi una pequeña luz en una casa cercana. Me acerqué y me asomé a la ventana. Miré adentro con mucha cautela con miedo a ser descubierto. Cuando conseguí aclarar mi visión algo sorprendente ocurrió. Apareció la imagen de un niño pequeño jugando cerca de unas llamas. Hasta entonces yo creía que era el único humano. Esta visión cambiaba todos mis pensamientos, tenía que investigar más sobre el pueblo.
Miré a mi alrededor, el amanecer pronto llegaría, tenía que volver a casa antes que los demás se despertasen. Pensaba volver la noche siguiente...