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martes, 17 de diciembre de 2013

Ya está a la venta EL BOSQUE SIN LUZ- Oscuridad

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viernes, 27 de enero de 2012

Preguntas..

¿Quién será la muchacha de los ojos verdes?, ¿cómo se acercarán a la ciudad de Astra sin ser descubiertos??
Esta todo demasiado tranquilo... ¿Será acaso una trampa??
La calma que precede a la tempestad... la música tétrica de un violín sigue sonando... algo se acerca!!


lunes, 7 de noviembre de 2011

Veneno

Sentí como las serpientes se acercaban. No habían desistido en el intento. La náyade seguía siendo una sirena. Por suerte podía nadar más rápido que ellas. Yo por mi parte no podía más. El veneno estaba ardiendo por todo mi cuerpo. Se había extendido con facilidad. Ya no tenía fuerzas para seguir escapando. Agarré a la náyade del brazo. Se me escapó. Creo que me cogió. No estaba del todo seguro. Todo era confuso a mi alrededor. Sentía el movimiento del agua en la cara. Procuraba mantenerme erguido, pero no podía. A pesar de estar ardiendo tenía frío. Cada vez más y más frío. Ya no sentía el agua. Había perdido la noción de tiempo y espacio. Las fuerzas de mis extremidades desaparecieron. La sensibilidad de mi piel se durmió. Los párpados me pesaban demasiado. Oscuridad.
-No te voy a dejar morir- escuché una voz lejana. Quería abrir los ojos pero no podía. Sentía que dos lápidas los habían cerrado- sigue mi voz, déjame entrar en ti- volvió a decir aquella voz. Un sonido desconocido para mí. De repente en mi mente aparecieron aquellos ojos verdes. Me hipnotizaron otra vez. No podía dejar de admirarlos. Intenté hablar. No podía. Mis labios estaban sellados.
-Te necesito para cumplir mis objetivos- susurró la voz sensual, la mirada se intensificó- no puedes morir, abre los ojos- un escalofrío recorrió mi cuerpo.

jueves, 27 de octubre de 2011

Sueños

No se ni cómo perdimos de vista a las sirenas. Nadábamos como si nos fuese la vida en ello.  Pronto nos encontramos en un espacio amplio y descubierto. Kaysa no decía nada. Ni siquiera me dirigía la mirada. Estaba ausente y enfadada.  A pesar de que no estaba muy seguro de lo que había pasado, podía comprender su enfado. Parece ser que ella sola se había tenido que enfrentar a todas las sirenas. Tenía demasiadas lagunas en la cabeza. Estaba confundido.
Llevábamos horas nadando sin parar. Estaba exhausto, pero no me atrevía a decir nada. Nunca la había visto tan enfurecida.  No paramos hasta que nos acercamos a unas extrañas ruinas. Había columnas destrozadas por todas partes. Todo parecía tranquilo. No había peligros por ningún lado.  Por primera vez en horas, Kaysa me miró.
-Quédate aquí, es un lugar sagrado- me indicó y, haciendo un gesto brusco con la mano me paró.
No muy lejos de allí había una cueva. Se adentraba en el suelo. Según se adentró, una luz celeste se expandió por toda la llanura. Después de eso, oscuridad y silencio. Miré al pequeño ser, tampoco me había dicho nada. Intenté comunicarme con él, pero su mente estaba cerrada. Intuyendo que el encontrar las flechas iba a suponer bastante tiempo, cerré los ojos. Me dormí en aquel mismo instante. Soñé con aquellos ojos verdes, no podía sacármelos de la cabeza. Las imágenes iban acompañadas del dulce canto de las sirenas.
-Ven a mí- escuché una voz- sabes que me deseas, sabes que me anhelas- prosiguió la voz- ven a mí-.
Me desperté sobresaltado. ¿Acaso me habían hablado aquellos ojos?. Estaba acelerado.


martes, 25 de octubre de 2011

Sanguijuelas

Kaysa empezó a mover las alas más rápido. Se formaron unas corrientes extras que fluían por debajo del torbellino. Con ello intentaba desestabilizar a su rival. Lanzó un par de embistes contra ella. Todos acabaron en fracaso. El tridente era más poderoso de lo que la náyade esperaba.  La sirena se movía con agilidad y conseguía parar todos sus ataques. Aquello la estaba empezando a frustrar. 
Hizo crecer un brazo largo por la derecha, cuando la sirena estaba centrada en repeler el ataque, una pierna de agua creció por la izquierda. Aquello la pilló por sorpresa. Dio una vuelta rápida, arqueó su cuerpo. Giró hacia la izquierda. Por pura suerte consiguió salvarse de los ataques de Kaysa. Visto el peligro, las demás sirenas empezaron a conjurar nubarrones de colores. Kaysa tenía que darse prisa en desarmar a su adversaria de aquel tridente. Probablemente no podría con todas a la vez. Agitó sus alas una vez más, esta vez con más fuerza. La furia se había apoderado de ella. Desde tiempos inmemoriales las sirenas eran las peores enemigas de las náyades del agua.  
Mientras agitaba sus alas, aparecieron peces en ellas. Eran pequeñitos, en realidad se parecían más bien a pequeñas sanguijuelas, que a peces. Eran oscuros como el carbón. Se movían con mucha agilidad. Se desplazaron hacia los bordes de las alas, que era dónde residía la energía. Kaysa dio unos aleteos más, y los animales se liberaron en la dirección dónde se encontraban las sirenas. En esta ocasión ni el tridente las podía ayudar. Los animales cargados de energía y electricidad se pegaron al cuerpo de la sirena, la cual se retorció por las descargas. 
Sin poder evitarlo uno de los pequeños animales fue volando hacia mí. Rebotó en mi frente y volvió hacia Kaysa. Justo en el momento que tocó sus alas se formó un triángulo de electricidad entre la náyade, la sirena de pelo corto y mi cuerpo. Todo se empezó a volver oscuro. Mi mente se quedó nublada por unos segundos. Sentía como si me hubiese despertado de un sueño. No tuve tiempo a más. Unas figuras comenzaron a formarse dentro del triángulo. De la nada aparecieron tres personas. Me estremecí entero. Sudores fríos poblaron mi cuerpo. Ansiedad. Miedo. Desesperación. La élite nos había descubierto.

jueves, 6 de octubre de 2011

La luz guía

Aquella mano seguía en mi campo de visión. Intenté alcanzarla, pero cada vez que me movía escuchaba el aterrador aullido de los seres atrapados en el hielo. Debía llegar hasta el cuarto fantasma. Era mi deber. Alargué la mano. Un tacto frió me congeló. Comencé a viajar en el tiempo. Pero yo no quería. Cerré mi mente. La bloquee con un muro de hielo. No era suficiente, me imaginé fuego. Coloqué una serie de trampas mentales para que no llegase a mi esencia. Era complicado, agotador. Me estaba consumiendo mas rápidamente. La mano se estaba dispersando, debía cogerla antes de que fuese demasiado tarde. No podía dejar que se fuese.
Toqué algo. Quizás tan solo en mi imaginación. Quizás en mi desesperación, pero sujetaba algo. Me aferré a ese pensamiento. Mi cuerpo cayó al agua. Tragué mucho líquido. Mis pulmones se llenaron, me estaba ahogando. El fantasma todavía quería llevarme a aquel viaje. Yo no quería permitírselo. Oscuridad. Algo de luz, una figura distante. Oscuridad. Abrí los ojos a duras penas. Cogí aquella mano. Oscuridad. Abrí nuevamente los ojos, veía luz al fondo. Era como un túnel cilíndrico, con una luz al final. Quería llegar a aquella luz. Corrí veloz. Noté como mi cuerpo era arrastrado contra las rocas. Algunas se me clavaron en los músculos pero no me importó. Tan solo quería la luz. Me obsesioné con ella. Oscuridad otra vez. Dolor, estaba magullado, mi mente estaba al límite. Mis sensaciones eran inexistentes.

miércoles, 29 de junio de 2011

Pequeña princesa

Todo mi cuerpo se quedaba bloqueado por el frío. Sentí como gotas de agua empezaban a caer sobre mí. Mi mente se quedó en blanco. No veía nada, me empecé a desesperar. Todo blanco a mi alrededor. No me gustaba ese estado. Quería luz o incluso oscuridad, pero no estar en el limbo. Más gotas de agua empezaron a caer sobre mi piel.
Sentí un pequeño temblor en mis piernas, después en mis brazos. Desperté violentamente de mi trance. Miré a mi alrededor. Tenía la vista borrosa, pero más o menos, conseguí orientarme. Vi al pequeño ser encima de mi. Me había arrastrado lejos de las gotas negras. Me encontraba al lado de un diminuto arroyo de agua. Saqué fuerzas de donde no tenía, y, con un inmenso dolor en todo mi cuerpo me acerqué hasta aquel preciado líquido. Estaba sediento, no me acordaba de la última vez que mi cuerpo se había alimentado o había bebido. En esos pocos días que llevaba fuera de casa, me había convertido en un fantasma de lo que fui. Cuando aquel divino tesoro tocó mis labios, mis pupilas brillaron como dos estrellas. Cuando ya estaba saciado, mis párpados empezaron a pesar y caí fulminado en un profundo sueño. 
Muchas imágenes vinieron a mi cabeza. Mis padres en la puerta despidiéndome, mis hermanos durmiendo, la más pequeña con sus rizitos dorados sonreía en sueños. Me quedé con la imagen estática de ella. Tan dulce y tan inocente. Tan diferente a los demás duendes, era la única en el pueblo que tenía rizos dorados, quizás el destino había preparado algo diferente para ella. Mi subconsciente se quedó clavado en mi querida princesa. Tan parecida a los demás y tan diferente a la vez. Única en su especie, ese era el rasgo que compartíamos.

viernes, 24 de junio de 2011

Náyade

Iba corriendo por el bosque. Era el mismo camino que había hecho hacía unos días, pero esta vez de retroceso. Tenía miedo, quería volver a mi casa, a la seguridad de mi hogar. A lo lejos veía el pueblo, me imaginaba como mi padre me estaría esperando sentado en las escaleras y con la puerta abierta. Pero me paré en seco. No podía huir de aquella manera de mi destino. Lo que estaba haciendo no estaba bien. Me paré en seco y una pequeña luz apareció ante mí. Era la mensajera de la Dama Blanca. Cuando llegó frente a mis ojos estalló y una masa de luz blanca apareció en su lugar. Al principio la intensidad de  la luz me impedía ver pero poco a poco mis ojos se empezaron a acostumbrar. Una serie de imágenes empezaron a mostrarse ante mi.
Una habitación blanca con suelo dorado fue la primera en aparecer completamente nítida. En ella había un gran trono y la Dama Blanca estaba sentada encima de él. A su lado una pequeña náyade, tenía un libro entre manos y se lo leía.  Su pelo negro azabache y sus ojos azul oscuro contrastaban con su piel blanca. Al igual que la Dama tenía una belleza enigmática.
La siguiente imagen que vi era a la misma náyade pero en una cueva oscura. Ella estaba desmayada y un extraño ser oscuro estaba observándola. Se acercó a ella y la tiró un vaso de agua encima con mucho desprecio. Esto hizo que se moviese un poco y abriese los ojos, pero estaba muy débil como para conseguir hacer algo más. En las siguientes imágenes solo se veían rocas negras, y sombras oscuras que daban escalofríos.
Un remolino de imágenes iguales empezaban a verse en mi cabeza. Cada vez veía todo mas confuso, alguien me estaba llamando a lo lejos, intentaba llevarme a otro lugar. Con un fuerte golpe desperté y vi que estaba en el agujero y el pequeño ser estaba a mi lado.