Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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jueves, 13 de marzo de 2014
miércoles, 16 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
Cobarde
-Levanta, te vi abrir los ojos hace unos minutos- escuché en mi mente la voz del pequeño ser. La escuché con alegría. Dejé que inundase todos mis sentidos. Era de lo más reconfortante. Busqué la luz en sus palabras. Busqué el significado de la vida.
-Aquí estoy- escuché decir a mi propia voz- no me voy a ningún lado- a lo que el pequeño ser se acercó aún más a mí y me dio un abrazo. Sentí un cariño profundo. Aquel sentimiento me hizo abrir los ojos y poco a poco levantarme.
-Antes te vi abrir los ojos- dijo lentamente el pequeño ser- fue un momento fugaz, pero no eras tu- bajó la voz. No eran tus ojos- se estremeció.
-¿Cómo que no eran mis ojos?- pregunté asustado mirando su expresión.
-Tus ojos están llenos de luz, no hay pensamientos oscuros en ellos- dijo sin dejar de mirarme- en cambio estos eran sombríos, fríos y calculadores. Diría incluso que más oscuros, casi negros-.
-No entiendo muy bien lo que estas diciendo- dije extrañado- hace un momento estaba inconsciente- claro en aquel momento me acordé súbitamente de la voz. Aquella voz que me había hablado. La que no quería dejarme marchar. Fui cobarde. No se lo confesé al pequeño ser.
-Aquí estoy- escuché decir a mi propia voz- no me voy a ningún lado- a lo que el pequeño ser se acercó aún más a mí y me dio un abrazo. Sentí un cariño profundo. Aquel sentimiento me hizo abrir los ojos y poco a poco levantarme.
-Antes te vi abrir los ojos- dijo lentamente el pequeño ser- fue un momento fugaz, pero no eras tu- bajó la voz. No eran tus ojos- se estremeció.
-¿Cómo que no eran mis ojos?- pregunté asustado mirando su expresión.
-Tus ojos están llenos de luz, no hay pensamientos oscuros en ellos- dijo sin dejar de mirarme- en cambio estos eran sombríos, fríos y calculadores. Diría incluso que más oscuros, casi negros-.
-No entiendo muy bien lo que estas diciendo- dije extrañado- hace un momento estaba inconsciente- claro en aquel momento me acordé súbitamente de la voz. Aquella voz que me había hablado. La que no quería dejarme marchar. Fui cobarde. No se lo confesé al pequeño ser.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Alas transformadas
A lo lejos vi como el pequeño ser se acercaba a Kaysa. Mi visión estaba tan nublada que parecía que estaba en un sueño. Notaba como el veneno que me había inyectado la serpiente se expandía poco a poco por todo mi cuerpo. Miré atrás. Aquellos pequeños monstruos no habían cesado en su persecución. Por suerte, si mi intuición no fallaba ya habíamos pasado la barrera de la mitad de la distancia. La superficie no quedaba muy lejana. Allí por fin no podríamos despedir de ellas.
Cuando volvía mirar al frente vi como el pequeño ser había formado un embudo con sus manos. Soplaba sin parar hacia la náyade. Al cabo de un rato comenzó a salir un polvo rojizo. Tenía el mismo color que su sangre. En un primer momento me asusté.
Poco a poco, el polvo se fue depositando sobre Kaysa. Donde más se concentró fue en sus dañadas alas. Destellos de luz rojiza empezaron a curar las alas. Cuando ya estuvieron totalmente curadas, comenzaron a empequeñecer. Rápidamente se adentraron en su espalda y desaparecieron. Kaysa había recuperado toda su movilidad. El problema surgió cuando nos dimos cuenta que debido a este cambio, nuestra velocidad había amainado. De esta manera las serpientes nos alcanzarían enseguida. Mi ilusión de llegar sanos y salvos a la orilla se había evaporado en un segundo.
Cuando volvía mirar al frente vi como el pequeño ser había formado un embudo con sus manos. Soplaba sin parar hacia la náyade. Al cabo de un rato comenzó a salir un polvo rojizo. Tenía el mismo color que su sangre. En un primer momento me asusté.
Poco a poco, el polvo se fue depositando sobre Kaysa. Donde más se concentró fue en sus dañadas alas. Destellos de luz rojiza empezaron a curar las alas. Cuando ya estuvieron totalmente curadas, comenzaron a empequeñecer. Rápidamente se adentraron en su espalda y desaparecieron. Kaysa había recuperado toda su movilidad. El problema surgió cuando nos dimos cuenta que debido a este cambio, nuestra velocidad había amainado. De esta manera las serpientes nos alcanzarían enseguida. Mi ilusión de llegar sanos y salvos a la orilla se había evaporado en un segundo.
martes, 18 de octubre de 2011
Aparición de colores
Estaba concentrado en los pequeños animales blancos. La mayoría tenían muchas patas, parecían crustáceos. Se movían de manera lenta. Todos tenían las mismas características. A pesar de sus grandes ojos rojos, parecía que estaban ciegos. Las grandes antenas que salían de sus cabezas, parecían satélites en busca de obstáculos. Estaba totalmente hipnotizado con aquellas criaturas. Parecían no mágicas, y eso me fascinaba, por fin algo de normalidad en mi vida.
Avancé un poco más, siempre siguiendo a la náyade y al pequeño ser. Un poco más allá los colores empezaron a aparecer. Rosas, verdes, anaranjados. Todos los tonos alegres aparecieron ante mí. Me pareció todo muy extraño, miré a mis compañeros. Ellos seguían nadando como si nada. Quise preguntarles, pero no me oirían, estaban demasiado lejos. Nunca había visto algo tan colorido. Me sentí atraído por ello. Ralenticé mis movimientos. Siempre nadábamos en línea recta, así que pensé que no pasaría nada si me retrasaba. Una sonrisa se dibujó en mi cara. Observar todo aquello era de lo más relajante. La vida tranquila se encontraba ante mis ojos. Cada vez me sentía más relajado. A lo lejos escuché un canto. La melodía más dulce jamás soñada. Levanté los ojos buscando el origen. Algo se acercaba nadando hacia mi. Algo muy bello y lleno de luz. Me detuve por completo. Anhelaba a aquella criatura. Cuando la pude distinguir del todo, mis ojos no pudieron apartarse de ella. Una muchacha de largos cabellos rojos se encontraba delante de mí. Su sonrisa era tan inocente que parecía la hija de un ser puro, de un dios de la naturaleza. Sus grandes ojos azules contrastaban con el azul del agua. No tenía piernas, tan solo una larga cola de pez. Con rápidos movimientos llamó a más sirenas. Pronto estuve rodeado por ellas. Cada cual más bella. Debía ser el humano más afortunado del universo entero.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Torbellino
Cuando nos sumergimos, pequeñas explosiones de luz se produjeron en el pecho de Kaysa. Sus ojos se abrieron y cerraron rápidamente. Se alejó de mis brazos. Un remolino de agua nació a su alrededor. Todo se movía con tal armonía que parecía un melodioso recital. Poco a poco despertó.
Desprendía una energía tan desbordante que nos contagió a todos. Nos sonrió agradecida y enseguida se fue al fondo del calabozo. Empezó a buscar algo. La acompañamos, pero nos quedamos mirando. No sabíamos que hacía, ni que debíamos hacer nosotros. Al fin, llegó al hueco por donde salía el agua. Era muy pequeño, su cara denotaba preocupación. Se quedó pensando unos segundos. Empezó a girar sobre sí misma otra vez. Se acercó al insignificante agujero. Lo tocó con un pie mientras seguía girando. Debido a la presión y al movimiento rápido, el agujero inició su extensión. Era mágico ver aquello. Cuando hizo un agujero medianamente aceptable, paró de girar. El agua comenzó a salir con más violencia. Se inundó toda la estancia en cuestión de segundos. Cuando el agua dejó de tener espacio para expandirse, se formó un gran torbellino. Los anillos que lo formaban eran poderosos. Nos empezaron a arrastrar hacia ellos. No teníamos donde sujetarnos. La presión ejercida era demasiado grande. Nos vimos arrastrados con violencia hacia el fondo. Empezamos a girar. La cabeza me daba mil vueltas. Me sentía como si me cayese al precipicio. El torbellino nos succionó hasta que nos adentramos en el agujero.
Desprendía una energía tan desbordante que nos contagió a todos. Nos sonrió agradecida y enseguida se fue al fondo del calabozo. Empezó a buscar algo. La acompañamos, pero nos quedamos mirando. No sabíamos que hacía, ni que debíamos hacer nosotros. Al fin, llegó al hueco por donde salía el agua. Era muy pequeño, su cara denotaba preocupación. Se quedó pensando unos segundos. Empezó a girar sobre sí misma otra vez. Se acercó al insignificante agujero. Lo tocó con un pie mientras seguía girando. Debido a la presión y al movimiento rápido, el agujero inició su extensión. Era mágico ver aquello. Cuando hizo un agujero medianamente aceptable, paró de girar. El agua comenzó a salir con más violencia. Se inundó toda la estancia en cuestión de segundos. Cuando el agua dejó de tener espacio para expandirse, se formó un gran torbellino. Los anillos que lo formaban eran poderosos. Nos empezaron a arrastrar hacia ellos. No teníamos donde sujetarnos. La presión ejercida era demasiado grande. Nos vimos arrastrados con violencia hacia el fondo. Empezamos a girar. La cabeza me daba mil vueltas. Me sentía como si me cayese al precipicio. El torbellino nos succionó hasta que nos adentramos en el agujero.
martes, 11 de octubre de 2011
Burbujas de aire
Las burbujas cada vez eran más violentas. Siempre que explotaban cerca de mi cara, emanaban un ácido que hacía que mi piel se irritase. Procuraba elevar lo máximo a Kaysa, para que el agua no la hiriese. El pequeño ser se subió a mi espalda. Era demasiado bajito para tocar el suelo. Por un momento se concentró y empezó a hablar un lenguaje extraño. No fueron muchas palabras las que dijo, pero sí parecían muy cortantes. Del agua aparecieron tres burbujas gigantes. Estas al contrario que las anteriores no explotaron. Se limitaron a posarse sobre nuestras cabezas. Crecieron de tamaño, y empezaron a filtrarse en nuestras cabezas. Pronto la cabeza entera se nos quedó cubierta por las burbujas. Cuando me di cuenta de que aquello servía para respirar, comencé a sentir cierta molestia en la garganta. La burbuja se había ceñido tanto a ella que me costaba respirar. Me estaba estrangulando.
El aire cada vez se volvía más pesado. Miré a los demás, les estaba sucediendo lo mismo. Quizás el pequeño ser se hubiese equivocado con su conjuro. No quería soltar a la náyade, así que no tenía como aflojarme la presión. Repentinamente, la burbuja estalló. Esto no alivió mi presión. Unos segundos después la presión se convirtió en escozor. Después me empezó a quemar. Grité. Una hendidura apareció en mi piel. Más tarde otra, y poco después otra más. Miré al pequeño ser aterrado.
- Branquias- su voz retumbó en mi mente, y me miró con mucha quietud- ahora métete en el agua antes de que te seques y te quedes sin oxígeno- volvió a sonar su voz.
El aire cada vez se volvía más pesado. Miré a los demás, les estaba sucediendo lo mismo. Quizás el pequeño ser se hubiese equivocado con su conjuro. No quería soltar a la náyade, así que no tenía como aflojarme la presión. Repentinamente, la burbuja estalló. Esto no alivió mi presión. Unos segundos después la presión se convirtió en escozor. Después me empezó a quemar. Grité. Una hendidura apareció en mi piel. Más tarde otra, y poco después otra más. Miré al pequeño ser aterrado.
- Branquias- su voz retumbó en mi mente, y me miró con mucha quietud- ahora métete en el agua antes de que te seques y te quedes sin oxígeno- volvió a sonar su voz.
sábado, 8 de octubre de 2011
Bilocación confusa
Luz. El agua recorría mis pulmones. Todo estaba borroso. Tosí tan violentamente que pensé que no iba a poder contarlo. Las imágenes de la danza del fuego volvían a mi cabeza una y otra vez. Tosí otra vez. Una nueva sacudida me estremeció. La luz brillante se apagó. Las imágenes se iban aclarando. El pequeño ser estaba a mi lado. De alguna manera me había sacado de aquel calabozo. Estaba angustiado. En cuanto pude hablar le conté lo sucedido. Empecé por el fuego. Más tarde le contaría lo que pasó en el calabozo. Se quedó preocupado. La tensión se apoderó del ambiente. Definitivamente había sufrido una bilocación. No sabíamos si había sido real o imaginaria. Si representaba algo, o simplemente había presenciado un ritual de alguna tribu lejana.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Necesidad de agua
Desde luego, me sentía impotente. El pequeño ser apenas se estaba recuperando. La náyade se encontraba en un estado más que lamentable. Asks estaba estable, pero sus fuerzas también estaban mermadas. Los pequeños duendecillos permanecian impasibles. Frustrado, incompetente e inútil. Había entrado en una espiral de autocompasión Aquello no era normal en mí. Debía alejar aquellos pensamientos y pensar en soluciones. Tenía que optimizar el tiempo, tal y como me había enseñado mi padre.
Empecé a mirar a mi alrededor. El techo era demasiado alto. Quizás podía pedir a los duendecillos que conjurasen una enredadera. ¿Pero de que serviría?, una vez arriba, no tendríamos como hacer un agujero hasta la superficie.
Miré al pequeño ser, quería saber su opinión y sus ideas. Todavía estaba recuperándose. No estaba en plenas facultades. Miré a la náyade, su piel se estaba agrietando. Me empezó a pedir agua. No tenía agua para darla. Ella la necesitaba con mucha urgencia. Me puse nervioso, no había llegado hasta allí para que ahora ella se muriese. Fui corriendo al calabozo. Tenía la esperanza de que hubiese algo húmedo por allí. Al final, lo encontré, un pequeño cuenco de agua. No era suficiente, pero por el momento debería valer. Cuando volví, bebió como si le fuese la vida en ello. Me di cuenta de que el tiempo para salir de allí con vida se nos estaba acortando. Necesitaba un milagro. Volví al calabozo. Quizás allí encontrase una salida. Era una esperanza mínima, pero la verdad es que no se me ocurrían más ideas. Lo estudié a fondo. Era una zona más húmeda que las otras. De algún lado tenía que venir aquella humedad. Tan solo debía descubrirlo. Me agarré a aquella mínima creencia. No podía fallarles a los que ya consideraba como mi familia.
Empecé a mirar a mi alrededor. El techo era demasiado alto. Quizás podía pedir a los duendecillos que conjurasen una enredadera. ¿Pero de que serviría?, una vez arriba, no tendríamos como hacer un agujero hasta la superficie.
Miré al pequeño ser, quería saber su opinión y sus ideas. Todavía estaba recuperándose. No estaba en plenas facultades. Miré a la náyade, su piel se estaba agrietando. Me empezó a pedir agua. No tenía agua para darla. Ella la necesitaba con mucha urgencia. Me puse nervioso, no había llegado hasta allí para que ahora ella se muriese. Fui corriendo al calabozo. Tenía la esperanza de que hubiese algo húmedo por allí. Al final, lo encontré, un pequeño cuenco de agua. No era suficiente, pero por el momento debería valer. Cuando volví, bebió como si le fuese la vida en ello. Me di cuenta de que el tiempo para salir de allí con vida se nos estaba acortando. Necesitaba un milagro. Volví al calabozo. Quizás allí encontrase una salida. Era una esperanza mínima, pero la verdad es que no se me ocurrían más ideas. Lo estudié a fondo. Era una zona más húmeda que las otras. De algún lado tenía que venir aquella humedad. Tan solo debía descubrirlo. Me agarré a aquella mínima creencia. No podía fallarles a los que ya consideraba como mi familia.
martes, 27 de septiembre de 2011
Puerta metálica
Cuando llegué a la altura de la puerta la melodía cesó. Me quedé quieto para ver si volvía. Quería que volviese, era demasiado dulce para querer abandonarla. Quizás si abría la puerta, volvería a mí. Me había obsesionado con ella. Me resultaba sorprendente tener un sentimiento de dependencia tan grande.
Admiré la puerta. Parecía sacada de un cuento de hadas. Parecía hecha de una madera muy delicada. Me acerqué aún más para abrirla. En cuanto la toqué todo lo que había a mi alrededor desapareció. Piedras duras y frías aparecieron en su lugar. La armonía se rompió. Ante mí ya no estaba aquella puerta fabricada de fantasía. En su lugar, una gran puerta de metal azul ocupaba todo el espacio. Parecía muy pesada y resistente. Intenté abrirla con todas mis fuerzas, pero me era imposible.
Súbitamente escuché un débil quejido lastimero. Aquello aceleró mi pulso y sentí la necesidad de llegar al otro lado. Miré la puerta detenidamente, tenía que haber alguna forma para atravesarla. Me alejé para verlo todo desde mayor perspectiva. Pasaron por mi mente varias ideas. Quizás podría calentar la puerta hasta fundirla, aunque parecía demasiado resistente para ello. La siguiente idea que se me ocurrió fue encontrar algún resquicio donde la puerta fuese más débil. Otro error. Estaba perfectamente incrustada en las rocas. Un par de ideas más rondaron mi mente, pero las deseché todas. Tenía que haber una solución. Estaba convencido de ello. Como no se me ocurría ningún otro plan probé a calentar mis manos. Tal y como había predicho, no sirvió de nada. Apenas se calentó la primera capa y se produjo un pequeño arañazo. Necesitaba algo más eficiente. Me senté a pensar otra vez.
Admiré la puerta. Parecía sacada de un cuento de hadas. Parecía hecha de una madera muy delicada. Me acerqué aún más para abrirla. En cuanto la toqué todo lo que había a mi alrededor desapareció. Piedras duras y frías aparecieron en su lugar. La armonía se rompió. Ante mí ya no estaba aquella puerta fabricada de fantasía. En su lugar, una gran puerta de metal azul ocupaba todo el espacio. Parecía muy pesada y resistente. Intenté abrirla con todas mis fuerzas, pero me era imposible.
Súbitamente escuché un débil quejido lastimero. Aquello aceleró mi pulso y sentí la necesidad de llegar al otro lado. Miré la puerta detenidamente, tenía que haber alguna forma para atravesarla. Me alejé para verlo todo desde mayor perspectiva. Pasaron por mi mente varias ideas. Quizás podría calentar la puerta hasta fundirla, aunque parecía demasiado resistente para ello. La siguiente idea que se me ocurrió fue encontrar algún resquicio donde la puerta fuese más débil. Otro error. Estaba perfectamente incrustada en las rocas. Un par de ideas más rondaron mi mente, pero las deseché todas. Tenía que haber una solución. Estaba convencido de ello. Como no se me ocurría ningún otro plan probé a calentar mis manos. Tal y como había predicho, no sirvió de nada. Apenas se calentó la primera capa y se produjo un pequeño arañazo. Necesitaba algo más eficiente. Me senté a pensar otra vez.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Canto al renacimiento
Estaba jadeando. No lograba volver a la calma. Todas aquellas reflexiones eran inquietantes. Cuando conseguí abrir los ojos me di cuenta de que me había dado un duro golpe en la cabeza. Me tanteé y mi mano se llenó de sangre. Me tenía que curar cuanto antes. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Invoqué la fuerza a mis manos. Tenía que conseguir que el proceso de curación fuese rápido. Un débil brillo verde apareció. Lo coloqué sobre mi cabeza. Enseguida comencé a sentirme mejor. Mis huracanes mentales habían desaparecido.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta. Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones. Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta. Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones. Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Último tramo
Me quedé quieto. No tendría las suficientes fuerzas para volver trepando. Miré abajo, allí los guardias efectivamente se multiplicaron. Era una situación que no habíamos previsto. Mi cerebro funcionaba a la velocidad de la luz para encontrar una solución. Miré al símbolo de la rosa para que me diese fuerza. El fuego en ella había comenzado ha arder con más fuerza. ¿Cómo era aquello posible?, no importaba. Estaba convencido de que era un buen presagio. Un soldado más apareció. Ya eran cuatro. Este último portaba una pequeña bandeja. Con risas se acercó a los demás y les señaló lo que tenía. Los demás lo toquetearon con sus grandes manos de cuatro dedos y lo devolvieron a su sitio. Me dio asco solo de imaginarme como aquella comida se acercaba a mi boca.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta. Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.
Aquel ser se acercó al otro extremo de la superficie. Se adentró allí sin ninguna dificultad. Me imaginé que allí habría otro pasillo. Pocos minutos después se escuchó el ruido de una pesada puerta. Allí debía ser donde tenían a la prisionera. Cuando volvió las risas siguieron. No se movió del círculo. Los sonidos que emitían se expandían por todo el espacio y retumbaban en las paredes. Era parecido al chirrido de una puerta. Con decisión bajé otro segmento. Me cuidaba mucho de no hacer ruido. Nuestra única ventaja es que contábamos con el factor sorpresa. No podíamos estropear eso.
Asks por su parte se fabricó pequeños escalones de fuego. Eran similares a los que había hecho el caballo de fuego tiempo atrás. La diferencia radicaba en el tamaño; los de Asks eran considerablemente más pequeños; y en el color celeste de estos últimos. Saltaba de un escalón a otro con habilidad. Según avanzaba, sus creaciones iban desapareciendo. Pronto nos cogería ventaja. Cuando miré abajo, calculé la distancia que podíamos tener. Llegue a la conclusión de que ya habíamos recorrido las tres cuartas partes del camino. Pronto estaríamos en el suelo.
Descendí otro buen trecho. Debíamos actuar con rapidez. Estábamos al alcance de los ojos de aquellos guardianes. Tarde o temprano nos descubrirían. Respiré profundamente para saltar al suelo. Una ola de miedo recorrió mi cuerpo. Aún así no tenía otro remedio. Miré arriba para asegurarme de que los demás estaban conmigo. Visto desde allí, parecía que habíamos bajado un abismo de piedra.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Retorno para la salvación
Las raíces seguían creciendo y moviéndose intentando golpear a su enemiga. Ella por su parte, no se quedaba quieta y lanzaba rayos contra él. En una de las ocasiones, dio de lleno en una de sus raíces. Esta, en vez de morir, se duplico en dos. Se separó justo en donde había impactado aquel rayo. La ramificación había sido increíblemente simétrica. Esto no gustó a la hechicera, y, decidió dejar de utilizar aquella magia. Se concentró y comenzó a utilizar su propia energía. Lanzaba conjuros que hacía que saliesen manchas negras en el árbol. La dama del árbol se enfureció y produjo un pequeño terremoto. Hizo temblar todo y produjo profundos surcos en la tierra.
Mientras tanto, los colmillos no se movieron del sitio. Justo por encima de ellos se veían unos ojos que estaban estudiando todos y cada uno de los movimientos. Era muy confuso saber como iba a evolucionar aquella situación. Skule había descendido al suelo y se veía contrariada por las reacciones de la mujer del árbol. No se lo esperaba, y no sabía muy bien como actuar. Pero era solo cuestión de tiempo, puesto que era mucho más fuerte. En cuanto encontrase una oportunidad, ganaría aquel duelo.
Miré hacia el bosque. No había ni rastro de aquel ser. Ningún brillo que denotase su presencia. Sentí una nueva cuerda en mis pies. No contaba con aquello,inmediatamente me preparé para defenderme. Pegué un salto y la cuerda atrapó al pequeño ser. La hechicera tiró de ella y el pequeño ser salió volando por los aires. Fue a parar a sus pies. Con ello consiguió que los ataques de las raíces cesasen. Nos encontrábamos en una situación complicada. No podíamos dejar que el pequeño ser fuese su rehén. Sopesé todas las posibles soluciones, pero ninguna me convencía. Un pequeño brillo distrajo mi atención. Los colmillos volvieron a aparecer. En dos saltos, aquel ser se situó por detrás de Skule. Mi sorpresa fue máxima cuando descubrí de quién se trataba. Era la bestia. Con un poderoso zarpazo arañó toda la espalda de Skule. La había pillado desprevenida. Soltó la cuerda del pequeño ser, el cuál se quedó atónito. La hechicera se volteó y sin tiempo a nada más cayó de espaldas. La bestia se abalanzó sobre ella. La clavó sus pezuñas en los hombros y enseñó su furia. Su cabeza se movió con fuerza hacia el cuello de Skule. Quería arrancárselo de cuajo. Justo en aquel momento, la hechicera se convirtió en una estela de polvo negro y desapareció.
La bestia perpleja se quedó mirando el suelo unos instantes. Después nos miró a nosotros, inclinó la cabeza a su hijo y con tres saltos desapareció en la oscuridad del bosque.
Mientras tanto, los colmillos no se movieron del sitio. Justo por encima de ellos se veían unos ojos que estaban estudiando todos y cada uno de los movimientos. Era muy confuso saber como iba a evolucionar aquella situación. Skule había descendido al suelo y se veía contrariada por las reacciones de la mujer del árbol. No se lo esperaba, y no sabía muy bien como actuar. Pero era solo cuestión de tiempo, puesto que era mucho más fuerte. En cuanto encontrase una oportunidad, ganaría aquel duelo.
Miré hacia el bosque. No había ni rastro de aquel ser. Ningún brillo que denotase su presencia. Sentí una nueva cuerda en mis pies. No contaba con aquello,inmediatamente me preparé para defenderme. Pegué un salto y la cuerda atrapó al pequeño ser. La hechicera tiró de ella y el pequeño ser salió volando por los aires. Fue a parar a sus pies. Con ello consiguió que los ataques de las raíces cesasen. Nos encontrábamos en una situación complicada. No podíamos dejar que el pequeño ser fuese su rehén. Sopesé todas las posibles soluciones, pero ninguna me convencía. Un pequeño brillo distrajo mi atención. Los colmillos volvieron a aparecer. En dos saltos, aquel ser se situó por detrás de Skule. Mi sorpresa fue máxima cuando descubrí de quién se trataba. Era la bestia. Con un poderoso zarpazo arañó toda la espalda de Skule. La había pillado desprevenida. Soltó la cuerda del pequeño ser, el cuál se quedó atónito. La hechicera se volteó y sin tiempo a nada más cayó de espaldas. La bestia se abalanzó sobre ella. La clavó sus pezuñas en los hombros y enseñó su furia. Su cabeza se movió con fuerza hacia el cuello de Skule. Quería arrancárselo de cuajo. Justo en aquel momento, la hechicera se convirtió en una estela de polvo negro y desapareció.
La bestia perpleja se quedó mirando el suelo unos instantes. Después nos miró a nosotros, inclinó la cabeza a su hijo y con tres saltos desapareció en la oscuridad del bosque.
martes, 12 de julio de 2011
Duelo entre hielos
Todo el hielo que había caído de la parte de arriba dificultaba al felino acercarse. Pero aún así no cesaba en su empeño. Parecía que el pequeño ser le interesaba mucho. El pequeño ser estaba quieto, no se movió de su sitio. Cuando vio que el felino blanco ya estaba cerca de él empezó a levitar más alto. Buscaba una forma para ponerse a su altura. Me miró con sus ojos rojos y se asustó cuando vio la sangre seca que me cubría la cara. Yo seguía un poco mareado. La pérdida del preciado líquido de mis venas había sido devastadora en mi organismo.
Sin más miramientos el pequeño ser decidió ponerse enfrente y luchar por los dos si hacía falta. Su rival se encontraba tan solo a unos pasos de él. Debía actuar rápido. Ahora tan solo les separaba un metro. Faltaban segundos para decidir que hacer. Aquel gran animal se había parado. Parecía disfrutar de aquel momento, ya que conocía perfectamente su superioridad. El pequeño ser estaba concentrado al máximo, no se perdía ni un detalle de los movimientos de su contrario.
De repente con un rápido salto el felino se abalanzó sobre el pequeño ser, el cual logró apartarse por unos escasos centímetros. El felino no perdió el tiempo y le dio un zarpazo en uno de sus brazos. El grito del pequeño ser se oyó en toda la cueva. A mi se me partió el alma cuando lo escuché. A duras penas me levanté. Quería ayudarle pero no sabía muy bien como. Haciendo caso omiso a todo, me apoyé contra las paredes y llegué hasta donde se encontraban los contrincantes. El pequeño ser me miró esperanzado y el felino, que se había olvidado de mi, cayó en la cuenta de que primero era más fácil acabar conmigo.
viernes, 8 de julio de 2011
La explicación
Cada partícula de mi ser comenzó a viajar. A pesar de que mis sentidos estaban intactos, no podía ubicarme. Las veces anteriores, simplemente me había desmayado o todo se había vuelto borroso, pero nunca había estallado convirtiéndome en luz. No sabía cuales serían las consecuencias.
Sentí como todo se volvía negro otra vez. Mi mente dejaba de funcionar, la velocidad del viaje iba disminuyendo. Pocos segundos después, me paré por completo. Sentía una tranquilidad enorme. Las pulsaciones me bajaban y mi corazón dejaba de bombear tanta sangre. Tenía la sensación de volver a mi cuerpo. La oscuridad entera se presentó ante mi.
Poco a poco me fui despertando. Mi consciencia estaba intacta, pero mi cuerpo reaccionaba muy lentamente. Cuando al fin abrí los ojos vi como el pequeño ser me estaba observando preocupado. Me incorporé con esfuerzo y me trajo un plato lleno de comida. Le miré extrañado, no comprendía de donde había sacado eso. Después de titubear un poco, comencé a comer. Era la primera vez que ingería cosas decentes desde que había salido de mi hogar. Hasta ahora solo me había alimentado de raíces.
-No podía comunicarme contigo hasta que estuvieses más fuerte- me dijo el pequeño ser mientras estaba terminando.
-Me siento mucho mejor, ¿de dónde ha salido esta comida?- le pregunté curioso.
-Estuve investigando mientras dormías. No muy lejos de aquí hay una pequeña cueva llena de comida. No se de dónde salió, ni lo que significa, pero esta en buenas condiciones. Es un poco extraño- se quedó confundido.
-Cuando me desmayé me fui a otro sitio. Había un árbol, un carruaje, un monstruo medio humano y muchos fantasmas- se me hacía un nudo en la garganta al intentar hablar sobre ello.
-Quizás tengas el don de la bilocación temporal- me dijo pensativo- las tejedoras del destino te han podido traspasar un poco de su poder y por ello eres capaz de ver lo que pasó, lo que pasa, y lo que es probable que pase- el pequeño ser estaba muy preocupado, tanto que empezó a dar vueltas en círculos para tranquilizarse.
-¿Eso es posible?- le pregunté extrañado. Le miré fijamente pero el pequeño ser había perdido la conexión mental. No eramos capaces de tener conversaciones largas.
Muy despacio me incorporé y empezamos a caminar para adentrarnos en la cueva. Todo estaba muy oscuro y bastante húmedo. Caían gotas extrañas desde salientes del techo. Esta vez eran de un color azul celeste. A pesar de parecer inofensivas intentamos que ninguna de ellas nos alcanzase. Cuando atravesamos esta sala, la cueva empezó a cambiar. Las columnas empezaron a ser más elaboradas. Estaban pulidas y con extraños dibujos. Cuando me acerqué a mirarlas, unas extrañas llamas del mismo color que las gotas que habíamos visto antes, empezaron a surgir en el suelo y se empezaron a expandir a lo largo de todo el pasillo.
Sentí como todo se volvía negro otra vez. Mi mente dejaba de funcionar, la velocidad del viaje iba disminuyendo. Pocos segundos después, me paré por completo. Sentía una tranquilidad enorme. Las pulsaciones me bajaban y mi corazón dejaba de bombear tanta sangre. Tenía la sensación de volver a mi cuerpo. La oscuridad entera se presentó ante mi.
Poco a poco me fui despertando. Mi consciencia estaba intacta, pero mi cuerpo reaccionaba muy lentamente. Cuando al fin abrí los ojos vi como el pequeño ser me estaba observando preocupado. Me incorporé con esfuerzo y me trajo un plato lleno de comida. Le miré extrañado, no comprendía de donde había sacado eso. Después de titubear un poco, comencé a comer. Era la primera vez que ingería cosas decentes desde que había salido de mi hogar. Hasta ahora solo me había alimentado de raíces.
-No podía comunicarme contigo hasta que estuvieses más fuerte- me dijo el pequeño ser mientras estaba terminando.
-Me siento mucho mejor, ¿de dónde ha salido esta comida?- le pregunté curioso.
-Estuve investigando mientras dormías. No muy lejos de aquí hay una pequeña cueva llena de comida. No se de dónde salió, ni lo que significa, pero esta en buenas condiciones. Es un poco extraño- se quedó confundido.
-Cuando me desmayé me fui a otro sitio. Había un árbol, un carruaje, un monstruo medio humano y muchos fantasmas- se me hacía un nudo en la garganta al intentar hablar sobre ello.
-Quizás tengas el don de la bilocación temporal- me dijo pensativo- las tejedoras del destino te han podido traspasar un poco de su poder y por ello eres capaz de ver lo que pasó, lo que pasa, y lo que es probable que pase- el pequeño ser estaba muy preocupado, tanto que empezó a dar vueltas en círculos para tranquilizarse.
-¿Eso es posible?- le pregunté extrañado. Le miré fijamente pero el pequeño ser había perdido la conexión mental. No eramos capaces de tener conversaciones largas.
Muy despacio me incorporé y empezamos a caminar para adentrarnos en la cueva. Todo estaba muy oscuro y bastante húmedo. Caían gotas extrañas desde salientes del techo. Esta vez eran de un color azul celeste. A pesar de parecer inofensivas intentamos que ninguna de ellas nos alcanzase. Cuando atravesamos esta sala, la cueva empezó a cambiar. Las columnas empezaron a ser más elaboradas. Estaban pulidas y con extraños dibujos. Cuando me acerqué a mirarlas, unas extrañas llamas del mismo color que las gotas que habíamos visto antes, empezaron a surgir en el suelo y se empezaron a expandir a lo largo de todo el pasillo.
lunes, 13 de junio de 2011
Vista borrosa
De una manera muy rápida, los druidas se organizaron mediante gestos. Se colocaron en un círculo y empezaron a atacar a los cuervos. Hicieron diversos remolinos para despistar a los granzilius. Con esto conseguían que las imágenes pareciesen borrosas. También hacían diversos cambios de posición. Los cuervos empezaron a lanzar fuego, pero dado el movimiento de los druidas, tenían menos posibilidades de acertar. Pero había algo que faltaba. Algo que no me convencía del todo. Empecé a mirar a mi alrededor.
No veía al pequeño ser, eso me inquietaba mucho. Me adentré en el círculo de los druidas para ver si se encontraba allí, pero no. Los remolinos de viento dificultaban mi visión. Mediante pequeños destellos de luz, que salían de mi mano, conseguí alejarme lo suficiente para ver casi todo el campo de batalla sin resultar herido. Por fin le vi.
Estaba tumbado inconsciente en el otro lado de la explanada. Un cuervo se estaba acercando lentamente hacia él con un brillo de regocijo en la mirada. Me entró pánico al pensar que le podían hacer daño o que le podía perder. Empecé a correr hacia él sin importarme el peligro. Cuando ya estaba cerca, una pequeña bola de fuego me alcanzó y me derrumbó al suelo. Me había alcanzado la pierna. Tenía una gran quemadura que me hizo chillar de dolor y me nubló la vista. Intenté mirar al pequeño ser, no podía distinguir bien la imagen. Me sentía frustrado.
Intenté aclararme los ojos, pero era en vano. Respiré profundamente, abrí los ojos al máximo y según el recuerdo que tenía de la posición en la que estaba avancé. Sentí como el estómago se me revolvía al pensar que el cuervo estaba más y más cerca a cada segundo de él. Estaba en el suelo y no se movía.
No veía al pequeño ser, eso me inquietaba mucho. Me adentré en el círculo de los druidas para ver si se encontraba allí, pero no. Los remolinos de viento dificultaban mi visión. Mediante pequeños destellos de luz, que salían de mi mano, conseguí alejarme lo suficiente para ver casi todo el campo de batalla sin resultar herido. Por fin le vi.
Estaba tumbado inconsciente en el otro lado de la explanada. Un cuervo se estaba acercando lentamente hacia él con un brillo de regocijo en la mirada. Me entró pánico al pensar que le podían hacer daño o que le podía perder. Empecé a correr hacia él sin importarme el peligro. Cuando ya estaba cerca, una pequeña bola de fuego me alcanzó y me derrumbó al suelo. Me había alcanzado la pierna. Tenía una gran quemadura que me hizo chillar de dolor y me nubló la vista. Intenté mirar al pequeño ser, no podía distinguir bien la imagen. Me sentía frustrado.
Intenté aclararme los ojos, pero era en vano. Respiré profundamente, abrí los ojos al máximo y según el recuerdo que tenía de la posición en la que estaba avancé. Sentí como el estómago se me revolvía al pensar que el cuervo estaba más y más cerca a cada segundo de él. Estaba en el suelo y no se movía.
martes, 7 de junio de 2011
La protección
Al caer, nos quedamos todos un poco aturdidos. Cuando nos levantamos por nuestro propio pie, los hombres empezaron a entonar un cántico con tonos muy graves. Jamás había experimentado tanta angustia al escuchar un sonido. Las notas se clavaban en mi piel como espinas y sus voces retumbaban una y otra vez en mi cabeza.
Entre todo ese malestar distinguí un nuevo sonido. Miré al cielo, se estaba formando una tormenta muy fuerte y grandes truenos y relámpagos aparecieron. Primero se dispersaron por todo el cielo, pero poco a poco se fueron concentrando, hasta que se quedaron únicamente entorno a nuestra explanada.
Los hombres empezaron a cantar más grave todavía y los rayos empezaron a impactar en el suelo, a nuestro alrededor. Escasos centímetros nos separaban de morir por su impacto. Mientras tanto, el hombre de los ojos rojos empezó a mirar de forma desafiante al pequeño ser, el cual estaba nuevamente aferrado a mi pierna.
Después de unos minutos de intercambio de miradas, el pequeño ser soltó mi pierna.Cerró los ojos, lanzó un suspiro muy profundo y se situó enfrente de mi´. Poniéndose de puntillas me alcanzó las manos y puso sus palmas sobre las mías. Nuevamente cerró los ojos y mis manos empezaron a brillar. Lanzó un suspiro mucho más largo que el anterior y la tierra comenzó a temblar. Los hombres cesaron el canto sorprendidos, pero los rayos no desaparecieron.
Una masa celeste empezó a crecer de la tierra. Crecía a una velocidad de vértigo y pronto formó una capa protectora entorno a la explanada. Los hombres empezaron a cantar otra vez, y los rayos se volvieron más grandes y más agresivos. Empezaron a impactar contra la capa protectora.
El pequeño ser empezó a sudar, abrió los ojos que estaban inyectados en rojo sangre, y mis manos empezaron a brillar más aún. Empecé a notar cansancio y las piernas me empezaron a temblar.
Entre todo ese malestar distinguí un nuevo sonido. Miré al cielo, se estaba formando una tormenta muy fuerte y grandes truenos y relámpagos aparecieron. Primero se dispersaron por todo el cielo, pero poco a poco se fueron concentrando, hasta que se quedaron únicamente entorno a nuestra explanada.
Los hombres empezaron a cantar más grave todavía y los rayos empezaron a impactar en el suelo, a nuestro alrededor. Escasos centímetros nos separaban de morir por su impacto. Mientras tanto, el hombre de los ojos rojos empezó a mirar de forma desafiante al pequeño ser, el cual estaba nuevamente aferrado a mi pierna.
Después de unos minutos de intercambio de miradas, el pequeño ser soltó mi pierna.Cerró los ojos, lanzó un suspiro muy profundo y se situó enfrente de mi´. Poniéndose de puntillas me alcanzó las manos y puso sus palmas sobre las mías. Nuevamente cerró los ojos y mis manos empezaron a brillar. Lanzó un suspiro mucho más largo que el anterior y la tierra comenzó a temblar. Los hombres cesaron el canto sorprendidos, pero los rayos no desaparecieron.
Una masa celeste empezó a crecer de la tierra. Crecía a una velocidad de vértigo y pronto formó una capa protectora entorno a la explanada. Los hombres empezaron a cantar otra vez, y los rayos se volvieron más grandes y más agresivos. Empezaron a impactar contra la capa protectora.
El pequeño ser empezó a sudar, abrió los ojos que estaban inyectados en rojo sangre, y mis manos empezaron a brillar más aún. Empecé a notar cansancio y las piernas me empezaron a temblar.
viernes, 3 de junio de 2011
Sombras
¿Qué significaba aquella sombra?, era demasiado grande para pertenecer a cualquier especie conocida. Le indiqué al pequeño ser que debíamos andar con mucha más cautela que antes. A pesar de que íbamos a tardar más, ralentizamos nuestros pasos y nos volvimos más cuidadosos. Cuando nos acercamos aún más, otra nueva sombra surcó el cielo, y poco después aparecieron más. Todas flotaban en el aire y avanzaban bastante rápido. Mi inquietud y expectación eran máximas.
Por fin llegamos a escasos metros de la luz, que con cada sombra que se acercaba se volvía más brillante. Ante ellos había un claro de bosque en forma circular. No era muy grande, pero si lo suficientemente espacioso como para que todas las sombras se situasen alrededor de la luz.
Nosotros nos intentamos situar a una distancia prudencial para no ser descubiertos, y, nos escondimos detrás de un viejo árbol.
Cuando todas las sombras formaron un círculo perfecto, la luz blanca estalló en mil pedazos. Cada uno de los pedazos salió disparado hacía una sombra determinada. Cuando el efecto fue reproducido en todas las sombras, una nube negra se formó donde antes se encontraba la luz y empezó a absorber a las sombras. A medida que se iban absorbiendo, un cuerpo humano aparecía, de piel cetrina y cabellos negros. Después una espesa barba negra crecía sobre sus caras. La transformación era muy lenta y parecía muy dolorosa.miércoles, 1 de junio de 2011
Compañero
Intenté dialogar con el pequeño ser aproximadamente una hora, pero no entraba en razón. Seguía aferrado a mi pierna con fuerza. Empecé a dar vueltas sobre mí mismo, a ver si así me dejaba en libertad. Cogí tal velocidad, que todas las ramas y las lianas que estaban cerca se levantaron del suelo. Paré de inmediato, confundido por la fuerza que había cogido mi movimiento. Estaba sufriendo cambios en mi cuerpo y en mis habilidades que no llegaba a comprender.
Cuando me dejó de dar vueltas la cabeza, miré mis piernas, pero el pequeño ser seguía ahí. No se había movido ni un milímetro. No sabía que más podía hacer con él.
-¿No te vas a despegar de mi?- le pregunté , a lo que me miró con los ojos muy abiertos- de acuerdo- resoplé.
Recogí mi mochila y las pocas pertenencias que se habían caído y le hice un gesto al pequeño ser para que me siguiese. Se acercó a su madre, le tocó la zona dañada del vientre y con una lágrima se despidió de ella. Era una escena de lo más conmovedora. No entendía porque aquel pequeño había considerado que era necesario separarse de ella. Quizás algún día lo averiguaría.
Nos adentramos en el bosque otra vez, en aquel laberinto sin escapatoria. A los pocos segundos, a lo lejos una pequeña luz brilló.
Cuando me dejó de dar vueltas la cabeza, miré mis piernas, pero el pequeño ser seguía ahí. No se había movido ni un milímetro. No sabía que más podía hacer con él.
-¿No te vas a despegar de mi?- le pregunté , a lo que me miró con los ojos muy abiertos- de acuerdo- resoplé.
Recogí mi mochila y las pocas pertenencias que se habían caído y le hice un gesto al pequeño ser para que me siguiese. Se acercó a su madre, le tocó la zona dañada del vientre y con una lágrima se despidió de ella. Era una escena de lo más conmovedora. No entendía porque aquel pequeño había considerado que era necesario separarse de ella. Quizás algún día lo averiguaría.
Nos adentramos en el bosque otra vez, en aquel laberinto sin escapatoria. A los pocos segundos, a lo lejos una pequeña luz brilló.
martes, 31 de mayo de 2011
La mano verde
Con miedo y dolor la bestia se alejó de mí. Se tumbó en el suelo a una distancia prudencial y comenzó a aullar de forma lastimera. Viendo que no iba a atacar, me apoyé en el árbol para finalmente sentarme. Tenía heridas profundas por todo el cuerpo y estaba mareado por la cantidad de sangre perdida.
El pequeño ser se quedó a medio camino, observándonos. Era tan diferente de su madre, pero al igual tan idéntico, que no podía explicármelo.
Dolorido, magullado y lleno de heridas mi cuerpo cayó a los pies del árbol. Mi mano ya no desprendía polvo dorado. No entendía muy bien lo que había sucedido. Levanté la otra mano y me quedé pensativo. Sentía como la sangre fluía a una velocidad de vértigo. Instintivamente me la acerqué a la boca y soplé. Unas pequeñas llamas verdes empezaron a salir de ella. Me quedé absorto mirándola y la apoyé en mi pierna. A los pocos segundos empecé a notar un calor agradable en la pierna, y al mirar detenidamente me di cuenta de que pequeñas llamas verdes recorrían todo mi muslo y bajaban lentamente hacía mi tobillo. A su paso se iban cicatrizando todas las heridas que me había hecho la bestia.
Puse mi mano sobre mi otra pierna, y el efecto fue el mismo. De esta manera, conseguí cerrarme todas las heridas del cuerpo, y parar así las hemorragias. Cuando las llamas verdes cesaron el pequeño ser se acercó a mi y me señaló a la bestia. Seguía tumbada con cara de dolor y tenía los ojos cerrados aunque respiraba. Miré nuevamente al pequeño ser y me acerqué a la bestia.
Puse mi mano sobre ella y con la otra la saqué la estaca. Un aullido muy grave de dolor retumbó por todo el bosque. Tiré al estaca lejos y me concentré. De mi mano empezaron a salir grandes llamas verdes que se depositaron en ella y consiguieron pararla el sangrado. Como la herida era muy grande no conseguí cerrarla del todo.
El pequeño ser se quedó a medio camino, observándonos. Era tan diferente de su madre, pero al igual tan idéntico, que no podía explicármelo.
Dolorido, magullado y lleno de heridas mi cuerpo cayó a los pies del árbol. Mi mano ya no desprendía polvo dorado. No entendía muy bien lo que había sucedido. Levanté la otra mano y me quedé pensativo. Sentía como la sangre fluía a una velocidad de vértigo. Instintivamente me la acerqué a la boca y soplé. Unas pequeñas llamas verdes empezaron a salir de ella. Me quedé absorto mirándola y la apoyé en mi pierna. A los pocos segundos empecé a notar un calor agradable en la pierna, y al mirar detenidamente me di cuenta de que pequeñas llamas verdes recorrían todo mi muslo y bajaban lentamente hacía mi tobillo. A su paso se iban cicatrizando todas las heridas que me había hecho la bestia.
Puse mi mano sobre mi otra pierna, y el efecto fue el mismo. De esta manera, conseguí cerrarme todas las heridas del cuerpo, y parar así las hemorragias. Cuando las llamas verdes cesaron el pequeño ser se acercó a mi y me señaló a la bestia. Seguía tumbada con cara de dolor y tenía los ojos cerrados aunque respiraba. Miré nuevamente al pequeño ser y me acerqué a la bestia.Puse mi mano sobre ella y con la otra la saqué la estaca. Un aullido muy grave de dolor retumbó por todo el bosque. Tiré al estaca lejos y me concentré. De mi mano empezaron a salir grandes llamas verdes que se depositaron en ella y consiguieron pararla el sangrado. Como la herida era muy grande no conseguí cerrarla del todo.
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