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jueves, 3 de noviembre de 2011

Cola de sirena

Las convulsiones empezaron a invadir mi cuerpo. Eran fuertes y me sacudían entero. Tenía que aislar el dolor en mi mente. No podía dejar que aquello perturbase mi concentración. Tenía que seguir nadando con fuerza. Las alas de Kaysa ya no estaban para ayudarnos. Miré atrás. Me horroricé. Las serpientes habían formado una gran espiral. Ahora todas estaban tan coordinadas que parecían una sola. Cuando se dieron cuenta de que les estaba mirando, hicieron que la gran serpiente sonriera. Me estremecí entero. Sin dejar de moverse comenzó a abrir la boca. En ella nació un gran colmillo. Grité de miedo. Si uno pequeño estaba teniendo terribles consecuencias sobre mí. No me quería imaginar la tortura que supondría que aquel diente puntiagudo y lleno de veneno penetrase en la carne.
La vista se me estaba nublando. Miré a Kaysa, dado que su velocidad había descendido, podía alcanzarla. La cogí de una pierna. Se dio la vuelta. Hasta aquel entonces no se había fijado en mi estado. Vi pánico escrito en sus ojos. El pequeño ser me observó. Miró detrás. La atrocidad que le supuso ver a la serpiente se hizo evidente. Agarró a la náyade de la pierna que tenía libre y empezó a entonar un cántico. Con el movimiento de su boca se formaron pequeños remolinos. Se deslizaron por el agua hasta llegar a las piernas de Kaysa. Tuve que soltarme de allí. La presión que ejercían sobre las piernas era fortísima. De la nada se formó una cola de sirena.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Voces en la cabeza

Una nueva melodía llegó hasta mis oídos. Era tan suave como una flor y dulce como la miel.  Capaz de evadir a los mismísimos confines del planeta. Porque a pesar de que no sabía que había más allá del bosque, tenía fe en que el mundo inexplorado fuese infinito. Todos estos pensamientos fluían en conjunto con las notas de música. Moví la cabeza de un lado a otro con furia. Debía volver a la realidad.
El pequeño ser seguía convaleciente. No sabía que podía hacer. Mis energías habían disminuido. Estaba demasiado cansado para poder continuar con la sanación. Por lo menos había conseguido restablecer el flujo de su sangre. Esto había ayudado a cerrar sus heridas más internas. No quedaba mucho trabajo, por lo menos eso esperaba.  Necesitaba encontrar alguna fuente de energía alternativa.
Me levanté despacio. Investigué todo lo que había a nuestro alrededor. Me quedé desilusionado. Todo era roca. Me acerqué al pasillo por el que salieron los guardianes. Quería asegurarme de que ninguno más nos entorpecería el camino. Me adentré hasta una distancia prudencial. Pegué el oído a la pared, procuré olfatear todo, pero nada. A pesar de ello no podía relajarme. Volví sobre mis pasos.
Cuando me acerqué a mis compañeros, vi que nada había cambiado. El pequeño ser seguía inconsciente. A pesar de la rabia que tenía en mi interior, por el momento no podía hacer nada más.
Una vez más la melodía comenzó a sonar. Miré a los demás, pero no se habían inmutado. Le pregunté a Asks si lo escuchaba, pero negó con la cabeza. Estaba confuso. ¿Eran voces en mi cabeza? ¿Me estaba volviendo loco?. Miré arriba. La rosa de fuego adquirió un tono azul intenso.  La melodía se intensificó.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Canto al renacimiento

Estaba jadeando. No lograba volver a la calma. Todas aquellas reflexiones eran inquietantes. Cuando conseguí abrir los ojos me di cuenta de que me había dado un duro golpe en la cabeza. Me tanteé y mi mano se llenó de sangre. Me tenía que curar cuanto antes. Apenas tenía fuerzas para levantarme. Invoqué la fuerza a mis manos. Tenía que conseguir que el proceso de curación fuese rápido. Un débil brillo verde apareció. Lo coloqué sobre mi cabeza. Enseguida comencé a sentirme mejor.  Mis huracanes mentales habían desaparecido.
Poco a poco, me incorporé y miré a mi alrededor. Escuché nuevamente la dulce melodía. Quise seguirla. Era embriagadora. Quería quedarme en aquel estado de ensoñación eterno. Justo en el momento en el que me iba a dejar llevar por todo ello, vi al pequeño ser. Estaba malherido y apenas respiraba. Desperté en el acto. Aquello era mucho más importante que mi propia sensación de bienestar. Fui corriendo hasta su posición. Asks estaba tumbado a su lado. Estaba débil, pero se recuperaría. En cambio, el pequeño ser necesitaba una cura inmediata. Siguiendo un impulso cerré los ojos y coloqué mis dos manos encima de él. Un cántico muy grave salió de mi garganta.  Respiré profundamente. El aire llenó enteramente mis pulmones.  Aquel canto llenó toda la estancia y acalló la dulce melodía. Me llenó de energía y positivismo. Mis manos se encendieron. Primero adquirieron su particular tono verde, para después cambiar a rojo. El color se fue oscureciendo hasta adquirir la misma tonalidad que la sangre del pequeño ser. La herida era profunda. Se podía ver como la sangre empezaba a renacer y regenerarse. Parecía un río en pleno nacimiento. Salvaje e indomable. Muchos pequeños capilares rotos se empezaron a juntar. El calor de mis manos estaba realizando la labor de reconstrucción. Mientras, el pequeño ser seguía inconsciente.
El proceso de renacimiento era tedioso y doloroso. En cierta manera era bueno que el pequeño ser estuviese inconsciente. Probablemente no habría podido resistir toda la sanación. A pesar de que pasé mucho tiempo proyectándole mi energía, la herida no quería cerrarse. Había perdido mucha sangre y los brotes de nueva vida eran complicados.