El Bosque Sin Luz ya llegó a las bases de datos de la Fnac, podrás preguntar en las tiendas!
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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jueves, 26 de marzo de 2015
El Bosque Sin Luz ya lo podéis encontrar en la FNAC
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jueves, 20 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
viernes, 23 de septiembre de 2011
Voces en la cabeza
Una nueva melodía llegó hasta mis oídos. Era tan suave como una flor y dulce como la miel. Capaz de evadir a los mismísimos confines del planeta. Porque a pesar de que no sabía que había más allá del bosque, tenía fe en que el mundo inexplorado fuese infinito. Todos estos pensamientos fluían en conjunto con las notas de música. Moví la cabeza de un lado a otro con furia. Debía volver a la realidad.
El pequeño ser seguía convaleciente. No sabía que podía hacer. Mis energías habían disminuido. Estaba demasiado cansado para poder continuar con la sanación. Por lo menos había conseguido restablecer el flujo de su sangre. Esto había ayudado a cerrar sus heridas más internas. No quedaba mucho trabajo, por lo menos eso esperaba. Necesitaba encontrar alguna fuente de energía alternativa.
Me levanté despacio. Investigué todo lo que había a nuestro alrededor. Me quedé desilusionado. Todo era roca. Me acerqué al pasillo por el que salieron los guardianes. Quería asegurarme de que ninguno más nos entorpecería el camino. Me adentré hasta una distancia prudencial. Pegué el oído a la pared, procuré olfatear todo, pero nada. A pesar de ello no podía relajarme. Volví sobre mis pasos.
Cuando me acerqué a mis compañeros, vi que nada había cambiado. El pequeño ser seguía inconsciente. A pesar de la rabia que tenía en mi interior, por el momento no podía hacer nada más.
Una vez más la melodía comenzó a sonar. Miré a los demás, pero no se habían inmutado. Le pregunté a Asks si lo escuchaba, pero negó con la cabeza. Estaba confuso. ¿Eran voces en mi cabeza? ¿Me estaba volviendo loco?. Miré arriba. La rosa de fuego adquirió un tono azul intenso. La melodía se intensificó.
El pequeño ser seguía convaleciente. No sabía que podía hacer. Mis energías habían disminuido. Estaba demasiado cansado para poder continuar con la sanación. Por lo menos había conseguido restablecer el flujo de su sangre. Esto había ayudado a cerrar sus heridas más internas. No quedaba mucho trabajo, por lo menos eso esperaba. Necesitaba encontrar alguna fuente de energía alternativa.
Me levanté despacio. Investigué todo lo que había a nuestro alrededor. Me quedé desilusionado. Todo era roca. Me acerqué al pasillo por el que salieron los guardianes. Quería asegurarme de que ninguno más nos entorpecería el camino. Me adentré hasta una distancia prudencial. Pegué el oído a la pared, procuré olfatear todo, pero nada. A pesar de ello no podía relajarme. Volví sobre mis pasos.
Cuando me acerqué a mis compañeros, vi que nada había cambiado. El pequeño ser seguía inconsciente. A pesar de la rabia que tenía en mi interior, por el momento no podía hacer nada más.
Una vez más la melodía comenzó a sonar. Miré a los demás, pero no se habían inmutado. Le pregunté a Asks si lo escuchaba, pero negó con la cabeza. Estaba confuso. ¿Eran voces en mi cabeza? ¿Me estaba volviendo loco?. Miré arriba. La rosa de fuego adquirió un tono azul intenso. La melodía se intensificó.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Un acantilado
La luz. Aquel era mi destino. Encontrarla y llevarla de vuelta al cielo. No sabía cómo podía hacerlo. Me agobiaba, los días pasaban y no veía progresos de ningún tipo. Cuando nos recompusimos de nuestra batalla con los murciélagos, nos pusimos en marcha otra vez. El pasillo era más oscuro que el anterior. Lleno de humedades y gotas por todos lados. Sentía la pesadez de la capa mojada en mis hombros. Esto añadido al cansancio, hizo que mi paso se ralentizase.
En las rocas que nos rodeaban empezó a aparecer musgo. Poco a poco se expandía por todo el espacio. Parecía como si nos estuviésemos acercando a algún lago. La carencia de símbolos nos desanimó un poco. Habíamos emprendido aquel camino sin fin. Tan repetitivo, tan sombrío. Descansamos un poco. Todo estaba en silencio, no nos apetecía ni hablar. Aquel paisaje estaba mermando nuestro positivismo. Los diablillos ya no saltaban, y el pequeño ser refunfuñaba.
Cuando proseguimos el panorama no cambió. Al menos, el musgo del suelo era mullido e insonorizaba nuestras pisadas. Después de horas, algo cambió. El camino se volvió empinado. Estábamos subiendo arriba. Tenía que agarrarme al suelo para no perder el equilibrio. Por suerte no era muy largo. Llegamos a una pequeña sala. Había una ventana en uno de los lados. Al otro lado se veía algo de iluminación. Con mucha cautela me asomé. El vértigo invadió todos mis sentidos. Tuve que apartarme de allí. No pude volver a asomarme hasta que me tranquilicé. Cuando asumí la altura, mi cabeza volvió a asomarse. Estábamos en un escarpado acantilado. Abajo en el suelo había luces. Al agudizar el oído, escuché un murmullo. Intenté ver más allá, pero no distinguí las figuras.
Justo cuando iba a retirarme de la ventana, algo llamó mi atención. La marca de una rosa de fuego a mitad de camino entre el suelo y donde estábamos nosotros. Aquello era buena señal, el camino era el correcto. El problema sería cómo bajar de allí, y, quienes eran ellos.
En las rocas que nos rodeaban empezó a aparecer musgo. Poco a poco se expandía por todo el espacio. Parecía como si nos estuviésemos acercando a algún lago. La carencia de símbolos nos desanimó un poco. Habíamos emprendido aquel camino sin fin. Tan repetitivo, tan sombrío. Descansamos un poco. Todo estaba en silencio, no nos apetecía ni hablar. Aquel paisaje estaba mermando nuestro positivismo. Los diablillos ya no saltaban, y el pequeño ser refunfuñaba.
Cuando proseguimos el panorama no cambió. Al menos, el musgo del suelo era mullido e insonorizaba nuestras pisadas. Después de horas, algo cambió. El camino se volvió empinado. Estábamos subiendo arriba. Tenía que agarrarme al suelo para no perder el equilibrio. Por suerte no era muy largo. Llegamos a una pequeña sala. Había una ventana en uno de los lados. Al otro lado se veía algo de iluminación. Con mucha cautela me asomé. El vértigo invadió todos mis sentidos. Tuve que apartarme de allí. No pude volver a asomarme hasta que me tranquilicé. Cuando asumí la altura, mi cabeza volvió a asomarse. Estábamos en un escarpado acantilado. Abajo en el suelo había luces. Al agudizar el oído, escuché un murmullo. Intenté ver más allá, pero no distinguí las figuras.
Justo cuando iba a retirarme de la ventana, algo llamó mi atención. La marca de una rosa de fuego a mitad de camino entre el suelo y donde estábamos nosotros. Aquello era buena señal, el camino era el correcto. El problema sería cómo bajar de allí, y, quienes eran ellos.
viernes, 2 de septiembre de 2011
La senda de la rosa
-¿Por dónde deberíamos ir?- le pregunté al pequeño ser, el cual levantó los hombros en señal de incertidumbre- pues debemos pensarlo bien-.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.
Un ruido se escuchó a mis espaldas. Me di la vuelta y apareció Asks. Me quedé sorprendido. Desde su última desaparición, no sabíamos nada de él. Supuse que había seguido nuestro rastro. Al contrario que los demás, no se dio ningún golpe en la cabeza. Estaba algo confundido, pero nada más. Se acercó a nosotros sin bajar la guardia. No conocía aquel sitio y no se sentía cómodo con eso.
Volvimos a prestar la máxima atención a todos los pasillos que nos rodeaban. Eran exactamente iguales. Ninguna marca distintiva, ningún sonido fuera de lo común, ningún saliente de roca.
El pequeño ser se acercó a una pared. Cerró los ojos y empezó a realizar un ritual. Cantaba en voz muy bajita, casi parecía un susurro. Colocó sus manos encima de una roca. Las situó de manera simétrica. Después colocó la frente y aumentó un poco el tono de voz. Entorno a toda la sala se empezó a formar una capa de energía. Iba cambiando de colores. Era un espectáculo increíble. Incluso las llamas de Asks se volvieron de un color celeste más intenso y aumentaron su tamaño.
Cuando la capa de energía desapareció, las piedras se llenaron de marcas. Había de todos los tipos y de todos los tamaños. Me acerqué, era complicado distinguirlas, todas tenían el mismo color gris. Fui revisando una a una , pero eran demasiadas. De repente, una de ellas me llamó la atención. Estaba en el lado contrario al que me encontraba yo. Era de un leve color rojo oscuro. Me acerqué a toda prisa. Mi alegría fue inmensa cuando descubrí que tenía la forma de una rosa. Se encontraba situada en una de las entradas.
-Esta marca debe de ser de la náyade- sonreí satisfecho. Me adentré en un oscuro pasillo. La humedad me azotó, pero en aquel momento era optimista.
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