Páginas vistas

Mostrando entradas con la etiqueta rayos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rayos. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2011

Alma oscura

Cuando estuve lo suficientemente cargado, los rayos cesaron. La bestia que había despertado en mí se estaba apaciguando. Sentía como una parte importante de mí se había desarrollado. Me sentía más completo que antes. Menos perdido. Tenía un objetivo claro. No sabía que pasaría después. En esos momentos no me importaba. Quería salvar a mi pequeña princesa. Si luego toda la cólera de la élite se cernía sobre mí, no me importaba. Tampoco las maldiciones. Tenía la mente despejada para mi objetivo.
-Esto no es bueno- dijo la náyade haciéndome volver a la realidad.
-¿El qué?- la pregunté extrañado.
-Los rayos, se asocian a lo malo. Es así desde la antigüedad. El poder de controlar los fenómenos eléctricos siempre lo han tenido los magos oscuros Erwan- me dijo muy seria- Skule tiene ese poder- añadió después de una pausa.
- Eso no significa que yo tenga un alma oscura- repliqué mirando al pequeño ser.
- Puede- dijo lentamente Kaysa- pero tampoco es buena señal-.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Volviendo al árbol flotante

Numerosas hojas azotaban mi cara. El aire silbaba en mis oídos. Era una buena sensación. Por un segundo podía sentir la libertad. Estar bajo tierra había hecho que mi carácter empeorase.  Pero en aquel momento la lejanía de los malos espíritus me lleno de paz. Sabía que un momento así no iba a durar mucho tiempo, por eso quería saborearlo bien. Ardua tarea. Venían a mi cabeza momentos pasados. De sufrimiento y miedo. No me permitieron disfrutar del instante.
Todo aquel sometimiento sin sentido había hecho que el mundo que yo conocía fuese cruel. Todos los seres vivos habían tenido miedo a enfrentarse a la élite del mal. Habían huido al calor de sus hogares. Nadie les había plantado cara hasta ahora. Estaba dispuesto a llegar al final. Sabía que había dos desenlaces posibles, o la destrucción de ellos, o mi propia destrucción. También sabía que era mucho más probable que se cumpliese la última. No por ello iba a desfallecer. Por lo menos sería el primero que les hizo frente. Quizás detrás de mi viniesen más. Por lo menos, esa era la esperanza que aguardaba. 
Seguía flotando por el aire. Las ramas eran cada vez más livianas y mi espíritu más intrépido. Volví a aquel lugar que tantas veces había visitado en sueños. El árbol flotante. Esta vez no estaba lleno de neblina, ni el frío congelaba sus raíces. Cuando aterricé a su lado, el cielo se oscureció. Una tormenta de rayos estaba a punto de caer. Quizás eran consecuencias de mi ataque a los guardianes. La electricidad fluía por todas partes. El aire se cargó tanto que era complicado respirar. No sabía si era tan solo una ilusión o quizás un mensaje oculto. Cuando toqué la corteza, los rayos y truenos retumbaron por todas partes. Una punzada de miedo invadió mi pensamiento. La tensión eléctrica del ambiente y la tormenta no eran una buena combinación. Me eché para atrás. Mis instintos más básicos actuaron y comencé a correr para atrás. La tormenta se había acumulado entorno al árbol. De repente un rayo impactó en el centro de él. Verle atravesado de esta manera me dolió.
Algo estaba pasando, tenía que darme prisa. Los malos presentimientos se estaban apoderando de mí.

lunes, 15 de agosto de 2011

Cuerdas de magia negra

Nuestra nebulosa de protección cada vez era más pequeña. No entendía como era posible que Skule tuviese más poder que al empezar. Todos estábamos cansados y doloridos, nuestras energías habían menguado. Ella era todo lo contrario, se había crecido con nuestro sufrimiento. Una de sus manos agarraba fuertemente el amuleto que tenía en el cuello, la otra mano apuntaba hacia nosotros. Supuse  que aquel extraño colgante era lo que la daba fuerza. Tenía que averiguar que era y que contenía.
Con brusquedad dejó su otra mano libre y empezó a mirar al cielo. Pronunció palabras en un lenguaje desconocido para mi. Vi  como Asks se estremecía a mi lado,  debía de haber entendido sus gritos. Un segundo después, los truenos empezaron a escucharse por todo el bosque. Rayos de energía, impactaron con fuerza, estaban desafiando nuestra magia. Estábamos siendo atacados por dos frentes, aquello era demasiado para nosotros. Sentí como varios mareos hacían que perdiese la concentración. Intenté aguantar.
Los ojos de la hechicera negra empezaron a moverse a mucha velocidad. Eran negros como el onix más puro. Miró otra vez al cielo y los impactos de la tormenta se intensificaron. Sin mucho esfuerzo rompió nuestras barreras. Nos quedamos al descubierto. Intenté activar mis manos otra vez, pero era demasiado tarde. Ella había sido más rápida, había conjurado unas cuerdas para que nos atasen. Formaron un círculo a nuestro alrededor. Intenté soltarme, era imposible, cada vez que las tocaba una descarga eléctrica recorría mi cuerpo. Era un voltaje tan alto que después del temblor inicial, mi cuerpo se quedó lleno de marcas.
Se acercó hacia nosotros a paso lento. Estaba disfrutando de cada instante. Aquella victoria sobre nosotros la llenaba de satisfacción y orgullo. A pesar de la magia que estaba utilizando para mantenernos presos los ojos la cambiaron a su color normal. El amarillo que desprendía era fulminante. Sus movimientos lentos pero precisos recordaban al reptar de una serpiente. Comenzó a humedecerse los labios y a enseñar los dientes. Nos miraba fijamente, para ella eramos unas presas a punto de ser devoradas.

martes, 2 de agosto de 2011

Baile de luces y sombras

Las armaduras de color metalizado brillaban más que nunca. Era de noche y la luna impactaba de lleno en ellas. La hechicera pensaba detenidamente cual iba a ser su próximo paso. A mi lado, el pequeño ser  intentaba respirar profundamente para paliar su miedo. En cambio, yo no sabía disimular tan bien, un sudor frío resbalaba por mi piel. Había momentos en los que mi respiración se entrecortaba, y entonces era capaz de oír los latidos de mi corazón.
Para matar el aburrimiento mientras pensaba que hacer con nosotros, Skule empezó a derribar árboles. Con pequeños movimientos de sus dedos, conseguía que se partiesen en dos. Después de crear un círculo de árboles destrozados entorno a nosotros sonrió.
-Ahora ya no tenéis forma de huir, estáis solos y abandonados- en su voz se podía distinguir la excitación de un depredador que va de caza- tantos años esperando al salvador, para liquidarte tan pronto- se acercó a mi. Había dejado de hacer magia negra, sus ojos volvían a ser de un inquietante amarillo.  Cuando estaba tan cerca de mí que podía sentir su aliento en mi nuca, el último árbol cayó.
El caballo relinchó fuertemente. El árbol le había rozado y de un salto salió de su escondite.  A pesar de la sorpresa Skule reaccionó rápidamente y hizo crecer una enredadera de espinas de la nada. Rodeó al caballo con habilidad a pesar de la resistencia que opuso este. Nuestro sueño de escapar se había esfumado en cuanto la primera espina rozó al caballo. Nos habíamos quedado sin el factor sorpresa. Me encontraba a al intemperie, intentando surcar una tormenta demasiado grande.
La hechicera miró al cielo y susurró unas palabras. Las nubes negras se empezaron a agolpar encima de nuestras cabezas. Se avecinaba una gran tormenta. El primer rayo no tardó en llegar. Impactó en una de las raíces de nuestro árbol. Empezó a oler a quemado. Mientras tanto, los truenos empezaron a escucharse por todas partes, retumbando en los oídos. Los relámpagos hicieron del cielo un baile entre luces y sombras.

martes, 7 de junio de 2011

La protección

Al caer, nos quedamos todos un poco aturdidos. Cuando nos levantamos por nuestro propio pie, los hombres empezaron a entonar un cántico con tonos muy graves. Jamás había experimentado tanta angustia al escuchar un sonido.  Las notas se clavaban en mi piel como espinas y sus voces retumbaban una y otra vez en mi cabeza.
Entre todo ese malestar distinguí un nuevo sonido. Miré al cielo, se estaba formando una tormenta muy fuerte y grandes truenos y relámpagos aparecieron. Primero se dispersaron por todo el cielo, pero poco a poco se fueron concentrando, hasta que se quedaron únicamente entorno a nuestra explanada.
Los hombres empezaron a cantar más grave todavía y los rayos empezaron a impactar en el suelo, a nuestro alrededor. Escasos centímetros nos separaban de morir por su impacto.  Mientras tanto, el hombre de los ojos rojos empezó a mirar de forma desafiante al pequeño ser, el cual estaba nuevamente aferrado a mi pierna.
Después de unos minutos de intercambio de miradas, el pequeño ser soltó mi pierna.Cerró los ojos, lanzó un suspiro muy profundo y se situó enfrente de mi´. Poniéndose de puntillas me alcanzó las manos y puso sus palmas sobre las mías. Nuevamente cerró los ojos y mis manos empezaron a brillar. Lanzó un suspiro mucho más largo que el anterior y la tierra comenzó a temblar. Los hombres cesaron el canto sorprendidos, pero los rayos no desaparecieron.
Una masa celeste empezó a crecer de la tierra. Crecía a una velocidad de vértigo y pronto formó una capa protectora entorno a la explanada.  Los hombres empezaron a cantar otra vez, y los rayos se volvieron más grandes y más agresivos. Empezaron a impactar contra la capa protectora.
El pequeño ser empezó a sudar, abrió los ojos que estaban inyectados en rojo sangre, y mis manos empezaron a brillar más aún. Empecé a notar cansancio y las piernas me empezaron a temblar.