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sábado, 2 de julio de 2011

Medio- hombre

Con paso lento pero firme empezó a caminar hacia mí. No le pude ver bien hasta que no estuvo a escasa distancia de mí. Pegué un salto hacia atrás. Era la imagen más terrorífica que había visto en mi vida. De la conmoción, la sangre dejó de fluir hacia mis extremidades. Se quedó congelada y como consecuencia, todo mi ser  estaba petrificado. Gotas frías de sudor me invadieron, dejándome helado.
Parecía un muerto viviente, un ser de otro mundo. Tenía medio cuerpo de esqueleto, y la otra mitad de humano. Justo en el límite se veía la transición de un estado al otro. Los pliegues de carne se podían distinguir perfectamente. Abrió la boca y empezó a sonreír con malicia. Un insecto negro le salió de ella. Se me revolvió el estómago. El asco y miedo que me daba aquel medio-hombre no se podía comparar con nada que hubiese conocido. 
Levantó su brazo esquelético, lleno de moho. Con una nueva sonrisa, que parecía la de un viejo enterrador desquiciado, chasqueó los dedos. 

viernes, 10 de junio de 2011

Mestizo

Ahora comprendía mejor porque era tan diferente de su madre. Era un mestizo. Y de alguna manera tenía cierta magia en sí mismo, de la cual, una pequeña parte había traspasado a mí. Eso era lo causante de mis quemazones y el brillo de mis manos.
-¿Cómo te llamas muchacho?. me preguntó el líder.
-De pequeño me llamaban niño, y , ahora me llaman muchacho- contesté triste.
-Ya veo que no tienes nombre- contestó pensativo- veo que las costumbres no han cambiado desde que me encontré al último humano. Debes buscar tu nombre-.
-¿Han existido más humanos que hayan superado la niñez?- pregunté emocionado.
-Cada sesenta o setenta años consigue llegar alguno a tu edad, pero ninguno ha sobrevivido en este bosque. Nosotros, los druidas negros, depositamos nuestras esperanzas en ellos, pero la oscuridad y los habitantes negros ganaron la batalla- relató angustiado el hombre- ahora mismo creo que eres la única esperanza de los humanos y la luz. Con la ayuda de tu pequeño mestizo-.
Se oyó un murmullo de confirmación por parte de los demás druidas. Tenía tantas preguntas sin respuesta, que no sabía por dónde empezar. Abrí la boca para proceder a mi segunda pregunta, pero un mal presagio me paró de inmediato.
El pequeño ser empezó a mirar con mucha atención a nuestro alrededor. Sus orejas se pusieron alerta, había escuchado algún sonido que no le gustaba. Levantó los brazos y empezó a dar vueltas sobre sí mismo. En pocos segundos la masa celeste desapareció y pudimos ver con claridad lo que nos estaba esperando.

martes, 7 de junio de 2011

La protección

Al caer, nos quedamos todos un poco aturdidos. Cuando nos levantamos por nuestro propio pie, los hombres empezaron a entonar un cántico con tonos muy graves. Jamás había experimentado tanta angustia al escuchar un sonido.  Las notas se clavaban en mi piel como espinas y sus voces retumbaban una y otra vez en mi cabeza.
Entre todo ese malestar distinguí un nuevo sonido. Miré al cielo, se estaba formando una tormenta muy fuerte y grandes truenos y relámpagos aparecieron. Primero se dispersaron por todo el cielo, pero poco a poco se fueron concentrando, hasta que se quedaron únicamente entorno a nuestra explanada.
Los hombres empezaron a cantar más grave todavía y los rayos empezaron a impactar en el suelo, a nuestro alrededor. Escasos centímetros nos separaban de morir por su impacto.  Mientras tanto, el hombre de los ojos rojos empezó a mirar de forma desafiante al pequeño ser, el cual estaba nuevamente aferrado a mi pierna.
Después de unos minutos de intercambio de miradas, el pequeño ser soltó mi pierna.Cerró los ojos, lanzó un suspiro muy profundo y se situó enfrente de mi´. Poniéndose de puntillas me alcanzó las manos y puso sus palmas sobre las mías. Nuevamente cerró los ojos y mis manos empezaron a brillar. Lanzó un suspiro mucho más largo que el anterior y la tierra comenzó a temblar. Los hombres cesaron el canto sorprendidos, pero los rayos no desaparecieron.
Una masa celeste empezó a crecer de la tierra. Crecía a una velocidad de vértigo y pronto formó una capa protectora entorno a la explanada.  Los hombres empezaron a cantar otra vez, y los rayos se volvieron más grandes y más agresivos. Empezaron a impactar contra la capa protectora.
El pequeño ser empezó a sudar, abrió los ojos que estaban inyectados en rojo sangre, y mis manos empezaron a brillar más aún. Empecé a notar cansancio y las piernas me empezaron a temblar.