Desde luego, me sentía impotente. El pequeño ser apenas se estaba recuperando. La náyade se encontraba en un estado más que lamentable. Asks estaba estable, pero sus fuerzas también estaban mermadas. Los pequeños duendecillos permanecian impasibles. Frustrado, incompetente e inútil. Había entrado en una espiral de autocompasión Aquello no era normal en mí. Debía alejar aquellos pensamientos y pensar en soluciones. Tenía que optimizar el tiempo, tal y como me había enseñado mi padre.
Empecé a mirar a mi alrededor. El techo era demasiado alto. Quizás podía pedir a los duendecillos que conjurasen una enredadera. ¿Pero de que serviría?, una vez arriba, no tendríamos como hacer un agujero hasta la superficie.
Miré al pequeño ser, quería saber su opinión y sus ideas. Todavía estaba recuperándose. No estaba en plenas facultades. Miré a la náyade, su piel se estaba agrietando. Me empezó a pedir agua. No tenía agua para darla. Ella la necesitaba con mucha urgencia. Me puse nervioso, no había llegado hasta allí para que ahora ella se muriese. Fui corriendo al calabozo. Tenía la esperanza de que hubiese algo húmedo por allí. Al final, lo encontré, un pequeño cuenco de agua. No era suficiente, pero por el momento debería valer. Cuando volví, bebió como si le fuese la vida en ello. Me di cuenta de que el tiempo para salir de allí con vida se nos estaba acortando. Necesitaba un milagro. Volví al calabozo. Quizás allí encontrase una salida. Era una esperanza mínima, pero la verdad es que no se me ocurrían más ideas. Lo estudié a fondo. Era una zona más húmeda que las otras. De algún lado tenía que venir aquella humedad. Tan solo debía descubrirlo. Me agarré a aquella mínima creencia. No podía fallarles a los que ya consideraba como mi familia.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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viernes, 30 de septiembre de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
Refuerzos
Cogí el bastón e intenté golpear aquella maleza que había enredado mis pies. Era fuerte, pero mis ganas de escapar de allí eran infinitas. A dos soldados se los había tragado por completo. No quería correr la misma suerte. Intenté moverme con más rapidez que las enredaderas. Golpee a las que estaban cerca del pequeño ser para que también se librase de su cárcel.
Entre los dos intentamos llegar al origen. No era fácil, los diablillos nos estaban haciendo la vida imposible. Parecía como si nos considerasen sus enemigos. Por suerte, el pequeño ser me impregnó de su energía y conseguí que mis manos desprendiesen calor. La energía roja empezaba a fluir otra vez por mis venas. De esta manera conseguí controlar aquellas salvajes hojas. No las gustaba el calor, así que ya no se enredaban entre mis piernas, había logrado avanzar. Cuando llegué, empecé a golpear con el bastón fuertemente las raíces. Eran más duras de lo que pensaba y probablemente no conseguiría acabar con ellas. Pero por lo menos iba a intentar debilitarlas. Los diablillos se dispersaron y la falta de canto afectó mucho a las enredaderas. Dejaron de crecer y perdieron fuerza. Aproveché aquel momento de confusión de todos los presentes, para adentrarme en la explanada y ponerme del lado de los druidas. Estaban bastante desmejorados y su energía había mermado.
Justo cuando los soldados se disponían a atacar otra vez unos destellos de luz aparecieron en el cielo. El caballo de fuego estaba volando por encima de nuestras cabezas. No estaba solo, había dos caballos más con él. Eran de complexión mucho más pequeña y de un reluciente blanco. Sus alas tenían la misma forma que un halcón. En la frente tenían un prisma que estaba rebosante de energía. Desprendía chispas de electricidad con cada aleteo. Se posaron sobre la tierra con un porte majestuoso y bajaron la cabeza en señal de respeto hacia los druidas.
Sin ningún tipo de miramiento empezaron a atacar a diestro y siniestro a los soldados. El caballo de fuego dibujaba en el aire figuras llenas de calor y fuego que luego impulsaba hacia sus enemigos. Después los caballos blancos dejaban salir la electricidad de sus prismas y los otros recibían importantes descargas que dejaban todo su cuerpo temblando. Aquellos monstruos intentaban defenderse como podían, pero se encontraban ante seres muy superiores. Me quedé tranquilo, los abandoné y me desplacé hacia donde se encontraba la lucha de titanes.
La fuerza de Asks estaba menguando, y el maestro no era lo suficientemente fuerte para envestir los ataques de Skule. Con los rayos y truenos que estaba lanzando Skule, había quemado los pocos árboles que habían quedado en pie. A su alrededor solo había terror y desolación. No respetaba la vida en ninguna de sus manifestaciones. Con pasos alargados me situé al lado de Asks y proyecté mis manos hacia ella. Cada una de ellas adquirió su color habitual, una dorada y otra verde. El pequeño ser estaba a mi lado, sus ojos empezaron a cambiar de color, también se estaba preparando para atacar con su magia. Potentes encantamientos salieron por su boca, y mis manos empezaron a brillar más.
A pesar de todo no eramos suficientemente fuertes, íbamos a conseguir tiempo con todo aquello. Pero no la victoria.
Entre los dos intentamos llegar al origen. No era fácil, los diablillos nos estaban haciendo la vida imposible. Parecía como si nos considerasen sus enemigos. Por suerte, el pequeño ser me impregnó de su energía y conseguí que mis manos desprendiesen calor. La energía roja empezaba a fluir otra vez por mis venas. De esta manera conseguí controlar aquellas salvajes hojas. No las gustaba el calor, así que ya no se enredaban entre mis piernas, había logrado avanzar. Cuando llegué, empecé a golpear con el bastón fuertemente las raíces. Eran más duras de lo que pensaba y probablemente no conseguiría acabar con ellas. Pero por lo menos iba a intentar debilitarlas. Los diablillos se dispersaron y la falta de canto afectó mucho a las enredaderas. Dejaron de crecer y perdieron fuerza. Aproveché aquel momento de confusión de todos los presentes, para adentrarme en la explanada y ponerme del lado de los druidas. Estaban bastante desmejorados y su energía había mermado.
Justo cuando los soldados se disponían a atacar otra vez unos destellos de luz aparecieron en el cielo. El caballo de fuego estaba volando por encima de nuestras cabezas. No estaba solo, había dos caballos más con él. Eran de complexión mucho más pequeña y de un reluciente blanco. Sus alas tenían la misma forma que un halcón. En la frente tenían un prisma que estaba rebosante de energía. Desprendía chispas de electricidad con cada aleteo. Se posaron sobre la tierra con un porte majestuoso y bajaron la cabeza en señal de respeto hacia los druidas.
Sin ningún tipo de miramiento empezaron a atacar a diestro y siniestro a los soldados. El caballo de fuego dibujaba en el aire figuras llenas de calor y fuego que luego impulsaba hacia sus enemigos. Después los caballos blancos dejaban salir la electricidad de sus prismas y los otros recibían importantes descargas que dejaban todo su cuerpo temblando. Aquellos monstruos intentaban defenderse como podían, pero se encontraban ante seres muy superiores. Me quedé tranquilo, los abandoné y me desplacé hacia donde se encontraba la lucha de titanes.
La fuerza de Asks estaba menguando, y el maestro no era lo suficientemente fuerte para envestir los ataques de Skule. Con los rayos y truenos que estaba lanzando Skule, había quemado los pocos árboles que habían quedado en pie. A su alrededor solo había terror y desolación. No respetaba la vida en ninguna de sus manifestaciones. Con pasos alargados me situé al lado de Asks y proyecté mis manos hacia ella. Cada una de ellas adquirió su color habitual, una dorada y otra verde. El pequeño ser estaba a mi lado, sus ojos empezaron a cambiar de color, también se estaba preparando para atacar con su magia. Potentes encantamientos salieron por su boca, y mis manos empezaron a brillar más.
A pesar de todo no eramos suficientemente fuertes, íbamos a conseguir tiempo con todo aquello. Pero no la victoria.
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