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sábado, 1 de octubre de 2011

Sombras de musgo

Rebusqué entre las piedras del calabozo. Había algo allí que no me convencía. En la parte más alejada de la puerta, encontré musgo. Era de un color azul metalizado. Desde luego no era mío. De alguna manera tenía que haber llegado hasta allí. Quizás, al fin y al cabo podría encontrar una salida. Toqué aquel musgo con delicadeza. Su color era magnético. Estaba demasiado mullido. Intenté arrancar  un trozo. Según lo desprendí, murió. En cambio, el que estaba en el suelo se empezó a reproducir con facilidad. Justo en el momento en el que se iba a cerrar del todo el hueco vacío, una sombra salió. Era parecida a un fantasma. Me atravesó y sentí mucho dolor. Se proyectó sobre las piedras y se quedó allí quieta. Al ver que no se movía, arranqué otro trozo de musgo. Se repitió el mismo proceso. Esta vez, el fantasma que me atravesó me infligió más dolor. Empezaron a moverse. Salieron de la piedra. Se multiplicaron. Ahora había cuatro. Me habían tendido una trampa.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Árbol subterráneo

Regresé al lado del  pequeño ser. Tenía miedo por él. Todavía estaba inconsciente. Me senté a su lado y esperé. Debía encontrar su fuerza interior. Yo ya no podía hacer más por él.  Asks también estaba muy débil, debía ir a recargar su energía a la morada de la Dama Blanca. Pero estábamos en una especie de ratonera. No sabíamos como salir de ahí. Ignoré la melodía todo el tiempo que estuve allí sentado. Me tapaba los oídos, pero aquello no servía de nada.
Nuevamente, coloqué mi mano verde sobre Balder. Debía intentarlo una vez más. Era mi obligación curarle. Cerré los ojos, me concentré. Mi esencia sanadora se depositó en el. Se quedó en la superficie. Esta vez no penetró dentro de él. Un polvo verdoso le cubrió entero. Me desesperé.
La melodía empezó a sonar con más fuerza. Sentía su llamada. Otra vez estaba poseído por ella. Me llamaba. Empecé a caminar al otro extremo. La melodía procedía de aquella parte del pasillo que no habíamos investigado. Había rastros de comida por el suelo. Comida podrida pero al fin y al cabo alimento.  Me adentré en un oscuro pasillo. La melodía se volvió dulce. Nada iluminaba mi camino. No me importaba. Estaba poseído.
Seguí caminando. Me tropecé varias veces. Había muchas piedras en el camino. Me levanté siempre. Aquella melodía me había entusiasmado. No me importaba nada de lo que tenía a mi alrededor. Cuanto más avanzaba, más sentía el suelo mullido. Era una sensación extraña. Dado que quería saber que pasaba a mi alrededor, llamé la energía a mi mano dorada. Me iluminó el camino. Estaba lleno de musgo por todos lados. La humedad en el ambiente era tan grande que se había reproducido con mucha rapidez. Iluminé más lejos todavía, quería ver el fondo del pasillo. Distinguí una imagen extraña. Mis ojos no querían creer lo que veían. El tronco de un árbol había crecido en el interior de aquel paisaje subterráneo. Estaba recubierto de mugo por todas partes.Tenía una pequeña puerta de madera. Aceleré el paso. Quería saber hacia dónde me llevaría aquello.