-El gran Erwan, muerto debido a una tormenta, un accidente que conmociona a todos- dijo Skule desafiándome - los amigos que te buscaste no son lo suficientemente fuertes, ni astutos para mi- estaba tan cerca que me acarició con una de sus uñas. Me la clavó en la mejilla, estaba tan afilada que parecía de acero. Me hizo una raja que atravesó la mitad de mi cara, hasta llegar la comisura de mis labios. Noté como gotas de sangre se deslizaban por mi boca, era un sabor salado y cálido. Me estremecí entero al pensar que mi vida podría acabar de una manera tan triste.
La hechicera nos dio la espalda y empezó a conjurar más rayos. Esta vez iban dirigidos hacia los caballos blancos y los druidas. Parecía que quería acabar con todo aquel ser vivo que nos hubiese ayudado. Cuando más gritaba sus conjuros, más se elevaba en el aire. Sus brazos estaban extendidos en señal de bienvenida. Cada rayo que impactaba contra el suelo era una bendición para ella y una maldición para nosotros. Bajó la mirada un momento y apretó más las cuerdas que nos ataban. Estaban tan ásperas que gritamos de dolor. Pequeños hilos de sangre empezaron a empapar nuestra ropa. La impotencia estaba aniquilando nuestro estado de ánimo y nuestras esperanzas.
Un movimiento rápido se produjo a mi derecha. Giré la cabeza tanto como pude. No llegué a ver la situación entera. Una raíz del árbol se estaba moviendo por el suelo hacia nosotros. Fui el único que me percaté de aquellos movimientos. Los rayos estaban impactando contra el árbol y sus raíces empezaron a actuar al respecto. Cuando estuvo a poca distancia de nosotros se levantó con un movimiento muy poderoso. Golpeó con fuerza la cuerda que nos ataba. No consiguió liberarnos. Dio otro golpe certero. Estaba debilitando la magia. Los pequeños duendecillos también corrieron en nuestra ayuda.
Un grito de consternación me hizo mirar arriba. Dos enormes raíces se habían elevado hasta la altura de la copa de los árboles y habían golpeado a Skule sin que ella se diese cuenta. Por un momento perdió la concentración y el equilibrio y cayó unos metros. Una tercera raíz se elevó y la volvió a golpear. Intenté levantar las manos para poder lanzar algún hechizo. Era imposible, aquella cuerda, además de mantenernos prisioneros, había absorbido toda nuestra energía.
Miré a mi alrededor. Intentaba buscar la manera de ayudar al árbol. Al final se había posicionado a nuestro favor y no podíamos dejarle solo. Un brillo de colmillos apareció entre la oscuridad de los árboles lejanos. Miré con atención. Era algo oscuro, no podía distinguirlo muy bien. Todavía había neblina acumulada en el ambiente. Era el camuflaje perfecto para aquel ser. Sus colmillos afilados era lo único de destacaba.
Un mundo mágico nuevo.. donde la oscuridad ha ganado la batalla a la luz...un humano se enfrentará a aventuras inesperadas...apto solo para valientes...
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martes, 16 de agosto de 2011
lunes, 30 de mayo de 2011
La bestia
Mis movimientos eran lentos pero seguros. Mis manos seguían desprendiendo destellos de luz, pero ya estaban totalmente cicatrizadas. Me habían quedado marcas extrañan en ellas, probablemente para el resto de mi vida.
Por fin llegué al final del árbol. La bestia dibujó una sonrisa en su cara y empezó a gruñir. De cerca su aspecto era más aterrador todavía, tenía unas grandes pezuñas cubiertas de espinas metálicas. Se acercó a paso lento. Sus ojos empezaron a brillar de satisfacción.
Levanté las manos y me concentré. Sople en mi mano derecha y un polvo dorado salió de ella y se depositó en mis pies. Esto hizo enfurecer a la bestia y se abalanzó sobre mí. Me tiró al suelo con el primer golpe. Me dejó aturdido y antes de que pudiese recuperarme, empezó a golpear todo mi cuerpo con su cabeza llena de pequeñas espinas. Mi dolor iba en aumento con cada golpe. Mis gritos de dolor cada vez eran más profundos.
El pequeño ser empezó a gritar también y la bestia le miró por un segundo. Aproveché esa oportunidad y me levanté lo más rápido que pude. El polvo dorado de mis pies empezó a brillar, iluminándome con una luz cegadora. La bestia se puso en alerta, pero el brillo era insoportable para ella. Rabiosa se acercó rápidamente e intentó morderme con sus colmillos, me desgarró el pantalón, pero no consiguió alcanzar mi pierna. Yo aproveché y ágilmente cogí una estaca que encontré cerca. Era mi única oportunidad, no podía fallar. Intenté atacar por un lado, pero con unos reflejos rápidos lo esquivó por escasos milímetros.
Repentinamente la luz dorada desapareció, lo que nos pilló de sorpresa a los dos. Veloz mostró sus colmillos y se dispuso a saltar sobre mí, cuando estaba a unos centímetros de mi cuello, levanté la mano ensangrentada y clavé la estaca en su estómago.
Por fin llegué al final del árbol. La bestia dibujó una sonrisa en su cara y empezó a gruñir. De cerca su aspecto era más aterrador todavía, tenía unas grandes pezuñas cubiertas de espinas metálicas. Se acercó a paso lento. Sus ojos empezaron a brillar de satisfacción.
Levanté las manos y me concentré. Sople en mi mano derecha y un polvo dorado salió de ella y se depositó en mis pies. Esto hizo enfurecer a la bestia y se abalanzó sobre mí. Me tiró al suelo con el primer golpe. Me dejó aturdido y antes de que pudiese recuperarme, empezó a golpear todo mi cuerpo con su cabeza llena de pequeñas espinas. Mi dolor iba en aumento con cada golpe. Mis gritos de dolor cada vez eran más profundos.
El pequeño ser empezó a gritar también y la bestia le miró por un segundo. Aproveché esa oportunidad y me levanté lo más rápido que pude. El polvo dorado de mis pies empezó a brillar, iluminándome con una luz cegadora. La bestia se puso en alerta, pero el brillo era insoportable para ella. Rabiosa se acercó rápidamente e intentó morderme con sus colmillos, me desgarró el pantalón, pero no consiguió alcanzar mi pierna. Yo aproveché y ágilmente cogí una estaca que encontré cerca. Era mi única oportunidad, no podía fallar. Intenté atacar por un lado, pero con unos reflejos rápidos lo esquivó por escasos milímetros.
Repentinamente la luz dorada desapareció, lo que nos pilló de sorpresa a los dos. Veloz mostró sus colmillos y se dispuso a saltar sobre mí, cuando estaba a unos centímetros de mi cuello, levanté la mano ensangrentada y clavé la estaca en su estómago.viernes, 27 de mayo de 2011
Huella de sangre
Miré inquieto un lugar para esconderme. Había multitud de árboles y lianas, pero nada más. El laberinto en el que había entrado era una trampa mortal. Intenté alejarme lo más que pude, pero los aullidos cada vez estaban más cerca. Avancé, me tropecé, me caí, la respiración se me cortaba por el miedo. No veía una solución rápida a mi problema. Me faltaban segundos, miré a la derecha, a la izquierda. Por todos lados el mismo paisaje.
Cogí una liana con una mano, después con la otra, empecé a trepar poco a poco. A medida que avanzaba empecé a sentir un dolor punzante en las manos. Gotas de sangre empezaron a resbalar hacia el suelo. Mis manos estaban totalmente destrozadas y la huella de mi sangre desvelaba mi escondite.
Los aullidos cesaron, mientras, yo seguía muy quieto en el árbol. Miré al suelo, pero nada había cambiado. Miré por encima de las ramas, y todo estaba oscuro, sin vida.
Intenté tranquilizarme pero era imposible, las manos me ardían. Intenté soplar para enfriarlas, pero me empezaron a quemar más todavía. Segundos después, un estallido de luz verde salió de mi mano derecha, fue tan intenso que cerré los ojos para protegerme. Fue muy breve, y pasados unos segundos otra luz salió de mi mano izquierda. Tan intensa como la anterior pero de color dorado. La luz subió al cielo y desapareció, ¿ que había pasado? me pregunté a mi mismo, estaba confuso. Miré al suelo, un destello blanco de colmillos iluminó mi huella de sangre, mi temor se había cumplido.
Cogí una liana con una mano, después con la otra, empecé a trepar poco a poco. A medida que avanzaba empecé a sentir un dolor punzante en las manos. Gotas de sangre empezaron a resbalar hacia el suelo. Mis manos estaban totalmente destrozadas y la huella de mi sangre desvelaba mi escondite.
Los aullidos cesaron, mientras, yo seguía muy quieto en el árbol. Miré al suelo, pero nada había cambiado. Miré por encima de las ramas, y todo estaba oscuro, sin vida.
Intenté tranquilizarme pero era imposible, las manos me ardían. Intenté soplar para enfriarlas, pero me empezaron a quemar más todavía. Segundos después, un estallido de luz verde salió de mi mano derecha, fue tan intenso que cerré los ojos para protegerme. Fue muy breve, y pasados unos segundos otra luz salió de mi mano izquierda. Tan intensa como la anterior pero de color dorado. La luz subió al cielo y desapareció, ¿ que había pasado? me pregunté a mi mismo, estaba confuso. Miré al suelo, un destello blanco de colmillos iluminó mi huella de sangre, mi temor se había cumplido.
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